Inventos españoles inmortales

Vamos a dar un repaso a unos cuantos inventos españoles, que requiere cierta edad están grabados a fuego en tu memoria y que se han convertido en iconos, en objetos necesarios durante tu niñez y juventud. Vamos a ello.

Calendario Vinçon de América Sànchez

Este calendario sencillo de 1975, con diseño tipográfico y dos tintas, es un homenaje a la que fue una de las tiendas más influyentes de Europa: Vinçon, en Barcelona. Con muy pocos elementos gráficos, solo su contundente rojo y negro sobre papel, este calendario demuestra la veracidad del lema «menos es más». Su tamaño permite visualizarlo desde cualquier punto de la estancia; la calidad del papel y su encuadernación así como la ausencia de ornamentos, invita a trabajar sobre sus hojas con apuntes personales. Y, al finalizar el año, la verdad es que da hasta pena tirarlo, porque este objeto cobra nueva vida cuando repasas las mil marcas pintarrajeadas que has hecho sobre él.

Abrelatas El Explorador Español

El abrelatas patentado por Valle tenía cuatro aplicaciones: abrir latas, servir de destornillador, perforar latas con una pequeña presión y servir de abrebotellas con tapón de corona. Todavía hoy la mayoría de los hogares españoles guardan uno en el más recóndito cajón de cocina. Este abrelatas lleva con nosotros desde 1906, cuando un industrial gallego llamado José Valle Armesto abrió en Gijón las puertas de un taller llamado El Explorador Español. De allí salió esta herramienta pensada para las latas de conserva que se producían precisamente en la ciudad asturiana.

En la memoria descriptiva de «un útil perfeccionado de aplicaciones varias», podemos leer:

Un útil o dispositivo de sencilla construcción y manejo que aún en contraposición de su mínimo peso y volumen, reúne notables ventajas por estar estudiado especialmente para que pueda tener cuatro aplicaciones diferentes, siendo de extraordinaria utilidad para las amas de casa y también para emplearlo en viajes, días de campo, excursiones, etcétera.

El abrelatas patentado por José Valle Armesto permitía, además de abrir latas, ser utilizado «en la perforación de latas de conserva mediante una ligera presión (…) Este hecho permite extraer por tal incisión el contenido de los envases sin necesidad de efectuar su apertura total». También podía ser utilizado «como destornillador de poca fuerza» y para abrir las botellas conocidas por «tapón corona». José Valle Armesto «sin estudios, se hizo a sí mismo», explica su hija María Jesús Valle Trabanco. Hijo de una familia de campesinos salió de Vilaseca, con pocos estudios, para «servir al Rey». Al terminar el servicio militar trabajó de viajante y en 1906 ya tiene una empresa en Gijón para fabricar su abrelatas, «con un socio capitalista que falleció al poco tiempo», afirma su hija.

Sacacorchos «el búho» de David Olañeta
Fiable. Seguro. Duro. Exacto. Funcional. Indestructible; su dueño morirá y sus descendientes podrán seguir haciendo uso de él con la misma fiabilidad del primer día. Desde hace casi 90 años trasciende fronteras. Radica su éxito en la eficacia, la simplicidad y ese aire cotidiano que lo convierte en casi entrañable. Se vende en 31 países (Francia, Alemania, Estados Unidos…), si bien ha sido copiado, interpretado, falsificado y plagiado por su anatómica funcionalidad por muchos impostores. Nació este pionero sacacorchos provisto de brazos en 1932. Aconteció en el País Vasco, en Éibar, bajo la firma del diseñador industrial David Olañeta. Hoy su nieto Santiago sigue al frente de la empresa BOJ, una fábrica de diseño y manufactura de ferretería, pequeño menaje de cocina y utensilios de vino. Hay que hacer notar que David Olañeta era un verdadero experto en esto de diseñar y crear abrebotellas, pues suyo es también el sacacorchos de pared, que se empezó a fabricar en 1954.
Sacacorchos búho y sacacorchos de paredes diseñados por David Olañeta
Cenicero Copenhagen de André Ricard
Es una de esas piezas que vienen a la mente de forma intensa cuando nos ponemos a pensar en «diseño español». Este cenicero cilíndrico, en rojo o negro, apilable, sencillo y basado íntegramente en formas circulares, es un hito de un creador, André Ricard (Barcelona, 1929), que ha firmado algunas de las piezas más importantes de nuestra historia. Está hecho en una sola pieza y su conjunción de cilindros evoca perfectamente los optimistas años sesenta en que vio la luz (concretamente, en 1965). Ganó el premio de referencia en la época, el Delta ADI-FAD. Por cierto, aunque el mercado está lleno de imitaciones (en ocasiones, de peor calidad), el único modelo que sigue fielmente la patente original es el que distribuye Mobles114.

Cenicero Copenhagen de André Ricard: el cilindro optimista

Fregona de Jalón Corominas
Es la responsable de que las casas del mundo tengan el suelo limpio. Es cierto que la idea de unir un ramillete de fibras textiles a un palo de escoba para limpiar en húmedo el suelo es una idea bastante vieja y desarrollada ya antes de los años sesenta. Pero Manuel Jalón Corominas (Logroño, 1925-Zaragoza, 2011) fue el primero en empezar a distribuirla en España a mediados de los cincuenta (en aquella época lo llamaba «Aparato Lavasuelos») y en 1964 patentó una solución que sí era original: un escurridor cónico acoplado a un cubo, para poder utilizarlo con más facilidad. El conjunto completo (fregona de textil absorbente, escurridor y cubo) fue un éxito nacional e internacional y diversos pleitos legales han dado a Jalón Corominas el crédito que merece. Así que gracias a un español millones de personas en todo el mundo tienen el suelo limpio como patenas.
Fregona de Jalón Corominas
Grapadora M-5 de Solozábal y Olabe
Más resistente que el «heavy metal». según el experto Juli Capella, es «el Rolls Royce de las grapadoras, la mejor del mundo». La inventaron en 1935 dos industriales vascos, Olabe y Solozábal, que hasta entonces se habían dedicado a la producción de armamento. La empresa que se la encargó por aquel entonces, El Casco, sigue produciéndola hasta el día de hoy, con un diseño que apenas ha sufrido cambios: su sistema de muelles la hace cómoda y rápida, y la dureza de su material permite que siga en su sitio durante décadas. Se sabe de grapadoras que han sobrevivido a varias generaciones.

Grapadora M-5 de Solozábal y Olabe: más resistente que el 'heavy metal'

El teléfono Domo de Alberto Corazón
La vanguardia inteligente. En efecto, puede que no lo sepas, pero hasta la llegada de los inalámbricos, en cada casa (y aún hoy en muchas oficinas) existía una unidad de Domo, el teléfono que Alberto Corazón (Madrid, 1942) diseñó para Telefónica a mediados de los noventa. Corazón es uno de los diseñadores más relevantes de las últimas décadas, autor de una cantidad ingente de logos que vemos a diario y todo un profesional de la creación de diseños inteligentes. Su Domo es fácil de usar, introduce texto directamente en las teclas, lo cual lo hace intuitivo, presenta una agradable y vanguardista forma curva, y fue pionero a la hora de introducir servicios como la identificación de llamadas.

El teléfono Domo de Alberto Corazón, la vanguardia inteligente