22/05/2024

El Lute. Un quinqui mitificado

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El Lute en el momento de su detención
Eluterio SánchezEleuterio Sánchez → El LuteEleuterio Sánchez → El LuteWikipedia, nació en Salamanca en el barrio de chabolas Los Pizarrales en la pobreza más absoluta. En 1966 se convirtió en mito, al saltar de un tren en marcha huyendo de las fuerzas de seguridad del Estado.

En el verano de 1965 intentando dejar atrás su vida anterior, viaja con su mujer Consuelo, la Chelo, a Madrid para quedarse y se instalan en el Pozo del Huevo en Vallecas. Se dedica al oficio de quinquiMercheroLos mercheros, también llamados con el término despectivo «quinquis», son una etnia nómada, que se dedica a la quincallería. De esa actividad tradicional, la venta o tratamiento de quincalla (cosas de metal barato), la palabra quinqui ha pasado en el correr del tiempo a la lengua común como sinónimo de delincuente o de persona de mal aspecto, razón por la cual los mercheros la consideran despectiva. No tienen jefes ni autoridades en sus comunidades, y poseen costumbres en muchos aspectos similares a las tradicionales gitanas, pese a no compartir con estos su origen étnico. Wikipedia: recoger somieres, leñador y algún robo menor para poder tirar para adelante. Su juventud le llevo por el mal camino:

…yo era un niño grande, confuso, lleno de conflictos mentales, sin carácter, sin criterio, sin personalidad. Por eso muchas cosas que podía haber evitado, no las evité; me dejaba arrastrar por cualquiera.
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Montesa Impala Sport

Siempre estaba de borracheras con los amigos, la vida familiar tampoco era una balsa de aceite, las peleas con la Chelo eran constantes. En una de esas juergas, sus compañeros de farra, Raimundo Medrano y Juan José Agudo Benítez, le proponen un asunto que llevan tiempo rumiando. Se trata de robar una joyería. Llegarían cuando estuviera cerrada, en moto, y rompiendo el escaparate con piedras, arramblar con todo lo que se pueda y huir con la moto. La moto es una Montesa Impala Sport. Parace que es un atraco sencillo, de esos que a diario se cometen en las grandes urbes. Como las cosas se preparan estando borrachos, con la confianza y el valor que otorga el alcohol, Eluterio no hace preguntas y dice que si, que participara.

Pero más adelante se arrepentirá el resto de su vida de no haber indagado más. La inexperiencia le juega una mala pasada. No se imagina que uno de los compañeros lleva una pistola, que les pondrá las cosas difíciles y los estigmatizara para siempre a partir de ese momento. A la mañana siguiente recogen al Lute. Era el 5 de mayo de 1965 y van desde el Pozo del Huevo a Plaza Castilla. Desconoce la zona del atraco, acaba de llegar a la ciudad. La joyería Emilio esta en el 252 de Bravo Murillo. Esperan a que se quede vacía y cierre, que se vaya todo el mundo a comer. Es una zona segura y la policía brilla por su ausencia. No se imaginan que hay un guarda de seguridad dentro, Tomás Ortiz López, de 62 que es uno de los pocos vigilantes jurados que había en España. A las 15:00 los ladrones vuelven y comprueban que todo esta como esperan: la joyería cerrada y el material en el escaparate. Una pareja desde la acera de enfrente se les queda observando. Cogen las piedras que tenían preparadas y las estrellan contra el escaparate. El estruendo es increíble. Medrano conduce y el Lute y Agudo han lanzado las piedras. Agudo se arroja a por el botín y se corta con lo que va dejando un rastro de sangre. El Lute se ha quedado bloqueado y no hace nada.

Entonces ocurre lo inesperado, la puerta de la joyería se abre y un hombre sale por ella gritando “¡Ladrones, canallas!”. En la huida se oye un tiro por parte de los que huyen, y Tomás Ortiz, con un agujero en el pecho, cae fulminado. Huyen con un escaso botín, un reloj y una pulsera. Cuando la policía acude solo consigue como información de los ladrones, la matricula de la moto y la bala asesina.

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Furgoneta como la que robaron para huir

Se ocupa de perseguirlos la Brigada de Investigación  Criminal. Un confidente (chivato) les da la pista de un quinqui que lleva una moto parecida a la que se utilizó en el atraco. Este dato les lleva hasta una autoescuela. La identidad no concuerda, pero identifican a Medrano que esta acudiendo a sacarse el carnet, gracias a la ficha de la autoescuela. Los atracadores roban una DKW  para poder huir, pero el no tener carnet de conducir les retiene en la capital.  Con estas el 11 de mayo a las 18:00, la policía les espera en la autoescuela, de incógnito y armados. En un bar de la esquina, el Lute  y Medrano entran a tomarse algo. En cuanto piden, la policía los aborda y los detienen, pero el Lute intenta escapar. En la calle es finalmente atrapado y detenido. Medrano forcejea con la policía intentando desarmarlo y en el follón consigue salir corriendo. La policía dispara y la mala suerte hizo que la bala rebotara en un coche y alcanzara a una niña, Raquel se llamaba. Tenía siete años.

A Medrano lo capturan días más tarde. Al Lute su estancia de 11 días, indescriptibles, en la Dirección General de la Seguridad, nunca se le olvidaran. Torturas, humillaciones y vejaciones que son los métodos que se aplican en los interrogatorios policiales. En sus memorias lo refleja. Es trasladado a Carabanchel , la Prisión Provincial de Madrid. Lo dejan allí tirado en la oscuridad más absoluta de una celda, con los sufrimiento producidos por el dolor físico y moral. Una de las secuelas se encuentra en sus testículos, negros e hinchados, cualquier contacto con la ropa se le hace insoportable.

La muerte de la niña hace que el proceso judicial se acelere. A las 10:00 del 28 de mayo comienza el juicio. También se juzga a Agudo que no esta presente, considerado en rebeldía y en paradero desconocido. El día siguiente a las 13:00 el juicio ha finalizado.

En la sala de Consejos de la Auditoría de Guerra de la Primera Región Militar, sita en la calle Reloj, seis oficiales de distintos cuerpos y armas forman el Consejo, que bajo la Ley de Seguridad del Estado, los acusados serán juzgados por bandidaje. Nada más que leer lo anterior da miedo y ya sabemos lo que les espera. Tras el turno de la fiscalía, son acusados como asesinos. Esto dijo el abogado defensor:

Me limito a los hechos concretos: mi defendido no es de Madrid. No conoce la capital. Llevaba pocos días en esta ciudad. Ha sido inducido a cometer este delito. Por consiguiente, pido seis años de prisión para mi defendido.

La sentencia se emite rápidamente:

La Auditoria de Guerra de la Primera Región Militar, declarando probados los hechos, condena a Raimundo Medrano González, a Eleuterio Sánchez Rodríguez y a Juan José Agudo Benítez, en rebeldía, a la pena de muerte. Y a Angelina García Nieto a 12 años de reclusión.
Ante esto cualquiera se hundiría y Eleuterio no era menos. Pero la suerte no estaba echada del todo. Al final se iba a pudrir entre rejas.
Su Excelencia el Generalísimo Franco ha tenido la gracia de conmutar la pena capital por la de cadena perpetua a 30 años, sin que esta pueda ser reducida por indultos, posibles amnistías y demás indultos penitenciarios. […] Destino: Dueso.
Pasa de Carabanchel a Dueso en Cantabria, Santander, donde las condiciones son más duras.

Mientras tanto, Agudo Benítez, que se encuentra en rebeldía y paradero desconocido, 21 años tan solo, trata de vivir como puede driblando a la justicia. Su mujer e hijo le acompañan. Un hermano le recomienda entregarse. Unas horas después de conocerse la sentencia, pensando que no tiene antecedentes y que entregarse voluntariamente serviría de algo acude a la policía. El 3 de junio se le comunica que condena de muerte, pero posteriormente también será conmutada por perpetua a 30 años.

Ha pasado un año y en junio, el día 2, el Lute es trasladado desde Dueso a Madrid. Lo utilizaran para declarar en contra de Medrano sobre las circunstancias de la muerte de la niña durante la detención en la calle Galileo. En el tren 1902 del expreso del Norte, la Guardia Civil lo están vigilando. Va esposado a otro preso, Alberto Sánchez de la Iglesia, al que le faltan tres meses para salir en libertad. Cuando van por la provincia de Palencia, le pide a los guardianes que le dejen ir al retrete. Se ha hecho con un juego de llaves de las esposas. Eleuterio ha elegido el momento adecuado para ello. Por los cristales ha visto gente entrando en los retretes, por lo que cuando llegan, están ocupados. La portezuela del vagón esta medio abierta. Empuja a un guardia y se arroja desde el tren a 70 km/h. Le disparan, pero no ven nada en la noche, eran la 20:45. El tren se para, pero esta lejos del punto donde se ha tirado, con lo que cuando llegan no esta por allí. Lo buscan y pasado un cuarto de hora, arrancan de nuevo. La noticia abre todos los noticiarios. Se ha fugado el Lute.

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Vespa que robo el Lute para huir

A partir de ese momento tiene que andarse con cuidado, se ha luxado la muñeca. Tuvo que cruzar el Canal de Castilla con un vado de 40 metros. El 14 de junio en Puente Castro, robó una Vespa, matrícula LE-17884, con la que viajó hasta su Salamanca natal. Esa motocicleta, un icono de la libertad en el libro “Camina o revienta” y en la película homónima, es hoy propiedad del bombero asturiano Eduardo Iglesias. Se vuelve muy precavido. Con la moto tarda 7 horas para hacer 120 kilómetros.

A las 09:30 de la mañana del 14 de junio, en el kilómetro 233 de la carretera Gijón- Sevilla hay una pareja de Guardias Civiles esperando. Los intuye, gira bruscamente y huye a campo a través. Avisan a la 207 comandancia y comienza una batida con todo lo disponible, Land Rover, caballos, jeeps. Al mando de todo este despliege recae sobre teniente coronel Joaquín de Andrés. A las 15:30 se estrecha el cero. Hay una casa medio derruida y se teme que este allí. Entran y esta detrás de unas ramas agazapado, deseando que no lo vean. Los guardias se le echan encima, pero él no se resiste. Lo esposan de pies y manos. Ahí acaban los 12 días de un hombre que ha tenido en jaque a 600.000 miembros de los cuerpos de seguridad del Estado.

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