La peste negra

Dentro de los desastres registrados que han diezmado la humanidad, el peor de todos es sin duda la peste negra. Se cree que elimino a unos setenta y cinco millones de personas. Se llego a pensar que el fin de la humanidad estaba cerca, era inminente. A causa de las hemorragias subcutáneas que producía recibió el nombre que solo oírlo daba miedo, la peste negra. Las causas, después de muchas comparaciones y estudios se han unificado en una mezcla de varias enfermedades terroríficas por si solas: peste bubónica, neumonía y septicemia, aunque algunos expertos se decantaban por otro tipo de infección vírica distinta por completo.

El triunfo de la Muerte

PESTE BUBÓNICA

Enfermedad infecciosa y contagiosa, causada por un bacilo, que se caracteriza por la presencia de dolorosos bultos o hinchazones en los ganglios de la zona cervical, las axilas y las ingles.

NEUMONÍA

Inflamación de los pulmones, causada por la infección de un virus o una bacteria, que se caracteriza por la presencia de fiebre alta, escalofríos, dolor intenso en el costado afectado del tórax, tos y expectoración.

SEPTICEMIA

Afección generalizada producida por la presencia en la sangre de microorganismos patógenos o de sus toxinas.

Lo ejes de la expansión: pulga y rata negra. En Asia Central, en el remoto lago de Issyk Kul, señalado en el mapa, ocurrió unos de los hechos más desconocidos en relación con la propagación de la enfermedad: la emigración de marmotas. Las marmotas son roedores parecidos a las ardillas que transportaban a su parásito natural que son las pulgas y que, a su vez, son portadoras del bacilo de la peste bubónica. Al entrar en contacto con otros roedores, en este caso las ratas negras, el parásito cambia de huésped.

Las ratas son viajeras por naturaleza y muchas veces, de ello da buena cuenta la literatura marinera, en la que se observa que son las primeras en abandonar la embarcación en caso de incidente, viajaban en las bodegas de los barcos dentro del grano, en los cereales concretamente y entre las materias primas para tejer, lanas, hilos y telas. Las pulgas son insectos diminutos capaces de subsistir sin huésped, alojadas en lana o telas, sin dependencia de las ratas. En aquella época estaban en contacto cercano con los humanos en las labores de carga y descarga. De hecho en las ciudades donde la epidemia no se había propagado, se prohibió la entrada de géneros de tela para evitar picaduras de pulgas infectadas por encontrarse en los tejidos con los que las personas se vestían.

Uno de los relatos que nos han llegado hasta nuestro tiempo, es lo visto y transmitido por el escritor italiano Giovanni BoccacioBoccaccio mostraba escasa inclinación hacia los negocios, el padre decidió en 1331 encaminarlo hacia el estudio del derecho canónico. Tras un nuevo fracaso, se dedicó por entero a las letras, bajo la tutela de destacados eruditos de la corte napolitana, como Paolo da Perugia y Andalò di Negro. Giovanni BoccaccioWikipedia en su obra celebérrima, el Decamerón.

Durante la peste que asoló la ciudad de Florencia en 1348, y de la que el autor fue testigo, diez jóvenes (tres hombres y siete mujeres) se reúnen en la iglesia de Santa Isabel María Novella y toman la decisión de retirarse a una villa alejada de la ciudad para escapar a la peste.

En este lugar, para evitar recordar los horrores que han dejado atrás, los jóvenes se dedican a relatarse cuentos los unos a los otros. Permanecen en la villa durante catorce días, pero los viernes y los sábados no relatan cuentos, por lo que sólo se cuentan historias durante diez días (de ahí el título de la obra). Cada día uno de los jóvenes actúa como «rey» y decide el tema sobre el que versarán los cuentos (excepto los días primero y noveno, en los que los cuentos son de tema libre). En total, se cuentan 100 relatos, de desigual extensión.
Las fuentes de Boccaccio son variadas: van desde los clásicos grecolatinos hasta los fabliauxLos fabliaux son breves poemas narrativos (de entre 300 y 400 versos) franceses de los siglos XII y XIV. franceses medievales.

En el preámbulo de la obra nos relata como es la enfermedad:

En su comienzo nacían a los varones y a las hembras semejantemente en la ingles o bajos las axilas, ciertas hinchazones que algunas crecían hasta el tamaño de una manzana y otras de un huevo… Estas manchas eran indicio certísimo de muerte futura…

Con tanto espanto había entrado esta tribulación en el pecho de los hombres y de las mujeres, que un hermano abandonaba al otro y el tío al sobrino y la hermana al hermano, y muchas veces la mujer a su marido, lo que mayor cosa es y casi increíble, los padres y las madres a los hijos, como si no fuesen suyos, evitaban visitar y atender…

Los cadáveres «atestaban las calles» y, en vez de realizar su último trayecto «sobre los hombros de los honrados y amados ciudadanos», eran acarreados por «una especie de sepultureros salidos de la gente baja que se hacían llamar faquines y hacían este servicio a sueldo». Los clérigos «sin cansarse en un oficio demasiado largo o solemne, en cualquier sepultura desocupada encontrada primero lo metían». Los faquines llegaron a entrar en las casas de la gente que estaba viva aún y los amenazaban con tirarlos a las fosas en las que tiraban los cadáveres. Excepto si les daban dinero o las mujeres esa cosa que los hombres tanto desean. Los enfermos llegó un momento que morían en el interior de sus hogares y «antes con el hedor corrompido de sus cuerpos que de otra manera, hacían sentir a los vecinos que estaban muertos». Los vecinos lo sacaban fuera y lo dejaban en la puerta.

De Venecia nos llegó el término «cuarentena», 40 días, que es el tiempo que el gobernante de la ciudad ordenaba esperar a los viajeros que querían entrar en Venecia. No consiguieron frenar la epidemia que en su mayor repunte llego a acabar con la vida de 600 ciudadanos al día.

En Milán las medidas fueron más duras, por eso su tasa de contagios y muertes fue menor. Como medida drástica cegaban las salidas y abandonaban a sus suerte dentro de las casas a todos los componentes de una familia fueran o no familia, en cuanto uno de ellos mostraba síntomas de contagio, aunque el resto se encontrara en perfecto estado de salud. Llego un momento en que ir a casa de cualquiera se convirtió en un riesgo absoluto.

De los galeones expulsados de Italia llegó la pandemia a Francia, en concreto por el puerto de Marsella. París la ciudad con mayor concentración de médicos de occidente no pudo contener la peste negra y murió una cuarta parte de la población de la Ciudad de las Luces.

La población de Inglaterra rondaba los 4 millones de personas pero la peste negra eliminó a 1.5 millones de individuos. Pueblos y ciudades enteras fueron reducidas a nada. No había personas para enterrar a los muertos.

El factor castigo divino se tenía en cuenta como corresponde a la época. Se celebraban procesiones petitorias, casi como hoy en día en algunos puntos del país, fomentadas por el Papa Clemente VI pero según cuentan las cosas no funcionaron como es debido. Según testimonios la cosa transcurría ta que así:

Muchas personas, hombres o mujeres iban descalzos, algunos vestidos con sacos, otros cubiertos de cenizas, lamentándose a gritos a cada paso, arrancándose los cabellos flagelándose con látigos hasta hacerse sangre.

De aquí procede la aparición de la Hermandad de los Flagelantes. No se les estaba permitido bañarse, cambiarse de ropa , dormir en un lecho y tener sexo. Los espectadores cantaban mientras la procesión avanzaba y en el frenesí de violencia, los azotes cada vez se intensificaban un poco más. Como es normal, todo se intensificaba hasta que observadores y observados llegaban a niveles insoportables de angustia y dolor.

mascara_pestaHubo un momento en el que los flagelantes comenzaron a ser una dura competencia para la Iglesia. Por donde pasaban la gente se arrepentía de sus actos y se unían a la hermandad, la gente devolvía lo robado, las mujeres y los hombres se arrepentían de sus actos . Llegaron a asegurar que eran capaces de espantar demonios y sanar enfermedades, cosa que a los sacerdotes no les hizo ninguna gracia. Subiendo el tono, llegaron a denunciar que la iglesia y el clero era incapaz de hacer nada contra la peste y ellos si. Ante tal arrogancia el Papa promulgo una bula y prohibió la hermandad. Quemaron a algunos de sus dirigentes y cientos de ellos fueron encarcelados, torturados y ejecutados.

A los judíos, como siempre, se les culpo de ser el motivo, los culpables o los creadores de la peste, como no podía ser menos. Primero fueron los flagelantes los que los atacaron y culparon. En Alemania, concretamente en Frankfurt arrasaron con ellos en el barrio judío. La noticia corrió como la pólvora y en al año 600 en Bruselas hubo otra masacre se cálculo que fueron 2.000 lo ajusticiados. Los acusaban de envenenar el agua. Llegaban a los extremos de que los sacaba de sus casas y los iban arrojando a las hogueras. O los encerraban en construcciones creadas para el efecto y los quemaban vivos. Fuego y judíos son una constante en Europa.

Judíos ardiendo por la acusación de ser los inductores de la peste negraCuando este argumento se agoto, seguramente por que no quedaban judíos a los que acusar por haberlos exterminado o por que habían huido, se dieron paso a las soluciones extrañas, esotéricas y algunas rarezas más. Al principio se hablo de un miasma, posteriormente de un «espíritu aéreo». En Viena la peste negra llegó en forma de llama azul. En Lituania fue una dama que se asomaba por las ventanas agitando un pañuelo rojo. Los que poseían datos hablaban de una conjunción planetaria de Saturno, Júpiter y Marte.

Pero si patéticas eran las búsquedas de los motivos causantes de la infección, más patéticas podían llegar a ser las soluciones preventivas o que sanaban. Desde quemar maderas nobles y olorosas, mojar el suelo con vinagre y agua de rosas; no bañarse con agua caliente para evitar la introducción de la infección por los poros abiertos. Lo más era una especie de homeopatía preventiva en la que se acudía a las letrinas a esnifar la peste producida por las heces acumuladas, ya que se supuso que el mal olor de unas espantaba a la peste. Peste contra la peste sería la solución en resumen. Con la alimentación la verdad es que servían de poco las recomendaciones pues estamos como en tiempos actuales, lo que uno recomienda, el otro lo prohíbe. Y al final todos recomendaban las famosas sangrías.

La terrible epidemia no desapareció de Europa hasta 1351 cuando había eliminado un tercio de la población. La iglesia se vio muy perjudicada, la sociedad entera se vio perjudicada. El estatus de los ricos y poderosos desapareció ya que fueron los primeros en huir de la peste y cuando regresaron, los peones se aprovecharon de la ley de la oferta y de la demanda, y ante la escasez de mano de obra, solicitaban más paga y mejores condiciones de trabajo. Ante este desbarajuste, los reyes de Francia e Inglaterra decretaron la congelación de salarios (¿nos suena?). Pero de todas formas los que sobrevivieron tomaron posesión de todo aquello que había quedado abandonado y decidieron darse la vida padre mientras pudieran ante la falta de reclamo. Tomaron los viñedos, los molinos y las tierras de labranza sin dueños ni amos que lo impidieran.

FUENTES
La Peste Negra desde la perspectiva de El Jueves
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