Meteorología popular

Todo aquel que tenga un animal en su hogar habrá notado que cuando se avecinan cambios en el tiempo se comportan de forma distinta a la habitual. Desde hace miles de años el hombre ha observado de cerca el resto de los seres vivos para predecir la llegada de períodos de lluvia o de sequía. De hecho, existen evidencias científicas de que algunos, como las abejas o las orugas, pueden anticipar la meteorología general de todo una estación. Algunas aves, por ejemplo, ajustan su vuelo a los cambios de temperatura, humedad, presión y densidad del aire. En días calurosos vuelan a gran altura, dejándose llevar por las corrientes cálidas ascendentes. Por otro lado, cuando se aproxima una tormenta, su vuelo puede ser más bajo de lo habitual y con una trayectoria circular.

También se ha observado que cuando las golondrinas y los vencejos vuelan alto en busca de insectos que es una señal de que la atmósfera presenta signos de inestabilidad y el riesgo de tormenta puede ser inminente. Esto se debe a que durante las tardes cálidas y bochornosas, el aire asciende y lleva consigo insectos, y son precisamente estas corrientes ascendentes las que se asocian con el tiempo tormentoso.

Gaviota robando comida

Por otro lado, el regreso de las aves migratorias suele ser un signo de que la primavera está a la vuelta de la esquina. En Norteamérica se espera la vuelta del azulejo; en Inglaterra, el momento de llegada de las golondrinas se considera un indicador de cómo será el verano. Lo mismo se dice del Cuco, mientras que la llegada prematura de ciertas aves carroñeras en otoño se interpreta como presagio de un invierno riguroso. En España una de las aves más asociadas con la llegada de las estaciones es la cigüeña: si tarda en regresar, el invierno todavía se va a dejar notar; lo contrario señala la llegada anticipada de la primavera. En cualquier caso, este fenómeno ha quedado plasmado en el tradicional refranero popular español que dice que «por San Blas la cigüeña verás, y si no la vieras frío todavía pasarás». Los insectos también parecen ser meteorólogos intachables.

Las abejas, por ejemplo, suelen volver a superar cuando se aproxima una tormenta, e incluso pueden anticipar el tiempo de una estación que se avecina: cuando en otoño hay más abejas de lo normal, o si se muestran especialmente activas, es altamente probable que el invierno sea frío y abundante en nevadas. Por su parte, las hormigas no solo aumentan su actividad sino que también tienden a marchar en línea recta cuando se espera la llegada de tiempo lluvioso o más inestable.

Abejas laborando en su panal

Sin embargo, uno de los insectos más precisos a la hora de proporcionar información meteorológica es el grillo. Estos bichos, que se dejan notar especialmente durante el verano, incrementa la frecuencia de sus chirridos a medida que sube la temperatura del aire debido a la aceleración de su metabolismo punto por eso, un grillo constituye un perfecto termómetro coma hasta tal punto que si contamos el número de chirridos que emiten un minuto podemos calcular la temperatura aproximada del aire.

Para ello hay que utilizar una pequeña fórmula matemática elaborado por científicos norteamericanos que han estudiado durante años estos insectos:

Temperatura~de~aire = \frac{número~de~chirridos~por~minuto}{5}} - 9

Como los chirridos pueden ser muy rápidos es aconsejable hacer lo mismo que cuando tomamos el pulso, contar el número de chirridos en quince segundos y con multiplicar ese valor por 4 obtendremos los que emite por minuto; puedo asegurar que uno se ahorra un dolor de cabeza.

Pasemos ahora al mundo de los mamíferos y centrémonos en las vacas que no sólo proporcionan alimentos a los humanos, sino que también contribuyen con su granito de arena a la hora de anticipar cambios en el tiempo. Efectivamente, cuando se sienten o se reúnen todas en un extremo del campo suelen indicar que va a llover, puesto que se sientan para mantener seca una parcela de hierba o se juntan para buscar protección.

Por otro lado, en Estados Unidos, la marmota se ha convertido en los últimos años en uno de los animales más representativos a la hora de anticipar las condiciones meteorológicas de una determinada zona. El día de la «marmota del tiempo» es el 2 de febrero; si ese día, al salir de su madriguera, respinga y se esconde veloz de nuevo en ella, es porque ha visto su propia sombra, que la ha asustado. Pero lo interesante del caso es que permanecerá en su escondrijo hibernando durante 6 semanas más. La razón es que si el sol brilla intensamente en invierno es porque predomina el aire polar muy seco y frío. Si no fuera así, la marmota no vería su sombra a causa de la nubosidad y un aire más húmedo y cálido que indicarían la inminencia de la primavera, y que pondría fin a la hibernación del animal dormilón por excelencia.

Rana Agalychnis moreletii de ojos negros

Por otro lado, unas grandes expertas en cambios de presión atmosférica son las ranas, ya que empiezan a cobrar más intensamente ante la proximidad de bajas presiones, qué significa normalmente tiempo lluvioso. También tienen poca tolerancia a la falta de humedad en la piel de modo que con aire seco se quedan en el agua y cuando es algo más húmedo salen fuera.

Por último, también se relacionado la actividad tejedora de la araña con situaciones estables y tranquilas y, al contrario, su ausencia indicaría un alto riesgo de lluvia ya que las gotas de agua pueden dañar delicada tela. También las plantas responden de manera notable a cambios de humedad en el aire que a su vez supone la posibilidad de lluvia. Con aire más seco, la probabilidad de lluvia es menor. Los frenólogosFrenologíaLa frenología (del griego: φρήν, fren, "mente", y λόγος, logos, "conocimiento") es una antigua teoría pseudocientífica, sin ninguna validez en la actualidad, que afirmaba la posible determinación del carácter y los rasgos de la personalidad, así como las tendencias criminales, basándose en la forma del cráneo, cabeza y facciones. Wikipedia, que se dedican a estudiar la evolución de la vegetación a lo largo de las estaciones han descubierto que la fecha en la que brotan las hojas de algunos árboles autóctonos varias hasta un máximo de 3 meses entre las primaveras más suaves y las más frías. Por su parte, tanto la Pimpinela como la piña se cierran cuando la humedad es elevada, lo que puede anticipar la llegada de lluvia.

Otros indicios en el mundo animal

Entre otras, constituyen señal de lluvia probable:
  •  Cuando un gato se lava la cara.
  •  El orejeo de las mulas.
  •  Calambres en los animales.
  •  Cuando se bañan los palomos.
  •  La aparición de hormigas con alas.

Algunos indicios de cambio de tiempo son:

  •  Cuando el gallo canta durante el día.
  •  La tranquilidad general de los animales.
  •  Cuando las cicatrices antiguas de heridas y amputaciones en los humanos, duelen, pican, se entumecen, etc.
  •  Cuando los gatos corren y saltan es señal de viento.

El cuerpo humano: adaptación a nuestra atmósfera

A lo largo de la historia de la humanidad, el tiempo atmosférico ha constituido un condicionante decisivo de la vida y costumbres de la civilización. Una de las razones principales es estrictamente fisiológica: aunque la persona se adapta a climas muy distintos en el mundo entero, todos necesitamos mantener la temperatura corporal cerca de los 37 grados centígrados. Cuando no lo conseguimos, sufrimos enfermedades como la hipotermia, debido al enfriamiento,o la hipertermia, sí el calor es excesivo. Por ello, cada cultura sea adecuado a su entorno coma lo cual ha determinado parte de sus características.

Bajo cero: ¡Qué frío hace!

Los humanos suelen adaptarse mal al frío, sobre todo cuando no visten adecuadamente y el cuerpo tiene que generar calor adicional. Como hemos apuntado, la pérdida de calor corporal puede provocar hipotermia y el consiguiente colapso mental que en algunos casos conduce a la muerte. Aunque tiene fama de ser más frioleras, las mujeres están mejor preparadas que los hombres para soportar bajas temperaturas ya que por naturaleza tiene más grasa subcutánea.

Abrigarse contra el frío

También hemos de recordar el calor que genera el cuerpo es proporcional a su masa, mientras que el calor que pierde el mismo es proporcional a su superficie. Por eso una persona baja pero robusta mantiene bien el calor, mientras que un niño pequeño lo pierde con más facilidad. El hombre se adapta al frío abrigándose para guarecerse del mismo y crear un micro clima alrededor del cuerpo. Las personas que viven habitualmente en un ambiente frío consiguen adaptarse mejor a las bajas temperaturas, ya que los vasos sanguíneos de las manos y los pies se dilatan con mayor eficacia para conservar el calor. Bastaría preguntar a los habitantes de las regiones polares, quiénes encarnan el mejor ejemplo de lo que es sobrevivir en un clima extremo. Eso sí, cuentan con ventaja, pues tiene más grasa, una constitución fornida y ropa apta para todo tipo de condiciones atmosféricas realmente, cuando uno vive en condiciones de clima tan extremas, es fundamental abrigarse bien, para lo que se recurre a materiales como el cuero y la piel, con los que se puede soportar frío de hasta -60° C.

vestimenta de los tuareg para combatir el calor

Asimismo, es preciso concebir una vivienda adecuada. Por ejemplo, los esquimales que habitan cerca del Círculo Polar Ártico construyen sus tiendas con pieles de caribú, aunque el más conocido alojamiento propio de las zonas polares es el iglú, construido con hielo. La temperatura dentro de un iglú suele rondar los 0° C, una temperatura que, a pesar de ser fría, es mucho más agradable que los -40° o -50° C que pueden reinar en el exterior. Por último, aparte de la ropa y el alojamiento es importante seguir una dieta rica en grasas que luego sirva para aislar del frío. Los esquimales, por seguir con el ejemplo, comen muchas grasas animales y verduras, lo cual proporciona energía suficiente para combatir las bajas temperaturas. Aunque parezca malo comer tanta grasa, la que consumen estos habitantes del hielo pertenece en su mayoría a una variedad de pescado que reduce el riesgo de problemas cardiovasculares.

La sensación térmica: ¿acaso miente el termómetro?

Cuando además de hacer frío sopla el viento, las partes del cuerpo que están al descubierto pueden sufrir una perdida de calor y notar mucho el frío. Esa sensación que realmente no está en la piel y que difiere de la temperatura real, se expresa como una temperatura y se denomina sensación térmica. Cuando la temperatura de sensación térmica es inferior – 30° C, existe cierto riesgo de congelación, que a – 50° C, está ocurre en cuestión de minutos. En muchas ocasiones, la sensación térmica puede ser muy inferior a los 0° C aunque la temperatura real del aire sea superior a ese valor. Así, por ejemplo, con una temperatura de 4° C y una velocidad del viento de 40 kilómetros por hora la temperatura que siente nuestra piel respuesta al aire es de – 9° C. De este modo, no nos debe extrañar que en ocasiones la temperatura que marca el termómetro (qué indica la temperatura real del aire) diste mucho de la sensación de intenso frío que tenemos (esto es, la temperatura subjetiva que solo nuestro termómetro corporal detecta). La sensación térmica se puede calcular con la siguiente fórmula empíricaQue está basado en la experiencia y en la observación de los hechos. en la que los factores principales son la velocidad del viento y la temperatura del aire:

ST~=~33~-~(10.45~+~10~\sqrt{v~-~v})~(33~-~T)~/~22.04

dónde v es la velocidad del viento en metros por segundo y T mayúscula es la temperatura del aire en grados centígrados.

Cuando aprieta el calor

Para muchas personas, y entre ellas se incluye un servidor, el calor puede ser más duro de soportar que el frío. Lo cierto es que los humanos evolucionaron en zonas calurosas de la Tierra y por ello es muy probable que, en principio, la adaptación a las altas temperaturas resulte más fácil. De hecho, nuestro cuerpo está preparado para las altas temperaturas, pues combate el exceso de calor sudando, y con el sudor llega la evaporación del mismo en la piel, un cierto grado de enfriamiento, aunque a la vez supone un riesgo de deshidratación. En este punto, desempeña un papel fundamental la humedad relativa del aire, es decir, la cantidad de vapor que tiene el aire o puede llegar a tener. En un desierto, donde el aire es muy seco, un adulto que camine a paso ligero puede perder más de 2 litros de agua por hora a través del sudor.

Las ventajas y desventajas de sudar

En cambio, durante la misma caminata en un ambiente más húmedo la piel no evapora el sudor de forma tan eficaz y el cuerpo necesita enfriarse menos. Las personas que han crecido en un entorno cálido y seco han evolucionado físicamente para adaptarse al máximo al clima. Una menor masa corporal, cuerpos delgado y extremidades más largas permiten que sus cuerpos transpiren mejor. La nariz larga puede ayudar a humidificar el aire y reducir la pérdida de agua de los pulmones, mientras que la piel oscura protege de la intensa radiación en estas regiones. La alianza del calor y la humedad puede ser explosiva para el cuerpo humano. Está combinación, también conocida como la temperatura de sensación, es el factor de bienestar que realmente sentimos en determinados días. Con una temperatura aparente de 32° C, se siente calor y bochorno, mientras que si alcanza los 41° C puede provocar problemas de salud, especialmente graves para las personas de edad avanzada. Ya hemos visto que las prendas de vestir son indispensables en zonas frías. Aunque no lo parezca, también lo pueden ser en zonas donde el calor aprieta.

Ciertamente, el ir descubierto aumenta la sensación de calor, porque la piel absorbe radiación solar; y a su vez, se corre el riesgo de que está se queme. Por eso, no debe sorprendernos que muchos pueblos árabes vistan tradicionalmente sus prendas largas y holgadas, cuya eficacia radica en que protegen la piel del sol a la vez que permiten que circule el aire y se evapore la transpiración. Por otro lado, igual que en el caso de los climas fríos, los materiales de construcción también desempeña un papel fundamental a la hora de controlar el exceso de calor en el interior de las viviendas y lugares de trabajo, sobre todo en aquellas zonas del planeta donde el aire acondicionado no ha hecho acto de presencia. Sirvan como ejemplo las viviendas construidas secularmente por los indios que todavía hoy habitan el sudeste de Estados Unidos, quiénes emplean como materia prima el adobe, un tipo de barro que mantiene los hogares relativamente frescos durante el día y cálidos por la noche.

Casa hecha con paredes de adobe

En otros lugares del mundo, las paredes gruesas de adobe se combinan con un buen sistema de ventilación natural qué consiste simplemente en orientar los edificios hacia la dirección de los vientos dominantes. Así, en Oriente Medio, las llamadas «torres del viento» usan un sistema de chimeneas que, durante las horas de más calor, producen corrientes de aire que ayudan a refrescar el ambiente de las casas. Cabe insistir en la importancia del clima en nuestra salud es evidente que, haga frío o calor, el cuerpo humano sufre ante cambios bruscos de temperatura. En general, las enfermedades son más frecuentes durante el invierno, porque las bajas temperaturas del ambiente enfrían el cuerpo, lo que implica el aumento de la presión arterial que a su vez exige un mayor esfuerzo del corazón. Asimismo, el enfriamiento del cuerpo reduce la resistencia de las infecciones, cuestión muy importante si tenemos en cuenta que se ven en un mayor número de personas en recintos cerrados donde las enfermedades se contagian más fácilmente.

También la piel puede sufrir el invierno, cuando la humedad del aire es más baja, y provocar dermatitis la restricción. La restricción de la circulación sanguínea con el frío puede dañar igualmente los tejidos epidérmicos y provocar sabañonesSabañón o eritema pernioUn sabañón o eritema pernio es una inflamación bajo la piel, acompañada de prurito y dolor, producida por el efecto repetido o prolongado del frío y la humedad. Afecta a un reducido número de partes de cuerpo, especialmente pies, manos, dedos, nariz y orejas. Al cesar el frío, la inflamación puede curarse sin tratamiento en el plazo de tres semanas. Wikipedia, sobre todo en las extremidades. Sin embargo, no todas las enfermedades brotan cuando hace frío: con el calor, aumentan las bacterias que transmiten diversos males a través de los alimentos o por la falta de higiene. En verano, abundan las afecciones gastrointestinales, y reaparece la salmonella. Pero una de las enfermedades más graves y conocidas, especialmente en países tropicales subdesarrollados, ( ya está erradicada en Europa) es la malaria. Está, que constituye uno de los principales problemas sanitarios del mundo, la transmiten unos mosquitos a los que les gusta vivir en un entorno cálido y húmedo.

¿Acaso miente el termómetro?

Para muchas personas, y entre ellas se incluye un servidor, el calor puede ser más duro de soportar que el frío. Lo cierto es que los humanos evolucionaron en zonas calurosas de la Tierra y por ello es muy probable que, en principio, la adaptación a las altas temperaturas resulte más fácil. De hecho, nuestro cuerpo está preparado para las altas temperaturas, pues combate el exceso de calor sudando, y con el sudor llegará evaporación de la piel, un cierto grado de enfriamiento, aunque a la vez supone un riesgo de deshidratación. En este punto, desempeña un papel fundamental la humedad relativa del aire, es decir, la cantidad de vapor que tiene el aire o puede llegar a tener. En un desierto, donde el aire es muy seco, un adulto que camine a paso ligero puede perder más de 2 litros de agua por hora a través del sudor. En cambio, durante la misma caminata en un ambiente más húmedo la piel no evapora el sudor de forma tan eficaz y el cuerpo necesita enfriarse menos.

Las personas que han crecido en un entorno cálido y seco han evolucionado físicamente para adaptarse al máximo al clima. Una menor masa corporal, cuerpos delgado y extremidades más largas permiten que sus cuerpos transpiren mejor. La nariz larga puede ayudar a humidificar el aire y reducir la pérdida de agua de los pulmones, mientras que la piel oscura protege de la intensa radiación en estas regiones.

La alianza del calor y la humedad puede ser explosiva para el cuerpo humano. Está combinación, también conocida como la temperatura aparente, es el factor de bienestar que realmente sentimos en determinados días. Con una temperatura aparente de 32° C, se siente calor y bochorno, mientras que si alcanza los 41° C puede provocar problemas de salud, especialmente graves para las personas de edad avanzada.

Ya hemos visto que las prendas de vestir son indispensables en zonas frías. Aunque no lo parezca, también lo pueden ser en zonas donde el calor aprieta. Ciertamente, el ir descubierto aumenta la sensación de calor, porque la piel absorbe radiación solar; y a su vez, se corre el riesgo de que está se queme. Por eso, no debe sorprendernos que muchos pueblos árabes vistan tradicionalmente sus prendas largas y holgadas, cuya eficacia radica en que protegen la piel del sol a la vez que permiten que circule el aire y se evapore la transpiración.

Por otro lado, igual que en el caso de los climas fríos, los materiales de construcción también desempeña un papel fundamental a la hora de controlar el exceso de calor en el interior de las viviendas y lugares de trabajo, sobre todo en aquellas zonas del planeta donde el aire acondicionado no ha hecho acto de presencia. Sirvan como ejemplo las viviendas construidas secularmenteSecularQue dura un siglo o que dura desde hace siglos. por los indios que todavía hoy habitan el sudeste de Estados Unidos, quiénes emplean como materia prima el adobe, un tipo de barro que mantiene los hogares relativamente frescos durante el día y cálidos por la noche.

En otros lugares del mundo, las paredes gruesas de adobe se combinan con un buen sistema de ventilación natural qué consiste simplemente en orientar los edificios hacia la dirección de los vientos dominantes. Así, en Oriente Medio, las llamadas «torres del viento» usan un sistema de chimeneas que, durante las horas de más calor, producen corrientes de aire que ayudan a refrescar el ambiente de las casas.

resfriado comun

Cabe insistir en la importancia del clima en nuestra salud es evidente que, haga frío o calor, el cuerpo humano sufre ante cambios bruscos de temperatura. En general, las enfermedades son más frecuentes durante el invierno, porque las bajas temperaturas del ambiente enfrían el cuerpo, lo que implica el aumento de la presión arterial que a su vez exige un mayor esfuerzo del corazón. Asimismo, el enfriamiento del cuerpo reduce la resistencia de las infecciones, cuestión muy importante si tenemos en cuenta que se ven en un mayor número de personas en recintos cerrados donde las enfermedades se contagian más fácilmente. También la piel puede sufrir el invierno, cuando la humedad del aire es más baja, y provocar dermatitis la restricción. La restricción de la circulación sanguínea con el frío puede dañar igualmente los tejidos epidérmicos y provocar sabañones, sobre todo en las extremidades.

Sin embargo, no todas las enfermedades brotan cuando hace frío: con el calor, aumentan las bacterias que transmiten diversos males a través de los alimentos o por la falta de higiene. En verano, abundan las afecciones gastrointestinales, y reaparece la salmonella. Pero una de las enfermedades más graves y conocidas, especialmente en países tropicales subdesarrollados, ( ya está erradicada en Europa) es la malaria. Está, que constituye uno de los principales problemas sanitarios del mundo, la transmiten unos mosquitos a los que les gusta vivir en un entorno cálido y húmedo.