17/06/2024

Guía de la buena esposa de 1953

En la sociedad franquista, se considera el trabajo del ama de casa como improductivo, puesto que no proporciona productos acabados y solo están destinados al uso. De ahí que se considere a las amas de casa como población inactiva. Económicamente, el matrimonio es el intercambio de la parte de salario que aporta el varón por los servicios que aporta la mujer mediante su trabajo en el hogar. La casa es un centro de trabajo que compra al exterior los bienes de consumo, los reparte, los trasforma para ser consumidos, los vuelve a comprar y los vuelve a consumir. Es un trabajo que empieza y termina todos los días. Además de este trabajo, existe la otra función del ama de casa: la reproductiva. Concebir hijos, cuidarlos, criarlos con el fin de que a su vez se incorporen a la producción externa, si son varones, o doméstica, si son mujeres.

Pero detrás hay una ideología que define este trabajo como esencial y que lo convierte en inalterable. Se sustenta, este trabajo, con la idea de que la posición natural de la mujer está dentro de la familia. Además de que se le niega socialmente el carácter de trabajo, este no es intercambiable, pues el único lugar donde se desarrolla es el propio hogar. No es creativo sino rutinario y no se dispone de libertad para elegir un tiempo propio. No existen vacaciones ni jornadas laborales, pues aunque el ama de casa, según su clase social, disponga de horas de ocio, su tiempo está condicionado por los horarios de los demás miembros de la familia. Y difícilmente se puede optar por el abandono de este trabajo.

El papel del ama de casa ha condicionado en gran parte la conciencia femenina y no es de extrañar que la subordinación y sumisión que este implica haya sido el gran determinante en la lucha del nuevo feminismo, más acusado a finales de la dictadura del General Franco. Y que considera que solo liberándose del trabajo doméstico, como una imposición social, económica y cultural, socializando las tareas que el ama de casa tiene que asumir individualmente, será posible distinguir una autonomía auténtica de la mujer.

Corría el año 1953 cuando Pilar Primo de Rivera escribió su Guía de la Buena Esposa. Lo que hoy se considera un completo anacronismo, en su día no suscitó tanta polémica. Si ponemos esto al día y preguntamos a ambos sexos, el 100% de las mujeres se indignará, mientras el 100% de los hombres se preguntará dónde está esta mujer ideal.

Hay que verlo con perspectiva y observarlo como una evolución y verlo de forma despreocupada, pues obviamente, no se puede y no se debe aplicar en pleno siglo XXI.

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