Agresores sexuales en la familia

Para violadores y pederastas reclamó Platón la muerte a manos de las personas forzadas, de padres, hermanos, hijos o marido. Para estos sujetos Kant postuló la castración. La sexualidad humana es un fenómeno complejo que abarca varios aspectos:

  • biológicos (genéticos, hormonales y endocrinos),
  • etológicos (necesidad reproductiva, instinto y deseo sexual),
  • sociales (familiares, educacionales, religiosos),
  • individuales (necesidad de dependencia, sistema de valores y moral).

La sexualidad es un fenómeno complejo que puede variar de definición según el prisma de enfoque bajo el que se observe, ya sea de carácter científico, según la época o dentro de cierta cultura. Los manuales más antiguos están en China y son de hace unos 5000 años, en los que se pueden observar las distintas técnicas sexuales reflejados en sus rollos, novelas y pinturas eróticas.

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En los siglos XVI y XVII sectas cristianas practicaban el sexo como vehículo de salvación, la más famosa, la de «los alumbrados». En occidente la palabra sexualidad aparece por primera vez en el siglo XIX. Los primeros estudios científicos sobre la sexualidad los realizara Alfred Kinsey. El siguiente estudio de referencia nos lleva a Master & Johnson en 1966, realizado por William H. Master y Virginia E. Johnson. Hoy en día podemos ver como ocurrió, siempre con ciertas libertades y variantes por parte de los guionistas, en la serie Master of Sex.

Emil Kraepelin manifestó que procesos sexuales desempeñan un papel dominante en la vida de los instintos , pero al darle preponderancia a lo biológico y cultural, solemos olvidarnos de los sentimientos patológicos.

Desde la perspectiva psicológica y psicoanalítica, Sigmund Freud destaco el papel protagonista que tenía la sexualidad en las conductas de las personas, con especial énfasis entre el deseo sexual consciente e inconsciente y la salud individual. Abordo el tema de la perversión en tres obras, pero siempre desde el punto de vista del neurótico.

Jacques Lacan fue quien definió la perversión de forma exacta, indicando que en ella el sujeto se hace instrumento, llegando a decir que se identifica con el objeto. La califico como una realidad singular y diferenciada: no porque se sueñe la perversión se será un perverso.

Agresiones sexuales en familia con violencia
Agresiones sexuales en familia con violencia

Para Harold Kaplan la sexualidad anormal es aquella en la que la conducta sexual es destructiva para uno mismo o para los demás, va asociada a sentimientos de culpa y ansiedad intensos o es de naturaleza compulsiva.

Bajo el término agresión sexual hay una variedad de comportamientos demasiados amplios, donde el elemento sexual está en primer plano con la que algunas veces solo se busca la satisfacción sexual y en otras, un deseo de poder y de sometimiento. Las investigaciones siguen intentando describir el perfil de los autores de agresiones sexuales en relación con cada una de las conductas, destacando las que más sobre sale de ellos y los que nos puede informar sobre su forma de actuar, estilo de vida, hechos, datos y análisis de conducta.

Como rasgo general de estos individuos se confunde relación sexual con agresión sexual, indicándose en algunos estudios que los niveles de excitación de estos individuos en mayor en el sexo no consentido, que en el consentido. También los hay que hablan de falta de inhibición. La constante es que los agresores niegan la libertad del otro, dejando la frontera entre enfermedad y perversión, en demasiadas ocasiones, muy difuminada.

En el medio familiar el abuso sexual más frecuentes es la agresión a menores. Algunos sádicos sexuales pueden acabar en abuso emocional o sexual y físico extremo durante meses sobre su pareja (esposas y novias); incluso en relaciones que empezaron como normales. La agresión sexual en general tiene un componente de violencia y sexualidad, que evidencian una humillación de tipo sexual hacia la mujer, una muestra de hostilidad y refuerzo de una posición de poder.

Las agresiones a menores son un práctica muy extendida en las sociedades modernas, al considerarse al niño como una posesión del adulto. En la práctica el 90 % de los casos denunciados se producen en el hogar, siendo los agresores familiares, amigos de la familia y vecinos. En esta tipología de agresor la excitación erótica y la facilitación y el logro del orgasmo se dan con parejas en la etapa pospuberal, peripuberal y con niños. La agresión sexual por una persona de la familia o allegados se caracteriza por una menor agresividad física si la comparamos con las agresiones protagonizados por extraños. Raramente hay daño físico a las víctimas, la interacción más habitual consiste en tocar los órganos sexuales del menor, incluso sin quitar su ropa interior. Estos individuos escogen profesiones que les llevan a contactar con el estímulo deseado (guarderías, colegios, etc.). La literatura anglosajona apunta a que el 90 % de los agresores sexuales a niños son conocidos y del 65 al 90 % son los propios padres. El 90 % son varones heterosexuales, también encontramos homosexuales y con ambas tendencias. Suele ser un hombre de mediana o edad avanzada el 93 % de las veces, solitario, conservador con respecto a sus actitudes sexuales y a menudo religioso.

Agresiones sexuales en familia
Agresiones sexuales en familia

La agresión más frecuente en el medio familiar suele ser por el padre o por familiares cercanos, a hijas o hijos propios o de su parejas de 8 a 12 años. Algunos estudios sitúan el número mayor alrededor de los 12 años; se produce el abuso aprovechando la confianza existente y de las ocasiones de soledad, pero en todos se pone de manifiesto la mayor frecuencia de padres abusadores, en segundo lugar tíos y en tercer lugar y menos frecuente, la madre. Respecto a esta última se destaca la invisibilidad de este tipo de abusos (Abadi, Beovide y Quattrone, 2001).

Las estadísticas ponen de manifiesto que paidofilia e incesto aparecen tanto en clases económicamente altas como bajas, aunque se aprecia que los agresores de clase acomodadas acuden más a relaciones en redes de prostitución infantil o realizando turismo sexual al tercer mundo.

Se produce el abuso/agresión sobre la base de dependencia preexistente o creada entre el agresor ─que es el que tiene el poder─ y la víctima ─el más débil─. El autor de la agresión suele tener entre 30 y 40 años; actúa pues en la crisis de la mitad de la vida, aunque el factor edad varía notablemente. El alcohol es uno de los factores causantes, por su efecto desinhibidor. No hay un perfil psicopatológico único. La mayoría de los padres abusadores de sus hijos y que no presentaban patología psiquiátrica mayor, algunas habían sido víctimas de abusos sexuales en su infancia, controlaban mal el estrés y manejaban mal sus necesidades emocionales en situaciones concretas, predominando entre ellos la ingesta excesiva de alcohol y el empleo estable.

En relación con la estructura familiar predominan las familias nucleares (compuesta por el padre, la madre y los hijos), disfuncionales (donde la relación de incesto es a veces, la única fuente de afecto del menor), con un padre pasivo e inseguro. Estos núcleos familiares son rígidos y patriarcales, en los que el padre ocupa la posición predominante, mediante la violencia física o presión psicológica, social o económica. Predomina el diagnóstico de trastorno de personalidad.

agresiones_sexuales_en_familia_003Los agresores suelen presentar desdoblamiento de personalidad; comparten la existencia entre dos comportamientos absolutamente contradictorios, como pueden ser un comportamiento sádico sexual y ciudadano perfecto. Suele negar el incesto para preservarse de sentimientos de culpa, humillación y venganza. No creen que haya denuncia y si la hubiere la víctima no sería creíble. En la relación agresor y víctima se trata de aislar socialmente; se va a dejar a la víctima sin amigos, evitando, por ejemplo, que no tenga novio. El aislamiento puede llegar al rapto físico.

El incesto se da en entornos que permanecen ocultos, generalmente el domicilio, donde se impone el secreto, siendo los únicos testigos por lo general los protagonistas, aunque en ocasiones también lo son otros miembros de la familia. Hay consenso en que estas familias las madres de estas unidades familiares son la pasividad y dependencia. En algunos casos se ha descrito cuadros de depresión en la madre, lo que dificultad la capacidad para poder proteger a sus hijos. A veces la madre trabaja o está enferma o ha fallecido. Muchas veces la madre tiene relaciones insatisfactorias con el marido y trabaja constantemente para ausentarse del hogar y estar distante del marido. A veces tanto la madre como el padre han sido víctimas de abusos sexuales por algún miembro de la familia y desde una perspectiva analítica se ha considerado que la aparente tolerancia del incesto entre su marido y su hija puede ser parte de un intento inconsciente para resolver su propia experiencia incestuosa.

Agresiones sexuales en familia que pueden acabar en rapto
Agresiones sexuales en familia que pueden acabar en rapto

La víctima suele sufrir un proceso de estigmatización, ya que al copular con el agresor, deteriora su autoestima y altera la capacidad de afrontar conflictos porque el aprendizaje se ha alterado. A si mismo, la víctima no quiere daño para el abusador, la cárcel no le alivia, solo le alivia que el abusador reconozca lo que hace y deje de hacerlo. La víctima presenta un síndrome de acomodación al abuso sexual infantil, termina creyendo que algo tuvo que ver, por lo que necesita diferenciarse del agresor y ponerse en el lugar que le corresponde. Se produce un cuadro de negación que le impide pedir ayuda, seguido de un cuadro de disociación, no dándole importancia que tiene a lo que se esta viviendo. Por último se presenta la retracción, después de decirlo lo niega, así intenta buscar la cohesión familiar, con lo que no se resuelve la experiencia vivida atribuyéndose la víctima a si misma la responsabilidad. Generalmente, este impacto psicológico suele seguirse ─sobre todo en las mujeres─ por una aversión hacia la sexualidad; se presentan cuadros de depresión, sentimiento de rabia y desconfianza en las relaciones sexuales. La víctima se siente traicionada por el abusador, por los que no la creyeron y por los que no la protegieron.