03/03/2024

Historias sabrosas

CUANDO VEAS A LOS INDIOS…
Era otoño, y los indios de una remota reserva preguntaron a su nuevo Jefe si el próximo invierno iba a ser frío o apacible. Dado que el jefe había sido educado en una sociedad moderna, no conocía los viejos trucos indios. Así que, cuando miró el cielo, se vio incapaz de adivinar qué iba a suceder con el tiempo…

De cualquier manera, para no parecer dubitativo, respondió que el invierno iba a ser verdaderamente frío, y que los miembros de la tribu debían recoger leña para estar preparados. No obstante, como también era un dirigente práctico, a los pocos días tuvo la idea de telefonear al Servicio Nacional de Meteorología.

¿El próximo invierno será muy frío?─ preguntó.

Sí, parece que el próximo invierno será bastante frío─ respondió el meteorólogo de guardia.

De modo que el Jefe volvió con su gente y les dijo que se pusieran a juntar todavía más leña, para estar aún más preparados.

Una semana después, el Jefe llamó otra vez al Servicio Nacional de Meteorología y preguntó:

¿Será un invierno muy frío?

─ respondió el meteorólogo─ va a ser un invierno muy frío.

Honestamente preocupado por su gente, el Jefe volvió al campamento y ordenó a sus hermanos que recogiesen toda la leña posible, ya que parecía que el invierno iba a ser verdaderamente crudo.

Dos semanas más tarde, el Jefe llamó nuevamente al Servicio Nacional de Meteorología:

¿Están ustedes absolutamente seguros de que el próximo invierno habrá de ser muy frío?

Absolutamente, sin duda alguna─ respondió el meteorólogo ─va a ser uno de los inviernos más fríos que se hayan conocido.

¿Y cómo pueden estar ustedes tan seguros?─ pregunto el Jefe indio.

Fíjese si va a serlo que los indios están recogiendo leña como locos.

VIVIENDO PASO A PASO
Un profesor fue invitado a dar una conferencia en una base militar, y en el aeropuerto lo recibió un soldado llamado Ralph. Mientras se encaminaban a recoger el equipaje, Ralph se detuvo unos instantes para ayudar a una anciana con su maleta, y después para orientar a una persona. Cada vez, una sonrisa iluminaba su rostro.

¿Dónde aprendió a comportarse así?─, le preguntó el profesor.

En la guerra─, contestó Ralph.

Entonces le contó su experiencia en Vietnam. Allá su misión había sido limpiar campos minados. Durante ese tiempo había visto cómo varios amigos suyos, uno tras otro, encontraban una muerte prematura.

Me acostumbré a vivir paso a paso. Nunca sabía si el siguiente iba a ser el último; por eso tenía que sacar el mayor provecho posible del momento que transcurría entre alzar un pie y volver a apoyarlo en el suelo. Me parecía que cada paso era toda una vida.

Nadie puede saber lo que habrá de sucederle mañana. Qué triste sería el mundo si lo supiéramos. Toda la emoción de vivir se perdería, nuestra vida sería como una película que ya vimos, sin ninguna sorpresa ni emoción. La vida es una gran aventura, y al final no importará quién ha acumulado más riqueza ni quién ha llegado más lejos, sino quién ha amado más. Y ama más quien más ha servido, porque aprecia su vida y la de los demás.

DOS FORMAS DE SER RATÓN
Dos ratones caen en un cubo de leche. El primer ratón, desilusionado, perezoso, se dejó llevar. El segundo, no perdió el ánimo y, con su buen carácter, mientras nadaba, reflexionaba. Y comprendió algo importante: a base de agitar, la leche se convierte en crema de nata. Se animó, aceleró un poco, y al rato aquello fue nata, y después mantequilla, y después dio un salto y salió. Estos dos ratones reflejan dos formas de afrontar los problemas.
EL CONSERJE DEL WALDORF ASTORIA
Una noche tormentosa hace muchos años, un hombre mayor y su esposa entraron en un pequeño hotel de Filadelfia. Intentando conseguir resguardo de la copiosa lluvia la pareja se aproxima al mostrador y pregunta:

¿Puede darnos una habitación?

El empleado, un hombre atento con una amable sonrisa les dijo:

Hay tres convenciones ahora mismo en Filadelfia… Todas las habitaciones de nuestro hotel y de los otros hoteles están ocupadas.

El matrimonio estaba angustiado por la dificultad a esa hora y con ese horroroso temporal para conseguir dónde pasar las noche. Pero el empleado les dijo:

Miren…, no puedo dejarlos a la calle con esta lluvia. Si ustedes aceptan la incomodidad, puedo ofrecerles mi propia habitación. Yo me arreglaré en un sillón de la oficina.

El matrimonio lo rechazó, pero el empleado insistió de buena gana y finalmente terminaron ocupando su habitación.

A la mañana siguiente, al pagar la factura el hombre pidió hablar con él y le dijo:

Usted es el tipo de Gerente que yo tendría en mi propio hotel. Quizás algún día construya un hotel para devolverle el favor que nos ha hecho.

El conserje acepto la frase como un cumplido y se despidieron amistosamente. Pasaron dos años y el conserje recibe una carta de aquel hombre, donde le recordaba la anécdota y le enviaba un pasaje ida y vuelta a New York con la petición expresa de que los visitase. Con cierta curiosidad el conserje no desaprovechó esta oportunidad de visitar gratis New York y acudió a la cita.

En esta ocasión el hombre mayor le llevó a la esquina de la Quinta Avenida y la calle 34 y señaló con el dedo un imponente edificio de piedra rojiza y le dijo:

Este es el Hotel que he construido para usted.

El conserje miró anonadado y dijo:

¿Es una broma, verdad?─ dijo el buen hombre.

Puedo asegurarle que no─, le contestó con una sonrisa cómplice el hombre mayor.

Y así fue como William Waldorf Astor construyó el Waldorf Astoria original y contrató a su primer gerente de nombre George C. Boldt (el conserje de la noche lluviosa).

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