Lo que se pensaba de Franco

En el arco de aceptaciones al franquismo tampoco estaban ausentes los que se apoyaban en razones de un pesimismo inmovilista, entre ellos los que sostenían la tesis del «más vale malo conocido, que bueno por conocer», o el «es mejor que sigan gobernando estos que ya se han forrado a que vengan otros que están por forrar». Por otra parte, la propaganda del régimen había cultivado astutamente el temor al vacío que se produciría si caía Franco, porque la verdad es que al pueblo español no se le ofrecía alternativa alguna, y en caso de hacerlo el panorama que se pintaba era «o Franco o comunismo» o, más gráficamente, «o Franco o el caos».

Reunión de Hitler con Franco en Hendaya.

Una gran masa de españoles acató la situación con paciencia dado que no tenía otra salida, y el prestigio de Franco, muy trabajado por el culto a la personalidad, empezaba a cimentarse forjándose, ante lo mal que funcionaba la economía, una leyenda muy extendida y cuya única justificación era el evidente poder carismático que desprendía la propia figura de Franco a los ojos de un país que había pasado una guerra, una posguerra y ante el que el aparato propagandístico del régimen no había cejado en presentarlo como un hombre providencial. La leyenda en cuestión era en atribuir todos los males, las dificultades del vivir o los flagrantes casos de corrupción a la presencia de unos colaboradores ineptos o venales que actuaban en la ignorancia o en abuso de la buena fe de Franco.

El es muy bueno —decía la vox populi— pero está rodeado de sinvergüenzas. […] ¡Si Franco se enterara! ¡Si Franco supiera lo que están haciendo a sus espaldas! Pero a él lo tienen aislado y además tiene otros asuntos más importantes en que ocuparse que estar al corriente de los negocios sucios de los que le rodean.

Estas y otras manifestaciones se escuchaban frecuentemente como emanación popular. Y cuando tales ideas se expresan en voz alta y en tiempos adversos, es fácil deducir que una mejora general de las circunstancias traería una consolidación a largo plazo del régimen encarnado tan carismática e indiscutiblemente.

Para sostenerlo ante cualquier asechanza se mantenía un enérgico aparato represivo policial con manos libres gracias a la existencia de unas leyes de seguridad del Estado alejadas de las garantías jurídicas propias de un Estado de Derecho. El español podía disentir, discrepar, pero en ningún caso oponerse. Se podía criticar en tertulias o corrillos, pero cualquier tipo de reunión de más de veinte personas, de asociación con fines políticos, hacia incurrir en delito contra la seguridad del Estado. Por otra parte, el control de los medios de difusión, la existencia de la censura previa, negaba el ejercicio de cualquier critica que excediera los límites de la política municipal, aliviadero que se dejo, impidiéndose drásticamente, en cambio, cualquier reproche a la actuación gubernativa.

Después de leer esto cambia Franco por Rajoy y a ver quien es el guapo que dice que esto no está ocurriendo. Extracto del libro «La vida cotidiana bajo el régimen de Franco» de Rafael AbellaRafael AbellaRafael AbellaWikipedia. Ediciones Temas de hoy – Historia, 1996. Hay que leer y aprender para que estas malas personas no nos hagan repetir lo peor de nuestra historia. Calcando, lo está calcando nuestro Presidente Mariano Rajoy. El tercer párrafo referente a la creación, por nuestro bien, de la nueva Ley de Seguridad CiudadanaPuedes leerla completa en el BOE, me ha dejado de piedra.