Definiciones políticas: E

La política destroza aquello que trate de contenerla, incluso a los hombres. Sobre todo a los hombres. Se destroza a si misma. La política es posterior a los hechos que trata de comprender, o que trata de apresar, de capturar. Recordar que la primera edición de este diccionario fue en 1974 y todas las definiciones siguen vigentes, solo que cambian las personas, los hechos y los países. Una verdadera pena.

ECOLOGÍA
Ciencia convertida en política. La ecología supone la existencia de una sabiduría de la naturaleza que equilibra la vida animal, vegetal y mineral; es una sustitución laica, inclinada hacia la izquierda de los países, de la providencia, que muchas veces encuentra su correspondencia en los providencialistas. Si la ciencia estudia lo que supone realidad de equilibrio natural, la política entiende que es el hombre el que está alterando ese equilibrio, como si la evolución humana por la vida de la invención y la manipulación o fabricación no estuviera incluida en esa naturaleza o providencia, de manera que puede llegarse a la destrucción incluso de la atmósfera, o la desertización de grandes territorios, la falta de agua, la polución de ríos y mares, por la industrialización abusiva. La acusación de los ecologistas o «verdes», como suelen llamarse los partidos que sustentan la idea general -y que van obteniendo puestos en muchos parlamentos nacionales-, se dirige a la gran industria, al capitalismo salvaje, que produce de una manera exagerada, consumiendo así la «vida», y ataca a los estados que no obligan a medidas de depuración o de limitación de esas industrias. Los ecologistas llegan a atacar directamente a los violadores, unas veces con atentados, otras de una manera semilegal por los barcos de su organización, Greenpeace (a su vez atacados por los servicios de terrorismo clandestino de los estados, como el Greenpeace que quería impedir las pruebas atómicas francesas volado, con sus tripulantes, por agentes de ese,país en Nueva Zelanda), a quienes cazan ballenas o usan redes depredadoras para la pesca. Es difícil de aceptar que estas formas maquinistas de progreso o predadoras de caza y pesca son una forma del progreso de la humanidad, que aun en sus medias ha alcanzado el mejor nivel de vida de la historia (no así en las más bajas o selváticas, que viven dentro del estado de naturaleza que les manda la ecología; o sea, su destino) y que alguna igualdad -o al menos aproximación- de clases sociales se ha obtenido con ello. Es también difícil de aceptar que ese tipo de industrias y el consumo de producción mantienen hoy los niveles de trabajo posibles dentro de una sociedad en que se pierde la necesidad de mano de obra. Se puede recordar el ejemplo de los telares mecánicos, a vapor, que iniciaron la sociedad industrial y que fueron atacados, y a veces destruidos, por los obreros que perdían su trabajo y por la contaminación de todas clases de las zonas en que se instalaban; y de cómo la velocidad de los trenes movidos por aquel mismo vapor se consideraba como nociva para la salud. En una reunión de la Internacional socialista se argumentó contra la má­quina de coser porque las jóvenes obreras, al mover los pedales, frotaban sus muslos, lo cual les causaba una excitación sexual de la que se aprovechaban las clases altas llevándolas luego a la prostitución. La tontería y el miedo no tienen por qué tener límites de clases, partidos o situaciones históricas. La política que surgió de la era industrial utilizó esos adelantos en servicio de una aproximación de las clases sociales. El marxismo vio más claro que no había que limitar los medios de producción sino apoderarse de ellos para que sirvieran al pueblo; durante muchos años, entre el marxismo, las huelgas, las guerras y las revoluciones, y el miedo a todo ello, se ha conseguido en algunos países y muy aproximadamente en otros. Pero el marxismó ha encontrado, al final, su castigo, y la ecología misma no lo acepta.
EJÉRCITO
Brazo armado de la nación, creado por ésta para su defensa contra enemigos exteriores. Definido en materia de política interior como neutral. Muchos teóricos del ejército apuntan, sin embargo, que el enemigo exterior utiliza la infiltración para minar la fuerza de la nación, y por lo tanto es necesaria la intervención del ejército como si se tratase de un enemigo exterior. Esta teoría justifica todos los golpes de Estado militares, tan frecuentes en los países de poco desarrollo político, endémicos en el tercer mundo. Para estos golpes de Estado, en la historia (sobre todo, de España) el ejército sublevado alude a la degeneración o caída del poder público: emite un bando en ese sentido, que suele terminar con amenazas de pena de muerte a quienes no cumplan sus órdenes, y se pronuncia (pronunciamiento) en el sentido de la finalidad de su rebelión. El último registrado en España fue el del general Armada, con presencia del comandante Tejero en el Parlamento para disolverlo, y bando del capitán general Milans del Bosch en Valencia: fracasó. Hasta hace muy poco tiempo, el poder político y el poder militar de una nación estaban encarnados en la misma persona, y todavía hay residuos de esta costumbre. La separación entre poder civil y poder militar tiene muy pocos años, y aún no está firmemente establecida. En la Constitución española está prevista la intervención del Ejército en el caso de que se atente a la unidad o la integridad nacional: es decir, en el caso de los separatismos.
ELECCIONES
Proceso aún sin terminar en la elaboración de las democracias para la participación del pueblo en las tareas de legislación y Gobierno mediante la designación de representantes a una asamblea o parlamento: si en las pequefias democracias primitivas (Grecia) el pueblo entero podía reunirse a deliberar (en el ágora), en las grandes reuniones modernas de población ha de hacerlo por representantes. Las elecciones son un factor de la lucha política en primer grado: los grupos privilegiados tratan de reducir el número de personas que actúen en nombre del pueblo, y éste de ampliarlas. En ciertos períodos, el factor de la pobreza está explícitamente expresado en las restricciones electorales: no se tenía derecho al voto sin haber pagado previamente un censo determinado (por eso las oficinas electorales se llaman aún del censo) o se acreditaba el pago de impuestos; eliminada después esta discriminación, apareció por otras vías, como la del grado de cultura: los analfabetos estaban excluidos. Fue también la fórmula adoptada por algunos estados de los Estados Unidos cuando tuvieron que abandonar la restricción electoral por motivos raciales y conceder el derecho de voto a los negros. Otra restricción para las elecciones es la que se refiere a la edad, que también ha ido disminuyendo gradualmente: si en ciertas épocas se ha requerido que fuese mayor de treinta años, en la actualidad es de veintiuno en la mayor parte de los países de sistema electoral, y tiende a reducirse a los dieciocho, implantada ya en algunos de ellos. Con respecto a la restricción por sexo, ha habido una contradicción muy curiosa: siendo las fuerzas populares que comúnmente llamamos de izquierda las principales defensoras de la ampliación al máximo de los derechos electorales y también de la promoción o igualdad de la mujer y el hombre, son también las que más frecuentemente se han opuesto a la concesión del voto a la mujer por considerar que la función que realiza en la familia y el hogar la indina a tendencias conservadoras, sobre todo en los países católicos por su adhesión a la Iglesia: prácticamente el derecho de voto femenino existe hoy en todos los países. En algunas naciones el voto se limita a las mujeres casadas, y el masculino se reserva a los cabezas de familia. A medida que fueron avanzando y ampliándose los derechos de voto, comenzaron a aparecer otras restricciones para las elecciones, las que se referían a los candidatos, o elegibles, con el propósito de que si la mayoría de la nación podía elegir a sus representantes sólo pudiera hacerlo entre aquellos que representasen a la minoría: edad, sexo, dinero y cultura han sido también principalmente las características restrictivas de los elegibles. La tendencia democrática que va ampliándose es la de «sufragio universal, libre y secreto». En nuestro tiempo, y en la línea general de las democracias occidentales, las elecciones se realizan por grupos geográ­ficos (circunscripciones) y por partidos políticos. Y es en esos intermediarios en los que se aplican las restricciones, más o menos visibles, de las elecciones. Puede ocurrir que una circunscripción con mayor número de habitantes tenga derecho a elegir menos representantes que otra de censo más reducido y esta repartición se hará para neutralizar la fuerza política e ideológica de una zona de economía más pobre. Los numerosísimos sistemas de escrutinio (proporcional, preferencial, de lista, uninominal, en dos turnos, de lista única) pueden llegar a hacer que un partido con mayor número de votos tenga menos representantes en la Asamblea o Parlamento que otro que ha recibido menos; como la misma manera de aplicar fórmulas matemáticas a los resultados. Por todas estas razones puede decirse, en términos generales, que las elecciones han de considerarse como una tendencia muy marcada, muy adelantada, hacia la participación de todo el pueblo en la dirección del país, pero no como una realización definitiva. En todo caso, esta participación está más asegurada en países con elecciones que en países sin ellas. Una de las tendencias más generales es la de favorecer o primar a los partidos más votados, para implantar si es posible un Parlamento con una fuerza mayoritaria y, en términos de tiempo más largos, un sistema de oposición entre dos partidos (conservadores y laboristas en Gran Bretaña, republicanos y demócratas en Estados Unidos), dejando lugares menores a los demás. Este sistema apunta a la «gobernabilidad» del país, pero destruye la riqueza de las ideologías minoritarias y, por lo tanto, atenta contra el respeto a las minorías.
ÉLITES
En castellano, «minoría selecta o rectora». Esta palabra de origen francés se ha universalizado; indica el estiramiento hacia arriba de las clases medias para formar una nueva aristocracia. Élite es un derivado del francés antiguo, eslit (en la actualidad élite), participio pasado del verbo élire, elegir; en la actualidad hay un sentido muy distinto entre élu y élite, como puede haberla relativamente en castellano entre «los elegidos» y «los electos», dando a elegidos el sentido de «escogidos». Los que forman la élite son, por consiguiente, los «escogidos». ¿Por quién? Por herencia, por dinero, a veces por cooptación. En español aparecen entre ellos los miembros de la clase política, los apellidos de la antigua aristocracia, los técnicos de la tecnocracia, la banca y el gran capital, los intelectuales mundanos y conformistas; se supone que son los mejores -los escogidos-, con lo cual entroncan con el sentido etimológico de aristocracia, y tienden a formarse como ella en grupo en el que residen las decisiones que afectan a la colectividad. En cieno sentido, las élites están emparentadas con el sistema de las oligarquías, si bien los grupos oligárquicos pueden llegar a variar y renovarse totalmente, mientras que las élites tienden a ser permanentes, con la misma composición y el mismo significado. Su equivalente anglosajón, establishment, que tiene un parentesco con los términos castellanos «establecimiento» y «estamento», indica su vocación de permanencia. Esta tendencia de las clases medias occidentales a formar grupos de poder que ocupan los resanes de la decisión aparecen también en las sociedades comunistas implantadas hace tiempo en la formación de una nueva clase, según el libro, con ese título, de Milovan Djilas, en el que denunciaba ese fenómeno. Hay que distinguir entre la busca de los mejores y más aptos para los puestos de dirección de la sociedad, como proceso continuo de cualquier régimen, y la ocupación permanente y aristocrática -por transmisión, por cooptación o por herencia- de dichos puestos. La creación podía ser, en otros tiempos, cuestión de transmisión o de irrupción; hoy debe mucho a los medios de comunicación especializados, a la televisión y a las revistas ilustradas. Aunque no hay que confundir a este sector con las «minorías selectas», la forma en que son llamadas a opinar en circunstancias tan variadas como un descubrimiento científico, un drama humano o una modificación en los impuestos hace de estos favoritos unos creadores de opinión. La teoría de Pareto (1848-1923) dice que los cambios de régimen o incluso las revoluciones no parten nunca del pueblo, sino que constituyen la sustitución de una élite por otra (clase política); el pueblo no suministraría más que los seguidores de una u otra élite.
ENCICLOPEDIA
El origen moral de la democracia moderna habría que buscarlo en las doctrinas filosóficas del humanismo y del renacimiento, que van situando al hombre en sus auténticas dimensiones y desmontando una concepción del mundo piramidal, donde la cúspide está ocupada por un monarca absoluto cuyo «poder viene de Dios». Es una doctrina no abolida todavía en muchos lugares, pero completamente en desuso. Frente a la mitificación y a la divinización del poder, aparecen el racionalismo y el positivismo, que comienzan ya a dar una versión materialista de la vida. Entre 1751 y 1765 aparece en París la Encyclopedie ou Dictionnaire raisonné des sciences des arts et des métiers, editado por Diderot y D’Alambert, con colaboradores como Voltaire, Rousseau, Montesquieu y Buffon: se trata de considerar las cuestiones éticas, morales, políticas y sociales desde un punto de vista científico, y a la luz de la raz6n. La Enciclopedia estará en la base intelectual de la Revoluci6n francesa. Durante siglos, la Enciclopedia ha sido maldita por los conservadores, los enciclopedistas metidos en todos los índices de libros prohibidos y sus lectores y seguidores anatematizados. Pero han prevalecido.
ENSEÑANZA LIBRE
En las épocas de monopolio de la ensefianza religiosa, la ensefianza libre era una reivindicación popular. En las épocas de estado laico con escuela propia, la enseñanza libre es una reivindicaci6n de la Iglesia, por un artificio semántico por el que se considera que la religión es una libertad básica. El ideal de la democracia pura es que la enseñanza sea impartida por un estado neutral, que enseñe a los futuros ciudadanos no doctrinas políticas o religiosas concretas, sino la forma de pensar y las distintas opciones existentes para que en plena libertad mental pueda tener una elecci6n propia y auténtica. En la realidad, la enseñanza dominante es siempre la de la clase dominante. La lucha en torno a la enseñanza libre y la enseñanza religiosa se produce desde hace siglos, y aún no ha terminado; hacia fin de siglo ha vuelto a plantearla el nuevo conservadurismo en países como Italia y Francia.
ENVEJECIMIENTO
Teoría de la sociología econ6mica según la cual el descenso de natalidad en los países más desarrollados, que se percibía ya antes de los métodos anticonceptivos pero que ha aumentado después, al mismo tiempo que los progresos de la higiene y de la medicina que alargan la vida humana, producen un envejecimiento de la poblaci6n por el cual una poblaci6n activa cada vez menor ha de mantener a una población pasiva cada vez mayor. Dada la dificultad de cohonestar la moral pública con la supresión directa de ancianos o con la reducción de la medicina que prolonga la vida (aunque en ciertos casos ya se produce: se retrasan operaciones, curas o atenciones a los mayores por atender previamente a los jóvenes), se trata de reducir las pensiones y la medicina social para evitar esa carga, a pesar de que el reparto del producto se ha de hacer mayor entre los activos. El envejecimiento se produce, también, por ley: las jubilaciones obligatorias o forzosas, la negación de trabajo a personas relativamente mayores crean muchas veces una vejez prematura. Forma parte de una reducción deliberada de mano de obra producida por el maquinismo y la electr6nica: durante mucho tiempo, el retraso de la entrada de los jóvenes en la vida activa -por la exigencia de títulos, de estudios, por la desaparici6n del aprendir.aje-, al mismo tiempo que la jubilaci6n anticipada ha creado una capa activa de una edad intermedia muy corta. Unida a la caída de la ética de solidaridad, esta capa se resiente de sus obligaciones.
EQUILIBRIO DE PODERES
Punto en el que se consigue la paz por la igualdad entre las naciones que podrían ser beligerantes entre sí. El «equilibrio del terror» ha sido su forma más visible: las dos grandes potencias nucleares no han podido atacarse entre sí por miedo a la capacidad destructiva de la otra. El antiguo sistema de balance of powers parecía menos trágico, pero s6lo se consiguió en determinados momentos de la historia.
EQUILIBRIO DEL TERROR
Larga circunstancia histórica, que se desarrolla en el momento en que la Unión Sovié­tica hace sus primeras pruebas de bombas nucleares después de que los Estados Unidos las hicieron sobre seres humanos en el Japón. Desde el momento en que las armas nucleares son equivalentes en los dos países hegemónicos de cada bloque, en el sentido de que cada uno puede destruir totalmente al otro y ninguno puede detener un ataque, la guerra se hace imposible: es el equilibrio del terror y su «necesidad objetiva», como dijo Jruschov, es la coexistencia pacífica y la continuación del enfrentamiento por otros medios, preferentemente de orden ideológico y económico. La consecuencia inmediata de esta adquisición fue la de una reducción mutua de armamento, conservando de todas maneras el equilibrio. Aunque se hicieron ciertos progresos teóricos en este sentido ─como las reuniones SALT o conversaciones para la limitación de armas estratégicas─, la realidad es que el equilibrio siguió realizándose a la alza, es decir, mediante la multiplicación continua del poder nuclear, y las limitaciones reales sólo se hicieron contra el resto del mundo (acuerdos llamados de «antiproliferación» del arma ató­mica, por el tratado de Moscú), de forma que cabe la pregunta de contra quién piensan utilizarse en el futuro dichas armas: si no son para una guerra entre los dos bloques, podrán serlo para una guerra contra otros países, toda vez que Rusia y otras repúblicas de la antigua Unión conservan parte de esas armas. El equilibrio del terror es una frustración. La renuncia a la supremacía de armamentos ha obligado al mundo dirigido por los Estados Unidos a renunciar a una buena parte del imperialismo emprendido, y a la Unión Soviética al ideario de la revolución mundial. Esta frustración se reflejó en la Unión Soviética en un estado perpetuo de crisis, que tuvo que decidirse por reducir los gastos de consumo, y por lo tanto los de mejora del individuo, hasta perder la guerra fría: el equilibrio no se rompió por las armas, sino por la forma de vida que resultó favorable al sistema capitalista. El mundo no ha aprendido aún a resolver sus problemas por vía pacífica, de modo que la ausencia de guerra mientras los conflictos menores continúan existiendo causa en gran parte la confusión propia de la época.
ESCALADA
El término pertenece sobre todo al vocabulario de la estrategia militar, y parece relegado ya al estudio histórico; pero sus respuestas y sus causas pueden ser políticas. La idea de escalada ha ido más allá de su significado y se emplea en movimientos puramente polí­ticos. El concepto, acufiado por los militares americanos de la estrategia por computador, es el de una gradación en las presiones propias y en las respuestas a las presiones del enemigo. Un determinado orden de «peldaños» puede clasificar todas las operaciones militares concebibles y toda clase de respuestas a esas operaciones militares. Pretende ser una garantía de paz posible, puesto que, en lugar de acudir a la guerra total en un casus belli, se aplicaría la respuesta pertinente y no se iría más allá salvo en el caso de que el enemigo respondiera a su vez con otro avance en la escalada. Un elemento muy importante es el del margen de credibilidad: una amenaza de aplicar la escalada debe ser creída, y no considerada como una baladronada (término también muy utilizado en la teoría de la escalada). El paso máximo previsto es el de la guerra nuclear total, y toda la teoría está basada en ese culmen; sin la posibilidad de la destrucción masiva originada por la explosión nuclear, y sin el riesgo de destrucción mutua de los dos adversarios, que por lo tanto han de medir sus pasos antes de llegar a la última posición, no tendría sentido la escalada. Hay, sin embargo, una negación: cuando China consideraba la bomba atómica como «un tigre de papel», venía a indicar que un ataque nuclear sobre sus centros principales no conseguiría la victoria final, puesto que la enorme población china, por una parte, y la capacidad para desarrollar la revolución mundial, por otra, podrían superar el empleo de la destrucción en masa. La escalada ha sido empleada por los Estados Unidos en el Vietnam, con un fracaso absoluto en su aplicación local: puede decirse que ha sido el final de esa doctrina. La gradación que fue desde las amenazas y advertencias y el envío de dinero, armas y «consejeros» a Vietnam del Sur hasta el envío de un cuerpo expedicionario de más de medio millón de soldados, los grandes bombardeos, la extensión de la guerra a países vecinos terminó con la retirada y el abandono de los objetivos previstos, y condujo a una situación de marasmo el interior de la sociedad de Estados Unidos, al mismo tiempo que a un crecimiento del desprestigio internacional. Ello ha sido por no tener en cuenta todos los desarrollos políticos de la escalada, desde la noción de guerra injusta a la capacidad combativa de un pueblo acosado en ciertas condiciones, y por la dificultad de aplicar el juego de la guerra tecnológica frente al de la guerra popular (llamada subversiva en una torsión semántica); también se ha podido comprobar que la gradación de la escalada permitía al adversario meditar y cambiar de manera imprevisible sus respuestas, y actuaba en forma de vacuna. Habría que considerar, sin embargo, el tema del Vietnam como un episodio en un enfrentamiento mayor, el de Estados Unidos, la URSS y China para saber cuáles son todos sus aspectos. Es decir, de qué manera la acción de Estados Unidos en Vietnam ha influido en la coexistencia pacífica y el desarrollo de la etapa de negociación política. Si por una parte los Estados Unidos han podido dar una sensación de firmeza,
ampliando su margen de credibilidad en la defensa de ciertos límites o de ciertas fronteras, de ciertas zonas de influencia, han podido darla también de fragilidad con su impotencia para dominar la zona del conflicto. No se trata aquí de ahondar en este tema, sino de ponerlo como ejemplo general de la noción de escalada y de su alcance, lo cual puede ilustrar su empleo en política nacional e internacional. En todo caso, la primera vez que se ha utilizado la escalada en una guerra real condujo a su pérdida; la reacción fue, muchos años después, la guerra total y masiva de los Estados Unidos contra el lrak («guerra del Golfo»), dirigida por los generales Powell y Schwarzkopf, que cayó de una vez y como un mazazo contra el enemigo prácticamente inexistente.
ESCAÑO
Trono del diputado, del senador; o del miembro en los concejos municipales o autonómicos. El escaño es el asiento al que el electo tiene derecho en cualquiera de las cámaras. Según su etimología latina, el escaño es un banco con respaldo y capacidad para varias personas: es, en efecto, la disposición que adoptan los escaños en el Parlamento. El «banco azul», del color de su tapicería, es el del Gobierno. La presidencia y la «mesa» están en un lugar central, elevado generalmente: a su izquierda están los partidos más progresistas y a su derecha los conservadores o partidarios del antiguo régimen. De esta colocación elegida en la constituyente francesa tras la revolución vienen los nombres de izquierda y derecha, aplicados a actitudes políticas determinadas. Existía entonces la noción de «arriba» y «abajo» (los montagnards, en la Convención, eran los que ocupaban los asientos altos), correspondiendo los puestos elevados a lo que llamaríamos extrema izquierda. Esta noción se ha perdido en las asambleas modernas, en las que las tribunas altas están destinadas al público.
ESCISIÓN
División en dos de una fuerza política, de la que puede salir un partido nuevo. Suele ser consecuencia de una política demasiado cerrada por parte de los que ejercen el mando en esa fuerza, y no reconocen por sistema el valor de las opiniones de la minoría, y es un problema que se produce frecuentemente no sólo en los partidos con vocación monolítica o con mito unitario, sino hasta en aquellos cuyos estatutos tienen una forma democrática. La escisión suele hacerse por la tensión dualista derecha-izquierda (se habla del «ala derecha» o del «ala izquierda» dentro de un mismo partido) y también por el no menos clásico enfrentamiento moderados-extremistas. Desde la dirección del partido se suele acusar de «escisionismo», «fragmentarismo» o «trabajo de división» a los grupos rebeldes, como si en éstos estuviera la voluntad inscrita de proceder a esa escisión, cuando en realidad llegan a ella por lo que consideran un mal menor. Muchos grandes partidos de hoy han nacido de la escisión de otros y, a su vez, son víctimas ellos mismos de la escisión; ningún partido europeo actual, grande o pequeño, se ve libre de ello. La escisión, generalmente considerada como una desgracia para los grupos que la sufren, puede llegar a ser a la larga la fuente principal de un amplio pluralismo político. En la agonía del comunismo, la escisión se convirtió en fragmentación, hasta desaparecer. Un fenómeno relativamente nuevo es el de las escisiones en partidos gobernantes, como fue el de la Unión de Centro Democrático en la transición hacia la democracia y el del Partido Socialista Obrero Español a partir de sus primeros diez años de gobierno.
ESCRUTINIO
Recuento y análisis de los votos (en algunos países, escrutinio es sinónimo de elección). Se utilizan numerosísimos sistemas: proporcional, preferencial, de lista única, uninominal, en uno o en dos turnos. Se aplican también correctivos matemáticos para calcular las proporciones atribuibles a cada partido (en España, la regla d’Hondt, del nombre de un matemático con excesivo entusiasmo por la política), generalmente con objeto de hacer más homogénea la representación en el Parlamento y reducir la presencia de grupos menores. La forma de las elecciones y la contabilidad del escrutinio son trascendentales para la verdadera representación de la opinión pú­blica.
ESCUCHAS
Suele ir seguida por la calificación de «telefónicas», porque fueron las primeras en advertirse. La nueva línea de teléfonos inalámbricos ha dado toda clase de facilidades a esa forma de escuchas, que son ilegales a menos que sean ordenadas por el juez, pero que se practican cada vez más y encuentran poco castigo, aunque en los tribunales muchas veces rechazan como pruebas las cintas grabadas sin autorización. Docenas de maneras de escucha por micrófonos ocultos o por otros conductos están al alcance de cualquiera, como la violación de correspondencia ─que fue el delito precedente─ o la tomade fotos clandestinas: todo ello afecta a la intimidad y se consideran delitos contra ella, aunque existe en nuestra sociedad la paradoja de que ciertas conductas que están toleradas y admitidas pueden producir escándalo si se hacen públicas y afectan a personas de actividad política. En Gran Bretaña y en Estados Unidos, países donde quedan residuos del puritanismo agotado, algunos políticos han perdido sus puestos por el descubrimiento de sus relaciones sentimentales o sexuales (suelen confundirse los dos términos) hasta el punto de que ha alcanzado a la familia real inglesa. No es difícil de colocar trampas previas para producir esas conductas y luego poderlas denunciar. La solución estará en que la sociedad sea algo más que permisiva o tolerante: que no considere faltas sociales lo que no es delito.
ESTADO
Abstracción imaginaria, de uso común, por la que se supone que existe una fuerza cohesiva que reúne un pueblo o un grupo de pueblos y que dispone las normas de convivencia mediante una Constitución o unas leyes fundamentales; sus variaciones a lo largo de la historia y de la geografía, las distintas formas en que aparece y se manifiesta, hacen imposible una definición concreta, por lo cual tales definiciones abundan. Cabe aceptar que la noción de estado es puramente abstracta, porque pueda tratarse de una esencia que simplemente informa la organización de una nación, de modo que para definir el estado haya que precisar cuál es su forma y cuál es su momento. Su propia etimología latina y su carga semántica indican que se trata de una situación, una estación, aspecto, suerte, condición, circunstancia; el estado, en el diccionario, como primera acepción, es la «situación en que está una persona o cosa y en especial cada uno de los modos de ser de una persona o cosa sujeta a cambios que influyen en su condición». La confusión aparece porque cada nuevo estado en cualquier nación se considera depositario de fuerzas inmanentes y eternas y su único definidor; y desea aparecer con un carácter de permanencia y de eternidad; difícilmente se compadecen estas nociones adversas de transitorio y permanente, de situacional y de eterno. Las confusiones se acrecientan cuando se compara la noción de estado con la de otras nociones políticas: gobierno, poder, sistema. ¿Lo engloba todo el estado o son fuerzas distintas? ¿Son paralelas o son opuestas? Un considerable misterio envuelve sus relaciones. Una vez más, hay que referirse a situaciones concretas. En un determinado país, una misma persona puede ser jefe de Estado y jefe de Gobierno; en otro, las dos aparentes cúspides del poder pueden estar ocupadas por dos personas distintas, y pueden elevar su distinción hasta la enemistad política, lo cual significa que tendrán distintas formas de considerar el todo nacional y sus objetivos, y llegar a una forma de convivencia o coexistencia, o «cohabitación», segúr.t el término francés que define la situación en que el jefe del Estado, presidente de la República electo, con amplios poderes constitucionales, tiene que actuar con un gobierno cuyo presidente es de la oposición. La confusión crece cuando vemos que en algunos países, como Espafia, el jefe de Estado, aun siendo el «primer magistrado de la nación» o incluso el «monarca» (con evidente contradicción con la etimología de su título) carecen de poder, relativa o absolutamente, en comparación con el jefe de Gobierno, mientras que en otros, presidencialistas, autocráticos, dictatoriales, absolutistas, aun con enormes diferencias entre sí, el poder supremo anida en el jefe del Estado. Vemos ya que la noción de estado encarna en una persona, en dos, y puede ampliarse enormemente, hasta alcanzar a todo el pueblo. La fórmula de Luis XIV era «El Estado soy yo», frase que no resultaba nada exagerada ni ilusoria, porque realmente en su real persona incorporaba la religión (la gracia de Dios como origen de su poder; generalmente adoptada en los países islámicos, donde el rey suele ser el «imán de los creyentes»), la tradición (por línea dinástica) y la fuerza total, con el poder absoluto de tomar decisiones y llevarlas a cabo; mientras que en una democracia ideal el Estado lo define la voluntad del pueblo en las urnas. Entonces el Estado resulta ser la opinión con posibilidades ejecutivas de un cierto número de personas, que pueden ir desde uno al absoluto, sobre las demás o sobre sí misma. La
definición seguirá siendo incompleta o insatisfactoria, por parcial, y porque, además, sigue remitiéndonos a situaciones concretas, a estados concretos. Por lo tanto, parece que el Estado es una fuerza, de naturaleza y forma variables, sólo completamente definible según sus manifestaciones, con tendencia a la autocratización, revestido de características abstractas y metafísicas que varían también según sus formas, pero que tienden siempre a estar por encima de estas vías, de la comunidad sobre la que tal fuerza se ejerce, para arrogarse su representación total ante cada uno de sus miembros y ante el exterior.
ESTADO DE DERECHO
Aquel que se conforma y constituye con arreglo a normas jurídicas que le son anteriores o que mantiene un poder judicial y un poder legislativo que, siendo independientes entre sí, lo son también del ejecutivo. En la práctica, es simplemente una expresión enfática, simple sinónimo de Estado, puesto que la totalidad del Estado incorpora los tres poderes, sean o no independientes entre sí, y la adaptación de Estado y derecho viene a resultar recíproca. Estando la legalidad en manos del poder, lo está también la escritura del derecho.
ESTADO POLICÍA
Forma de las dictaduras: aquella por la cual el ciudadano está o se siente vigilado -a veces, basta con el temor- en todas sus actitudes, por si faltara a un cúmulo de leyes o disposiciones, órdenes o indicaciones de las diversas autoridades. Una de las aproximaciones de las democracias a este tipo de regímenes es la abundancia de ficheros, constatación de datos o archivos en que puede figurar, imaginando uno central, en poder del Ministerio del Interior, donde constan desde su ADN y sus claves genéticas hasta sus formas de sexualidad o los considerados vicios, incluyendo el tabaco o el alcohol. En un funcionamiento perfecto de estos datos, el ciudadano que se denunciaría a s{ mismo cumplimentando continuamente los impresos se vería seleccionado negativamente para ciertos trabajos o cargos; no sólo a los puestos públicos o del Estado, sino de las empresas privadas. La extensión del sistema informático de policía podría extenderse a otros países afines o correlacionados: los ministros de Interior de la Comunidad Europea tratan de poner en marcha este fichero común para que la apenura de fronteras entre ellos y la libre circulación de personas esté vigilada incesantemente. En él han de figurar no sólo los ciudadanos del país o de la Comunidad, sino quienes se establecen en ellos procedentes de otras zonas y pueden ser expulsados.
ESTADO-PROVIDENCIA
Ficción por la cual se luchó por un estado capaz de nivelar las clases y subvenir a las necesidades de los pobres, y de los trabajadores o sin trabajo, mediante un mecanismo de redistribución de la riqueza que alcanzase la medicina gratuita para todos, las pensiones suficientes para los jubilados, las de subsistencia para los mendigos. No es posible negar que en la mayor parte de los países de Occidente, en mayor o menor medida, se ha logrado mucho en esos sentidos, independientemente del régimen que tuviera; pero en la actualidad, las crisis económicas y el regreso del capitalismo salvaje, sin muros de contención, va haciendo desaparecer muchas de estas ayudas o reduciéndolas (menos medicamentos, ninguna prótesis, lista de espera en las operaciones, pensiones de crecimiento más limitado, limitación de los subsidios al paro) en espera de que la tensión social que no puedan reprimir las fuerzas del orden especializadas, o el miedo a la pérdida mayor de votos, limite este desgaste. A fin de siglo, los economistas y los politólogos dan por acabado el Estado-providencia, que tuvo sus modelos en Suecia y otros países escandinavos. El socialismo democrático, o socialdemocracia, que llegó a crear esos estados o que luchó en vanguardia de las revoluciones, ha renunciado a esos propósitos.
ESTALINISMO
Teóricamente, el uso del poder de Gobierno en la URSS por Stalin, continuador de la obra de Lenin y Marx; podría haberse dicho «marxismo-leninismo-estalinismo» en esta época de la historia, y los escritos, discursos y normas de Stalin constituyeron, en realidad, un cuerpo de doctrina. Se puede resumir esa doctrina en la entrega del poder absoluto y del culto a la personalidad del secretario general del Partido Comunista de la Unión Soviética en el momento en que éste era Stalin; como la ejerció con dureza y represión; extendió el uso de la pena de muerte por razones políticas, entre ellas el «desviacionismo» o formas de pretender una manera de poder distinta de la suya; como abrió campos de concentración, cuya brutalidad se define paralela a la de los nazis, aunque sin finalidad de exterminio, se extiende el término «estalinismo» a una forma criminal de la política, lo cual es de una gran utilidad para, una vez extinguido el comunismo, acusar al enemigo de «estalinista», o sea, de fanático, intolerante y asesino. Hay que recordar que durante la guerra mundial todos los países democráticos fueron estalinistas, por alianza con la Unión Soviética, y la opinión pública de esos países admiraba a Stalin tanto como a Roosevelt y a Churchill por su resistencia al nazismo; y eran sólo los nazis los que denunciaban a Stalin (después de haber contribuido al culto a su personalidad durante el pacto germano-soviético); sobre todo cuando, al final de la guerra perdida, trataban de volver la opinión del mundo democrático contra la URSS y proponían una alianza anticomunista. El estalinismo fue especialmente definido por su sucesor en la secretaría general del partido, Jruschov, durante el XX Congreso, para defender la política de coexistencia con los Estados Unidos y para iniciar reformas en el comunismo soviético, que fueron de gran valor en cuanto a la reducción de las presiones y coacciones sobre el pueblo.
ETNIA
Raza. El concepto de etnia apareció como sustituto cuando el racismo se convirtió en peyorativo, y por consecuencia el término de raza, pero había que utilizar uno que indicara las diferencias físicas, culturales, religiosas, etcétera, de un grupo determinado de la sociedad humana. Se entiende de esta manera que etnia es un grupo diferenciado claramente de otros que son sus vecinos, pero sin que por ello se entienda relación de inferioridad o de superioridad. A pesar de este subterfugio tecnocrá­tico, el racismo sigue existiendo y ataca a las razas que conviene dentro de un país. Puede haber un fuerte movimiento antiárabe en un país determinado, que afecta a los emigrantes de esa raza; mientras al mismo tiempo sirve, halaga y atrae para su implantación a los árabes que representan fuerzas importantes de capital o de Estado.
EUROPEÍSMO
Concepto vago que va desde la aspiración hegemónica de algunas naciones en momentos de poderío histórico -la Francia napoleónica, la Alemania del káiser o de Hitler- de dominar el continente hasta fórmulas económicas como las del Mercado Común, hasta llegar a la Comunidad Económica Europea y su culminación teórica en el tratado de Maastricht. En principio se trataba de crear en Europa una tercera fuerza entre Estados Unidos y la URSS (idea del general De Gaulle), pasando por filosofías culturalistas y racistas que suponen que Europa es la cuna de la sabiduría, que ha expandido por el mundo. Siendo tan variada la historia de Europa y las ideologías que ha emitido, hay un número inimaginable de europeísmos, desde los que se proclaman herederos de las fórmulas cerradas del imperio romano o de Carlomagno o d la Europa de los castillos y las catedrales, hasta los que la consideran en la línea de la democracia griega y la Revolución francesa, cuna de las libertades, de la democracia y los derechos del hombre. En la época contemporánea la idea de unificación o mancomunidad de Europa se inició como arma de guerra fría: se refería a los países europeos no comunistas, reunidos en entidad económica productiva (la Europa del carbón
y del acero, la Euratom, etc.), con algunas premisas ideológicas y una integración militar en la OTAN. Al ir evolucionando la guerra fría hacia su final, fue estableciéndose ya contacto con la «otra» Europa, por la Conferencia de Seguridad y Cooperación en Europa (reunida en 1973 en Helsinki), y se pensó en una organización política común, con un Parlamento ahora sin mucha capacidad de decisiones, pero elegido por votación en todos los países y con representantes de todos los partidos políticos. Los comunistas, que eran hostiles al nuevo europeísmo por su carácter de organización de guerra fría, comenzaron a considerar su representación en ese Parlamento y llegaron a tenerla; pero su desmoronamiento también en los países democráticos les ha privado de toda importancia. Si se considera la tendencia milenaria del hombre a reunirse en agrupaciones cada vez mayores, como consecuencia del aumento demográfico incesante, puede considerarse que en lo futuro Europa será una sola entidad. Sin embargo, a pesar de sus progresos teóricos, todavía es una ideología en marcha: precisamente la suma de nuevos países a la Comunidad y la aspiración de otros ha hecho que las diferencias económicas sean demasiado grandes como para obviarlas; y la fuerza comercial de los Estados Unidos y del Japón no parecen decididas a permitir la apertura de una forma diferente en el seno de los países desarrollados. La forma en que a fin de siglo se constituye o se trata de constituir el europeismo en una gran unidad tiende más hacia formas capitalistas, que han sido facilitadas por la destrucción del comunismo y el sistema soviético, que hacia las obreras, una vez reducida la importancia de la
fuerza del trabajo por la anulación de la mano de obra y el número de obreros en equipo. Por ello hay resistencias a veces muy duras en varios sectores: la pesca, la agricultura, el pequefio comercio. Pueden agudizarse más.
EXCEPCIÓN
Temible estado. La proclamación del «estado de excepción» es una invocación a la dictadura, que puede hacerse dentro de los márgenes de la Constitución, por el jefe del Estado o del Gobierno, pero también fuera de ellos. El Parlamento queda disuelto o simplemente suspendido y se gobierna por decretos-leyes: generalmente, se suspenden las garantías ciudadanas (residencia, movilidad, prensa, etc.). Cuando el estado de excepción se adopta dentro de las leyes democráticas, se conservan ciertas formas: cuando no, equivale a un golpe de Estado y puede temerse lo peor. En cualquier caso, el estado de excepción se considera como antidemocrático. En el estado de excepción parte del poder se entrega a la fuerza militar o paramilitar para que vigile el orden, que se considera roto por los subversivos.
EXILIO
Aunque este término suele considerarse como un galicismo sustitutivo de destierro, tiene una matización propia. Se entiende por destierro la aplicación de una pena de extrañamiento, que puede referirse a otra zona o comarca del mismo país, y por un tiempo determinado; por exilio, al destierro provocado por la huida del país propio a un país extranjero, como consecuencia de un ré­ gimen político adverso que no permitiría la libertad, o quizá la vida, de la persona que elige el exilio. Su diferencia con el refugio político es también de matiz: se entiende que el exiliado es un refugiado que se instala por un plazo mayor: el refugiado lo sería momentáneamente, esperando la proximidad de un cambio político o de una amnistía que le permitiese regresar a su país en un plazo breve, mientras que el exiliado no prevé tan próximo a su regreso y busca formas de adaptación al país que le acoge. Por eso, si los refugiados pueden influir en las circunstancias políticas del país que los acoge en situaciones excepcionales ─como los republicanos españoles en la liberación de Francia, o los palestinos en Jordania y en el Líbano─, los exiliados influyen más profundamente en los movimientos culturales, más lentos, y perciben también la cultura del país al que han estado acogidos. Por ejemplo, la profunda huella cultural de los exiliados españoles de 1939 en México, o la importación de ideas culturales francesas de los exiliados de la época de Fernando VII al regresar a España. Al mismo tiempo, pueden mantener una imagen cultural y política del sistema que cayó con ellos, como lo hicieron los gobiernos refugiados en Londres durante la segunda guerra mundial, o como, repitamos, la aportación peculiar a la cultura española de los exiliados en América latina. La noción de tiempo es muy engañosa en esta distinción entre refugio y exilio: hay refugiados que mantienen durante largo tiempo su situación provisional ─los palestinos─ porque sostienen la idea de que la reconquista del territorio es inmediata, y exiliados que regresan mucho antes de lo que esperan. A veces, el exilio puede consumir generaciones enteras, como las de los rusos huidos de su país en 1917; sus herederos comenzaron el regreso hacia los años noventa. En estos años, la noción de refugio político está cambiando profundamente, y países que han sido sus defensores en la teoría y en la práctica (Francia fue un ejemplo) están renegando de sus principios. Está en relación con los refugios de masas, fenómenos que se han dado siempre en la historia (la palabra éxodo los representa mejor), pero que ahora, por razones demográficas y por las grandes hambrunas, se convierten en cientos de miles de personas, como sucede en África, o como ha pasado en América con los huidos de Cuba o de Haití hacia Estados Unidos, además de la corriente migratoria favorecida por el hambre. Europa (Comunidad) mantuvo la colonización como una explotación de mano de obra y materias primas baratas; la abandonó cuando esas adquisiciones comenzaron a ser demasiado costosas en relación con otras formas de trabajo, aunque lo revistiera con la forma moral de la descolonización; practicó la colonización a domicilio con las grandes migraciones económicas, que empezaron siendo internas europeas (los países del Sur hacia los del Norte), hasta que también esa mano de obra dejó de interesar al patrono; recibió entonces a sus antiguos colonizados de otros continentes, incluso en una semiclandestinidad que permitía apretar aún más los hierros del trabajo de manutención; cuando continuó realizándose la
sustitución técnica, trata de anular continuamente la condición de refugiado y persigue las inmigraciones; hasta Francia ha reformado el derecho de asilo y los países de la Comunidad Europea reforman sus fronteras físicas y las invisibles (archivos, transmisión de datos, comunidad policiaca) para suprimir el refugio. Un caso especial lo han ofrecido los países comunistas: la emigración de sus obreros hacia el Oeste no puede ampararse en el asilo político, porque no hay motivos para ello y si, al principio, sus técnicos y trabajadores especialistas podían ofrecer un trabajo técnico a buen precio, pronto se ha visto que las técnicas son muy diferentes y su concepto del trabajo, también. Ciertos exilios se han ofrecido a países a los que por razones políticas se trata de ayudar (Bosnia, por Europa; Cuba, por Estados Unidos) pero siempre con grandes limitaciones.
EXPANSIONISMO
El expansionismo se aplica a la polí­tica de un Estado que tiende a conquistar nuevos territorios, y está muy estrechamente ligado con el anexionismo, aunque con el matiz de que la anexión implica que el territorio así ganado pasa a formar parte del mismo Estado, mientras que en el expansionismo puede aparecer bajo otras fórmulas: protectorado, colonia, fideicomiso, arrendamiento. Ha sido una forma del imperialismo, pero posteriormente se ha distinguido de éste en que el imperialismo puede actuar por influencias invisibles de tipo económico o policiaco, mientras que el expansionismo implica necesariamente la ocupación de territorios, y en que puede ser ejercido por países pequefíos sin verdadera capacidad imperial sobre otro territorio más débil. Como muchos términos políticos, está en desuso y en desprestigio desde que lo utilizó Hitler, incluso específicamente condenado por las instituciones internacionales; pero, como suele suceder también con otros vocablos malditos, su espíritu sigue vigente y su práctica no ha cesado.
EXPRESIÓN
Libertad básica en la democracia: cada uno puede expresar sus propias ideas sin limitación, en virtud del axioma de que «el pensamiento no delinque». La declaración de Derechos del Hombre y del Ciudadano de 1789 dice en su artículo XI: «La libre comunicación de pensamientos y opiniones es uno de los derechos más preciosos del hombre.» En la práctica, las limitaciones son continuas, y una de las formas de medir la democracia es la de considerar, de más a menos, el estado de la libertad de expresión. Ciertos delitos, como el de «apología del terrorismo», en Espafía, pueden llegar a vulnerar la libertad de expresión.
EXTREMISMOS
Término peyorativo (nunca se define nadie como extremista) para acusar a aquellos, de la derecha o de la izquierda, que buscan o desean un cambio total de la sociedad. Se los suele combatir y reprimir, y ello es ilegal: un extremista sólo es peligroso para un Estado constituido y para la expresión y voluntad de la mayoría cuando acude o busca soluciones de fuerza, lo cual no es simultáneo. El extremista, generalmente, se sale de un pacto social entre fuerzas de la derecha y de la izquierda, y es castigado por ambas.
Portada del libro de Eduardo Haro Tecglen«Éste es un diccionario de uso para el entendimiento y la divulgación de la terminología política; poco apoyado en autoridades inscritas, extraído de la costumbre de escribir de estos asuntos durante más de medio siglo de interrogarme a mí mismo sobre el verdadero significado de lo que se está usando. Y unos puntos de vista que muchas veces son estrictamente personales, y deseo que se note que no son más que eso: una opinión al paso de un discurso general. El ánimo de hacerlo, la lucha contra la entropía que también padece el ser humano (mar, aún, que nadie: el envejecimiento es la mayor entropía y el mayor consumo de algo vivo que se conoce) está, además de en el estímulo de la editorial, en el hecho de que el primer Diccionario que escribí conoció muchas ediciones y fue frecuentemente citado, pero que ya está afuera de circulación. Y, en fin, que se trata de mi trabajo, y tengo que seguir trabajando hasta el final.»”