Muertes atípicas y otras que se podían haber evitado

Yukio MIshima

Yukio Mishima con su katana

El escritor japonés Yukio Mishima (1925-1970) fue un marcado racista y rechazaba de plano la sociedad occidentalizada de posguerra. El 25 de noviembre de 1970, poco después de entregar el manuscrito del libro que cerraba la tetralogia de novelas El Mar de la fertilidad que es considerada su mejor obra, se dirigió con tres camaradas más a uno de los cuarteles del ejército japonés, entraron en la oficina del general, lo ataron y amordazaron a una silla. Se dirigió al balcón del despacho del mando capturado con el propósito de comunicar que estaba realizando un golpe de estado. Leyó su lista de peticiones, incluyendo el retorno del emperador, a lo que los soldados respondieron burlándose y riéndose de él. Una vez realizado el acto protocolario de peticiones, regreso al anterior y se dispuso a ejecutar lo que tenía pensado desde el principio: se rajó el vientre con su espada de samurái, respetando el ritual de suicidio honorable del sepukku, que en occidente llamamos de forma errónea harakiri. Uno de sus camaradas, Masakatsu Morita, miembro de la Tatenokai, la sociedad secreta dedicada a conservar los valores tradicionales japoneses fundada por el mismo Mishima, intento cortarle la cabeza, pero fallo tres veces seguidas y ofreció a otro miembro, Hiroyasu Koga, que ejecutara de forma correcta la parte final de la ceremonia. Todo esto antes de realizar su propio seppuku y acabar siendo decapitado por el propio Koga.

Tres imágenes de pose de Yukio Mishima

George Eastman

George Eastman nació pobre (1854-1932) por lo que acudió espontáneamente a la escuela. Fue un inventor al que se atribuye el famoso lema “Usted apriete el botón, que nosotros hacemos el resto”. Sacó la primera cámara al mercado apta para todos los públicos. Hizo de la fotografía el gran negocio de su vida. Con 14 años consigue su primer empleo como mensajero en una compañía de seguros, su madre y sus hermanas dependían de él. Por las noches estudiaba contabilidad, cumplidos ya los 20 años le ofrecen un empleo en Rochester Savings Bank. Su salario de 800 dólares le permitió ahorrar para iniciar su aventura en el mundo fotográfico.

Eastman con sus inventos y el logotipo de Kodak

En 1892 fundó la Eastman Kodak Company, una de las primeras empresas en fabricar material fotográfico en serie. George Eastman dedicó gran parte de su vida a la fotografía, lo cual le llevo a crear la firma Kodak, hoy convertida en una referencia internacional.

Cuando su empresa, Eastman Kodak comenzó a rendirle beneficios, contribuyó con más de 100 millones de dólares al sostenimiento económico de varias instituciones educativas. Cabe destacar la fundación de la escuela Eastman de música y educación medicinal.

Eastman se suicidó para no pasar sus últimos años en soledad y sin perspectivas de poder hacer nada por los demás sin poder realizar nuevos desempeños, ya que una enfermedad degenerativa le tenía postrado en una silla de ruedas. Dejó una nota en la que ponía:

A mis amigos: mi trabajo está hecho ¿por qué esperar?

Diógenes de Sinope

En su afán de prescindir de todo lo que consideraba superfluo, Diógenes de Sinope (412-323 a. C.) decidió comerse un pulpo sin cocinar, como lo haría cualquier perro, sus amigos desinteresados. Pero según Diógenes Laercio, su biógrafo, el estómago del filósofo no pudo soportarlo. Nos atestigua Ateneo de Naucritis que encontrándose Diógenes en su lecho de muerte a causa del pulpo, le pregunto si deseaba algo y éste le contesto:
Si tengo que morir, como parece, pido que me deis la parte del pulpo que no tuve tiempo de consumir, pues me sabia tan bien que no quiero morir sintiendo ansia de él.

Diógenes de Sinope en su tinaja, con sus perros

Murió con terribles dolores abdominales. Por su parte, el historiador Cesare Cantù establece que murió como consecuencia de una caída de caballo, tras haberle mordido un tendón uno de los perros entre los que trataba de repartir un pulpo; y según otra más, murió por su propia voluntad, reteniendo la respiración, aunque esto sería algo metafórico, pues es imposible morir por dejar de respirar voluntariamente. También se decía que sus últimas palabras fueron las siguientes: «Cuando me muera, echadme a los perros. Ya estoy acostumbrado». Bastante tiempo después, Epicteto lo recordaba como modelo de sabiduría. Los corintios erigieron en su memoria una columna en mármol de Paros con la figura de un perro descansado.

En la actualidad, se designa al «Síndrome de Diógenes», en referencia al filósofo, como el trastorno del comportamiento que se caracteriza por el total abandono personal y social y la acumulación en el hogar de grandes cantidades de basura y desperdicios domésticos. En 1960 se realizó el primer estudio científico de dicho patrón de conducta, bautizándolo en 1975 con el nombre del estrambótico filosofo. No obstante, desde el punto de vista histórico la vinculación de este trastorno con el comportamiento austero del griego es incorrecta, puesto que la acumulación de cualquier tipo de cosas es lo contrario a lo predicado por aquel hombre que vivía en una tinaja.

James Dean

James Dean (1931-1955) se compró, durante el rodaje de la película Gigante un Porsche Spyder 550 al que se conocía como “little bastard” (pequeño bastardo). El pequeño Porsche pesaba 550 kg y rendía 110 CV. A todos gustaba excepto a Alec Guiness, que el 23 de septiembre de 1955 advirtió al actor sobre el deportivo: “Si te subes en el coche, te encontrarán muerto en una semana”. Dean ya era un apasionado de los deportivos cuando falleció a los 24 años. Su amor por las cuatro ruedas lo llevó a la muerte el 30 de septiembre de 1955, cuando chocó casi frontalmente con un Ford Tudor que conducía un estudiante. En el cruce 41-46, en la localidad de Cholame, California.

James Dean con su Porsche Spider 550 poco antes de accidentarse

El 17 de septiembre de 1955, James Dean había rodado un anuncio apelando a la precaución al volante: “La vida que salva podría ser la mía”, pero no fue así. Lo que sí se cumplió fue una frase que el actor acostumbraba a decir: “Vive intensamente, muere joven y deja un bonito cadáver”, filosofía de vida y de muerte.

Una vez terminados los compromisos de trabajo, se dispuso a participar en una carrera en Salinas, cerca de San Francisco. La Warner le había prohibido participar en carreras, actividad que la estrella de Hollywood solía practicar a menudo, debido a que su inversión, el actor en sí, podía fastidiarse. El 30 de septiembre, llevó al taller el vehículo para una revisión y ponerlo a punto. Acudieron a la cita el fotógrafo Sanford Roth y su amigo , el también actor Bill Hickman. El mecánico Rolf Wütherich, se paso tres largas horas poniendo a punto el motor de alto rendimiento e instalando un nuevo cinturón de seguridad para el conductor. Dean antes de ir para Salinas, decidió repostar en una gasolinera y decidió conducir parta calentar haciendo kilómetros.

A pesar de la advertencia de un policía de tráfico que les paró por exceso de velocidad dos horas antes del siniestro, James apenas levantó el pie del acelerador hasta el cruce de la Ruta 41 con la 466. La alta velocidad a la que rodaba (140 km/h) impidió que James Dean pudiera esquivar el vehículo. James no pudo frenar y Little Bastard se estrelló contra un poste quedando convertido en un amasijo de metal. Se rompió el cuello e inicialmente se creyó que Dean murió en el acto, pero fue desmentido por el testimonio de unos policías en 2005, que le vieron agonizar. Su copiloto, el mecánico Rolf Wütherich, salió despedido del automóvil, destrozándose el fémur y rompiéndose la mandíbula. El mejor parado fue el conductor del Ford Custom Tudor, Donald Turnupseed, que solo se rompió la nariz y se magulló el hombro.

Distintas instantáneas del accidente de James Dean

La maldición del Porsche de James Dean dejo un regero de desafortunadas coincidencias y accidentes:

  • El médico que había instalado el motor del Porsche se salió de la carretera, chocó contra un árbol y murió en el acto.
  • El vehículo en el que se había instalado la transmisión, que curiosamente también era médico, quedó parapléjico.
  • Un corredor de bolsa que había comprado la ruedas traseras del Porsche, murió cuando ambas estallaron y se estrelló.
  • En Fresno, en el edificio donde se expuso el Spider, ardió hasta los cimientos y solo quedo indemne el vehículo maldito.
  • Mientras era remolcado a San José, una de las puertas se desprendió y le partió una pierna al mecánico.
  • En otra exposición, en una escuela de Sacramento, el coche se volvió a soltar y a un desafortunado estudiante le rompió la cadera.
  • Dos ladrones intentaron robarlo del lugar donde estaba bajo custodia. Uno se rajo el brazo intentando sustraer el volante y otro se partió un brazo.
  • En otro desafortunado traslado, el mecánico que lo llevaba en su grúa, tenía un accidente. Salió despedido y el Spider también, cayéndole encima, aplastándolo hasta la muerte.
  • Un ladrón llamado George Barris que había sustraído una pieza del vehículo se presento a quién le interesara para devolver la pieza ya que, desde que la sustrajo había perdido el trabajo, su casa, su mujer y su hijo y, en ese instante, estaba en un hospital ingresado padeciendo una enfermedad diagnosticada como mortal.
  • En 1959 la gira del vehículo maldito concluyó y el Porsche volvía a su punto de origen. Cuando abrieron el contenedor, el vehículo había desaparecido. Se llegó a ofrecer un millón de dólares por la recuperación, pero nunca más se ha vuelto a saber de él. Nos tememos que el reguero de vidas que estará segando desde entonces permanecerán en el anonimato. Una lastima.

James Dean con su Porsche Spider 550 poco antes de accidentarse