Muertes absurdas

Gaudí

Antonio Gaudi (1852-1926), el arquitecto gerundense de la Sagrada Familia de Barcelona, se dirigía a rezar a la Iglesia de San Felipe Neri el 7 de julio de 1926 y de paso mantener una pequeña charla con su confesor mosén Agustí Mas i Folch. Tuvo la mala suerte de que un tranvía lo atropellara, dejándolo malherido. Gaudí era un hombre austero que nunca iba documentado y su vestimenta no estaba acorde con su categoría social, además de la sangre y suciedad del accidente. Nadie lo reconoció y fue considerado un mendigo. Por ello fue llevado al Hospital de la Santa Creu que era donde se atendía a los pobres, era un hospital de beneficencia. Al día siguiente, mosén Gil Parés, capellán de la Sagrada Familia lo reconoció, pero ya era tarde para él. Murió a los 74 años el 10 de junio de 1926, muy lejos de ver sus majestuosa obra terminada.

La Sagrada Familia de Antonio Gaudí
La Sagrada Familia de Antonio Gaudí
Súper abogado

Después de la guerra civil norteamericana, Clement Vallandighen (1820-1871) de Ohio, se hizo famoso como abogado ya que no perdía ningún caso. Pero el último en el que tuvo que defender a Thomas McGeham de un asesinato fortuito al disparar a Tom Myers en una disputa de bar, fue un tanto especial. Para argumentar su inocencia, quiso demostrar que todo ocurrió cuando Myers se disparó a si mismo al empuñar su pistola estando de rodillas. Para ello quiso demostrar su teoría tomando una pistola que, lamentablemente para él estaba cargada, con lo que término disparándose a si mismo. Consiguió de esta manera tan fatal, liberar a su defendido de la pena que le iban a imponer.

Felipe el Hermoso

Según la tradición, el rey español Felipe I el Hermoso (1478-1506) murió al beber agua fría sofocado tras jugar un partido de pelota el 25 de noviembre. Su muerte, acaecida en la burgalesa Casa del Cordón, fue de manera tan fulminante que todo el mundo creía que había sido envenenado por su suegro, Fernando el Católico. Pero según investigaciones actuales, la verdadera causa de su muerte fue la peste.

Suicidios en familia

Cuando contaba sólo tres meses de edad, el escritor uruguayo Horacio Quiroga (1878-1937) fue testigo de cómo su padre se quitó la vida disparándose con una escopeta en la cabeza. Su madre volvió a casarse y, después de cinco años de matrimonio, el padrastro se suicidó de igual manera que su padre biológico. Con el tiempo, el joven Quiroga se hizo profesor de castellano en el Colegio Británico de Buenos Aires y se casó con una alumna, Ana María, que en 1915 se suicidó bebiendo líquido para revelar fotografías tras una fuerte discusión con él. Más adelante Quiroga mantuvo un breve idilio y una larga amistad con Alfonsina Storni, que se suicidó arrojándose al mar 20 años después. La vida seguía y un amigo le consiguió un puesto de cónsul de Uruguay en la capital porteña, que perdió cuando este amigo se suicidó. Un año y un día antes de que se quitara la vida ingiriendo arsénico su gran amigo Leopoldo Lugones, el propio Quiroga ingirió una dosis letal de cianuro, al enterarse de que padecía cáncer de próstata. Poco después, se suicidaría su hija mayor, Eglé, mientras que su hijo varón, Darío, hizo lo mismo en 1951.

Óxido nitroso

El odontólogo el estadounidense Horace Wells (1815-1848) experimentó con óxido nitroso (N2O), más conocido como gas hilarante, queriendo demostrar sus cualidades anestésicas en la extracción de piezas dentales. Sin embargo, en 1845, un experimento-demostración realizado en el Hospital General de Massachusetts ante una audiencia estudiantil, el gas no fue administrado correctamente y fue un fracaso total. La audiencia lo abucheó, mofándose del científico. Tras este fracaso Wells perdió todo su prestigio. Pero como buen investigador, incansable, un día decidió probar el gas para extraerse asimismo una pieza dental. Pero no sirvió para motivarle y la fe en sí mismo le abandonó definitivamente. Durante dos años se dedicó a vender artículos para el hogar. Ya en 1847, se mudó a París, justo después de que su socio William Morton realizase una demostración exitosa de su gas en Estados Unidos. Cuando regresó a su país, Wells se volvió adicto al cloroformo cuyos efectos aún no eran conocidos. Entre ellos estaba el deterioro mental, por lo que un buen día en un estado profundo de delirio, salió a la calle y arrojó ácido sulfúrico a dos prostitutas. Fue enviado a la famosa cárcel neoyorquina de Tombs; una vez desaparecieron los efectos de la droga se dio cuenta de lo que había hecho. Se suicidó cortándose la arteria de la pierna con una navaja de afeitar después de haber inhalado una dosis analgésica de cloroformo para mitigar el dolor.

Bonzo

El 10 de junio de 1963, un portavoz budista indicó a los corresponsales que estaban informando desde Vietnam de que, en la embajada de Camboya en Saigón iba a ocurrir al día siguiente algo muy importante. Cuando acudieron al lugar, un monje budista mahayana vietnamita Thich Quang Duc (1897-1963) que acudía con sus compañeros formando grupos con pancartas escritas en vietnamita e inglés, protestando por la desigualdad religiosas que imponía al gobierno. Uno de los monjes puso un cojín en el suelo, en el asfalto, mientras otro abría el maletero de un automóvil y sacaba un bidón de gasolina. Quanc Duc se sentó sobre el cojín, oró mientras le rociaban con el contenido del bidón, prendió una cerilla y la arrojó a sus pies. Se prendió fuego. Mientras ardía, no movió ni un músculo, no emitió ni un solo sonido, contrastando con los lamentos de los presentes que miraban horrorizados la dantesca escena. Los bomberos y la policía que intentaban hacer algo, fueron retenidos por la multitud. Sus compañeros monjes mientras, se dedicaban a hacer reverencias frente al monje en llamas. Cuando se consumió el fuego y el cuerpo del monje quedó reducido a unas cuantas cenizas, sus compañeros lo cubrieron con túnicas amarillas, lo introdujeron en un ataúd y se lo llevaron en procesión a la pagoda de Xa Loi. En el exterior pusieron pancartas que se podían leer en inglés y vietnamita: “un monje budista se ha quemado en favor de nuestras peticiones”. Aunque no se logró los objetivos, el acto del monje budista Quanc Duc dio nombre a este tipo de acto desesperado de protesta que a partir de ese momento pasó a denominarse “quemarse a lo bonzo”.

Monje budista mahayana vietnamita Thich Quang Duc en el momento en el que se quemó a lo bonzo.
Monje budista mahayana vietnamita Thich Quang Duc en el momento en el que se quemó a lo bonzo.