Historias jugosas para contar a los demás

EL REO HA SIDO EJECUTADO
En el año 1802 un soldado conquenseRelativo a Cuenca, provincia y ciudad de España, o a sus habitantes. del Regimiento de infantería de la Corona, de la guarnición de Valladolid, Mariano Coronado, fue detenido por robo con homicidio y condenado por un tribunal militar a la pena de muerte. Se preparó todo en la plaza Mayor vallisoletana, con el fin de cumplir la pena de ahorcamiento. Una vez ahorcado, dando por supuesto que el soldado había muerto, se bajó su cuerpo del cadalso y las Hermanas de la Caridad se hicieron cargo del mismo. Pero, de camino a la morgue, una de las monjas vio cómo el ejecutado movía una mano. Gracias a los cuidados de las religiosas, el ahorcado se recupero. Pero, entonces, se planteó la gran duda: qué hacer con él. Tras la reflexión concienzuda y la oportuna consulta, incluso, con el propio rey, se decidió que el reo había cumplido con la justicia y con su sentencia: había sido condenado a la horca y había sido ahorcado. Consecuentemente, Mariano Coronado fue dejado en libertad, aunque eso sí, se le desterró de la ciudad. Entonces las cabezas bien pensantes, decidieron procesar al verdugo, por considerar que era culpable de que el reo estuviera vivo. Al final, el juez concluyó que había hecho bien su trabajo y que la «culpa» de lo sucedido estaba en haberlo bajado demasiado pronto de horca, lo que no era motivo suficiente para condena alguna. Mientras tanto, el soldado había vuelto sin que nadie lo supiera a Valladolid, para tomarse venganza de una antigua novia que lo había traicionado. La justicia le volvió a detener y, esta vez, se aseguró de que el destierro fuera efectivo, fue enviado a Vigo y embarcado con destino a Puerto Rico, donde se le perdió la pista de forma definitiva.
 
EL MALDITO PROTOCOLO
Cuenta el escritor y dramaturgo francés Pierre Antoine de La Place, en su obra Piéces intéressantes (Escritos interesantes), que a finales del mes de marzo del año 1621 el frío aún se hacía sentir en la que, desde hacía unos años, había vuelto a ser capital del reino de España, Madrid. En uno de aquellos frescos atardeceres, el rey Felipe III (1578-1621) adolecía de una incipiente erisipelaLa erisipela es una enfermedad infecciosa aguda de la piel, producida por estreptococos, fundamentalmente el Streptococcus pyogenes, que afecta la dermis y los vasos linfáticos subyacentes. Se caracteriza por una placa eritematosa de extensión variable, de bordes bien definidos y que puede causar dolor y prurito y manifestaciones sintomáticas que incluyen fiebre y linfadenopatías. En general, la infección ocurre en las piernas. y descansaba junto a una chimenea encendida para que no sufriera enfriamientos. Sin embargo, una vez la temperatura llego a su punto óptimo, el monarca comenzó a acalorarse desmedidamente y se encontró con la dificultad de que en su estado no podía ni retirarse, ni reducir el fuego. Lo propio era que solicitase de un sirviente o, según la rígida etiqueta cortesana, del duque de Uceda (c. 1581-1624), y sólo de este. Al cabo de un rato, el rey tuvo la suerte de que apareciera el marqués de Tovar, que oyó su petición, pero al que recordó la etiqueta: el protocolo cortesano le impedía atender ese tipo de solicitudes regias. El duque de Uceda no se hallaba en palacio y que no pudo ser localizado con la debida rapidez. Cuando por fin llegó y solucionó el exceso de calor que estaba soportando el rey, este ya estaba bañado en sudor a causa de un fuerte acceso febril. La erisipela y sus consecuencias acabaron con la vida del rey, que podría haber salvado la vida si el protocolo cortesano no hubiese sido tan estricto.
 
LA SIESTA MALA AMIGA
El 21 de abril de 1836 tuvo lugar una batalla decisiva para obtener la independencia de México del territorio de Texas. Fue la batalla de San Jacinto, en la que menos de 683 hombres al mando del general Samuel Houston acabaron con el ejército del general mexicano Antonio López de Santa Ana, formado como poco, por el doble de soldados. Los mexicanos estaban absolutamente confiados y descansaban tranquilamente. Muchos estaban echándose una siesta, entre otros como no, el propio general Santa Ana. Los tejanos sólo necesitaron dieciocho minutos para capturar y matar a cientos de enemigos, contando sólo nueve bajas entre sus filas.
 
PRIMER CABLE TRASANTLÁNTICO
En 1857 se intentó por vez primera tender un cable telegráfico en el fondo del océano Atlántico llevado a cabo por la Atlantic Telegraph Company. Había sido fundada la empresa por un optimista comerciante de papel, Cyrus Field, que no sabía exactamente cómo colocar el cable: unos proponían suspenderlo de globos sumergidos entre las dos orillas; otros decían que colgase de casetas flotantes; los que más propugnaban que se desenrollase dejándolo en el fondo. El cable pesaba una tonelada por milla y el mar no siempre ayuda en la tarea. La primera expedición fracasó. Al año siguiente se repitió la prueba con un astuto artificio: de la costa norteamericana zarparía el buque Niagara, de bandera estadounidense, con la mitad del cable, y de la inglesa saldría el Agamemnon, con la otra mitad; se encontrarían en medio del Atlántico y allí empalmarían ambas mitades. Este esfuerzo fue impedido por la poca calidad de otros aspectos del proyecto. Nadie se había interesado por las características de los cables, fabricados por empresas distintas en cada de uno de los dos países, con diferencias de criterio tan llamativas como que los hilos del revestimiento de uno de los cables estaban tejidos hacia la derecha y en el otro hacia la izquierda. Así, cuando, en medio del océano, se quiso empalmar ambas puntas de cable, al apretar uno se deshilachaba el otro. Aunque se intentaron diversas soluciones, ninguna aseguró la calidad de las transmisiones. La pifia costó medio millón de libras esterlinas y un retraso de ocho años en el tendido del cable, hasta el 27 de julio de 1866, en que el barco de Cyrus Field llegó a Terranova con el extremo del cable definitivo. Esta vez se habían empleado materiales compatibles en las dos mitades que debían empalmarse.
 
ABARATAR COSTES = MAL
En 1970, Schlitz era la segunda cerveza de Estados Unidos. Había sido la primera hasta 1957, cuando fue superada por su rival Budweiser. Poseía además uno de los eslóganes más conocidos de la industria norteamericana:La cerveza que hizo famoso Milwaukee Al director de la compañía, Robert Uihlein Jr., se le ocurrió la genial idea para recuperar el primer puesto: producir cerveza más barata en menos tiempo, recortando el coste de los ingredientes y acelerando el proceso de producción, vamos jodiendo la calidad. Y siguiendo el proceso de «lo he pensado, lo puedo hacer» Uihlein cambió la malta de cebada por jarabe de maízEl jarabe de maíz es un edulcorante líquido, creado a partir del almidón o fécula de maíz., que era más barato, y un nuevo tipo de estabilizador de espuma para adaptarse a la nueva normativa que obligaba a reflejar el estabilizador en las etiquetas. Logró reducir el tiempo de producción de cuarenta a quince días. Un éxito por ahorro de costes y por supuesto como no podía ser de otra manera, la desaparición de la clientela. La nueva cerveza Schlitz tenía una curiosa propiedad que consistía en irse deteriorando, creando en su lugar una gelatina de aspecto mucoso en el fondo de la botella. Esta decisión de Robert Uihlein Jr. esta considerada como una de las 11 peores decisiones empresariales en Norteamérica de todos los tiempos. El 10 de junio de 1982 la compañía fue adquirida por Stroh Brewery Company de Detroit, que en la actualidad sigue produciendo esta cerveza en cantidades relativamente pequeñas.