Estrés: una enfermedad de moda que mata

Es una afirmación un tanto bestia, pero cómo vamos a comprobar, real. Todas las personas tenemos algún tipo de tara o enfermedad mental, unos tienen más y otros tienen menos. Todos tenemos traumas, bloqueos o manías. Todos los días nos vemos bombardeados e influidos por publicidad, información y acontecimientos que, en ocasiones, nos producen confusión, temores, envidias, celos, etc., que nos pueden llevar a convertirnos en unos paranoicos u otras enfermedades más graves aún. En la infancia y en la adolescencia la mayor parte de los niños, incluso en nuestro “bien pensante mundo” civilizado, estable y rico, han sufrido un entorno hostil que afecta a su desarrollo mental. Millones de niños sufren conflictos bélicos, hambrunas, conflictos familiares y un sinfín de acontecimientos que han originado traumas que dejan marcas en su cerebro en desarrollo.

Imagínate en la prehistoria, ese momento en el que sales a cazar y de repente detrás de la maleza, por sorpresa, sale un mamut de tamaño inconmensurable, y tú allí plantado con tu proyecto de lanza delante de esa bestia. Puede que salgas sano y salvo de esta situación, pero seguramente pasarás unas cuantas noches sin dormir rememorando ese momento traumático. En aquellas épocas lejanas no existía una medicina de la mente, no había psicólogos, no había psiquiatras, no existía ningún tipo de terapia; lo máximo a lo que podías aspirar es a un brujo, un chaman, que te podía ofrecer para ingerir unos brebajes hechos a base de hojas y raíces machacadas, acompañado de un ritual en el que ejecutaba una danza, fustigándote con ramas y gritándote palabras ininteligibles, mientras te soplaba cenizas a la cara para conseguir que el “espíritu” que te tenía atenazado te dejara en paz y se marchara con viento fresco.

Un grupo de chamanes de principios del pasado siglo en México.

Un grupo de chamanes de principios del pasado siglo en México.

El cerebro se ve afectado por los trastornos de humor, el aburrimiento, la desidia, la ansiedad, el estrés, la tensión, la incertidumbre… Toda una serie de situaciones y crean enfermedades neurológicas. Sabemos que la hiperactividad en la amígdala cerebral puede convertir a un sujeto en un homicida. O sea la calcificación de esa misma amígdala ocasiona que el sujeto se incapaz de reconocer la tristeza o el miedo reflejado en otros rostros humanos. O que incluso le lleve al acercarse a un tigre acariciarlo sin sentir ningún temor.

Las grandes enfermedades mentales tienen dos hermanos menores: la neurosis y las manías. El síndrome de la neurastenia produce disminución de la eficiencia por astenia, depresión, ansiedad e insomnio. El neurótico sufre mucho por sus fobias, adicciones, obsesiones y miedos. Hay que pensar que en Europa una de cada cuatro personas sufrirá a lo largo de su vida un trastorno mental. Uno de los cálculos más optimistas sobre la población mundial dice que el 1 % de los humanos son psicópatas, aproximadamente unos 70 millones de humanos, aunque parece que las cifras aumentan de forma alarmante. Y aproximadamente unos 7 millones de humanos sufren psicosis, delirios y esquizofrenia. Entre el 8 y el 15 % de la población mundial sufre depresión y ansiedad.

El estrés provocado por el trabajo y las responsabilidades presiona demasiado y a veces induce a la depresión.

El estrés provocado por el trabajo y las responsabilidades presiona demasiado y a veces induce a la depresión.

Los tiempos en los que vivimos que nos han llevado a una profunda crisis económica, moral y en muchos casos personal, han aumentado de forma espectacular los comportamientos anómalos de las personas, comportamientos que nunca habían tenido y de los que se avergüenzan por haberlos ejecutado. Los suicidios relacionados con los desahucios y pérdida de empleo también han aumentado, pero son ocultados por todos los gobiernos, ya que dicha cifra lo único que produce es vergüenza a los políticos y desconfianza con el sistema sanitario. Suelen ser provocados por traumas y bloqueos de situaciones inesperadas que los dueños de estos cerebro no están preparados para soportar. Vuelven los miedos, las inhibiciones, el encerrarse en casa y no querer ver a nadie, las depresiones, la vergüenza ante los miembros de la familia por haber perdido el empleo y, en muchos casos, la frustración por no poder seguir viviendo una vida que antes les permita ciertos lujos o actividades sociales y ahora no.

El estrés es una enfermedad que está de moda. Una enfermedad ocasionada por el ritmo de vida que llevamos, una enfermedad que nos creamos nosotros mismos al no controlar nuestras actitudes ante la vida, y no realizar una escala de valores de lo que es verdaderamente importante y lo que es secundario.

El estrés es una alteración física o psíquica de un individuo que ha exigido a su cuerpo un rendimiento que supera lo normal. Esto origina una sobrecarga, una tensión que provoca la aparición de enfermedades y anomalías patológicas. Incluso puede provocar un ataque al corazón. El estrés es una situación continua de alerta que puede llegar a originar determinados síndromes, como por ejemplo el síndrome postraumático de guerra. Si los acontecimientos son repetidos llegan agotar un toque de éste se convierte en crónico. Los glucocorticoides que son los que se disparan, representa un papel importante en el miedo, la ansiedad, los estados depresivos

El cortisol es una hormona secretada por las glándulas suprarrenales y su concentración aumenta por el estrés. La adrenalina nos lleva a movilizarnos, aumentar el ritmo cardíaco, palpitaciones, respiración entrecortada. Todo ello sola respuesta fisiológicas al estrés agudo.

El estrés crónico a alterar los receptores de la serotonina. Se ha observado modificaciones de los rectores de serotonina que en personas víctimas del suicidio. También están implicados en los estados depresivos otros neurotransmisores como la noradrenalina y la dopamina. Ante la exigencia de mayor rendimiento nuestro cuerpo se libera más adrenalina y noradrenalina con el fin de aumentar la supervivencia frente a las amenazas que se puedan tener.

Con el estrés el cerebro se inunda de norepinefrina y dopamina. La serotonina ejerce una influencia clave en la depresión, puede modular el estrés y la ansiedad a través de su acción en la corteza frontal. Estas enfermedades y anomalías se traducen en pérdida de ánimo, nerviosos, a falta de concentración, ansiedad, insomnio, depresión e inmunodeficiencia. Esta última anomalía es debido a que existe una liberación de hormonas que inhiben la maduración de los linfocitos encargados de la inmunidad.

El estrés postraumático es un estado mórbido sobrevenido por un acontecimiento excepcionalmente violento y angustioso. La víctima revive este acontecimiento en pesadillas con escenas traumáticas. El sujeto sigue en un estado de alerta permanente.

El estrés debido al ritmo de vida, a la tensión y a la responsabilidad de toma de decisiones en las que un error puede significar la pérdida de millones de euros, o la vida de otras personas. Existen otras causas que producen estrés, como la presión grupal, frustraciones o no conseguir los objetivos planeados.

El Síndrome de Estrés Postraumático (SEP) empezó a popularizarse en aquella películas que hacían referencia a la guerra de Vietnam y los horrores que muchos jóvenes soldados norteamericanos habían vivido durante el conflicto. El SEP afectó también a soldados franceses en la antigua Indochina, soldados de la Segunda Guerra Mundial y a millones de combatientes en todo el mundo. Sólo en estados unidos se calcula que hay cerca de dos millones de habitantes con ese síndrome.

Esta foto fue tomada durante la Batalla de Courcelette (Francia) en septiembre de 1916. El hombre se agachó en una zanja donde presentaba “neurosis de guerra” , que recibió el nombre en su momento de la mirada de las mil yardas, que fue descrito como un espacio en blanco, la mirada desenfocada de un soldado cansado en plena batalla. La mirada es una disociación de un trauma, y puede ser visto en los casos de trastorno de estrés postraumático, aunque no siempre. Un detalle inquietante acerca de la foto, la gente no sonreía en las fotos en aquellos tiempos.

Esta foto fue tomada durante la Batalla de Courcelette (Francia) en septiembre de 1916. El hombre se agachó en una zanja donde presentaba “neurosis de guerra” , que recibió el nombre en su momento de la mirada de las mil yardas, que fue descrito como un espacio en blanco, la mirada desenfocada de un soldado cansado en plena batalla. La mirada es una disociación de un trauma, y puede ser visto en los casos de trastorno de estrés postraumático, aunque no siempre. Un detalle inquietante acerca de la foto, la gente no sonreía en las fotos en aquellos tiempos.

Los que padecen el SEP tienen que lidiar constantemente con rememorar hechos pasados, de carácter violento, que vuelven a traer a sus mentes aquel terror que vivieron y con el que tienen que volver a enfrentarse. El hecho en cuestión puede ser una violación, un accidente, un encarcelamiento, un momento en que tu vida está en peligro o cualquier acto de impotencia en el cual haya sufrido cualquier tipo de violencia. Estas situaciones producen recuerdos en el cerebro que queda muy profundamente marcados.

Cuando se viven situaciones tan intensas y desgarradoras como las que hemos señalado en el párrafo anterior, el hipotálamo y la amígdala provocan la liberación de hormonas que agudizan nuestras percepciones sensoriales, como sistema defensivo a un acontecimiento que pone en peligro nuestra vida. Algunas personas que no tienen toda la capacidad para enfrentarse a estos momentos difíciles, estos de dejan recuerdos intensos y profundos en el cerebro, en el hipocampo y en los circuitos neuronales.

Cualquier efecto (olor, explosión, lugares, personas, etc.) hace que el recuerdo active el hipocampo y esté libere hormonas de estrés del hipotálamo y la amígdala, y el suceso rememora nuevamente de forma tan real y precisa que parece que está ocurriendo en ese mismo momento. Todo esto alterará a la persona afectada, el sudor, la respiración, la presión arterial creando una situación de pánico como la que se tuvo en el suceso real.

Se esta buscando las pastilla contra el miedo

Hace poco se anunció el descubrimiento de un nuevo fármaco contra el gen del miedo, lo que ya se ha denominado popularmente como la «píldora del miedo». Esta píldora puede llegar a convertirse en el gran negocio farmacéutico del siglo XXI.

Se sabe que el gen opril que se encarga de regular el miedo por experimentos realizados en ratones y de un tiempo a esta parte en humanos, fabrica el receptor de la nociceptina está dirigida a estimularlo y previene el estrés postraumático. Se administra inyectando directamente sobre la amígdala del cerebro. La proteína fabricada por el gen opril, la nociceptina, esta implicada en el control de varios procesos cerebrales.

Uno de los estados emocionales más difíciles de controlar es justamente el miedo y esta píldora puede convertirse en un arma terrible en manos de un ejército de soldados que la hayan ingerido, ya que los puede convertir en individuos temerarios y sujetos peligrosos, ya que actúa sobre la memoria y puede eliminar ciertos recuerdos desagradables y traumáticos. Como todo lo militar siempre se boca la mayor efectividad posible y han estado intentando ver las posibilidades que ofrece el poder eliminar recuerdos actuando sobre el llamado ZIP, un inhibidor de una enzima cerebral, llamado que PKM zeta, que elimina los recuerdos. Pero el problema es que no era selectivo y el sujeto perdía parte o la totalidad de su memoria. Algunas tribus de Brasil o o África, en sus actos de iniciación, hacían ingerir drogas que provocaban el olvido de la infancia del iniciado, pero mal administradas también provocaban lesiones cerebrales.

La nonagenaria neuropsicóloga Brenda Milner y el premio Nobel de medicina Eric Kandel, especialistas en neurología

La pastilla contra el miedo ha llegado a asustar a los que la han creado.

Entre los neurocientíficos existen dos teorías sobre la memoria. Una se basa en la existencia de neuronas individuales que guardan recuerdos de determinadas personas y relación con objetos. Y la otra que destaca que cada recuerdos está distribuido a lo largo de millones de neuronas. Una de las grandes especialistas de la memoria es la neuropsicóloga Brenda Milner, y el premio Nobel de medicina Eric Kendel, autor de En busca de la memoria perdida. Milner, que asistió a la reunión anual de la Asociación Estadounidense que para el Avance de la Ciencia en Boston en el año 2013 destacó por sus investigaciones en un paciente de amnesia que los años cincuentas que mostraron que la memoria se origina en regiones concretas del cerebro. Cuando se le preguntó a ella directamente por su memoria, ya que en ese momento tenía 94 años, ríe y afirma que olvida cosas y nombres, pero que no sólo le pasa persona de su edad, a otras mucho más jóvenes que ella también.

Brenda Milner hace referencia al descubrimiento de que en los cerebros adultos se fabrican neuronas nuevas precisamente en el hipocampo, esa región de capital importancia en la capacidad de tener recuerdo conscientes. Esta neurogénesis aporta nuevas esperanzas a las investigaciones sobre la plasticidad del cerebro.