El vestir y las diversiones de principios del siglo XX

MODA

1898 marca el fin de una época política, pero en cuanto a las costumbres la cosa ha variado poco. La diferencia entre 1900 y 1890 es apenas perceptible. El hombre de clase media viste traje y hongo.

Cuando se es importante o de una clase alta, llevara sombrero de copa, que se considera el típico conservador, al igual que a las personas con gorra de visera se las identificaba con socialistas. El sombrero flexible lo lleva el liberal demócrata, y la boina el separatista. Nada más que son costumbres pero que al ponerse de moda, se respetan. El chaqué y la levita se vestirán según la ocasión. Pero la levita desaparece hasta nuestros días, donde se ha puesto de moda en bodas.

AMERICANA

Es cada vez más utilizada y se diversifica su diseño: cierre sencillo, cierre cruzado, corte recto al frente o curvo con bolsillos, entre otros. Se permite su uso para paseos y, en 1860 comienza a aceptarse su uso para salidas de mañana en la ciudad. El sombrero para acompañar la americana difiere según la ocasión y la época. En invierno: bombín o fieltro; en verano la gorra podía ser el tocando utilizado para realizar actividades deportivas.
Hombres vestidos con la típica terna en sus distintas variantes.

TERNO

Con esta denominación se identificó al conjunto resultante de utilizar: pantalón, chaleco y americana del mismo género y color. Con ello, se brindaba un poco más de ‘formalidad’ a la prenda que, de no estar combinada de esta forma, resultaría totalmente informal.

Hombres con chaqué y levita.

CHAQUÉ

En los últimos años del siglo XIX se define que sea usado con pantalones de tejido gris oscuro con finas rayas en gris claro. El cierre de esta prenda, desde el inicio es sencillo y muy alto. Debía llevarse con chaleco oscuro y camisa con cuello duro y corbata de ‘plastrón’. Su uso sigue siendo para actividades –diurnas o nocturnas- de aire familiar (bodas, bautizos, funerales). Podía estar acompañado con sombrero de copa o con el bombín u hongo.

Las mujeres llevan vestido de cola que recoge con la mano izquierda para no barrer la calle con ella. Todas tiene un aspecto exterior muy parecido, sobre todo las que llevan corsé, lo que evita que el cuerpo se cimbree y adopten la forma de una “S”. Se llevan los adornos de pluma que gusta mucho a los hombres. A veces el uso de la mantilla produce una rotura en el estilo.

Mujeres a la moda de 1900.

Por su lado, los niños llevan el traje de marinero. La moda parece que vino de los zares de Rusia, que en las fotografías siempre aparecen vistiéndolo. La gorra marinera lleva cintas colgando y en ellas hay escrito el nombre de algún navío español: Lepanto o Almirante Blas de Lezo. Pero no es de uso diario, solo para ocasiones especiales, como ir de visita, o incluso para hacer la primera comunión.

NIños y niñas vestidas de marinero como gustaba en la época.

DIVERTIMENTO

El divertimento por excelencia de los hombres seguía siendo en café y una vez asentado en el mismo, la tertulia. Es una excusa para no trabajar y evitar el aburrimiento.Para los que tenían posibles estaban, alguna vez a la semana, las corridas de toros. Como siempre, los expertos se quejan de que ya los astados no son como antes, que ni la cornamenta, que debería ser afilada y larga es lo mismo. Y de los toreros piensan que son tan flacuchos y débiles y con tan poco porte que en vez de maestros, parecen monosabios. Pero todo es temporal, hasta que hacen aparición Joselito y Juan Belmonte.

Joselito y Juan Belmonte en coche de caballos en Sevilla.

En verano, las clases pudientes van a la playa, sobre todo a San Sebastián y Santander para los castellanos. Los catalanes son más de Castelldefels y Sitges. Pero los baños de mar, tal y como los entendemos ahora no se producen en masa. La mayoría se queda en la orilla observando como los más intrépidos lo hacen. Muchos médicos están en contra de estás locuras de bañarse en el mar y advierten de los peligros.

Tan pronto se entra en el agua, es preciso sumergir un momento la cabeza, a fin de evitar la congestión cerebral. La mejor hora es antes del mediodía o tres o cuatro horas después del desayuno. Terminado el baño, después de secarse y bien vestirse, se debe tomar una taza de té o café muy caliente y pasear durante quince o veinte minutos, para entrar en reacción.

Divirtiendose en la playa de la Concha de San Sebastián en 1908.

Para la plebe que no se puede desplazar, se conforman con acercarse a la Casa de Campo o al Retiro, a la parte accesible al público. Por la tarde, los jóvenes fundamentalmente, iban a bailar a la Bombilla. Conforme el siglo avanzaba se cambiaban los hábitos, se ponen de moda los cines y los de “pipas” son tan económicos que pueden entrar por una peseta (0.01 €uro) las personas pobres. Pero como la sala se oscurece para la proyección, los puritanos y moralistas ven el demonio en la oscuridad y Millán de Priego cuando es nombrado ministro de Gobernación, no le queda más remedio que promulgar un bando en el que obligaba a los hombres y a las mujeres sentarse por separado.

En 1921, Julio Camba escribe como protesta por la medida promulgada lo siguiente:

Excelente medida, pero un poco incompleta. ¿Por qué ha de limitarla al cine? ¿Por qué no disponer también que en la vía pública las mujeres vayan por una vía y los hombres por otra? ¿Y por qué no en los bailes? ¿Y por qué no en las casas? ¡A un lado los niños y a otro las niñas! Una serie de medidas de este tipo acabaría con la especie humana y sería criticada por los contemporáneos, pero nunca, nunca por la posteridad.