22/05/2024

Escándalos del franquismo: el caso Sofico

En el año 1962 se constituyo en Madrid la Sociedad Financiera Internacional (SOFICO), que se registró con la idea de construir, vender y alquilar apartamentos a pie de playa, en la Costa del Sol, principalmente en Estepona, siendo el capital inicial de 15 millones de pesetas (90 151 euros). La mente creadora del invento fue Eugenio Peydró Salmerón. Nació en 1906 en Almería, se empleó en el comercio en Barcelona. Durante la guerra civil trabajó al lado del coronel Ungría en el servicio de información del bando franquista, donde supo rodearse de ilustres personajes del régimen. Sirvió de confidente.

Al finalizar la guerra se dedicó a los negocios: exportación, fabricación de material móvil y más tarde a la construcción. Ante sus buenos resultados en los negocios, crea SOFICO, en un intento de captar dinero de inversionistas privados, a los que prometía un interés del 12 %. El negocio se basaba en construir apartamentos y después mediante la sociedad gestionar la venta y alquiler de los mismos, consiguiendo la rentabilidad prometida. En 1965 se crearon para tal fin dos filiales más: SOFICO Vacaciones y SOFICO Atlas. Esto lo que creo es un complicado entramado de empresas a las cuales era difícil seguir la pista. Al principio las buenas maneras regían, se vendía lo construido, pero como la empresa crecía a un ritmo vertiginoso, se comenzó a vender sobre plano. Se lanzaban campañas de publicidad agresivas para captar socios y estos, ante tan buenas perspectivas, adelantaban parte o abonaban la totalidad de las cantidades, que en teoría servía para seguir construyendo los nuevos apartamentos, pero en la realidad, se usaban para pagar los intereses prometidos a los inversores. Pero llego el temido momento en que entraba menos dinero del que se adeudaba. Comenzó una nueva expansión para captar más y se comenzó a vender apartamentos ficticios de los cuales no se había ni comprado el terreno donde se iban a ubicar.

Se decidió, entonces, crear una red de filiales extranjeras. Se crearon SOFICO France, SOFICO Deutschland, SOFICO USA y SOFICO Great Britain que consiguieron atraer más recursos. Pero la decisión creo un agujero mayor, además de las irregularidades por evasión de capitales y divisas. En 1969 crea SOFICO Renta para captar a los pequeños inversores con participaciones de 25 000 pesetas (150 euros) que se vendieron rápidamente. Consiguieron colocar 127 000 títulos con los que ingreso 3 189 millones de pesetas (19 166 290 euros). Pero la deuda era tan grande, que solo se consiguió parchear la situación. Pero a resultas de esta captación se creó otro problema, había que devolver a los inversores a finales de cada año 380 millones de pesetas (2 283 847 euros) lo que hacía inviable el proyecto, porque todo tenía que salir de las ventas de apartamentos. Como siempre, el gobierno tuvo una visión y una puntería maestra concediendo al consorcio un premio, la Medalla de Plata al Mérito Turístico a SOFICO.

Página publicitaria donde se mostraban las inversiones y lo que se iba a construir.

Peydró uso sus influencias para poder ocultar con una capa de pintura sus desfalcos y crear una cortina de respetabilidad y confianza a su chiringuito financiero. Podíamos encontrar en el consejo de administración a personas influyentes. Se trataba de dar una imagen de solvencia a la empresa.

  • Luis Nieto Antúnez, que era presidente honorífico, procurador en Cortes y hermano del Ministro de la Marina, Pedro Nieto Antúnez.
  • Teniente General Rafael García Valiño, vicepresidente.
  • Teniente General Rafel Cabanillas Prósper, vicepresidente.
  • Segismundo Martín Laborda, presidente de la Audiencia Provincial de Guadalajara, vocal del consejo.
  • Juan Martín Pariente, teniente coronel del Ejército del Aire, vocal del consejo.
  • Juan Losada Pérez, coronel de la Guardia Civil y ex jefe de seguridad de Franco, vocal del consejo.

En 1973 es cuando la cosa se pone fea realmente y comienzan los problemas. En el mes de octubre, Hacienda limita la publicidad financiera del grupo con la promesa de una alta rentabilidad del 12 %, por lo que tiene que retirar la publicidad. Parecía que iba a afectar al grupo, ya que era la forma de captar socios, pero no. De hecho, recibió al año siguiente otro premio por parte de la Agrupación Nacional de Agencias de Viajes, a la vez que a otras empresas de prestigio como Iberia, Swissair o RENFE por el trabajo en pos de «la industria turística». Pero en 1974 no pudieron evitar ya los comentarios que hablaban de la realidad de las cuentas del grupo. Como siempre, los directivos salen a la palestra a desdecir dichos comentarios y a afianzar la solvencia de la sociedad. Pero, ya herida de muerte, en julio SOFICO suspende el pago de los magníficos intereses prometidos a los inversores. Pero aun así, no dejo de vender apartamentos inexistentes como si nada estuviera ocurriendo, eso si, bajo las estrictas órdenes de Eugenio Peydró.

El 28 de noviembre un socio solicita la quiebra de la sociedad. El 30 de noviembre, SOFICO Renta presenta la suspensión de pagos en el juzgado. Entre los días 5, 9 y 11 de diciembre el grupo se derrumba definitivamente y presenta sucesivas suspensiones de pago de SOFICO Inversiones, SOFICO Servicios Turísticos y SOFICO Vacaciones. En los libros de cuentas aparecen 8 664 millones de pesetas (52 071 728 euros) de activo y 7496 millones de pesetas de pasivo (45 051 901 euros), cantidades repartidas entre las cuatro empresas. Pero la realidad era muy distinta, que tras las autorías realizadas arrojaba unos paupérrimos 783 millones de activo (4 705 928 euros) y un pasivo de 11 893 millones de pesetas (71 478 423 euros).

El escándalo estalla y se monta el proceso conocido como Caso SOFICO. Hubo dos magistrados encargados de la causa:

  • Daniel Ferrer, juez decano de Madrid para Derecho Penal
  •  José Ignacio Fernández, para Derecho Civil.
Como explicamos antes, en la junta directiva de SOFICO había muchos altos cargos militares y relevantes personalidades del ámbito público y político. Años más tarde de destaparse el escándalo, el fiscal del caso, José Antonio Martín Pallín, declaró públicamente:
Como aforados que eran, elevamos un suplicatorio manifestando que existían en sus conductas indicios racionales de criminalidad. Pero no hubo una respuesta a esa petición. Cuando se celebró el juicio, muchos años después, solo se actuó contra el creador de SOFICO, Eugenio Peydró, y su hijo. Y todo acabo en nada.

En mayo de 1976, el juez Daniel Ferrer los acabo acusando de delito de estafa, con prisión preventiva para los dos. Pero como el proceso se demoraba, fueron pues en libertad pocos mese después. En octubre de 1987, tras varias suspensiones y 11 años después de haberse iniciado el proceso, se celebró el juicio. Padre e hijo fueron sentados en el banquillo. Pidió el fiscal 12 años de prisión para ambos como autores de delito continuado de falsedad como medio para cometer estafa. Por supuestos los altos cargos franquistas no fueron nombrados para nada, y cuyo proceso fue denegado por el Tribunal Supremo, habiendo quedado demostrado que

sin lugar a dudas, que la dirección y decisiones ejecutivas de todas las actividades financieras de SOFICO las tomaba personal y exclusivamente Eugenio Peydró Salmeron

Finalmente, el empresario fue condenado a nueve años de prisión. Su hijo a dos años y cuatro meses por complicidad. También fueron condenados al pago de 5 000 millones de pesetas (30 050 627 euros) para indemnizaciones para los 3200 perjudicados. Ninguno fue a la cárcel al presentar recurso y, por supuesto, tampoco pagaron las indemnizaciones, pues, se habían declarado insolventes. Eugenio Peydró murió a los pocos días de concluir el juicio. Hubo que esperar a 1991, 15 años después del inicio, para que la Sala Segunda del Tribunal Supremo cerrara el Caso SOFICO.

Fue el último escándalo de la era Franco que ya mostraba un desgaste y un aperturismo, que aunque débil, era imparable. Se trataron de ocultar los aspectos más oscuros para evitar que salpicasen a las personalidades del régimen implicadas. Solo sirvió para abrir los ojos a los que creían ciegamente en las bondades del régimen durante sus 40 años de mandato dictatorial.

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