Chascarrillos divertidos

Vejez divino tesoro

Cuando Thompson cumplió los setenta, decidió cambiar completamente su estilo de vida para vivir más años. Se sometió a una dieta muy severa, daba largas caminatas, nadaba y tomaba el sol. En tres meses, Thompson perdió cinco kilos, redujo quince centímetros el perímetro de su cintura y aumentó doce centímetros de pecho. Esbelto y bronceado, decidió dar el toque final a su aspecto con un corte de pelo deportivo. A la salida de la peluquería, le atropelló un autobús.

—¡Dios mío! —gritó cuando yacía moribundo—. ¿Cómo has podido hacerme esto?

—A decir verdad, Thompson —dijo una voz que procedía del cielo—. ¡No te he reconocido!

Al final piensas igual que yo

Un anciano de noventa años va al médico y dice:

—Mi esposa, que tiene dieciocho años, está embarazada.

—Le voy a contar una historia —responde el médico—. Un hombre fue a cazar pero, en lugar de una escopeta se llevó un paraguas por error. Cuando, de pronto, le atacó un oso, el hombre blandió el paraguas, disparó y el oso cayó muerto.

—Eso es imposible —dice el anciano—. Al oso le debió de disparar otra persona.

—¡Pues eso digo yo!

A lo mejor no

Un hombre que buscaba la verdad había oído que el gurú más sabio de toda la India vivía en la cima de la montaña más alta del país. Así que anduvo y anduvo, hasta que llegó a la mítica montaña. Esos montes eran muy escarpados, y en más de una ocasión resbaló y se cayó. Cuando llegó a la cima, estaba cubierto de cortes y de heridas, pero se encontró con el gurú, sentado con las piernas cruzadas frente a su cueva.

—¡Oh, sabio gurú! —dijo el aprendiz—. He venido hasta ti para preguntarte por el sentido de la vida.

—¡Ah, sí! El sentido de la vida —dijo el gurú—. El sentido de la vida es una taza de té.

—¿Una taza de té? He venido hasta aquí para hallar el sentido de la vida ¿y me dices que es una taza de té?

El gurú se encogió de hombros.

—Bueno, pues tal vez no sea una taza de té —dijo.

¿Alguna duda?

—¿Por qué un elefante es grande, gris y arrugado?

—Porque si fuera pequeño, blanco y liso sería una aspirina.

El padre tramposo

Moisés, Jesús y un anciano con barba están jugando al golf. Moisés da un buen golpe, la bola va a parar a la calle y luego va rodando hacia el estanque. Moisés levanta el palo, aparta las aguas y la bola sigue rodando tranquilamente hacia el otro lado.

Jesús también golpea fuerte y la bola se acerca al estanque pero, cuando está a punto de caer en el centro, se queda sobrevolando la superficie. Jesús se aproxima al estanque como si tal cosa y de un golpecito manda la bola al green.

Cuando le toca el turno al anciano barbudo, la manda contra una valla, de ahí rebota a la calle, donde hace carambola contra un camión y se dirige de nuevo a la calle. Va en dirección al estanque, pero cae en un parterre de lirios, donde una rana la ve y se la mete en la boca. Aparece un águila, apresa la rana y se va. Cuando el águila y la rana sobrevuelan el green, la rana abre la boca y suelta la bola, que cae justo en el hoyo.

Moisés se vuelve hacia Jesús y le dice:

—Odio jugar con tu padre.

Oigo una voz divina

Alvin está trabajando en su tienda cuando oye una voz atronadora procedente de arriba y le dice:

—Alvin, ¡vende el negocio!

No le hace caso. Pero la voz insiste durante días:

—Alvin, ¡vende el negocio por tres millones de dólares! Al cabo de una semana, Alvin ceja y vende la tienda.

—Alvin, ¡vete a Las Vegas! —le dice la voz. Alvin le pregunta por qué.

—Alvin, ¡te digo que cojas los tres millones de dólares y te vayas a Las Vegas!

Alvin le obedece, se marcha a Las Vegas, y entra en un casino.

—Alvin, ¡ve a la mesa de blackjack y juégatelo todo a una mano! —ordena la voz.

Alvin vacila, pero se rinde. Cierra con dieciocho. El crupier muestra un seis.

—¡Alvin, coge una carta!

—¿Cómo? Pero si el crupier tiene…

—¡Coge una carta!

Alvin le pide carta al crupier y obtiene un as. Diecinueve. Suspira, aliviado.

—Alvin, coge otra carta.

—¿Qué?

—¡Que cojas otra carta!

Alvin pide otra carta. Otro as. Ya tiene veinte.

—Alvin, ¡coge otra carta! —le ordena la voz.

—¡Ya tengo veinte! —grita Alvin.

—¡Te digo que cojas otra carta! —resuena la voz.

—¡Otra! —dice Alvin—. Es otro as. ¡Veintiuno!

—¡Santo cielo, es increíble! —dice la voz atronadora.

No me mientas

Una noche, después de la cena, un niño de cinco años le pregunta a su padre:

—¿Adónde ha ido mamá?

—Mamá ha ido a una reunión de Tupperware —responde el padre.

La explicación satisface al chico por un momento, pero luego añade:

—¿Y qué es una reunión de Tupperware?

El padre imagina que lo mejor será darle una explicación sencilla.

—Pues, hijo mío —le dice—. En las reuniones de Tupperware, las señoras se sientan en círculo y se venden cuencos de plástico las unas a las otras.

El chico suelta una carcajada.

—Anda, papá, ahora en serio, dime de qué van esas reuniones.

No te preocupes

Un irlandés entra en un pub de Dublín, pide tres pintas de Guiness y bebe un sorbo de cada una por turnos, hasta que se las termina. Luego pide tres más. El barman le dice:

—¿Sabes qué? Si las pides de una en una no se te diluirá tanto la espuma.

El hombre le responde:

—Sí, ya lo sé, pero es que tengo dos hermanos, uno está en Estados Unidos y el otro en Australia. Cuando nos separamos, nos prometimos que íbamos a beber siempre así, en recuerdo de los tiempos en que bebíamos juntos. Hay una para cada uno de mis hermanos y una para mí.

El barman está emocionado, y le dice:

—¡Qué buen cliente!

El irlandés se hace habitual del pub, y siempre pide lo mismo.

Un día llega y pide dos pintas. Los otros clientes lo notan, y se hace el silencio en el bar. Cuando se aproxima a la barra para pedir una segunda ronda, el barman le dice:

—Amigo, te acompaño en el sentimiento. El irlandés replica:

—¡Ah, no, están todos bien! Lo que pasa es que yo me he hecho mormón y he dejado de beber.

Querido Watson

Holmes y Watson se han ido de acampada. En plena noche, Holmes se despierta y le da un codazo a Watson.

—Watson —le dice—, mire al cielo y dígame qué ve.

—Veo millones de estrellas, Holmes —responde Watson.

—¿Y qué conclusiones saca, Watson?

Watson se detiene a pensar.

—Bueno —dice—. Astronómicamente veo que hay millones de galaxias y, potencialmente, miles de millones de planetas. Astrológicamente, observo que Saturno está en Leo. Por la hora, deduzco que son aproximadamente las tres y cuarto. Meteorológicamente, sospecho que mañana hará un día espléndido. Teológicamente, contemplo la grandeza de Dios y nuestra pequeñez y sinsentido. Esto… ¿y usted qué ve?

—Watson, estúpido, ¡que alguien nos ha robado la tienda!

Un vaquero auténtico

Un viejo vaquero entra en un bar y pide un trago. Está ahí, sentado, bebiéndose su bourbon cuando una señorita se sienta junto a él. La chica se vuelve hacia el vaquero y le pregunta:

—¿Es usted un vaquero de verdad?

—Bueno —responde el vaquero—. Me he pasado la vida en un rancho, guiando manadas de caballos, reparando vallas y marcando vacas al fuego, así que supongo que sí.

—Yo soy lesbiana —dice la chica—. Me paso el día pensando en mujeres. En cuanto me levanto por la mañana, pienso en mujeres. Cuando me ducho, o veo la televisión, todo me lleva a pensar en mujeres.

Al cabo de un rato, una pareja que está sentada junto al vaquero le pregunta:

—¿Es usted un vaquero de verdad? Y él contesta:

—Eso había pensado siempre, pero acabo de descubrir que soy lesbiana.

Mal ingeniero

Tres estudiantes de ingeniería están discutiendo acerca de qué tipo de divinidad debió de diseñar el cuerpo humano.

—Dios debe de ser ingeniero mecánico —dice el primero—. Mira las articulaciones.

—Pues yo pienso que debe de ser ingeniero eléctrico —afirma el segundo—. El sistema nervioso tiene miles de conexiones eléctricas.

—En realidad, es un ingeniero de caminos —asegura el tercero—. ¿Quién, si no, sería capaz de hacer pasar una tubería de vertidos tóxicos a través de un área de recreo?