La teoría del carrito de la compra: ¿eres buena o mala persona? ¡Descúbrelo!

Aunque algunos supermercados son mejores que otros, probablemente no sea raro encontrar algunos carritos de compras abandonados que dan aspecto de descuidado el aparcamiento para indignación de los compradores que pueden pensar que un lugar de estacionamiento está libre, para descubrir, que en realidad está ocupado por un carrito de la compra. Parece una norma de educación básica hacia los demás: puedes utilizar el carrito en el supermercado para transportar tus compras comodamente y llevarlos al vehículo, y después lo devuelves para que otros lo usen. Sin embargo, no es raro que muchas personas ignoren por completo el uso que acaban de darle al carro y los dejen al lado de sus coches o esparcidos al azar por todos lados. En horas punta, puede resultar un caos. ¿De dónde sale esa indiferencia, esa apatía, esa mala educación y falta de respeto hacía los demás?

Aparcamiento mercadona un dia cualquiera
Aparcamiento mercadona un dia cualquiera y no he fotografiado hacia el otro lado donde hay, incluso, mas carros abandonados que en la foto

Algunos supermercados se esfuerzan para que la tarea de devolver los carros de la compra sea relativamente fácil: tienen espacios específicos en todo el aparcamiento, y algunos empleados se encargan de recolectarlos para llevarlos a la tienda, y algunos incluso pueden depender de un sistema de «alquiler» en el que se introduce una moneda en un monedero específico en el agarre del carro y la moneda es devuelta cuando se entrega el carro a su base. En los casos en que no existe un sistema de alquiler, las personas pueden dejar sus carros en cualquier parte por algunas de las siguientes razones:

  •  El sitio donde se devuelven está demasiado lejos de la plaza donde ha aparcado el coche.
  •  Tienen un niño al que no quieren dejar desatendido.
  •  Hace mal tiempo.
  •  Tienen una discapacidad que les impide moverse fácilmente.
  •  La percepción de que es el trabajo de otra persona eso de recoger los carros.
  •  Dejan los carros para que alguien más los recoja y los use fácilmente.
  •  Simplemente son uno maleducados o unos imbéciles.

De manera similar, hay cinco categorías de usuarios de carros:

  •  Los que los devuelven. Estas personas siempre devuelven sus carros a la base sin tener en cuenta la distancia a la que hayan aparcado el coche o las inclemencias del tiempo. Se sienten obligados y/o se sienten mal por las personas responsables cuya faena es recoger los carros.
  •  Los que nunca los devuelven. Creen que es el trabajo de otra persona recoger los carros o responsabilidad del supermercado, y muestran poca o ninguna consideración por donde quedan abandonados y por el encargado de recogerlos.
  •  Los que los devuelven por conveniencia. Gente que devolverá el carro si su vehículo esta aparcado cerca de la base de los carros, o si ven al empleado de recoger los carros o se sienten observados.
  •  Los obligados por la presión. Gente que devolverá sus carros sólo si el empleado de recoger los carros está presente o si el dueño del carro adyacente está observándolo, lo que significa que no tienen excusa para abandonar sus carros donde les de la gana.
  •  Los que lo devuelven como un juego. Son personas con niños que ven un juego el hecho de devolver los carros, casi siempre con los pequeños subidos para llevarlos de vuelta al receptáculo de los carros o empujándolos en filas apiladas.
La soledad del carro abandonado
La soledad del carro abandonado

Las normas sociales se dividen en dos categorías generales:

  •  Hay normas de orden judicial, que dirigen nuestras respuestas basadas en nuestra percepción de cómo los demás interpretarán nuestras acciones. Esto significa que nos inclinamos a actuar de ciertas maneras si pensamos que la gente pensará bien o mal de nosotros.
  •  Y hay normas descriptivas, donde nuestras respuestas son impulsadas por pistas contextuales. Esto significa que somos propensos a imitar los comportamientos de los demás, así que lo que vemos, oímos u olemos sugiere una respuesta o comportamiento apropiado o aceptado que deberíamos mostrar al exterior.

Los supermercados pueden tratar de inducir a que nuestro comportamiento sea lo más correcto posible crando zonas base donde devolver los carros o empleados dedicados a la recuperación de carritos, pero están compitiendo con nuestros propios y egoístas objetivos, que en este caso pueden ser no mojarnos por la lluvia, vigilar a nuestros hijos, o simplemente llegar a casa lo antes posible, y estamos siendo guiados por las formas en que los demás se comportan por encima de nuestras intenciones finales.

La soledad del carro abandonado
La soledad del carro abandonado

Estos objetivos pueden anular la norma porque el apoyo proporcionado por el supermercado, irónicamente, intenta poner un parche antes de que se desencadene un caos total con carros esparcidos de forma caótica por el aparcamiento. Lo más probable es que un empleado intervenga antes de que esto ocurra. Así que, si aplicamos esta definición de normas a nuestra clasificación de los clientes que devuelven los carros, la norma cautelar aplica la mayor presión a los que los devuelven y a los que los devuelven por presión. Estas personas están preocupadas por lo que otros pensarán de ellos en algún momento, y quieren cumplir la norma social que ordena que los carros deben ser devueltos. Las normas descriptivas están en juego para los que devuelven por conveniencia y los que devuelven por presión que están más motivados a ello si hay un precedente. Estas personas son más propensas a devolver un carro si no hay carros dispersos y abandonados al azar. Los que no los devuelven nunca y los que los devuelven impulsados por los niños son dos ejemplos de actores motivados por objetivos, lo que significa que responden a una necesidad más individual. Estos dos son interesantes ya que están en extremos opuestos del espectro, pero aun así demuestran las formas en que un objetivo individual puede trabajar a favor o en contra de una norma.

Un estudio de 2008 publicado en Science analizó las respuestas de comportamiento frente a la manipulación de las normas cautelares y descriptivas para ver si la violación de una norma llevaría a las personas a violaciones de otras normas no relacionadas.

La venganza perfecta de los carros de la compra a un desconsiderado
La venganza perfecta de los carros de la compra a un desconsiderado

En la primera prueba, los investigadores se centraron en los participantes que aparcaron sus bicicletas en dos callejones. En las paredes de los callejones había carteles que indicaban que los grafitis no estaban permitidos. En uno de los callejones no había grafitis, mientras que en el otro sí, a pesar de las señales de prohibición explícita. Los investigadores dejaron una hoja con publicidad en los manillares de las bicicletas en ambos callejones, de modo que los propietarios tenían que verlos a la fuerza y desprenderse de ellos quitándolos físicamente. En el callejón con grafitis en la pared, el 69 % tiró el papel al suelo o lo colocó en otra bicicleta, en contraste con el 33 % en el callejón sin grafiti. Los investigadores exlicaron que los carteles de las paredes que indicaban la prohibición de grafitis eran visibles a simple vista y todos los que entraban en los callejones miraban los carteles. La aparición de grafitis en las paredes funcionó como una señal que desafiaba e incluso sugería que era permisible romper otra norma: tirar basura.

Reprodujeron estos resultados en dos pruebas adicionales. Por ejemplo, pusieron vallas temporales a lo largo de dos aparcamientos y colocaron señales de «no pasar» y «bicicletas no». Mientras que entre las vallas había un hueco para que una persona pudiera pasar para llegar a su bici, las señales de «no pasar» tenían como objetivo hacer que la gente sin bici, entrara por otro lado preparado a tal efecto. Las señales de «bicicletas no» tenían por objeto indicar que las personas no podían asegurar con cadenas y candados sus bicicletas a las vallas. En un estacionamiento, las bicicletas se dejaban cerca; no estaban encadenadas ni bloqueadas en las vallas. En el otro estacionamiento, las bicicletas estaban encadenadas a las vallas. Los resultados fueron significativos: el 82% de los participantes pasaron por donde estaba prohibido si las bicicletas estaban encadenadas a la valla en comparación con el 27% cuando no había bicicletas encadenadas a la valla.

Lugar donde se deben dejar los carros
Lugar donde se deben dejar los carros

En la prueba final, los investigadores fueron a un estacionamiento al que accedían clientes de un supermercado y un gimnasio. En uno de los escenarios, cuatro carros estaban dispersos por el garaje, y en otro, todos los carros estaban en la base de los carros. Los investigadores dejaron papeles publicitarios en los parabrisas de los coches aparcados en el garaje y ─sí, lo adivinaron─ el 58% de los participantes tiraron el papel, tiraron la publicidad al suelo, donde estaban los carros de compras sueltos, comparado con el 30% cuando todos los carros estaban en el ordenados y guardados en su sitio.

Si bien siempre hay personas que se comportan de manera contraria a la norma por el hecho de parecer rebeldes, no siguen las corrientes, gilipollas sin educación hay en todos lados, estos escenarios son bastante ilustrativos del flujo y reflujo del orden social. Hay normas que pretenden proporcionar un ordenamiento social general en beneficio de la sociedad en general, pero como individuos tenemos objetivos que se llevan mal con estas normas y pueden crear conflictos. En general queremos comportarnos como otros humanos a los que admiramos, por el deseo de ser aceptados, pero también tenemos objetivos que nos sirven o nos proporcionan una satisfacción inmediata. Los datos anteriores sugieren que a medida que una situación choca con la desviación, más personas tenderán al desorden; una vez que tengamos permiso para llevar a cabo una acción alternativa, lo haremos si nos conviene. No devolver nuestros carritos de la compra no nos debe dar un salvoconducto a tirar nuestros papeles publicitarios al suelo, para aparcar como queramos o incluso ocupar espacios reservados a otros vehículos que al final, dejarán huella en la calidad de nuestra experiencia en ese establecimiento.

Carro de la compra de un supermercado robado y abandonado
Carro de la compra de un supermercado robado y abandonado

Es probable que el mundo no se acabe porque no devolvemos los carritos de la compra, lo que sería un asombroso efecto mariposa, pero es un ejemplo de un problema de calidad de vida que podemos controlar. El tipo que no devolvió su carrito puede no ser un completo imbécil. Puede que sólo esté imitando el ejemplo de los demás para llegar a casa un poco más rápido. Pero si todo el mundo hace eso, entonces estamos cambiando el equilibrio de lo que es aceptable, lo que puede tener mayores ramificaciones y diferentes consecuencias en el orden social. Tenemos una mayor influencia sobre situaciones aparentemente mundanas de la que nos damos cuenta.

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