Samuel Goldwyn, productor de cine y destructor del idioma.

Samuel Goldwyn, nacido como Schmuel Gelbfisz (Varsovia, 17 de agosto de 1891 – Los Ángeles, 31 de enero de 1974) fue un productor de cine estadounidense de origen polaco, ganador del Óscar de la Academia y del Globo de Oro, fundador de varias productoras. Cofundador de la Metro-Goldwyn-Mayer.

Dotado de gran talento e inventiva, en su casi medio siglo de actividad produjo numerosas películas de calidad, especialmente en el género del melodrama y de la comedia musical, siendo a su vez descubridor de grandes talentos, tanto en el mundo de la dirección, como Cecil B. DeMille y William Wyler, como en el de la interpretación, con actores como Gary Cooper, David Niven, Danny Kaye, Lili Damita y Eddie Cantor.

Es más conocido como productor de cine. A pesar de que pasó la mayor parte de su vida en la industria del cine, en realidad comenzó a trabajar en el negocio de la ropa, donde se convirtió en uno de los vendedores con más éxito en el sector del guante para una empresa con sede en Nueva York, con el tiempo llegaría a ser vicepresidente de ventas.

Probablemente por el hecho de que el inglés no era su lengua materna, Goldwyn también era conocido para cometer errores del habla. Esto llegó a ser conocido como “goldwynismos” que se define como

una declaración o frase humorística como resultado del uso de las palabras incongruentes o contradictorios, situaciones, expresiones idiomáticas, etc.

Una de las características que destacaban de Goldwyn, además de lo antes mencionado, es que junto con el malapropismo y el spoonerismo dieron nombre a formas especiales de hablar y de deformar el lenguaje. En los años cuarenta, la peculiar utilización del vocabulario que hacía Godwyn se convirtió en uno de los cuchicheos mas concurrentes entre los guionistas y la prensa. Lo usaban para ridiculizar al magnate inculto y extranjero, y a la vez como método para adularlo, cosas que a veces se confundían y hacían difícil distinguirlos.

SPONERISMO
El sponerismo (spoonerism) es un término que en inglés indica un juego de palabras que intercambian los sonidos correspondientes (generalmente letras o sílabas) de dos palabras, formando otros que cambian por completo el sentido de la frase, y por lo tanto la generación de efectos absurdos y a menudo cómica. Muchas veces la frontera entre el spoonerismo y el malapropismo es algo borrosa. Lleva el nombre del reverendo William Archibald Spooner (1844-1930), rector de la nueva universidad de Oxford, famoso por cometer este error con frecuencia en sus discursos.
MALAPROPISMO
La palabra malapropismo es la castellanización del vocablo inglés malapropism, que es el uso incorrecto de palabras parónimas. Se refiere a un tipo de error o gazapo en el que se sustituye una palabra por otra de sonido similar pero diferente significado. El término no está recogido por el diccionario de la Real Academia Española, pero sí por algunos diccionarios especializados, como el diccionario de términos filológicos de Lázaro Carreter.

Llego un momento que hasta Goldwin se harto y decidió que no eran suyas esas frases atribuidas con un:

Nunca he estampado ese destello en mi ojo.

Vamos a recopilar unas cuantas de esas frases que lo ha encumbrado como líder en el ranking de personas especializadas en dar patadas al diccionario:

  •  Estoy dispuesto a admitir que no siempre puedo ser correcto, pero que nunca soy incorrecto.
  •  Si miro confuso es porque estoy pensando.
  •  Creo que nadie debería escribir su autobiografía hasta después de muerto.
  •  Un hospital no es lugar para estar enfermo.
  •  La razón por la que muchas personas se presentaron en su funeral es que querían asegurarse de que estaba muerto.
  •  Las películas están para entretener, los mensajes deben ser enviados a través de Western Unión (por correos).
  •  Si pudiera caer muerto en este mismo momento, sería el hombre más feliz del mundo.
  •  Es absolutamente imposible, pero tiene posibilidades.
  •  No se puede reír con nuestras comedias.
  •  Me he acostado con un resfriado intencionado.
  •  A cualquier hombre que vaya al psicólogo tienen que examinarle la cabeza.
  •  Quiero hacer una película sobre la policía secreta rusa: el GOP (el partido republicano americano).
  •  Amo el suelo que piso.
  •  Para este papel quiero una dama, alguien que sea condesa.
  •  Un contrato verbal no vale ni el papel en el que está escrito.
  •  Caballeros, incluyanme fuera.
  •  Puedo responder con dos palabras: im-posible.
  •  Ya hemos pasado por mucha agua desde entonces.
  •  Hundiría mi cabeza en un alce.
  •  Cualquier cosa que diga ese hombre te lo tienes que tomar con una dosis de sales.
  •  Quiero ir a donde la mano del hombre no haya puesto el pie.
  Esta se puede considerar apócrifa, pero es divertida de contar:

El otro día me topé con George S. Kaufman. Estaba en mi casa para cenar.

Una vez invitaron a Goldwyn a cenar:

«No puedo, pero le agradecería que me prestara un impermeable», dijo lamentándolo.

Invitado a un carnavel en New Orleans, declinó la invitación:

«Aunque lo hicieran en las calles, no iría».

Durante la máxima tensión con las armas atómicas en los años 40, dijo solemnemente durante un discurso:

«Caballeros, no subestimen los daños de la bomba atómica, ¡es dinamita!».

Un escultor alabó las manos tan bonitas de Samuel:

«Haz un busto de ellas».

Una secretaria le pregunto si podía destruir algunos archivos inútiles:

Adelante, pero primero haga copias.

Después de que Los mejores años de nuestra vida (1946) ganara el Oscar a la mejor película, Goldwin dijo:

Si todos los estadounidenses la ven, no me importa si no hacemos dinero.

Comentaba enfervorizado por una película:

Ésta va a estallar en Hollywood y degenarará por todo el mundo.

Los directores siempre estaban en el punto de mira de su mal humor:

Siempre muerden la mano que les ofrece los huevos de oro.

Una vez que estaba obsesionado por un director:

«Es demasiado cáustico», le aviso uno de sus directivos.
«Da igual, págale lo que pida», contesto el productor.

Discutiendo por otro actor que tenía bajo contrato, le dijo a un ayudante:

Vive más allá de sus posibilidades, pero se lo puede permitir.

A un actor que acababa de firmar un contrato con la productora:

Quédate conmigo y en una año tendrás el pie impreso en el plato chino de Hollywood.