La corrupción en tiempo de Franco: caso MATESA

Todos sabemos que Francisco Franco no tenía mucha idea de economía por lo que en su periodo para disimularlo dejó que tecnócratas de nueva cosecha idearan su política económica. Hubo un malestar general entre los que formaban parte del sector duro que eran partidarios del intervencionismo y con estas nuevas ideas y directrices iban a ser apartados y por tanto no iban a participar en los asuntos económicos, y sobre todo en los chanchullos. Esta nueva forma de política económica dio sus frutos y se llegó a alcanzar unas cotas de crecimiento económico de hasta el 7% anual. Ha sido conocida esta época como el desarrollismo de los años 60, algo que muchos echan de menos a día de hoy.

Toda etapa de desarrollo desmesurado trae grandes escándalos, y ésta no fue menos. La diferencia estriba en que al estar intervenida la información, esta es filtrada y no llega a la población general. Uno de los primeros y más desconocidos de esta nueva etapa es el caso del Banco de Siero, entidad financiera que había sido fundada por Ramón Rato RodríguezRamón de Rato Rodríguez San PedroRamón de Rato Rodríguez San PedroWIKIPEDIA, padre de Rodrigo RatoRodrigo de Rato y FigaredoRodrigo de Rato y FigaredoWIKIPEDIA, que fue Vicepresidente Primero del Gobierno de España por el PPPartido PopularPartido PopularWIKIPEDIA, director del Fondo Monetario Internacional y presidente de Bankia, actualmente investigado, al igual que su padre y hermano por delitos fiscales, lo que nos lleva a ese refrán tan castizo que mi amiga Inma siempre me recuerda de la «la cabra siempre tira al monte».

En 1965, el ex ministro de hacienda y entonces gobernador del banco de España, Mariano Navarro RubioMariano Navarro RubioMariano Navarro RubioWIKIPEDIA, ordena la intervención del pequeño banco bajo la acusación de que servía de tapadera para la evasión de divisas a Suiza a través de la sucursal que la entidad abierta había abierto en Ginebra con el nombre de Banco de Siero. Los agentes se presentaron en los salones del antiguo Hotel Castellana Hilton, interrumpiendo la celebración del banquete de bodas de Emilio García BotínEmilio BotínEmilio BotínWIKIPEDIA, hijo de una hermana de Emilio Botín, y María de los Ángeles Rato Figaredo, hermana de Rodrigo Rato, llevándose detenidos y esposados a Ramón Rato, patriarca de la familia, y a su hijo Moncho, Ramón Rato Figueredo, ambos acusados de un delito de evasión de capitales. El abogado de los detenidos decía que esto era indefendible aunque tenían un tenían un as guardado la manga. Ramón Rato había dado instrucciones personales para que, en fechas anteriores a que se destapase el supuesto escándalo, se ejecutase un crédito de 4 800 000 pesetas contra Nicolás FrancoNicolás FrancoNicolás FrancoWIKIPEDIA.

Una vez leídas estas líneas me acuerdo de un comentario de un señor muy mayor que le preguntaron por si la cosa ha cambiado mucho, a lo que el respondió más o menos:

A los pobres siempre nos va más o menos igual. Los que se lo llevan crudo son los políticos y los ricos. Muchas veces viendo los telediarios y como tengo muchos años, veo que primero me jodió el abuelo, luego el padre y ahora me esta jodiendo el hijo. Esos si que viven bien.

Entrada a la fábrica de Matesa

Por todos estos acontecimientos al patriarca de la familia Ramón Rato fue condenado a tres años de cárcel y 176 millones de pesetas de multa, y Ramón Rato Figueredo con dos años y 44 millones.

EL CASO MATESA
El caso MATESA, acrónimo de Maquinaria Textil del Norte, S.A., nombre de una pequeña y desconocida empresa textil fundada en el siglo XIX y que se había dedicado a la fabricación de mantones de Manila. Tras la guerra civil, sus herederos, los hermanos Vilá Reyes, Juan y Fernando, la transformaron en 1956 en una sociedad anónima dedicada a la fabricación de telares domiciliada en Pamplona. Juan Vilá ReyesJuan Vilá ReyesJuan Vilá ReyesWIKIPEDIA era un conocido empresario catalán vinculado al Opus DeiOPUS DEIOpus DeiWIKIPEDIA (grupo de presión dominante en el gobierno del régimen). Nacido en Barcelona en 1925, nieto del fundador de la empresa, estudió en la escuela industrial de Barcelona y pertenecía a la burguesía catalana. Tomo las riendas de la empresa familiar, a la que convirtió en un breve espacio de tiempo en una empresa puntera en la exportación de supuesta tecnología punta. Ya era conocido por haber presidido el Club Español de Fútbol y a partir de ese momento se convirtió en el empresario mimado del régimen.

La clave de la expansión internacional de la empresa se basó en la fabricación de un revolucionario de telar sin lanzadera que MATESA comercializó con el nombre de Iwer. El diseño original era francés, pero en 1957 Vilá se hizo con la patente y explicó que era capaz de tejer con cualquier clase de material, desde papel hasta fibra de vidrio. Aunque presumían de que el producto era 100 % español, lo cierto es que las piezas venían de Estados Unidos y en España lo único que se hacía era montar el telar. La totalidad de la producción era exportada, por lo que hubo que crear una enmarañada red de distribución, compuesta de 64 filiales en el extranjero, que vendían el telar.

En su momento de mayor crecimiento, la compañera considerada un ejemplo de innovación en algunos círculos próximos a los tecnócratas del régimen, fue la primera empresa multinacional española de su época. Lo que resultaba sospechoso es que no tuvieran ningún interés o expectativas de asaltar el mercado nacional y la explicación estaba en las ayudas oficiales que la compañía recibía. En teoría las ayudas del Estado español sólo eran otorgadas a las empresas que habían exprimido la ayuda privada, la de los bancos. Pero la realidad era bien distinta. Las compañías acudían a la banca oficial porque ofrecía mejores tipos de interés y no eran tan quisquillosos en el cumplimiento de lo exigido a la hora de conceder los préstamos. A su vez otorgaban a las empresas exportadoras créditos a la exportación. En 1969, MATESA había obtenido 10 000 millones de pesetas del Banco de Crédito Industrial y se habría beneficiado de un 11% de desgravación fiscal. El 14 de agosto de 1969 el Consejo de ministros, reunido con Franco en El Pazo de Meirás, hizo público este comunicado:

El Gobierno ha sido ampliamente informado por los ministros de Hacienda y Comercio acerca de la situación por la que atraviesa la empresa Maquinaria Textil del Norte de España S. A. (MATESA). Dedicada fundamentalmente a la exportación de telares de un determinado modelo, ha venido utilizando, a través del Banco de Crédito Industrial, las modalidades de crédito oficial relacionadas con las operaciones de exportación, en la forma y condiciones que son comunes a la actividad exportadora, de acuerdo con la legislación vigente.

No obstante haber venido satisfaciendo el pago de sus respectivos vencimientos del principal e intereses de los préstamos concedidos, la Administración tuvo conocimiento de la existencia de posibles irregularidades en su actividad exportadora, con derivaciones que infringían la legislación española en materia monetaria. De las investigaciones realizadas hasta el momento en España y el extranjero, parte de las exportaciones aparecen como correctas, pero resulta, en cambio, que otras máquinas han sido enviadas a empresas fabriles vinculadas al propio grupo MATESA y que otras se encuentran en consignación o depósito en el extranjero, existiendo fundados indicios de no haberse efectuado la venta real de las mismas, pese a figurar declaradas como ventas en firme, tanto a efectos de desgravación fiscal como de crédito a la exportación.

Pero la realidad sobre la que se sustentaba, el telar sin lanzadera de producción nacional, era muy distinta. La máquina se vendía bastante mal en el mercado internacional; de hecho cientos de ellas se amontonaban en los almacenes que la empresa tenía en España y las filiales extranjeras porque no encontraban comprador. Al final ocurrió lo que suele ocurrir. Con los nuevos préstamos se pagaban los anteriores y los intereses, en una huida hacia adelante en la típica clásica estafa de estructura piramidal, al mismo tiempo que se manipulaban documentos y cifras con la intención de que no fuera descubierto el escándalo, se falsearon los precios de los telares, inferiores en un 33 % a lo declarado, para aumentar el importe de la desgravación fiscal, emitiéndose facturas y pólizas de seguro falsas.

Juan Vilar Reyes

En 1967, allá por el verano, se empiezan a crear las primeras sospechas por irregularidades de MATESA. Se ve implicada la empresa en un proceso de evasión de divisas por un supuesto delito de una cuantía superior a los 100 millones de pesetas. A pesar de esto la empresa sigue recibiendo créditos de cientos de millones del Banco de Crédito Industrial, que en eso consistía la estafa, en aprovecharse de los créditos cedidos a la exportación. Parece como si el empresario estuviera bajo la protección de altas personalidades del régimen, entre ellos varios ministros, que hacen la vista gorda a estos desmanes. En 1969 siguen llegando informes a las altas esferas del régimen de que se podía estar gestando un posible fraude y un verdadero fiasco. El 9 de agosto, haciéndose eco de una información de Pyresa, el diario de la Confederación de Ex Combatientes publicó una nota de redacción en la que decía: «Según noticias que hemos recibido de fuentes bien informadas, parece ser que algunos puestos directivos de Matesa están desempeñados por miembros influyentes del Opus Dei». El director de la oficina de información de la Obra se encargó de desmentirla una semana más tarde con estas palabras: «Ningún socio del Opus Dei ocupa ningún puesto directivo en la empresa citada, como pretende sugerir su diario». Era cierto, sus verdaderos propietarios habían cambiado la titularidad de la empresa en cuanto comenzó a tomar cuerpo el escándalo.

Cuatro días antes del consejo de ministros, Informaciones resumía así la situación:

Parece que la alarma es justificada y el alcance, desde luego, muy grande. Tres personas detenidas, silencio absoluto en los organismos oficiales, ni un solo mentís a las informaciones de la prensa y hasta algún periódico trata de politizar el caso señalando supuestas conexiones entre Matesa y algunas personas de un grupo apostólico religioso. La opinión pública está alarmada y no es para menos. Las cifras de diez a once mil millones de deuda que han saltado a la calle no han sido rectificadas por nadie. Matesa no es, no, una serpiente de verano.

Y para que se entendiera la magnitud del escándalo, este rotativo explicaba, comparativamente, que el crédito concedido a esta empresa era similar a las inversiones estatales realizadas en Agricultura durante 1969.

Hasta el 23 julio 1969 no es denunciada ante el Juzgado de Delitos Monetarios. Es entonces cuando estalló el escándalo y Juan Vilá Reyes es detenido.

Parece ser que el pastel se descubrió cuando llegó a Madrid el ministro argentino de Industria en visita oficial. Le preguntó su homólogo hispano por los resultados de la tecnología española incorporada a los famosos telares sin lanzadera, un auténtico milagro de la ciencia. Argentina había adquirido 1 500 máquinas para modernizar su industria textil, dijo el ministro español a su colega argentino. Éste, con acento porteño, le replicó:

  • Pero ¿qué telares?
  • Los de Matesa
  • Matesa… ¿qué es eso?
Después de realizar las indagaciones oportunas, se supo que Argentina solo había comprado 120. El resto estaba cuidadosamente embalado en los almacenes de varias aduanas. El negocio no era vender telares, sino hacerse con las ayudas del Banco de Crédito Industrial para impulsar las exportaciones.

En los días 9 y 13 de agosto, su hermano Fernando y su cuñado Manuel Salvat Dalmau que directivos de la empresa, son detenidos y llevados a Carabanchel.

Durante el proceso del Caso MATESA se desató una campaña de prensa sin precedentes en la que se mostró a las claras en los dos frentes económicos que había bajo el régimen de Franco: los tecnócratas contra los intervencionistas. Con el amparo de la nueva ley de prensa impulsada por Manuel Fraga, desde el Ministerio de Información se permitió a los medios de comunicación opinar sobre el caso con relativa libertad. Los azules, que así se denominaba a los intervencionistas, fueron utilizados para lanzar furibundos ataques contra los tecnócratas, los ministros y altos funcionarios cercanos al Opus DeiOpus DeiLa prelatura de la Santa Cruz y del Opus Dei (en latín: Praelatura Sanctae Crucis et Operis Dei), conocida simplemente como Opus Dei, es una jurisdicción de alcance mundial perteneciente a la Iglesia católica. Fue fundada el 2 de octubre de 1928 por Josemaría Escrivá de Balaguer, sacerdote español canonizado en 2002 por Juan Pablo II. Fue erigida como prelatura personal el 28 de noviembre de 1982 mediante la constitución apostólica Ut sit del papa Juan Pablo II. También es denominado la Obra, ya que el término latino «Opus Dei» significa «obra de Dios». Wikipedia que habían permitido las fraudulentas operaciones de MATESA sin intervenir. Ante la gravedad del caso y sus imprevisibles consecuencias, la intervención del almirante Carrero Blanco puso fin a las disputas, descantándose por los postulados de los tecnócratas.

Fraga y Carrero Blanco emparejados.

En la que fue la mayor crisis del Gobierno del franquismo, Manuel Fraga y José Solís, representantes de los azules, fueron apartados del gabinete, al mismo tiempo que se ordenaba la creación de una comisión de investigación en las Cortes franquistas que elaboró un informe con unas duras conclusiones de la que no salían muy bien parados tres ex ministros del Opus Dei: Mariano Navarro Rubio ─por entonces era gobernador del Banco de España, cargo del que tuvo que dimitir por este asunto─ y Juan José Espinosa San MartínJuan José Espinosa San MartínJuan José Espinosa San MartínWIKIPEDIA, de Hacienda, y Faustino García MoncóFaustino García-Moncó y FernándezFaustino García-Moncó y FernándezWIKIPEDIA, de Comercio. Los tres llegaron a ser procesados en una causa abierta ante el Tribunal Supremo. Esto reforzó la rama de los tecnócratas que uso este símbolo de corrupción como piedra arrojadiza contra su enemigo político y compañero de gabinete, Laureano López RodóLaureano López RodóLaureano López RodóWIKIPEDIA.

El uno de septiembre de 1969, la fiscalía de Madrid presentó una querella contra MATESA por haber utilizado fondos públicos simulando operaciones distintas para las que realmente habían sido concedidos, falsear las condiciones en que se realizaba otras operaciones y librar efectos mercantiles que no respondía a necesidades reales. El 23 de aquel octubre de 1969, el diario YaYa (diario)Ya (diario)WIKIPEDIA publicó el rumor sobre la posible dimisión de Espinosa San Martín como ministro de Hacienda, presentada ante Franco. Tamaña filtración resultaba tan intolerable, que el ministro de Información y Turismo, Manuel Fraga IribarneManuel Fraga IribarneManuel Fraga IribarneWIKIPEDIA tomó cartas en el asunto y al día siguiente la Dirección General de Prensa hizo público un breve comunicado:

Por la publicación y difusión de información basada en rumores que se consideran irresponsables, se ha ordenado por el ministerio de Información y Turismo la apertura de expediente administrativo a las direcciones del diario Ya y de la Agencia Logos».
Ninguna crisis gubernamental fue esperada con tanta expectación —escribe Álvarez-Puga, sobre aquel 23 de octubre de 1969—. Las listas (con bastante exactitud por una vez) hacían algunos días que circulaban. Aunque el sentido de la crisis no hay que atribuirlo solamente a las consecuencia del caso Matesa (más importante en este sentido fue el nombramiento de don Juan Carlos de Borbón como Príncipe de España e indudablemente influyó más poderosamente en el desenlace final) no cabe duda de que fue uno de los efectos más importantes del affaire. Dos ministros que tuvieron contacto con el caso Matesa dejaron sus carteras; otros dos que desempeñaron puestos claves en el planteamiento posterior del asunto tuvieron también que ceder sus carteras ministeriales a otras personalidades.
 Con el indulto personal, el escándalo quedó «resuelto» al más puro estilo dictatorial por el jefe del Estado, árbitro supremo a la vez jefe del Ejecutivo y máximo legislador. «Si las fuerzas del régimen venían sosteniendo su esperanza en un futuro sin sobresaltos una vez desaparecido el dictador con la famosa frase de «Después de Franco, las Instituciones» —concluye el profesor Jiménez Sánchez— el escándalo Matesa demuestra en realidad la debilidad de esta esperanza: desde luego, estando Franco vivo, de instituciones nada de nada; es el general en persona el que termina echando el cierre al asunto. La forma en que discurre la solución del problema abierto por Matesa —crisis de Gobierno con castigo para «escandalosos» y «escandalizados», investigación secreta en las Cortes y procesamiento judicial abortado— constituye un trasunto fiel del modo de funcionamiento del régimen franquista.
 
Después de varios procesos abiertos a Francisco Vilá le fueron impuestas varias multas millonarias y finalmente condenado a 223 años de cárcel en sentencia dictada por la Audiencia Provincial de Madrid el 25 mayo 1975. También fueron declarados culpables de varios delitos de cohecho algunos de los directivos de la empresa y empleados del Banco de Crédito Industrial. Los ex ministros y altos cargos implicados en el escándalo fueron indultados por el propio Franco. Juan Vilá tan sólo pasó cinco años en la cárcel, beneficiándose de la amnistía promulgada por el rey Juan Carlos I de España.

Una vez que se hubo calmado el revuelo levantado por el escándalo, el régimen hizo todo lo posible para dar carpetazo al asunto, desapareciendo de las primeras páginas de los periódicos y revistas. MATESA, fundada en 1956 con 2 millones de capital, había hecho, en los años 1964 y 1968, ampliaciones del mismo, por un importe de 809 millones de pesetas, que nunca llegaron a ser inscritas en el Registro Mercantil. En cuanto al número de telares supuestamente vendidos, 20 000 habían sido financiados por el Banco de Crédito Industrial, de los cuales 11 000 se podía confirmar que estaban en el extranjero pues habían pasado las aduanas. Sin embargo, no se conocía el paradero de aproximadamente otros 5.400 telares que se encontraban «desaparecidos». Se calcula que 90 de cada 100 pesetas de las concedidas en créditos a la exportación fueron a parar a MATESA. La compañía fue embargada a destaparse el escándalo, pero continuó con su actividad industrial bajo el control de un administrador judicial hasta que, en marzo de 1983, fue subastada por 66 000 pesetas y adjudicada a una cooperativa laboral formada por los empleados de la misma. Lo que es aún más sorprendente es que Juan Vilá Reyes fue nombrado director general.

Dos años antes 21 de septiembre de 1981 un pavoroso incendio destruyó 900 de los 2000 telares Iwer que MATESA tenía en sus almacenes, en parte al aire libre y en las traseras de sus edificios. Las pérdidas fueron estimadas en unos 300 millones de las antiguas pesetas. La empresa contaba en 1981 con 143 trabajadores.