24/06/2024

Historias que son mentira

Ricky Martin y una fan
Hay cócteles explosivos. Los elementos del título de arriba, en sí mismas no son preocupantes, pero si las juntas y las relatas de forma ordenada, consigues que el asunto se ponga, cuando menos, gracioso. En España hubo un programa que se llamaba ¡Sorpresa, sorpresa! (1996-1999) presentado por Isabel GemioIsabel Gemio CardosoIsabel Gemio CardosoWikipedia. El programa consistía en atender las peticiones de familiares y allegados de personas anónimas para recibir una sorpresa en directo desde el plató. Las alegrías podían ir desde conocer en persona a un personaje famoso hasta reencontrarse con seres queridos con los que no se coincidía desde hacía años.

La anécdota más sonada ocurrió con una admiradora y Ricky MartinRicky Martin → Enrique Martín MoralesRicky Martin → Enrique Martín MoralesWikipedia. La muchacha quería conocer al cantante puertorriqueño y así se lo planteó al programa. Este se puso en contacto con Ricky que aceptó. Como es normal, la productora llenó la casa de cámaras ocultas para poder capturar el momento de la sorpresa de forma espectacular. Eso sí, metieron a Ricky Martin en un armario (WTF?), parece ser que el elegido fue el del cuarto de la que iba a ser sorprendida. Todo esto antes de que ella llegara a casa.

Cuando la chavala hizo acto de presencia al abrir la puerta de su casa, las cámaras comenzaron a grabar. La chica se fue a la cocina, abrió la nevera, cogió un tarro de mermelada y se marchó a su habitación. Puso música y sonaba, ¿qué podía sonar? Ricky Martin, por supuesto. Se preparaba el momento para que saliera del armario. Recordemos que años después «salió del armario» a lo bestia y dejo descuadradas a muchas admiradoras. Bien, a lo que íbamos, la chavala se comenzó a desnudar. Se supone que el artista llevaba el famoso «pinganillo» para recibir órdenes desde producción por el que le comunicaron que no saliera del armario bajo ningún concepto. Lo normal es que la muchacha se pusiera encima lo que sea, un pijamita, una combinación, una camiseta, algo. Pero no se puso nada. Lo que hizo fue llamar a su perro que acudió dócilmente.

La escena se desarrolló como explico; que quede claro que ni yo, ni nadie la ha visto, nunca ha ocurrido.

La joven se untó mermelada en la vagina y el perro, dando muestra de que estaba bien entrenado para lo que iba a ocurrir, se puso a lamer la mermelada del asunto, mientras Ricky permanecía encerrado en el armario obligado a no salir para que no hubiera relación visual con el asunto.

Lo curioso del tema es que hay muchas personas que juran por lo que sea que lo han visto. Unos dicen que fue en directo, otros que fue grabado y por eso no llego a emitirse nunca. Una falacia mantenida por un buen conjunto de idiotas.

Tortilla de patatas accidentada
Hay historias que no han ocurrido, pero que merecen que si hubieran sucedido. Lo pondré como la oí que es como mejor me suena.

Resulta que en la residencia de Cádiz, el Hospital Puerta del Mar se cuela una pareja. Ella con un círculo en la espalda rojo y con ampollas como aceitunas. Él, con su miembro viril en la mano y un trapo taponando la hemorragia en el lugar que se suponía que debía estar su pene. Mientras son atendidos, acude la policía para hacer el atestado y le relatan lo siguiente:

Mire agente, estaba yo en la cocina solamente con el delantal puesto. Es que en verano hace mucha calor y además cocinando, ya sabe. Vamos, que estaba con el culito al aire; en eso llegó mi José y al verme de esa hechura, se puso animoso. Yo estaba haciendo una tortilla de papás y en esto que él me abrazo por detrás. Era temprano y los niños estaban en el colegio, así que nos abandonamos a la lujuria. Así que mi marido se comenzó a entretener con mi culete y con lo que no era mi culete también, así que yo me abandone. Después de un ratito nos intercambiamos lo papeles, y el se apoyo en la cocina mientras yo le daba placer oral ¿usted comprende? Vamos que se la estaba, pues eso. En ese mismo instante me vino un flash y me acorde de la tortilla, y como usted comprenderá, señor agente, hablar con la boca llena es de mala educación, además de una harta de difícil. Así que con las manos, haciendo gestos, le di a entender que le diera la vuelta a la tortilla. Mientras yo seguía a la faena, él que se cree Arguiñano y no ha frito un huevo en su vida, intento darle la vuelta volteándola, con tan mala suerte que no cayo donde debía, es decir en la sartén, y si en mi espalda. Sentí un dolor insoportable y como tenía el pene de mi marido en la boca al cerrar los dientes le corte el miembro. Y eso es todo.

Por supuesto esto es falso. Nada más.

Bronca de famosos
Y no estoy hablando de una pelea, es algo menos violento, creo. Un hombre se había preparado para salir de casa por la noche para cenar. Cuando iba a montarse en el coche observo que había un vehículo taponando la salida de su garaje, con lo que se acercó y se encontró con un cuadro un tanto inusual. Le pareció ver, en un principio, una pareja de novios enrollados. Con el inconveniente de que estaban fusionados, el no podía salir de ella. El hombre volvió a su casa, estamos hablando de 1978-79, llamó por teléfono a una ambulancia para que acudiera al socorro de la pareja. Pero la historia que es así de simple, se fue complicando y se le asignaron nombres concretos y se les cambio los sexos a la pareja. La ambulancia había llevado a dos hombres enganchados al hospital, y no eran unos cualquiera, se trataban, no veas, del bailarín Antonio Canales y el cantante Alejandro Sanz. Lo malo es que hay gente que lo cuenta hoy en día como si esto hubiera sido cierto.
Fontanero con mala suerte
Una mujer le comento a su marido que la cañería de desagüe de la caravana estaba atascada, que se espabilará y la arreglara o iban a acabar de mierda hasta las trancas. Cuando regresa de hacer los recados y al ir a entrar en la caravana, ve las piernas de alguien sobresalir por debajo de la misma. Se va para el sitio, le baja la cremallera y le regala un premio por su colaboración al bienestar familiar. Termina la faenilla y se va para la cocina, dejando al marido allí descansando. Pero cuando accede a la caravana, en el sofá de la salita, está el marido tumbado. La saluda y le comenta si ha visto al fontanero que esta arreglando la avería, ya que el le hecho un vistazo y se dio cuenta de que no era capaz de repararla. Total que ella le cuenta lo ocurrido al esposo y salen juntos con su marido a pedir disculpas al pobre fontanero. Estaba inconsciente. ¿La razón? Que vio acercarse a una mujer y comenzó a bajarle la bragueta, y al notar el movimiento, intento erguirse y de la potencia, se arreo un golpe impresionante que lo dejo KO. Pero poco después cuando iba relatando esto a los camilleros de la ambulancia, a estos les dio un ataque de risa, se les cayo la camilla con el fontanero y le partieron un brazo. Mala suerte tienen algunos.
La bala perdida
Esta historia fue publicada en una revista científica americana en 1874 y firmada por un médico. La cosa va de soldados y tiros. En un enfrentamiento entre dos ejércitos, cerca de una casa en la que vivían una mujer con sus dos hijas menores, pero adolescentes. Un joven es herido en la pierna, con la mala suerte de que le ha destrozado la bolsa escrotal. En ese mismo instante el susodicho doctor, oye un grito en la casa y acude rápidamente. Una de las mujercitas ha sido herida en la región abdominal. Pero sobrevivió.

Unos seis meses después el médico acude a ver a la joven y resulta que esta embaraza. En aquella época, ahora casi que también, quedarse embarazada sin hombre conocido y desposada era una deshonra. El doctor hace las comprobaciones oportunas a la muchacha y certifica que es virgen, el himen esta perfecto. Lo que significaba que no había motivos para la deshonra.

Después del parto, a los cuatro meses, el bebé comienza a sufrir molestias. Tenía algo alojado en su cuerpo, cerca de los testículos y le estaba provocando una sería infección. Lo intervinieron para ver que era y resulto ser una bala. Entonces nuestro buen doctor comenzó a atar cabos y llego a la conclusión que la bala que había herido al joven en la pierna y que era la que había herido de rebote a la muchacha, había transportado los espermatozoides de este al útero de ella. Lo que nos lleva a la conclusión de que el soldado era el padre aunque no conocía a la madre de su hijo, no había estado cerca de ella y mucho menos había yacido con ella.

Otro gran ejemplo de mala suerte.

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