Historias para pensar

Pensar rápido

Cuenta una antigua leyenda que, en la Edad Media, un hombre muy virtuoso fue injustamente acusado de haber asesinado a una mujer. En realidad, el verdadero autor era una persona muy influyente en el reino y, por eso, desde el primer momento se procuró un chivo expiatorioEste apelativo se emplea para calificar a aquellos sobre quienes se aplica injustamente una acusación o condena para impedir que los auténticos responsables sean juzgados o para satisfacer la necesidad de condena ante la falta de culpables. Wikipedia, para encubrir al culpable.

El hombre fue llevado a juicio sabiendo que tendría escasas o nulas posibilidades de librarse de la horca. El juez, que también estaba implicado en la infamiaAcción malvada y vil., cuidó, no obstante, de dar aspecto de ser un juicio justo. Siguiendo una práctica de esos tiempos, le explico al acusado:

─Conociendo tu fama de hombre justo y devoto de Dios, vamos a dejar en manos de Él tu destino: vamos a escribir en dos papeles separados las palabras culpable e inocente. Tú seleccionarás uno de los papeles y será la mano de Dios la que decida tu destino.

Por supuesto, el malvado funcionario había preparado dos papeles con la misma palabra: CULPABLE.

La pobre víctima tenía claro que el sistema propuesto era una trampa. No había escapatoria. El juez conminóConminarApremiar con potestad a alguien para que obedezca. al hombre a elegir uno de los papeles doblados. Éste respiró profundamente, aguardo en silencio unos cuantos segundos con los ojos cerrados y, cuando la sala comenzaba ya a impacientarse, abrió los ojos y, con una extraña sonrisa, tomó uno de los papeles y llevándolo a su boca se lo tragó rápidamente.

Sorprendidos e indignados los presentes le reprocharon airadamente…

─Pero ¡¿qué has hecho…?! ¡Y ¿ahora…? ¿Cómo vamos a saber el veredicto…?!

─Es muy sencillo─ respondió el hombre─, solo es cuestión de leer el papel que queda, y sabremos lo que decía el que me tragué.

Y no les quedó más remedio que liberar al acusado.

El jugador increíble

Un muchacho vivía solo con su padre, ambos tenían una relación extraordinaria y muy especial. El joven pertenecía al equipo de fútbol americano de su colegio, usualmente no tenía la oportunidad de jugar, bueno, casi nunca, sin embargo su padre permanecía siempre en las gradas haciéndole compañía.

El joven era el más bajo de la clase cuando comenzó la secundaria e insistía en participar en el equipo de fútbol del colegio; su padre siempre le daba orientación y le explicaba claramente que «él no tenía que jugar fútbol si no lo deseaba en realidad…» pero el joven amaba el fútbol, no faltaba a un entrenamiento ni a un partido, estaba decidido en dar lo mejor de sí, se sentía felizmente comprometido.

Durante su vida en secundaria lo recordaron como el « eterno calentador de banquillo», debido a que siempre permanecía sentado. Su padre, con su espíritu de luchador, siempre estaba en las gradas, dándole animos con palabras de aliento y recibiendo el mejor apoyo que un hijo podría esperar.

Cuando comenzó la Universidad, intentó entrar en el equipo de fútbol. Todos estaban seguros que no lo lograría, pero venció a todos entrando al equipo. El entrenador le dio la noticia, admitiendo que lo había aceptado además de por como demostraba la entrega de su corazón y de su alma en cada uno de los entrenamientos y al mismo tiempo le daba a los demás miembros del equipo una gran lección de apoyo. La noticia lo hizó completament deliz, así que corrió en busca del teléfono más cercano y llamó a su padre, con el que compartió la emoción de la gran noticia. Le enviaba todas las temporadas las entradas para que asistiera a cada un de los partidos del equipo de la Universidad. El joven era terco e insistente, nunca faltó a un entrenamiento ni a un partido durante los cuatro años de la Universidad, y en ningún momento tuvo la oportunidad de entrar en el campo de juego y jugar tan siquiera unos minutos del partido.

Se acercaba el final de la temporada y justo unos minutos antes que comenzara el primer juego de las eliminatorias, el entrenador le entregó un telegrama. El joven lo abrió y después de leerlo se quedó en silencio. Temblando le dijo al entrenador:

─Mi padre murió esta mañana ¿no hay problema de que falte al partido hoy?

El entrenador lo abrazó y le dijo:

─Tomate el resto de la semana libre, hijo. Y no se te ocurra venir el sábado.

Llegó el sábado, y el partido no iba muy bien, en el tercer cuarto, cuando el equipo tenía 10 puntos de desventaja, el joven entró a los vestuarios y se puso el uniforme y corrió hacia donde estaba el entrenador y su equipo, que estaban impresionados de ver a su luchador compañero de regreso.

─Entrenador, por favor, permítame jugar… yo tengo que jugar hoy─ imploró el joven.

El entrenador fingió no escucharle, de ninguna manera podía permitir que su peor jugador entrara en el cierre de las eliminatorias. Pero el joven insistió tanto, que finalmente el entrenador sintió lástima y aceptó:

─Bien, muchacho, puedes entrar, el campo es todo tuyo.

Minutos después el entrenador, el equipo y el público, no podían creer lo que estaban viendo. El pequeño desconocido, que nunca había participado en ningún juego, estaba haciendo todo perfectamente, de forma brillante. Nadie podía detenerlo en el campo, corría fácilmente como si de una estrella se tratase. Su equipo comenzó a ganar, hasta que empató el juego. En los segundos antes de finalizar el partido, el muchacho interceptó un pase y corrió todo el campo hasta ganar con un touchdownUn touchdown o ensayo es la forma básica de anotación en el fútbol americano y canadiense, donde el jugador que lleva el balón cruza el plano de la zona de anotación o cuando un receptor captura un pase dentro de esa zona. Un touchdown otorga 6 puntos y la oportunidad de un punto extra o una conversión de dos puntos. Wikipedia . La gente que estaba en las gradas, gritaba emocionada y su equipo lo llevó en hombros por todo el campo.

Finalmente cuando todo terminó, el entrenador notó que el joven estaba sentado calladamente y solo en una esquina, se acercó y le dijo:

─Muchacho no puedo creerlo, ¡estuviste fantástico! Dime, ¿cómo lo lograste?

El joven miró al entrenador y le dijo:

─Usted sabe que mi padre murió… pero lo que no sabía es que mi padre no veía, era ciego.

El joven hizo una pausa y trató de sonreír.

─Mi padre asistió a todos mis partidos, pero hoy era la primera vez que podía verme jugar… y yo quise demostrarle que sí podía hacerlo.

Recapacitar

Capítulo uno

Bajo por una calle y hay un hoyo grande. Yo no lo veo y caigo en él. Es profundo y oscuro. Tardo mucho tiempo en lograr salir. No es mi problema.

Capítulo dos

Bajo por la misma calle. Hay un hoyo grande y lo veo, pero caigo de nuevo en él. Es profundo y oscuro. Tardo mucho tiempo en lograr salir. Todavía no es mi problema.

Capítulo tres

Bajo por una calle. Hay un hoyo grande, y lo veo, pero todavía caigo de nuevo en él. Ha llegado a ser un hábito. Pero ya voy aprendiendo a salir rápidamente del hoyo. Reconozco mi problema.

Capítulo cuatro

Bajo por una calle. Hay un hoyo grande. Lo rodeo. Bajo por otra calle.