14/04/2024

Definiciones políticas: A

La política destroza aquello que trate de contenerla, incluso a los hombres. Sobre todo, a los hombres. Se destroza a sí misma. La política es posterior a los hechos que trata de comprender, o que trata de apresar, de capturar. Recordad que la primera edición de este diccionario fue en 1974 y todas las definiciones siguen vigentes, solo que cambian las personas, los hechos y los países. Una verdadera pena.

ABORTO
La cuestión del derecho al aborto forma parte de la actualidad política de nuestro tiempo: la derecha es contraria, por entender que el nasciturus, o ser engendrado, es portador de vida y la vida viene de Dios y, en todo caso, hay que protegerla, y la izquierda, que duda de la existencia de la humanidad en el feto, considera que la mujer tiene derecho a su propio cuerpo y, por lo tanto, a interrumpir su embarazo cuando lo desee. El derecho al aborto está dentro de los catecismos anarquistas, pero todos los demás grupos políticos o sociales se han opuesto a él hasta muy recientemente: la natalidad formaba parte de los grandes planes nacionales (mano de obra barata, concurrencia en los puestos de trabajo, ejércitos nutridos, colonización es de otros países) con más fuerza aún que la que tiene hoy el deseo de reducción demográfica (en lo que también hay una oposición derecha, contraria, izquierda, favorable). Hay pensamientos de izquierda, incluso feministas, que no desean el aborto, aunque si su despenalización: pretenden una sociedad en que se difundan los anticonceptivos y donde, en cualquier caso, la madre soltera no sea discriminada en ningún caso, sino ayudada por la sociedad. En torno a estas ideas se mueve millones de votos en el mundo entero.
ABSENTISMO
Falta de asiduidad en la función de que se es titular; en las asambleas, congresos o parlamentos. Muchos diputados o representantes practicar el absentismo, o sea la ausencia de aquellos debates por los que no están directamente afectados. Suelen acusarse así a los parlamentarios centristas de una corrupción en las costumbres democráticas al desinteresarse de discusiones o proyectos de ley que interesan al conjunto de la nación; en realidad, el absentismo es un efecto y no una causa —similar al abstencionismo electoral—: cuando se sabe que un proyecto de ley o una reforma están decididos de antemano, el que sabe que su palabra votos serán inútiles, los ahorra. Las leyes electorales de listas cerradas y la falta de democracia interna en los partidos priva de interés la opinión de los diputados que votan en bloque (disciplina de voto) y ello disminuye su presencia en el parlamento. La opinión pública considera no tolerable el absentismo. En España, el término absentismo fue concretamente aplicado a los propietarios agrícolas que recibían lejos del lugar de sus bienes y se limitaban a recibir sus rentas. Se atribuye el retraso agrícola de nuestro país a esta ausencia, a ese desinterés de los propietarios. Fue, en realidad, una consecuencia directa de la reconquista, que repartió tierras como premios; y el absolutismo, más tarde, obligó a los feudales estar próximos a la corte para evitar caer en desgracia, con lo que los alejó de sus propiedades, de un gigantismo que les permitía vivir ampliamente de sus rentas sin necesidad de ejercer un trabajo o una vigilancia discreta, aun consintiendo en la pérdida de beneficios que quedaban en manos de los intermediarios encargados de la administración y explotación de las tierras. Sin embargo, las reformas agrarias que han intentado poner estas extensiones de tierra en manos de personas que las exploten han sido siempre acogidas con reacciones de violencia.
ABSOLUTISMO
Un poder o un gobierno absoluto, que ejerce el absolutismo, es aquel en que todos los mecanismos de mando y dirección se encuentran en manos de una sola persona o un solo grupo, sin limitaciones: el absolutismo tiene un gran número de vocablos afines, lo cual demuestra su extensión en el tiempo y en el espacio: autocracia, tiranía, dictadura, despotismo, cesarismo. En su forma más pura, excluye la falta de representatividad del gobernado por medio de votaciones o de cualquier otra forma de participación en la administración pública, y podría ilustrarse por la concisa y exacta frase de Luis XIV: «El Estado soy yo». Federico de Prusia, Catalina de Rusia acompañaron a Luis XIV en la gran época del absolutismo europeo en que España se une por antonomasia a la segunda parte del reinado de Fernando VII cuando, al regresar del exilio de Francia, abolió la constitución de 1812 y la obra legislativa de las Cortes de Cádiz. La idea de que «todo poder viene de Dios» (que hoy se mantienen los regímenes islámicos integristas) ha justificado el absolutismo por derecho divino, y los reyes como advenidos «por la gracia de Dios». En el emplazamiento histórico de su aparición está considerado como un valor positivo para los gobernados, en el sentido de que la concentración de poder en un monarca absoluto venía terminar con el feudalismo, que era en realidad un micropoder absolutista. El monarca así considerado absoluto no lo era, en realidad, tanto: necesitaba de la ayuda de los gobernados para evitar el renacimiento de los privilegios de los señores y, por lo tanto, gobernaba favoreciendo a aquellos contra los abusos de éstos, lo que daba a la situación una apariencia de justicia y libertad, reflejada en las abundantes obras literarias de la época de transición en España (Fuenteovejuna; El mejor alcalde, el Rey; Del Rey abajo, ninguno). Pero poco a poco el poder absoluto fue perfeccionando sus instrumentos de dominio, los feudales comprendieron que la última defensa de sus privilegios podía estar en agruparse junto al absolutista y no contra él —la corte—, y el absolutismo perdió definitivamente su primera imagen para convertirse en nefasto. Ha buscado instrumentalización en refinadas para justificarse, como «el despotismo ilustrado». Las revoluciones populares y burguesas fueron a acabar en el núcleo central europeo con el absolutismo, pero jamás ha cesado de reaparecer, aunque con otros nombres: el totalitarismo es uno de los más recientes. Los fascismos o los estalinismos de la primera mitad del siglo XX son los más visibles ejemplos de totalitarismo; el Mussolini a siempre raggione del fascismo italiano no tiene nada que envidiar a la frase de Luis XIV, a no ser en el vigor literario de la expresión. Las persistentes tiranías de Hispanoamérica, Asia y África son ejemplos sin disfraz de formas del absolutismo que muchas veces utilizan el uniforme característico de la democracia (parlamentos, elecciones, etc.); Continúan las formas de poder absoluto de la colonización en las que el grupo minoritario colonizador lo ejercía sobre el indígena y por las mismas falsas razones de los absolutismo se históricos: la alegación de falta de capacidad del así gobernado para elegir su propio bien y el bien común. Todo poder, todo gobierno, todo gobernante, tiende, consciente y a veces sus concientemente, a ejercer el absolutismo. Cuando parte de una buena fe (lo cual, a veces, sucede) estima que su propia genialidad, su capacidad de acción, el cuerpo de doctrina que le inspira es imperceptible, y que, si alguna posibilidad hubiera de perfeccionarlos, el mismo la asumiría con más facilidad y mayor eficacia que cualquier otro. Por consiguiente, es muy proclive a identificar con el Mal o con el Error todo aquello que tienda a limitar su capacidad de realidad, la suya o la del grupo que le sostiene, no responde a la necesidad diversificado la del Estado. Una de sus frases predilectas: «Todo poder corrompe, todo poder absoluto corrompe absolutamente» (Lord Acton). El término absolutismo esta hoy desprestigiados y ha caído en desuso.: No así su contenido, que, bajo muy diversas formas, desde las invisibles hasta las ostensibles, no ha cesado nunca de ejercerse.
ABSTENCIONISMO
La obtención de un ciudadano en una votación es una omisión que puede tener muy diversas causas, desde la imposibilidad física de acudir a los comicios hasta la indiferencia o falta de estímulo para votar por razones de apoliticismo; es también una libertad de no participar en los asuntos de Gobierno y Estado o de algunos de ellos en concreto; el abstencionismo, como movimiento, es una acción política que entraña una repulsa hacia el sistema electoral en sí o hacia la forma, el objeto y la organización de unas elecciones o de cualquier otra llamada a la participación, aunque puede ser también una forma de castigo al gobierno instalado sin favorecer directamente a cualquier oposición. El sufragio es un derecho, generalmente confundido con un deber, hasta el punto que en algunos estados democráticos la abstención está penada con pequeñas multas o con dificultades para obtener otros derechos cívicos ─para los que hay que presentar la «papeleta de votación»─ y en los no democráticos se llega a ejercer coacciones más o menos graves sobre los ciudadanos para tenerlo que se llama «participación masiva del electorado», haciendo así ya manifiesto la propia autoridad convocante que no hay más que dos opciones, votar o no votar, puesto que el resultado está decidido de antemano, como en las elecciones de candidato o de partido único. Puede ser, por lo tanto, un movimiento organizado y deliberado, y algunos partidos extraparlamentarios realizan propaganda mural o de cualquier medio su alcance para recomendar la abstención. El abstencionismo es por lo tanto, igualmente sospechoso en países de democracia de participación directa ─que consideran el voto como ligado al mito del civismo y la ciudadanía─, como en los países totalitarios que practican algún modo de elección, donde está visto como una forma posible de oposición o de denuncias de las elecciones; debe, sin embargo, llegar a ser considerado como un derecho básico del hombre. El voto en blanco es una manera menor del abstencionismo, considerablemente ambigua. En unas elecciones determinadas, los votos en blanco serán considerados por un bando, abstencionista; por otro, como participantes que confían en el poder u organizador de las elecciones. La tendencia al abstencionismo es creciente en casi todo el mundo occidental, cómo reaccionan a la escasa diversificación de las opciones políticas presentadas al electorado. Casi todos los países de este grupo se ha cambiado la tradicional fecha de las relaciones, que era domingo, por un día central de la semana, con objeto de evitar las abstenciones del fin de semana, que por afectar a los más privilegiados podían de favorecer a las agrupaciones de derecha. El primer dato que se conoce de unas elecciones es el de la abstención/participación, obtenido de restar el número de votantes del número de censados inscritos (hay países donde para votar es necesario inscribirse previamente en cada elección), y suele interpretarse de manera distinta por cada grupo político.
ABSURDO
Proceso degenerativo de doctrinas, ideologías e instituciones políticas que les hace mantener premisas y obligaciones que no corresponden a las necesidades de la vida cotidiana, y aún las contradicen. Procede de la literatura, aproximadamente de la época de la guerra civil española (Albert Camus) y se extiende en la posguerra mundial (Sartre, Ionesco, Becket) como denuncia de un distanciamiento cada vez mayor entre la vida y la ley: se ha hablado algunas veces de la distancia entre el «país real» y «país político» para señalar esa diferencia. Para comprender el desarrollo de este absurdo hay que advertir que doctrinas, ideologías e instituciones están siempre fundadas sobre el principio triunfalista de la perfección y se resisten, por lo tanto, a cualquier revisión; simultáneamente, una dinámica de vida modifica continuamente la constitución de las sociedades, sus creencias, sus necesidades y sus obligaciones. La aplicación de las legislaciones antiguas a las sociedades modernas da a los ciudadanos la sensación de estar viviendo en el absurdo o fuera de la realidad y les produce un estado de rebelión metafísica. Un ejemplo posible es el de la composición de las sociedades por grupos de edades que, relativamente invariable durante siglos, ha sufrido recientemente cambios radicales como consecuencia de los avances de la medicina, la cirugía y la profilaxis, pero en muchas sociedades no han cesado las legislaciones antiguas —edad de votar, presión senatorial de la juventud, edad de jubilación, etc.— Y se han producido motines y desórdenes, además de una pérdida considerable en el esfuerzo colectivo. La multiplicación geométrica de la ciencia y la tecnología incluso en las ciencias humanas, como en las cuestiones de ingeniería genética o, más simple pero también más abundante, los nuevos conceptos de fuerza física de trabajo dejan perplejos a gobernantes, moralistas y ciudadanos. Como el absurdo engendra el absurdo al cuadrado, los dominante no suelen reconocer la verdadera causa del problema, lo atribuyen a orígenes a veces disparatados y actúan como si esas causas que inventan y que son en sí incongruentes existiesen realmente, con la confusión acrecentada. Una de las proliferaciones del absurdo consiste en que los titulares y defensores de instituciones, doctrinas e ideologías llegan a advertir claramente la diferencia entre sus fundaciones y la dinámica de vida y, en lugar de corregir aquellas, intentan corregir la vida misma para que entre y cuadre con sus previsiones, creando así un estado de opresión. A veces, la observación se produce en el sentido correcto, y las instituciones intentan cambiar, pero no siempre lo consiguen, porque la presión de principios y dogmas sostenidos durante siglos puede ser enormemente fuerte. Generalmente las reformas o adaptaciones se hacen, cuando es inevitable, por un sistema de apariencias y modas más que de modificación profunda y de fondo, el cual permanece inalterable: el desequilibrio aumenta y el sentido del absurdo también. Estas reformas pueden llegar al magnetismo y la auto colonización, por los cuales una sociedad imita fórmulas y procedimientos de otras del superior desarrollo que no encajan con su propia situación y con su fondo vital; entonces el absurdo se produce en un sentido inverso, pero percibido igualmente por el ciudadano. En una misma sociedad pueden convivir el absurdo por arcaísmo y el absurdo por modernismo, y ejercerse simultáneamente. La denuncia del absurdo ha sido hecha principalmente por la literatura —Kafka y sus sucesores, el «teatro del absurdo» cuyos principales nombres quedaron antes citados— más que por los escritores políticos.
ACCIÓN
Según Hannah Arendt, la acción, expresada como acción recíproca pública entre iguales, es la esencia de la política. En la palabra «iguales» debe aceptarse que cada individuo es único y tiene su propia manera de entender el mundo y la vida, de forma que la acción sería la resultante de esa reciprocidad ejercida por los mismos derechos; pero la entrada continua de seres en la sociedad, la desaparición de otros debe hacer que la política sea continuamente cambiante. La actuación, o la acción, de cada individuo puede y debe modificar la soledad; y cada sociedad, podría decirse, y su acción modificaría las políticas de áreas geográficas y éstas las del mundo. Sin dejar de señalar que la categoría de esta idea es, sobre todo, abstracta, si se puede comprender que las facilidades de comunicación, de información y reacción, nada de lo que sucede en el mundo, aún en lugares lejanos y fuera de cualquier influencia, puede considerarse enteramente ajeno.
ACCIÓN (teoría de la)
Por esta idea se supone que el sociólogo ni puede ni debe ser indiferente al tema y las personas que estudia, puesto que es sujeto y objeto él mismo de la investigación, que realiza con la intención de cambiar las situaciones. Está principalmente admitida en el feminismo (Maggie Humm, diccionario de feminismo teórico — The dictionary of Feminist Teory. Hemel Hmpstead, 1989).
ACCIÓN DIRECTA
Tomada del lenguaje anarquista y sindicalista, la acción directa es la forma de intervenir en la vida pública sin tener en cuenta las instituciones. La gradación de las huelgas, como sistemas de acción directa, van desde la huelga de empresa, de sector, regional o general hasta la «huelga general revolucionaria», o «huelga violenta» (como definición de Sorel) como técnica revolucionaria para el acceso de la clase obrera al poder. La huelga general revolucionaria suele reservarse para contrarrestar la toma de poder por grupos fascistas, o militares; contra golpes de Estado y alteraciones de la situación legal.
ACTIVISMO
En un partido o grupo político, una minoría no se consuela de la falta de tono o de dinamismo de la gran mayoría y trata de forzar la acción de todos para poner en acción el programa común: practica el activismo. En términos políticos procede del alemán latinizado activismus: finales de la Primera Guerra Mundial, para con prometer a los «intelectuales» en la transformación de la política. Provoca reuniones, toma la palabra frecuentemente, se opone a los que predican calma o espera, visita a sus correligionarios en sus domicilios, busca nuevos prosélitos, reparte octavillas, lleva las pancartas en las manifestaciones, entona con fuerza los signos para hacerse seguir por los demás. El activista está aparentemente, y a veces realmente, dispuesto a asumir un papel de redentor, de mártir o de héroe. Es optimista y dogmático. Tiende a creer que el acceso al poder está próximo y que si tardó en producirse es más por la inactividad del sector propio que por la coyuntura o por la fuerza del «enemigo» y teme las discusiones teóricas porque las considera un retraso y porque sospecha que pueden conducir a la desunión y a la entrega. El activista no es necesariamente partidario de la violencia, del terrorismo de la clandestinidad —aunque quienes lo practican sean necesariamente activistas, pero de otro tipo—, sino que suele actuar a la luz pública cuando las circunstancias lo permiten: incluso su propia exaltación es una desventaja para la acción clandestina, porque lo hace enormemente aparente. El activismo es un gran peligro para cualquier partido: la tendencia a la inercia y a la pereza del afiliado deja en manos del activista muchas veces la dirección y la fisionomía del partido a pesar de que su inteligencia, su capacidad de análisis y de estudio de los problemas, su calidad política suele ser muy baja. Generalmente, con su apariencia de vanguardia y de dinámica, constituye una rémora para cualquier trabajo serio de partido. Muchas veces la desesperación de los activistas por lo que consideran inactividad de sus compañeros los lleva a escindirse de ellos y a formar un grupo propio: estos grupos tienden ya a la violencia y al acto llamativo, como consecuencia de que su propia pequeñez, la falta de una base amplia de afiliados y la escasez de programa los hacen conscientes de su imposibilidad de acceso al poder por otros medios. Muchos partidos adoptan el nombre de «acción» (Acción Popular, Acción Francesa, Acción Católica) para tomar esa apariencia de dinamismo y reforma. En crisis nacionales importantes, en estados de desesperación colectiva —opresión o hambre— pueden ser seguidos por masas importantes y su papel se hace extremadamente considerable. El activismo aparece igualmente al en la izquierda y la derecha, es sobre todo, una actitud que no necesariamente se refiere al extremismo, y siquiera a una actitud contraria a la Constitución.
ACULTURACIÓN
Imposición sobre una sociedad, frecuentemente por el colonialismo directo, o por el colonialismo cultural, de datos, conocimientos, hábitos, religiones o costumbres que pertenecen a otra. Los fundamentalistas islámicos luchan contra la aculturación impuesta por Occidente. El ayatolá Jomeini, en Irán, ganó la revolución contra la aculturación producida por los Estados Unidos por medio del sha. No siempre debe considerarse un valor negativo. El Imperio romano, y la denominación árabe, la infiltración judía, la influencia francesa, en la aculturación de las sociedades españolas, produjeron un idioma y una cultura autóctonos.
ADMINISTRACIÓN
Suele utilizarse como sinónimo de actividades del Gobierno, a veces con el mismo Gobierno, sobre todo en países anglosajones: «La administración Clinton». Tiende a despolitizar la gestión gubernamental, convirtiéndola en una administración de las leyes y los bienes públicos. Un sentido más estricto y utilizado —desgraciadamente— en España es el de la administración de sanciones, o la forma coactiva de relaciones del individuo con las autoridades: «sanción administrativa» es aquella que se aplica fuera de las regulaciones del sistema judicial. Se trata de una extensión generalmente deplorable de los poderes punitivos del ejecutivo.
AFILIADO
Cotiza en un partido político, y tiene un carné que le identifica. Puede no ser militante, en el sentido de que no dediquen parte de su jornada o de su trabajo a la defensa y propagación de este (pega de carteles, reparto de candidaturas, asistencia a reuniones de trabajo, etc.), pero tiene derecho asistir los congresos y de votar a los delegados que han de representarle en los consejos regionales o nacionales. Una actitud suya contraría a la ética del partido puede ser considerada suficiente para expulsarle (retirada del carné); su repudio consiste en devolver el carné, o si su desesperación o su vergüenza son mayores, romperlo en público.
AFRIASIATISMO
Terminó relegado a la historia: en 1955 se reunió (en Bandung, Indonesia; el nombre se ha convertido también en emblema) la conferencia de los «despreciados, insultados, desposeídos, oprimidos de la raza humana», según uno de los portavoces; cuarenta años después, su situación ha empeorado. Los países de los dos continentes perdidos se unieron después europeos (Tito, presidente de Yugoslavia) y americanos (Fidel Castro, de Cuba); desde allí se propugnaron las descolonizaciones, y una serie de definiciones, como la del neutralismo, que se realizarían tan imperfectamente que perdieron su sentido. Y el de «tercer mundo», que debía buscar un equilibrio mayor. Hoy, África está a punto de desaparición, destruida por las enfermedades, las sequías endémicas, la devaluación del trabajo y de las materias primas, las guerras tribales y la voracidad de las familias dominantes generalmente colocadas por las metrópolis; el continente asiático gira en torno a China, Taiwán, Japón y las Coreas, mientras el hambre y la guerra dominan el conjunto. La aportación europea ha pasado a la desmembración del país que la sostuvo, Castro ha perdido la guerra y en América la aplicación de democracia a la mayor parte de países no tiene sentido dentro de unas desigualdades de clase abismales, reducidas a veces por actuaciones de fuerzas parapoliciales y paramilitares, o directamente por golpes de Estado.
AGENTE PROVOCADOR
Individuo que finge pertenecer o movimiento, cuando en realidad está al servicio de la fuerza contraria; excita y provoca a la violencia y a la sedición para que puede intervenir la represión de la fuerza pública. Muchas veces el agente provocador no tiene esa doblez, sino que cree servir los intereses de su propio grupo, movimiento partido, radicalizando la situación. La mayor parte de las preces, el agente provocador nos existe; acuden a su mito bien los propios dirigentes políticos que han sido desbordados por la masa, con lo que se ha ocasionado una catástrofe como para eximirse a sí mismo y a sus afiliados del resultado del acción. Otras veces utilizan el término como prevención ─«¡cuidado con los agentes provocadores!»─ cuando organiza una manifestación a una acción de masas y temen que se desvíe hacia la violencia. La fuerza pública es también sensible al agente provocador, que puede ser un individuo o grupo de individuos que los incitan a excederse en la represión; suelen recibir la consigna, antes de entrar en acción, de «no responder a las provocaciones» puesto que, en efecto, la represión sangrienta de un pequeño motín o de un grupo de manifestantes pacíficos puede conducir a una grave alteración del orden público e incluso a una revolución. El agente provocador es, la mayor parte de las veces, en espontáneo, un histérico, un exaltado, que no responde a las características de la doblez y de preparación del suceso que se le atribuye. Como ejemplo del agente provocador pagado por el Gobierno se suele citar al pope Gapón, en la revolución rusa de 1905, que él mismo provocó o adelantó mientras comunicaba al jefe de la policía zarista los movimientos previstos por los revolucionarios.
AGGIORNAMIENTO
Idea esencial del Concilio Vaticano II: octubre de 1962 — diciembre de 1965; una revisión de los principios de la Iglesia Católica para que respondiera a las necesidades contemporáneas mediante una «puesta al día», o aggiornamento de sus instituciones, su gobierno, sus relaciones con las demás iglesias, su entrada en los nuevos problemas sociales y políticos, la ciencia moderna. Muchos sectores integristas sostienen, en contra, que la Iglesia es poseedora de verdades reveladas y de dogmas infalibles y que, por lo tanto, no puede apartarse de su camino tradicional. En muchos. Se ha llegado, sobre todo, soluciones de compromiso. La idea de aggiornamento se ha extendido a sectores y políticas de fuera de la Iglesia y representa una forma más del encuentro clásico entre tradicionales y renovadores, entre conservadores y progresistas. Sin embargo, en la Iglesia de Roma, el concepto, sin anularse, ha vuelto atrás desde la desaparición del del papa Juan XXIII y los Concilios vaticanos; sus sucesores lo han retrocedido hasta extremos máximos de conservadurismo como lo realizado por el papa Karol Wojtyla (Juan Pablo II). El término ha caído en desuso, aunque se utiliza en su aspecto histórico y como metáfora.
AGITADOR
Si el activista se mueve generalmente dentro de su partido o de su grupo, el agitador trabaja directamente sobre las masas, suponiendo las dormidas o inconscientes y tratando, por lo tanto, de llevarlas al terreno de la acción política. Si el agitador puede darse en todas las tendencias políticas, su figura suele relacionarse con el comunismo —el «agitador de masas»— porque éste la oficializó con la creación de su oficina de «Agitación y Propaganda» (Agitpro, en una de las abreviaturas propias del bolchevismo), y efectivamente la agitación está ligada a la propaganda. La idea de agitación sea magnificado especialmente por sus contrarios, atribuyendo a la agitación una especie de violación del estado de inocencia y pureza de la masa, pero invirtiendo la iniciándola hasta hacerla tomar actitudes que realmente no desea y creando, por lo tanto, la figura mítica del agitador, al que se hace aparecer a conveniencia para justificar revueltas o motines. Es una opinión frecuentemente mantenida en España por los liberales de la II República (Ortega, La rebelión de las masas; Marañón, Ensayos liberales) para desprenderse de los que consideraban extremistas. No era éste el contenido que le daba la propia doctrina leninista, que tiende a reducir su papel: «La propaganda por sí sola, la agitación por sí sola no son suficientes», escribía Lenin, que las consideraba una simple fase inicial para que las masas tuvieran conciencia propia de su situación. Es decir, que mientras en el ideario contrarrevolucionario el agitador fuerza a la masa actuar contra su propia voluntad, en el comunista no hace más que «ponerla en situación» para que sea consciente de sus propios problemas. El término agitador no se usa hoy más que en sentido peyorativo, y quienes realizan ese trabajo rechaza el nombre de agitadores. Tampoco es frecuente en Occidente hablar de las «masas», desde que el término se ha convertido en un peyorativo por asimilación a los animales, (rebaño) o lo primitivo (horda) y las exaltación del individualismo.
AGRESIÓN
La comete siempre el otro. Objetivamente, la presión es el ataque armado que realiza un país sobre un territorio de otro, el agresor es quien comienza una guerra. Pero nadie quiere ser asesor en nuestros tiempos, y no sólo por razones de propaganda, sino porque las Naciones Unidas tienden a castigar ─al menos teóricamente─ al agresor los pactos internacionales suelen condicionar la ayuda de un país a otro si es agredido, pero no si es agresor, y los pactos de no agresión entre dos o más países suponen que ninguno de ellos ha de tomar la iniciativa de un conflicto armado: nadie quiere ser agresor. Por lo tanto, que comete una agresión trata siempre de disfrazarla; alude a lo que el otro ─el agredido─ ha venido, en realidad, cometiendo agresiones que no han sido respondidas, indica la existencia de casus belli, defensa de sus ciudadanos amenazados en el otro país o grandes temas abstractos: la defensa de la libertad amenazaba, o una acción a favor de la paz. En esta semántica, ciertas operaciones de guerra se llaman de «pacificación», los ministerios de la guerra en todo el mundo han venido a llamarse de «defensa» y algún ejército se ampara bajo el lema «la paz es nuestro oficio». Y el agresor, por consiguiente, siempre es el otro. La agresión indirecta es un término contemporáneo, por lo cual se entiende que la erupción revolucionaria o las agresiones por parte de otro o de minorías étnicas en un país supone una agresión indirecta a los que se consideran sus aliados; o tienen sus fronteras invisibles, sus zonas de influencias, situadas en él; el Gobierno de Afganistán pidió ayuda a la Unión Soviética para defenderse de las guerrilla y las tribus rebeldes; esta ayuda fue considerada como agresión indirecta por los Estados Unidos, por Pakistán y por los países del Pacto del Sudeste asiático (SEAT). Está en estrecha relación con la nueva teoría permisiva de la intervención, que surgió con el nuevo orden del presidente Bush.
AGRESIÓN INDIRECTA
Término reciente que entra en el «nuevo orden» y el «derecho de intervención». Un país puede sentir la «agresión indirecta» aunque no vaya contra su territorio contra sus intereses y el territorio de un país aliado en términos de defensa mutua, y reaccionar contra ella: Estados Unidos/Naciones Unidas agredidos indirectamente en Kuwait por Irak. Esta agresión no tiene que ser necesariamente realizada por un país o bloque extranjero: puede venir de una subversión interna. Antes se alegaba que esta forma de agresión era causada o sostenida desde el exterior (generalmente, por la Unión Soviética: Afganistán reacciona de una sublevación interna pidiendo ayuda su alianza con la URSS y, cuando ésta acude, el pacto asiático se siente víctima de la agresión indirecta que supone la ayuda soviética al gobierno legal de Afganistán), pero en la actualidad, el cambio considerable del derecho internacional y su vocabulario, fue necesario este subterfugio: se puede intervenir por la agresión indirecta que se supone es una situación determinada: un gobierno de una dictadura que no conviene (Haití) o una guerra civil de la que sufren las poblaciones civiles (Somalia).
AGRESIVIDAD
una idea contemporánea supone que el hombre tiene instintos agresivos, trasmitidos genéticamente: la agresividad innata sería el motor de las guerras, plantearía la dificultad de las relaciones sociales, las revoluciones y la política. Otra escuela, sin negar la existencia del agresividad, culpa de ella a la organización de la sociedad y a la acumulación de la riqueza. La idea general puede encontrarse muy atrás en el tiempo referido en términos de maldad y bondad, en quienes se oponía al hombre «malo por naturaleza» y los que le consideraban «bueno, pero pervertido» y ello, en los siglos XVIII y XIX, nutren los conceptos que serían «derecha» e «izquierda»: quienes creen que el hombre «malo», a partir del pecado original, forman las sociedades represivas, autoritarias y limitadora de la libertad con el evidente propósito de reducir el mar, mientras que la escuela de la bondad —principalmente, a partir de Rousseau— pretende la supresión de coacciones, represiones, castigos y la ampliación de la libertad para que el hombre regrese al estado de su naturaleza «buena». Cierta decadencia de la izquierda intelectual o de la extensión de ese grupo mental se basa en un regreso a las creencias de la maldad natural. Las ideas de Darwin y algunos de sus sucesores parecen favorecer la idea del agresividad innata, al considerar que la evolución de las especies es producto de una selección natural por vías violentas, mediante la «supervivencia del más fuerte» y la «lucha por la vida»; a este ideario —que admite Marx— se responde desde la izquierda —Kropotkin— con la idea del «apoyo mutuo» como contraria a la «lucha por la vida». Freud contribuye a la idea del mal innato con sus ideas sobre el «instinto tanático» o de muerte, del que se derivaría en forma de pulsaciones la agresividad; su discípulo y oponente, Wilhem Reich, niega la existencia de su instinto y explica en su libro que la agresividad es, sobre todo, producto de las depresiones y muy especialmente la de la sexualidad; según él, el propio Freud ha sido víctima de esa represión y de las persecuciones por sus primeras teorías sobre la sexualidad y ha tenido que derivar las hace distinto tanático. Las terribles matanzas y destrucciones de las dos guerras mundiales en el suelo de Europa, la aparición de regímenes y personajes dotados de crueldad crean una nueva reflexión sobre la naturaleza humana y la de la vida en general, y una nueva escuela, alemana —especialmente, el naturalista con Konrad Lorenz—, lanza otra vez la idea del agresividad innata, basada en estudios de comportamiento animal, que suponen un neodarwinismo. Quizá inconscientemente la escuela alemana está así rechazando la idea expandida por el mundo de que los alemanes son especialmente agresivos y crueles, alegando que lo es la humanidad completa y toda forma de vida. La respuesta viene de la escuela anglosajona ─principalmente, Ashley Montagu y Edmund Leach─, que continúan insistiendo en la idea del agresividad como forma específica de la sociedad, sostenida por los poderes y grupos dominantes para sus propios fines. Las discusiones sobre este tema se centran más bien en psicólogos y sociólogos, antropólogos y naturalista; lo político dominantes, en la actualidad, actúan con indiferencia al origen del bien y del mal, consideración muchas veces de carácter filosófico que no está a su alcance.
AISLACIONISMO
Menos férreo que la autarquía, menos fanático que el nacionalismo, menos pasional que la xenofobia, el aislacionismo indica el deseo de un país de marginarse de los estilos exteriores y vivir por sí mismo dentro de sus fronteras. El aislacionismo indica etimológicamente el deseo de convertirse en isla; siéndolo geográficamente, Inglaterra defendió su Splendid isolement, pero de una manera unilateral: si el grave obstáculo natural de la mancha podía evitarle invasiones e intervenciones en su territorio, Inglaterra no se privó de su intervención directa en asuntos europeos y mundiales, hasta la creación de un gran imperio; y la Segunda Guerra Mundial llamó a su puerta con el aldabonazo de las bombas V; perdido el imperio, no ha podido tampoco mantener su aislacionismo y se incorporado al continente con su pacto de ingreso en el Mercado Común y hasta con la abolición de ciertas costumbres aislacionistas, como ha sido la incorporación al sistema métrico decimal. La idea de aislacionismo especialmente importante en la política de los Estados Unidos, aunque también con la misma infidelidad al significado puro del vocablo: se ha invocado el aislacionismo cuando la intervención en asuntos exteriores ha supuesto un riesgo o ha tenido un mal desarrollo, se ha obviado cuando la gran aventura imperial ha dado buenos resultados. El término aislacionismo procede de la situación siguiente a la Primera Guerra Mundial como reacción ante el internacionalismo del presidente Wilson que quería aprovechar —y aprovechó— la intervención americana en la guerra para establecer una sólida influencia en Europa, pero la idea que encierra procede ya de los fundadores de los Estados Unidos y quienes los continuaron, que quisieron mantenerse neutrales en las agitaciones europeas del final del siglo XVIII y del siglo XIX, pero ya la Doctrina Monroe, en 1823, indicaba que el aislacionismo era un puro mito, al extenderlo a todo el continente: «América para los americanos», indicaba simplemente la intolerancia de los Estados Unidos por la injerencia de las potencias europeas en otros países del continente, en los que ella iba intervenir directamente incluso mediante la guerra contra España y la conquista de territorios en el Pacífico, de forma que la doctrina se convirtió precisamente lo contrario de lo que trataba de indicar: en un expansionismo. El aislacionismo que siguió a Wilson e impidió el ingreso de Estados Unidos en la Sociedad de Naciones se manifestó con mayor fuerza en los preludios de la Segunda Guerra Mundial para impedir la participación en ella de los Estados Unidos, y terminó con el ataque japonés a Pearl Harbor; hay incluso versiones melodramáticas que dicen que dicho ataque fue preparado provocado por los intervencionistas para acallar definitivamente a los aislacionistas. La expansión mundial de los Estados Unidos como consecuencia de su intervención y, después, la noción de que su territorio había dejado de estar definido por la barrera del océano, y es hoy perfectamente atacable por las armas de destrucción masiva portadas por cohetes intercontinentales, fue un rudo golpe al aislacionismo; ahora renace como consecuencia de la crisis interior y del fracaso de la guerra del Vietnam en forma de autocrítica del imperialismo. El aislacionismo ha sido muchas veces enunciado y nunca practicado, lo cual permite pasar de a la categoría de la política abstracta. Tal como ha quedado la situación del mundo, nadie puede reclamar su aislacionismo para no verse obligado a emprender o suspender acciones que les agraden a las naciones hegemónicas.
AISLAMIENTO
Al contrario que el aislacionismo, el aislamiento es una política punitiva que se aplica por el país dominante, por un grupo de países o enteramente por una institución supranacional, como las Naciones Unidas, a un país que no sigue las normas consideradas como obligatorias. Se aplica a ese país un bloqueo, o cuarentena, que le privan de relaciones diplomáticas y comerciales, muchas veces impidiendo la entrada de víveres, medicinas o ayuda sanitaria. A veces, este país considera esta situación como parte de su política de heroísmo y resistencia; es fácil que las poblaciones civiles así castigadas consideren como agresor al extranjero que bloquea. Es evidentemente una injusticia común y legalizada: si un país está sometido a un dictador, o llevado por el acciones no aceptadas por los demás, ha de sufrir, además de la falta de libertad impuesta por el tirano, el cerco creado por los demás. Algunos ejemplos de su aplicación: en Italia, contra Mussolini, en la invasión de Abisinia (Etiopía); en España, al final de la Segunda Guerra Mundial, por las Naciones Unidas contra Franco; a finales de este siglo contra Irak, Haití, Cuba y otros países, dentro de las teorías de la intervención legal y de la agresión indirecta. La justificación actual suele ser la de defensa de las libertades y la democracia en países donde están ofendidas, o violados los derechos humanos; pero otros igualmente en falta en estos aspectos son tratados amistosamente si están en las esferas de las alianzas.
ALIANZA
Unión de dos o más partidos políticos, generalmente coyuntural, sin pérdida de la personalidad de cada uno de ellos, aunque con dejación momentánea de los temas programáticos que puedan ser contradictorios entre ellos. Generalmente se hace con finalidad electoral. Las leyes electorales —especialmente en España— suelen regular en qué condiciones y con qué plazo se han de formar estas alianzas con fines electorales, de forma que pueda admitirse la candidatura unida. Las alianzas suelen destrozarse después de las elecciones: en caso de victoria, por pretensiones hegemónicas de sus partes, y en caso de derrota por acusaciones mutuas de culpabilidad. Las alianzas tienen varias cabezas —tantas como partidos la integran—, y los celos y las envidias suelen ser superiores consejeras. Hay también alianzas posteriores a las elecciones, cuando el resultado de estas no arroja una mayoría absoluta: para gobernar se forman alianzas o coaliciones para formar gobierno, o solamente parlamentarias para votar en común sobre determinados temas antes acordados. En política internacional, la alianza es el acuerdo de dos o más países, generalmente con propósitos de defensa (jamás se declara una alianza como ofensiva). La Alianza del Tratado del Atlántico Norte (OTAN) ha mantenido durante medio siglo su actuación de defensa frente al Pacto de Varsovia, fundado a su vez para defenderse de la OTAN (guerra fría). No confundir alianza con bloque.
ALIENACIÓN
En su acepción cotidiana, la alienación es un fenómeno por el cual el hombre se convierte en el extranjero de sí mismo, en ajeno a sí mismo: puede tener el mismo sentido que enajenación en psicopatología. Para que un hombre —un grupo, una clase— Este alienada, es preciso que ciertas fuerzas invisibles la impulsen a este estado fuera de su naturaleza y de sus intereses hacia otros que no son los suyos, pero que ellos creen que lo son. Por ejemplo, y siempre en la acepción cotidiana, se dice que «la mujer está alienada» por su conversión en objeto al servicio del hombre: la moda, los aceites, la manera de andar la convierten en una servidora sexual, u «objeto», papel que ella acepta y perfecciona de una manera aparentemente voluntaria, pero en realidad alienada, convertida en otro ser distinto de su verdadera naturaleza y, por lo tanto, sin posibilidad de alcanzar la plenitud y la satisfacción. En la sociedad de consumo, el individuo está alienado por el objeto que le presenta la publicidad, Sergi versa su propia naturaleza para convertirse en comprador que nunca llega saciarse. Para aceptar el uso habitual de esta expresión, convertida en simple facilidad de lenguaje, hay que aceptar también la idea de naturaleza, imaginando que el hombre posee una esencia de naturaleza única inalterable que le conduce a ciertos fines propios y que la sociedad le desnaturaliza, le aparta conscientemente de ellos para ponerle al servicio de otros o de un grupo al que no pertenece; dentro de ese grupo al que no pertenece es un extranjero, un alienado. Dentro de la filosofía, la alienación es una idea que transmigra de Fichte a Hegel, de Hegel a Feuerbach, de Feuerbach a Marx, adquiriendo cada vez más un valor político y concreto. Para Marx, la alienación es una consecuencia de la división del trabajo; el individuo no participa de la actividad social total, que pierde para eso carácter humano y produce un pensamiento mistificar y mistificante, como son las religiones, las ideologías, las morales. El trabajo se convierte así en un poder extranjero al hombre, que llega a dominarle, aislarle en su mínima esfera de actividad. «La potencia social, la fuerza productiva decuplicada que nace de la cooperación de diversos individuos condicionados por la división del trabajo, no aparece ante esos mismos individuos como su propia potencia en la unión, porque esta cooperación en sí misma no es voluntaria; por el contrario aparece ante ellos como una fuerza extranjera, situada fuera de ellos, de la que no saben a dónde va ni de donde viene, que no pueden dominar. Esta alienación, naturalmente, sólo puede ser abolida en ciertas condiciones (Marx y Engels, ideología alemana, 1845)». Dentro de los círculos del pensamiento marxista, la idea de alienación y su acepción definitiva es muy controvertida, muy discutida y, a veces, incluso negada. Los filósofos comunistas, principalmente los de la Unión Soviética, suelen considerar esta idea como propia de la juventud de Marx, que, más adelante, en su madurez, reduce a planos puramente especulativos y metafísicos. Los socialdemócratas suelen acusar a los estados comunistas de haber producido igualmente la alienación por el mantenimiento de la división del trabajo, la ideología y la ortodoxia. La caída del comunismo y el olvido rápido circunstancial del marxismo ha dejado a este vocablo generalmente fuera de uso, aunque la existencia en la realidad de estas situaciones se ha multiplicado.
ALTRUISMO
como una respuesta a la falta de ayuda institucional a los desheredados, de dentro o de fuera de los países, y por rehuir los tópicos cristianos de la caridad, surge el altruismo, muchas veces con el nombre de solidaridad; reunido en las llamadas organizaciones no gubernamentales (ONG), tanto en favor del «tercer mundo» como de los inferiores dentro de cada país. Si en otros tiempos la izquierda rehuía de caridad en nombre de la «justicia social», hoy no puede permitirse ese lujo, una vez descartada la posibilidad de justicia social y mientras disminuyen en todos los presupuestos de occidente los capítulos destinados a ayuda. Equivale a un «sálvese el que pueda», el que consigue agarrarse al salvavidas de la solidaridad. Hay que advertir que estas organizaciones han de estar reconocidas por los Estados (gobiernos) y pueden estar subvencionadas o no por él. La subvención forma parte de la lucha política: en España, la oposición de derechas la reclama para sus afines (eclesiásticos, viejos organismos establecidos en otros tiempos) y la rechaza y denuncia para las minorías sociales (mujeres separadas, homosexuales) que le parecen fuera de la verdadera moral y la necesidad. Puede entenderse como otro nombre de la sociedad civil. El altruismo, o preocupación por el otro y su bienestar, sería la base de la constitución de una sociedad coherente; el altruismo privado se ejercía dentro de la familia. La base cristiana del altruismo (amor por el prójimo) serían el fondo una coacción, puesto que funciona dentro del sistema de castigos y recompensas (cielo, purgatorio, infierno) propio de este sistema; el concepto anarquista sería el de una voluntad de actuar. El do ut des de los romanos, o «doy para que des», sería un altruismo equilibrado.
AMNISTÍA
Del término griego que significa olvido (la misma raíz de «amnesia»): supone la cancelación de los delitos políticos, sin huella de antecedentes penales, y el regreso a la normalidad absoluta de los castigados. Una amnistía no es completa si no va acompañada por leyes que anulen la existencia de los delitos políticos: de otra forma, el amnistiado se vería rápidamente empujado de nuevo hacia la prisión en el caso de mantener actividades políticas que representen su ideología y el ejercicio de sus derechos ciudadanos. Se suele denominar por los poderes como amnistía a lo que sólo son indultos o medidas de gracia. La amnistía implica una reconciliación política tras una tensión aguda. El vencedor es siempre remiso a ella, y pretende aplicarla con restricciones. La amnistía es una reivindicación continua en la historia de España. Hoy en día, el gobierno del PP, la utiliza sobre todo para redimir a sus afines, y, aunque han firmado una ley de transparencia en el último Consejo de Ministros del año 2016, han colado una serie de indultos de los cuales no se ha dado ninguna explicación. Aparte, podemos hablar de que todavía está coleando. De hecho, Hacienda está pidiendo documentación para ir en busca de los amnistiados. Como es una palabra condenada, se puede utilizar algunas sustituciones de carácter individual como reinserción o como arrepentimiento, aplicando al penado la iniciativa de los poderes, simplemente, aceptan. Su aplicación es muy rara; los caracteres políticos se dividen respecto allá (los partidarios de la sociedad dura no lo aceptan), y los poderes judiciales suelen considerada como una devaluación de su capacidad de condenar con justicia; aunque a veces, en casos políticos o por cambios muy notables de régimen, pueden recomendarla. A veces, también, la amnistía de unos hace pareja con la penalización de sus adversarios, aunque en su mejor sentido se suele aplicar con el deseo de normalizar la tensión política enrarecida.
AMOR LIBRE
Una de las pocas conquistas que los anarquistas hayan obtenido de todos sus programas: las relaciones de parejas sin matrimonio, sacramentos ni jueces. La posibilidad de ruptura y cambio está implícita en esta relación. En España, el amor libre fue practicado antes de la guerra civil, y durante toda ella en las escasas zonas de predominio anarquista: en Rusia fue adjunto a la revolución, pero se suprimió después. Fue una reivindicación del mayo de 1968 francés. En realidad, el amor libre comenzó a practicarse a partir de la emancipación de la juventud y, sobre todo, de la de la mujer con respecto a su familia (por el trabajo) y por los métodos anticonceptivos de los años 60. No está extendido absolutamente, y se habla a veces de «matrimonios a prueba» para dar a entender que hay un futuro ante el juez. El amor de libre promiscuidad, que ha tenido tiempos recientes en que era muy abierto, se ha reducido por las enfermedades sexuales extendidas, especialmente por el VIH, o SIDA; probablemente regresará el día en que haya vacunas, se erradique la enfermedad ósea perfectamente curable, como ocurrió con la sífilis.
ANARCOCAPITALISMO
Espejo inverso del anarquismo. Como ciertas ramas anarquistas (Stirner) defienden la legalidad de la busca de su propio beneficio por el individuo, el anarcocapitalismo defiende el extremo máximo del mercado libre y rechaza toda intervención del Estado; incluso defiende que la ley y el orden deben estar defendidos por los individuos o los grupos interesados. De hecho, el linchamiento, que es uno de los puntos de partida de la fundación del Oeste de Estados Unidos, o los jueces autoproclamados; o las patrullas urbanas, o de barrio; hasta las fuerzas paramilitares o parapoliciales siguen formando parte de este sistema. Esta forma se llama, más habitualmente, «capitalismo salvaje» y tuvo su mayor momento en los Estados Unidos de antes de la Primera Guerra Mundial: hasta que se produjo el hundimiento de 1929. En él había también organizaciones parapoliciales (incluso la agencia de detectives Pinkerton), que trabajaban contra las huelgas y contra los sindicalistas; los sindicatos llegaron a ser infiltrados y dominados por la mafia. Roosevelt se enfrentó con el problema: por eso fue llamado, impropiamente como socialista. Desde entonces, la reacción conservadora en el país ha tratado de restaurar la economía de antes del Roosevelt, sin conseguirlo nunca enteramente.
ANARCOFEMINISMO
La fuerza más antigua en favor de la igualdad de la mujer, en España, es la anarquista o libertaria; la importancia de las mujeres en su seno como activistas o como teóricas, es muy grande; pero fue siempre compartida por los hombres de la idea. La base es que la forma más opresiva y coactiva de los poderes es el sexo, y por esa vía se ha llegado a las sociedades patriarcales, que hay que destruir. Los anarquistas practicantes antes de la guerra civil mantenían la unión libre de las parejas y el derecho al aborto, y reclamaban la prohibición de la prostitución. Sus aspiraciones aún no están enteramente colmadas por el progreso de las sociedades patriarcales en el sentido sexista.
ANARCOSINDICALISMO
Abstención de la lucha política para actuar en la sindical: «la emancipación de los trabajadores ha de ser obra de los trabajadores mismos» (Primera Internacional). La idea es que poco importa que el gobierno exista, o qué clase de burguesía ocupe el poder y si la lucha a de hacerse continuamente por la emancipación de la clase inferiorizada. Frecuentemente se alejan del ideario y de la doctrina para tratar de conseguir progresos coyunturales. Si el «trabajo» tuviera más fuerza que el «capital», éste tendría que pactar o prestarse a aquél.
ANARQUISMO
En anarquismo histórico y teórico es en la exaltación de un ideal absoluto de libertad: que nadie gobierne, dirija o mande sobre nadie, porque cualquier forma de Gobierno o de Estado, aun privada de toda impureza, es injusta y tiránica. La acción del hombre es justa y posible cuando se ejerce «sobre las cosas», y perjudicial en sí misma y para la especie cuando se ejerce sobre otro hombre (Saint Simon). La fuente de todos los males está en las instituciones humanas, en la propiedad privada, que produce la riqueza de algunos y, por lo tanto, provoca la desigualdad (Godwin) porque «la propiedad es un robo» (Proudhon). La medición de la autoridad sobre las personas o la comunidad se reduce a afectar la de los expertos usuarios, y las tomadas en común: entre ellas no puede estar la electoral, o del consentimiento democrático, porque en realidad son formas de obligar al pueblo a apoyar a unos u otros miembros de la clase dirigente, y luego no puede retirar ese consentimiento cuando se vuelve contra él. El anarquismo reacciona así con una negación total a lo que considera una perpetua sin razón, una crueldad y una violación de las leyes naturales, porque el anarquismo, que tiene cierto punto de arranque en Rousseau, que en el hombre natural y en su buena calidad. La idea de Naturaleza es constante (algunas de sus ramas han querido aproximarse a la naturaleza por la vía del desnudismo, el veganismo, el amor libre) y llegó a sostener unos puntos de vista incluso contrarios a los de Darwin y su escuela: cuando éstos afirman que la evolución de las especies se hacía mediante la lucha por la vida (struggle for life), de la que salía siempre vencedor el más apto, los anarquistas (Kropotkin) respondían con la idea del «apoyo mutuo» como fuente de vida y perpetuación. El nacimiento del anarquismo como fuerza política se sitúa en el Quinto Congreso de la Primera Internacional (1872), en una disputa entre Marx y Bakunin, quien consideraba que la idea de Estado propuesta por Max y aun las fórmulas de organización, disciplina y parte del obrero constituyan en sí formas de opresión incompatibles con el espíritu libertario. Suele considerarse que hay una primera división en el anarquismo entre la escuela individualista, representada por Marx Stirner (El único y su propiedad: «Declaró la guerra a todo Estado, aunque sea el más democrático, porque nunca un Estado se propone obtener la libre actividad del individuo, y su objeto permanente es la actividad que sirve a su propio designio. Sólo a partir del momento en que soy consciente de mí mismo, y no me busco ya, soy verdaderamente mi propiedad»), y la colectivista (Bakunin y Kropotkin), que pretende la formación de asociaciones libres (Marconi: «Sólo soy humano y libre cuando reconozco la libertad y la humanidad de todos los hombres que me rodean»). El anarquismo libertario es otra designación de las doctrinas de Bakunin. Una de las dificultades que conoció el anarquismo en sus primeros momentos fue la de organizarse; efectivamente, la idea de organización, la de partido, la de encuadramiento y dirección eran ajenas a su doctrina: debe hablarse del anarquismo, sobre todo, como de un movimiento con libertad de pensamiento y de acción para sus asociados. La otra es que ocultadas consistían el acceso al poder, por decirlo así, que sería más bien la anulación del poder y la sustitución de este por la nueva sociedad. En algunos casos se ha pretendido por medio de la acción directa, por la destrucción de la existente por medio de violencia, la utilización de la propaganda del hecho «que consistían destruir sin distinción y ciegamente» (Bakunin, por lo cual se ha descrito más de una vez al anarquismo como al delincuente con una bomba humeante en la mano, descripción que no corresponde a la verga más que en ciertos casos y que ha sido exagerada con motivos de contrapropaganda). En el extremo opuesto aparece el anarquismo pasivo (León Tolstói), que supone que cada vez habrá más gente viviendo espontáneamente una vida anarquista y, por lo tanto, los gobiernos y todas las formas de opresión caerán sin necesidad de ningún acto que las derribe. Tuvo una gran difusión ideológica en la Europa del siglo XIX, y su actividad se centra especialmente en Italia, alguna zona periférica de Francia, Rusia; y España. Así floreció el anarquismo sindical (anarcosindicalismo), que pretendía que la lucha revolucionaria debía comenzar en el seno de la fábrica y la empresa y mediante las asociaciones libres de trabajadores del mismo gremio. Tuvo gran importancia, y dirigentes como Ángel Pestaña y Salvador Seguí. Durante la guerra civil española (Cataluña y Aragón) existieron las primeras como una las libres del mundo, cuyos resultados no pueden considerarse como exponentes de una sociedad anarquista porque están rodeados en un contexto de guerra civil y de presiones políticas y violentas de toda índole que no permitían que esas comunas llegasen a su último desarrollo. Fue también España donde sufrió una de las más dolorosas contradicciones: la de participar en un gobierno considerado de izquierdas para hacer frente a la sublevación fascista. Federica Montseny asumió esa responsabilidad y el aceptó ser ministra con otros compañeros cenetistas (CNT): cuando murió en el exilio, asumido voluntariamente, en 1994, la polémica aún se mantenían el seno de los continuadores. Típica de la doctrina anarquista fue también la toma de posición de hacer la revolución al mismo tiempo que la guerra, sin la cual la victoria sería inútil, frente a los comunistas y los republicanos de otras izquierdas que pretendía la organización militar disciplinada y rígida para ganar la guerra, tras de la cual se continuaría la revolución. En esta disputa, me hicieron los enemigos y los exterminaron a todos. Existe la idea frecuente de que el anarquismo es una utopía decimonónica, que ha muerto de muerte natural (a la que han ayudado notablemente las persecuciones de todas las clases, incluso con ejecuciones en tiempo de paz en Estados Unidos, como las de Sacco y Vanzetti en 1927) y no tiene lugar en el mundo de hoy, a pesar de la existencia de algunas federaciones y de la celebración de congresos; sin embargo, el anarquismo aparece frecuentemente bajo distintos nombres. En mayo de 1968, los grupos que sostuvieron con más fuerza las ideas revolucionarias en Francia eran anarquistas, repetían consignas y frases anarquistas y enarbolaban la bandera negra y la rojinegra: puede decirse que la principal base ideológica de aquella revolución espontánea fue precedente del anarquismo. Las comunas juveniles de Estados Unidos y algunos lugares europeos, los hippies, los yuppies, los beatniks, con sus ideales de libertad absoluta y de asociación libre, tiene una gran base anarquista. El anarquismo parece imposible de implantar en la actualidad, y esto lo tiene en común con todas las demás doctrinas políticas conocidas; pero su ideal está presente en muchas formas literarias e intelectuales que informan de la creación y las aspiraciones de otros movimientos y partidos: sobre todo en las formas llamadas libertarias, o libertarismo, que implica una ruptura de la idea de libertad en todos los frentes de las sociedades, incluso en aquellos que se consideran como sagrados o intocables. Entre las corrientes principales del anarquismo se encuentran el individualismo (el individuo es soberano, sin Dios ni reglas morales: Stirner); el colectivismo (en una sociedad futura, el trabajo es propia al capital y dispone de sus propios medios de producción, y la retribución será repartida en proporción al trabajo realizado: Bakunin); el mutualismo (término medio entre los dos anteriores: el individuo posee sus medios de producción, solo o en colectividad, pero sólo recibirá el beneficio de su trabajo: Proudhon), y el comunismo libertario (los recursos son comunes y el individuo los utiliza en razón de sus necesidades; en lugar del individualismo triunfará la ayuda mutua; la supresión de la propiedad anulará la delincuencia y, por consiguiente, el aparato jurídico y policiaco: Kropotkin). El pacifismo, la insumisión, el abolicionismo de la pena de muerte, el amor libre son algunos de los puntos donde, en la sociedad contemporánea, ha trascendido a la realidad el ideario general anarquista.
ANDROCENTRISMO
Tendencia a considerar al ser humano, y a medir según su existencia todos los fenómenos universales. Suelen utilizarla los ecologistas para criticar ese egoísmo; aunque, en el fondo, ellos también son antros centristas en el sentido de que procura mejorar la vida del hombre presente y futuro por el respeto a la naturaleza y la comprensión de la vida animal y vegetal. La política sexista se usa en el más directo sentido etimológico: el hombre como centro y poder de la vida frente a la mujer.
ANEXIONISMO
La anexión del territorio de un Estado por otro ha dado lugar a la formación de las grandes naciones actuales (especialmente, en tiempos modernos y contemporáneos, de los Estados Unidos, de la Unión Soviética y de la «Gran Alemania» de Hitler, deshechas las dos tras la pérdida de la guerra; en el caso soviético, de la «guerra fría»); el anexionismo es la doctrina que tiende a convertir en política legal tales hechos. Si las anexiones pueden ser libremente acordadas por los estados interesados, o incluso por plebiscitos en las poblaciones afectadas (como los casos de Alsacia y Lorena o del Sarre), la mayor parte de las veces se realizan por medio de la intimidación, la violencia, la ocupación militar o incluso valiéndose de artificios como la infiltración de minorías étnicas en una zona geográfica determinada que llegan a convertirse en mayoría y reclama la anexión del territorio en que viven a la patria de la que proceden, como fue el caso en 1938 de los sudetes alemanes en Checoslovaquia. El anexionismo por medio de la violencia está expresamente condenado por las doctrinas internacionales, desde la Sociedad de Naciones (artículo 10 del Pacto) hasta las naciones unidas (punto cuarto del artículo segundo de la Carta), lo cual ha hecho que el vocablo caído en desuso, pero no su práctica, como sucede en el caso del Estado de Israel sobre los territorios árabes ocupados en las guerras y nueva cuadros a pesar de los mandatos imperativos de la ONU. El anexionismo israelí —que no todos sus grupos políticos comparten y desean— se basa en la ampliación del territorio a los límites de la Judea de los textos históricos y sagrados, y la corriente inmigratoria de Israel hacia el nuevo Estado tiende a crear una necesidad de expansión por la doctrina definida por Hitler del «espacio vital»: el derecho de un pueblo que declara no caber dentro de sus fronteras a la expansión hacia territorios vecinos, justificando así por la demografía del anexionismo. Algunos nuevos países africanos mantienen una política anexionista la sobre sus territorios vecinos, alegando que sus fronteras fueron establecidas por las potencias colonizadoras sin tener en cuenta razones de identidades étnicas, religiosas, idiomáticas, tribales, administrativas, económicas, geográficas u otras. En Italia existe un anexionismo, latente desde la época fascista, sobre el territorio de Trieste (hoy país independiente), y también una disputa en anexionista entre italianos y austriacos sobre el Tirol del Sur, o Alto Adigio. Algunos territorios que forman parte de un Estado reclaman su independencia alegando que han sido anexionados contra su voluntad; fue el caso de Biafra dentro de Nigeria, que terminó en una guerra perdida por el incipiente Estado de Biafra (1967) y, recientemente son los casos de Yemen, Somalia, Ruanda o Burundi. La apreciación del delito de anexionismo depende, como es natural, de la opinión o de la conveniencia de quien de: en nuestro preciso momento, de la hegemonía de los Estados Unidos, que dirige el Consejo de Seguridad de las Naciones Unidas sin que se opongan sus antiguos colaboradores de los «cinco grandes»: Rusia (Unión Soviética) y China. Las decisiones son diversas: desde el asalto de Irak (culpable de querer anexionarse el territorio de Kuwait, alegando que le fue arrebatado por el colonialismo), por la guerra tecnológica hasta la indiferencia en Somalia, a pesar de las decenas de miles de asesinatos raciales, pasando por la media intervención en la antigua Yugoslavia: interviniendo «con fines humanitarios» o mediando para conseguir un reparto aceptable de los territorios que se quieren anexionar unos a otros.
ANOMIA
Estado de aislamiento del individuo, o de desorganización de la sociedad, debido a ausencia, contradicción o incongruencia de las normas sociales (Academia). Durkheim, a principios de siglo, caracterizó las sociedades modernas como destructoras de reglas eficaces morales o culturales, que conducen a la caída del individuo y de la sociedad misma, que necesitan marcos que les evite la anomia incluso en las sociedades dominantes. Se debe señalar que, en todo caso, no será por falta de leyes, normas, obligaciones, estatutos o coacciones, sino quizá porque su exceso las ha hecho contradictorias. Algunos atribuyen la caída de los grandes imperios (desde el al soviético) por la situación de anomia. Concepto aproximado al de alienación: el individuo pierde su propia identidad por su trabajo su inserción en la sociedad: está desorientado, no sabe a qué atenerse. Se ha usado también para definir una sociedad en el momento en que se desintegra su código de conducta: bien repentinamente, por un acto de violencia, o poco a poco, por una degeneración de leyes y costumbres. En Grecia, anomia significaba, literalmente, sin ley.
ANTICOMUNISMO
Fenómeno muy complejo y con diversas manifestaciones; es un punto de vista contemporáneo, el anticomunismo ha sido la clave más importante de la política mundial a partir de la posguerra, y se resiste a desaparecer de las campañas políticas nacionales e internacionales aún mucho después de haber desaparecido el comunismo, o estar a punto de desaparición donde aún se mantiene. El anticomunismo puede aparecer como la actitud reflexiva y política de las personas o grupos que se oponen a los medios y fines del comunismo; pero, sobre todo, toma la forma histórica de una gran contrarrevolución violenta. Es curioso que el primer gran documento comunista, el Manifiesto de 1848 (Marx y Engels) dedique sus primeras palabras a la denuncia del anticomunismo: «Un fantasma recorre Europa, el fantasma del comunismo. Todas las potencias de la vieja Europa se han unido en una santa alianza para conjurar este espectro: el papa y el Cesar, Metternich y Guizot, los radicales de Francia y los policías de Alemania. ¿Cuál es la oposición que no ha sido acusada de comunismo por sus adversarios en el poder? ¿Cuál es la oposición que, a su vez, no ha reenviado a sus enemigos de izquierda o derecha el hiriente epíteto de comunista?» Interesantes palabras porque reflejaban una situación que no iba a cambiar en casi un siglo y medio. El anticomunismo como alianza internacional aparecería después con la instalación en el poder del comunismo en Rusia (1917): se formaría lo que se llamó un «cordón sanitario» para aislar a Rusia del resto de Europa, ideal del mismo Churchill, que años más tarde volvería a dar la señal con la proclamación del «telón de acero», frase a la que luego la propaganda anticomunista misma ha dado un sentido contrario (el «telón de acero», frase con la que se conoce a los que cortan el fuego posible en los teatros, era el que echaban las democracias para cortar el incendio comunista y que no penetrase en sus países; se ha expandido como el telón estalinista para aislar en un recinto brutal a sus propios pueblos, aislados de la vida «normal»), y se formaron ejércitos expedicionarios para intentar deponer a los menchevique es —e incluso al zar— desalojado del poder por los bolcheviques. Al mismo tiempo se había ido formando una anticomunismo de izquierda, menos potente que el de la derecha en cuanto a que no ocupaba el poder, pero probablemente más grave para el comunismo, porque significaba la imposibilidad de la unión de las clases proletarias preconizadas por el comunismo como base para la revolución mundial. Estas disensiones, este anticomunismo de la izquierda sujeta en la Primera Internacional con la escisión de los anarquistas (Proudhon, Bakunin), se acentúa con la separación de los socialistas en las vísperas de la Primera Guerra Mundial, se nutre con los izquierdistas demócratas. La aparición de los grafismos crea una contradicción de miedo que produce unas uniones coyunturales, en el plano nacional con los frentes populares, y en el internacional con la alianza de guerra entre democracias capitalistas y Unión Soviética, para deshacerse de nuevo aún sin terminar la guerra y, de una forma visible, con la aparición de Truman en la presidencia de los Estados Unidos y la prueba con buen éxito de la bomba atómica en Estados Unidos también. A partir de entonces, el anticomunismo se instala como política internacional, en forma de guerra fría y con semántica propia («mundo libre», «Occidente», «política de bloques») y con importantes contradicciones nacionales. El anticomunismo deja de ser una política reflexiva para convertirse en una pasión, que falseada toda la situación es meramente políticas, primero en Europa, luego los Estados Unidos, y alcanzará a los países subdesarrollados y colonizados. Puede presentarse en forma de persecución violenta y sangrienta —Grecia, Turquía, Irán— o como el aislamiento de los partidos comunistas y sus afiliados como individuos, que han alcanzado gran número y preponderancia durante las épocas de ocupación, resistencia y lucha armada contra los fascismos. Los partidos izquierdistas no comunistas —o anticomunistas— exageran su separación del comunismo para no ser perseguidos, y aún exponen con debilidad sus reivindicaciones sociales y políticas, de forma que no puedan ser tachadas de comunistas: se inclinan a la derecha, con lo cual la derecha va aún más allá de su propio sentido. Se modifican las leyes electorales para evitar que los partidos comunistas tengan una representación importante en los parlamentos —son los más numerosos en países como Francia e Italia—, lo cual se consigue, pero a costa de crear unos parlamentos irreales cuya dosificación política no corresponde en absoluto a la verdadera estructura de la nación, con lo cual se consiguen gobiernos inestables y crisis permanentes; se prodigan los términos de «criptocomunista» o «compañero de viaje» para perseguir o aislar aquellos que, sin ser comunistas, no se manifiestan demasiado en el terreno anticomunista, y ello ocasiona anulación de personas o corrientes de pensamiento deberán sido importantes; se llega al paroxismo en algunos países, como los Estados Unidos durante la época de la Comisión de Actividades Antiamericanas, presidida por el senador McCarthy, que a fines de los 40 pública incesante estilistas de comunistas, compañeros de viaje y criptocomunista: pueden aparecer grandes figuras del ejército o simples mujeres de la limpieza, pasando por los actores, guionistas y directores de Hollywood, que son apartados de sus puestos o encarcelados. El anticomunismo se eleva la categoría de histeria y falsea totalmente durante largos años la contextura política del mundo no comunista. Las palabras antes citadas del Manifiesto comunista («¿cuál es la posición que no ha sido acusada de comunismo por sus adversarios en el poder?») llegaron a ser la característica más vigorosa durante casi medio siglo de historia. Poco a poco, la idea de comunismo como fuerza es una inminente por medio de la Unión Soviética (luego, por China) fue perdiéndose, la «guerra fría» comenzó a disminuir de intensidad como consecuencia del equilibrio del terror, aparece el «coexistencia», se inician las políticas de apertura, y el anticomunismo empezará a perder sus rasgos patológicos en un contexto general aunque la mayor parte de los países afectos a Occidente siguen manteniéndose como política y con elementos de represión más o menos fuertes, según la naturaleza del gobierno en muchos países. Convertidos en masa los comunistas en todos los países de Occidente, adecuados a otros partidos aproximados o fundando algunos nuevos, la denuncia de «comunista» ha perdido gran parte de su valor, y se suelen emplear como descalificadoras otras más aparentemente culpables, como «estalinista», con lo que se ataca al o los acusados de una política criminal persecutoria. Otros partidos que se basaban en la socialización, como los socialistas o socialdemócratas europeos, netamente anticomunistas y occidentales de la guerra fría, han debido producirse rápidos distanciamientos incluso del marxismo económico (o sobre todo de él); aun así, han dejado de ser necesarios para el movimiento político capitalista iban siendo eliminados de las formas de gobierno a partir de la caída del comunismo y la Unión Soviética, para dejar paso a los más definidos como conservadores y tradicionales. Los grupos llamados neonazis, o neofascistas, insisten en el anticomunismo: en la Italia de 1994, el empresario Berlusconi se alió con los neofascistas para evitar el triunfo de socialistas y antiguos comunistas (presentados con otro nombre de partido) y en otros países de Europa se manifiestan como racistas y xenófobos, incluso con asesinatos de personas o grupos de inmigrantes.
ANTICONSTITUCIONAL
Se dice de leyes o de normas o disposiciones oficiales que no están dentro del espíritu de la Constitución y se denuncian por anticonstitucionales al tribunal especializado. La palabra está cargada de mal sentido: generalmente se trata de interpretaciones excesivas de la Constitución, y en todo caso debería ser inconstitucionales. Raras veces se acusa a un individuo de ello. Estar contra la Constitución no representan ningún delito ni es una actitud reprobable: el pensamiento libre puede repudiar desde algunos artículos hasta el todo y proponer las reformas que convenga. La Constitución de Estados Unidos tiene un texto de enmiendas votadas a lo largo de los años que es más extenso que el de la original. El anticonstitucionalismo en su real sentido sería el que favoreciera al absolutismo o tiranía: aun así, los dictadores suelen hacer promulgar leyes generales con distinto nombre (fundamentales) que tienen un carácter de remedo. En Gran Bretaña, país de antigua democracia, no hay Constitución escrita: se refiere siempre a un conjunto de leyes distintas que toman carácter de tal y a unas costumbres establecidas que no se pueden vulnerar.
ANTIFASCISMO
Como todas las políticas negativas, su objetivo final fue el de oponerse, en un país determinado, al avance de los fascismos, cuando éstos tenían forma visible, de modo que sus integrantes sólo tenían en común esta oposición y el estudio de los medios políticos o directos para cortar su progreso. Representa una fórmula defensiva. En algunas ocasiones se estimaba que la única forma eficaz de oponerse al fascismo era la elaboración de un programa positivo, en lugar de simplemente negativo, y dio origen a los Frentes Populares como forma de lucha política y de gobierno dentro del sistema. La idea de antifascismo desapareció al mismo tiempo que la forma visible del fascismo; en realidad, la gran alianza de países comunistas y de diversas formas de democracia contra el eje nazi-fascista tuvo una apariencia de antifascismo a escala internacional, sin más propósito que el negativo, y los principios de creación de política positiva mediante la creación de objetivos comunes desaparecieron también cuando fue derrotado el fascismo visible comenzó la guerra fría y, en la zona del mundo considerada como Occidente, se sustituyó por el anticomunismo. Subsiste hoy la tendencia crear movimientos unitarios de la izquierda, frentes populares que llevan otro nombre («unión popular», «frente amplio»), sobre todo en los países del tercer mundo, donde es más evidente la lucha de clases, pero carecen del estímulo del peligro visible, de la situación de enfrentamiento violento y de peligro individual que suponían para los antifascistas los fascismos primitivos. Como normalmente el fascismo es sólo una forma extrema de lucha de tradicionalistas, conservadores o grandes derechas para conseguir por otros medios lo que la democracia puede negárseles, la situación en el mundo desarrollado no parece necesitada de fascismos más que como pequeñas advertencias; no puede haber, por tanto, antifascismo.
ANTIMILITARISMO
No supone una actitud contra el Ejército, sino contra el dominio de este sobre la vida civil, o el traspaso de sus disciplinas a ellas. El joven José Antonio primo de Rivera, fundador de falange española, diseñaba un hombre «mitad monje, mitad soldado»: el antimilitarista rechaza esa segunda mitad, como el laico rechaza la primera.
ANTISEMITISMO
En realidad, antijudaísmo, porque las razas semitas son bastante más extensas que la que conocemos como raza judía, pero el vocablo se ha especializado así y es difícil que cambie. Es una cuestión milenaria. Expulsados de su territorio, Palestina, las tribus y grupos judíos emigraron por el mundo conservando su religión intacta y, como base de su religión, la endogamia, o matrimonio dentro del grupo, el cual sostiene unas características raciales externas, físicas, visibles. Al mismo tiempo, la transmisión de costumbres y las normas religiosas crean un grupo diferencial que se distingue de las poblaciones en cuyo ámbito reside. La marginación y la discriminación que sufre toda minoría obliga a los judíos, generalmente privados del poder militar, político o eclesiástico, a expresarse en ciertas formas universales, como las artes, las ciencias o las cuestiones especulativas, al mismo tiempo que debe utilizar ciertas maneras peculiares de negociar, principalmente en metales materias preciosas que pueden ser fácilmente transportables con uno mismo y con valor reconocido en otros lugares, para caso de persecución o emigración forzosa. Estas características se han tenido muchas veces erróneamente como raciales y han ayudado componer una silueta desfavorable del judío, utilizada por el mismo antisemitismo, que la ha creado con su discriminación. El antisemitismo se ha producido en las formas clásicas de persecución ritual religiosa, xenofobia, desviación de conflictos políticos, racismo, explotación de clase y permeable o simple deseo de apropiarse de sus bienes acumulados en períodos de calma. Se suele atribuir al nazismo alemán la mayor persecución de judíos de la historia, por medio de los campos de concentración y los asesinatos a que condujo la fórmula de «solución final», dictada por Hitler, pero los principales teóricos del antisemitismo y de la supremacía de las razas llamadas áreas no fueron alemanes, sino ingleses —como Chamberlain— o franceses —como Gobineau, De Maistre, Vacher de Lapouge—; los pogromos, o matanzas de judíos, se han producido desde siglos atrás en los países de Europa central, y especialmente en Asia, y España adoptó su propia «solución final» en la época de los Reyes Católicos mediante la expulsión colectiva, sus conversiones forzadas y el terror de la Inquisición. La misma enormidad de la última ni manifestación del antisemitismo, la de los campos de exterminio, en los que perecieron varios millones de seres inocentes, ha desacreditado el antisemitismo teórico y práctico, aunque se siga practicando con mayor sutileza y disimulo; incluso se ha considerado abusivamente como antisemitismo una serie de actitudes que pertenecen claramente al terreno de la opción y la opinión: se puede negar en todo o en parte la validez de la religión judía, se puede negar oportunidad o valor al sionismo, puede considerarse negativa la política del Estado de Israel, sin por ello se consideraba antisemita, que solamente un racismo, una discriminación y una persecución a una minoría, pero nunca una actitud de libertad crítica y mental con respecto a las maneras de producirse de esa minoría. Sobre todo, no se debe confundir con el antisionismo.
APARTHEID
Palabra del idioma afrikaans, o afrikáner (usado por los colores descendientes de los bóers) para significar la colocación en sitios geográficos «aparte» a la raza negra oriunda del país: en los «bantustanes», o lugares de los bantúes. Esta segregación fue condenada universalmente; sin embargo, no se pudo llevar a efecto por razones de lógica y sociedad: los negros tenían que trabajar en las ciudades y los establecimientos mineros o industriales de los blancos, y considerarlos como extranjero resultaba imposible. Ha quedado en el lenguaje político como una acusación para cualquier situación ominosa de racismo total.
APATÍA CONSTRUCTIVA
Teoría reciente de algunos politólogos americanos (Thomas Dye, Zeigler) según la cual es bueno que en las democracias sólo actúen o participen unas cuantas personas (élites, clases políticas); la apatía mayoritaria ayuda: un exceso de actividad política por parte de las masas sería desestabilizadora. La idea hace perder todo su sentido etimológico y su voluntad política a la idea de democracia.
APERTURISMO
Cuando un grupo político tradicionalmente cerrado y generalmente en el poder comienza a aceptar ideas y teorías de sus opuestos y a negociar con ellos, se dice que practica la aperturismo. En política interior, cuando la democracia cristiana de Italia, por ejemplo, formó coalición con los socialistas, hace una «apertura a la izquierda» (lo cual no impidió precipitar a ambos, y a otros partidos, en el desastre y en la corrupción); cuando, en política exterior, Alemania Federal firmó tratados con la URSS, con Polonia, o inicia negociaciones con la República Democrática de Alemania, práctico una «apertura al Este». El aperturismo no suele ser tanto un cambio de mentalidad o un indicio de pensamiento libre y tolerante como una cuestión de táctica política; los valores electorales o de otra forma de dominio del grupo que lo practica suele estar en franca y abierta decadencia, o superados por la dinámica de la vida, y necesitan de una nueva fuerza o de un cambio para continuar en el ejercicio del poder: el aperturismo suele ser una resignación y se abordan siempre con una expresión propagandística que indica la falta de confianza en la solución que ha de suponer, mostrando así la magnanimidad de quien lo practica y rechazando sobre el grupo al que se abre la responsabilidad de los fracasos futuros; así por ejemplo, el presidente Nixon, en las vísperas de su viaje a China —un aperturismo—, indicó varias veces su falta de fe en los posibles acuerdos o cambios de la situación que pudiera traer su acto, recalcando su espíritu amplio y generoso al emprender. Hay un aperturismo invisible, que consisten asimilar como si fueran propios los punto de vista del grupo contrario para quitarle valor a su oposición, aunque a veces sólo se tome el nombre —así, por ejemplo, la afectación del nombre de socialismo por sociedades francamente capitalistas—, y otras la idea, pero no todo su contenido, como el general De Gaulle al retirar a Francia de la OTAN asumía un punto programático de la izquierda. Generalmente, los poderes son conservadores de un orden del país o del grupo de países en que están, que prefieren ir reformando a su manera y según su medida de posibilidades, y las aperturas —por ejemplo, de costumbres: aborto o divorcio, contracepción, etcétera— se hace siempre con gran retraso con respecto al pensamiento, el deseo y su uso por parte de los sectores sociales que las desean: ningún gobierno desea gastar demasiado su fuerza, sobre todo con respecto a los modelos de la oposición a la que desearía robar votos. Las aperturas van siempre precedidas de un periodo de tolerancia o concesión, donde aquello que es nuevo se practica sin que la represión se automática.
APOLÍTICO
Todo aquel que manifiesta su distanciamiento de los juegos y las doctrinas políticas no siempre debe ser creído. Generalmente, el individuo que se proclama político disfraza con ello miedo a ejercer o exponer en público sus verdaderas opiniones políticas, o un arrepentimiento de actividades políticas pasadas que le llevaron a trances difíciles. No es realista mantener en el mundo de hoy una verdadera actitud mental apolítica, porque la política tienda invadir la vida completa del ciudadano, desde su profesión u oficio hasta su vida familiar; la actitud de espectador puro casi nunca es posible, ni aún en los espectáculos en que el drama o la comedia reclaman la identificación y la participación del actor. El apolítico «que nunca se ha metido en nada», puede ser considerado como un colaborador pasivo del poder establecido, dispuesto a ser lo que inmediatamente del poder que le suceda, si éste se lo permite y le acepta. La actitud una políticos difícilmente condenable desde un punto de vista moral o ético, desde el momento en que los poderes constituidos tienden cada vez más a dejar muy escaso margen al ciudadano para que éste ejerza sus verdaderas opciones con arreglo a su pensamiento y a sus intereses, pero si puede decirse que pocas veces piensa; el apolítico —al que no hay que confundir con el tránsfuga político con el colaboracionista activo— no suele conseguir jamás su aislamiento ideal y suele ser víctima de la política, cuya existencia no quiere reconocer. Incluso la posición del apolítico implica una capacidad precisamente política: la carga de mensaje que recibe de televisiones, radios o periódicos le obliga a estar alerta para seleccionar de ellos lo que le conviene o lo que ha de rechazar. La política, ahora, es invasora y totalitaria, es voraz en el sentido de reclamar la colaboración de todos, sobre todo en periodo electoral. No confundir una posición apolítica con el rechazo de los partidos políticos existentes o con la afiliación mental a una forma utópica de organización de las sociedades. El apoliticismo puro debería ser una idea admitida, un derecho del ciudadano, siempre que éste aceptase las resoluciones de los demás en cuanto a la dirección y gobernación del país. Las dictaduras han mantenido una posición muy curioso en este sentido: han querido obligar a todos los individuos aceptar su régimen con su sistema, politizando los a través de unas organizaciones políticas disfrazadas —juventudes, secciones femeninas, gremios, etcétera— y al mismo tiempo considerándolos ajenos a la política, entendida ésta como un pluralismo que expresaba la situación social y, por lo tanto, ideológica de ese individuo. En la político puro, el que adopta esta postura con una forma ética y filosófica de respuesta a la vista, suele ser frecuentemente víctimas de la política cuya existencia no quiere reconocer.
ARISTOCRACIA
Gobierno de notables, de «mejores» (aristo), indica una preferencia cualitativa para el poder, sobre una preferencia cuantitativa. Es una idea emparentada con la de las élites. En su continuo enfrentamiento con la democracia, la aristocracia sostiene que una minoría bien preparada, dedicada profesionalmente a la tarea de gobierno, tiene más posibilidades de acertar que una mayoría cuya virtud esencial es la de la cantidad, el número. Sin embargo, este tipo de discusión aparece, abstracta y sin relación con la realidad cuando se considera al gobierno como un defensor del bien común y no de unos intereses de grupo. El sentido que generalmente se da a la idea de aristocracia es el de la «nobleza de sangre» y la transmisión de poderes, al mismo tiempo que una supuesta citogenética para dirigir (la sangre azul). Desde el momento en que no hay ninguna prueba científica de tal trasmisión, la aristocracia de la sangre revela su intención de reducir a un pequeño grupo hereditario las propiedades y los privilegios. La aristocracia se convierte en oligarquía e impide la permeabilidad de las clases sociales. Si bien puede decirse que en ningún país se practica hoy un gobierno que se considera a sí mismo como aristocrático, también puede considerarse que hasta en los más democráticos, y aún en los considerados de democracia popular, hay una tendencia considerable a la formación de clases políticas y dirigentes en la descendencia o parentela de los gobernantes; si las revoluciones engendran sus propios prohombres, estos a su vez tienen una tendencia continua favorecer a sus hijos. En España se puede observar esta transmisión en dinastías, en la izquierda como en la derecha, aunque a veces sólo sea como perpetuación de una clase política más que de unas ideologías concretas (ha habido, o hay aún, aristócratas «de la sangre», descendientes de conservadores y de franquistas, en los partidos comunistas). Aunque todavía pueden observarse ciertas formas de poder privado o de acumulación de riqueza en algunas familias aristocráticas, la única que sigue teniendo un poder constitucional y el derecho a la jefatura del Estado, por designación de Franco y afectación de la Constitución, es la de los Borbones, incluso con características diferenciales sobre la transmisión de poderes (al hijo sobre las hembras, al mayor sobre el menor) de lo afectado en las leyes generales; pero también la Constitución que ordena esta anomalía limita los poderes auténticos de la monarquía.
ARISTÓTELISMO
«El hombre es un animal político», dijo Aristóteles: «polis» es la ciudad, preferentemente la ciudad-Estado, constituida por hombres libres y sin desigualdades, que producen la inestabilidad. Crea el concepto de «ciudadano» pero, cuidado, no todo el mundo lo sería: el «derecho de ciudad» no lo tienen los esclavos, los ilotas, los extranjeros. La influencia del Aristóteles en el liberalismo conservador del siglo XIX es considerable.
ASILO
El derecho de asilo es aquel que conceden los países a los refugiados o exiliados de otros países. Con respecto a los delitos comunes, los tratados de extradición pueden hacer que el país de refugio devuelva a su origen al delincuente reclamado, después de examen jurídico del caso. El asilo político está comúnmente admitido, aunque algunos países han entregado, por presiones o por conveniencia, a refugiados políticos a sus países de origen, y otros se limitan a no aceptar los en su territorio, pero sin obligarlos a volver al de origen. Al fin de siglo, en el grupo de naciones que forman la comunidad europea, se han restringido mucho los derecho de asilo, por una legislación común: forma parte de la oposición al tercer mundo nacida después de la caída del comunismo. Las limitaciones más corrientes del derecho de asilo consisten en la prohibición de recibir en zonas fronterizas al país de origen y las de no mantener actividades políticas ni hacer declaraciones públicas. Las más recientes limitaciones obligan a la posesión de visado en la mayoría de los casos, el cual sólo se concede mediante un permiso de trabajo, que sólo es válido si lo afectan los ministerios del Interior, lo cual da un carácter eminentemente político a la dispensación del asilo, que va dejando de ser un derecho. En tiempos recientes, la tolerancia estaba basada en una hipócrita necesidad de mano de obra barata (una especie de colonización a domicilio) y la utilización del «trabajo negro» o no declarado a precios ridículos, y manteniendo siempre sobre los inmigrantes ilegales la amenaza de la expulsión. Por su condición próxima a África dentro de la comunidad europea, España actúa con energía contra la penetración de una inmigración ilícita de carácter social y económico, aunque muchas veces podría ampararse en la persecución política o en la religiosa o tribal, naturalmente equiparadas a la política. Un aspecto muy debatido del derecho de asilo es aquel que permite a las embajadas y legaciones acoger refugiados dentro del mismo país en que son perseguidos, basándose en la existencia de la extraterritorialidad. En casos excepcionales, como la guerra civil en Madrid, las embajadas han llegado a alquilar decenas de pisos y casas para albergar el mayor número posible de refugiados. El derecho de asilo de las representaciones extranjeras es un tema que ha ocupado muchas discusiones en convenciones y congresos internacionales, sin que se haya llegado a un acuerdo general de reglamentación, pero en la práctica se suele usar en todo el mundo. Dependerá, también, de la naturaleza de las relaciones y de la afinidad del país cuya embajada admita el derecho de asilo y el asilado. En la de Estados Unidos en Budapest, encontraron asilo numerosos perseguidos, entre ellos el cardenal Mindszenty: Este asilo duró muchos años. Uno de los problemas que plantea el derecho de asilo es el de la salida de la representación diplomática hacia el extranjero; no todos los países aceptan que un asilado goce de extraterritorialidad mientras ocupó un automóvil de dicha representación y hasta que tomó un barco o un avión de bandera extranjera. En Cuba, las embajadas están aceptando refugiados anticastrista; en cambio, en Panamá, la embajada del Vaticano (o Nunciatura) expulsó Noriega, jefe de estado perseguido por los invasores de Estado Unidos. Si el derecho de asilo se practica muy generalmente, sus violaciones son también muy numerosas.
ASOCIACIÓN
Derecho básico de la democracia. La libertad de asociación de los ciudadanos entre sí para defender sus intereses comunes y discutir la forma de conseguirlos aparecen todos los catecismos democráticos. Suele estar reconocida por todos los estados, pero rodeada de elementos restrictivos en mayor o menor medida. Los episodios españoles en la transición del franquismo a la democracia sobre leyes de asociaciones y legalizaciones de partidos políticos nos muestran con qué dificultades conceden los poderes públicos estos derechos ciudadanos. En democracia, la asociación está considerada como un cuerpo intermediario entre el gobernante y el gobernador. Una asociación, un partido político, debe poder formarse con absoluta libertad, y en todo caso con una simple comunicación de sus estatutos a la administración pública y una inscripción en un registro adecuado, únicamente como garantía que puedan tener los asociados de que sus estatutos se cumplan. Una asociación no tiene por qué ser autorizada por el Gobierno, y éste no debe tener nunca posibilidad de disolverla. La asociación es un término enormemente general que ampara desde las puramente recreativas y deportivas hasta los sindicatos y partidos políticos; de ahí las sospechas del Estado en las sociedades de carácter restrictivo de que una asociación constituida con fines aparentemente inocuos pueda convertirse en un grupo de acciones políticas. La posición de la Iglesia es favorable a las asociaciones casi continuamente, desde la Rerum Novarum de León XIII («La experiencia de la oquedad de las propias fuerzas mueve al hombre y le impele a juntar, a las propias, las ajenas») hasta la Mater el  («Estimamos además necesario que los cuerpos intermediarios y las iniciativas sociales diversas por las cuales, sobre todo, se expresa y se realiza la socialización, gocen de una autonomía eficaz respecto a los poderes públicos») y la Pacem in Terris («Puesto que el ser humano está destinado a la vida en sociedad, de ello se desprende el derecho de asociación y de reunión»). Estos textos papales y los paralelos de las iglesias están, sobre todo, destinados a defender la libertad de las organizaciones religiosas frente a los estados laicos, pero ello no les priva de su carácter general. Adviértanse en estos textos algunas características políticas de las asociaciones; la libertad y el derecho de reunión son inherentes a ellas, y son consideradas como «cuerpos intermediarios» entre gobernador y gobernado; las iniciativas sociales diversas son una de sus finalidades y deben gozar de autonomía con respecto al poder. En España, el artículo 16 del Fuero de los Españoles de 1945 reconoció el derecho de asociación, pero el 173 castigo a aquellas que puedan atacar la unidad nacional y las políticas que están expresamente condenadas por las leyes. En la democracia desaparecieron esas trabas, pero los poderes siempre tratan de canalizar las fuerzas hacia sus partidos políticos, y crean dentro de ellos secciones (femeninas, juveniles o de otra particularidad), donde los asociacionistas se pueden encontrar. Muchos estados modernos reconocen la libertad total de asociaciones y aún protegen a estas contra cualquier atentado a su libertad de reunión; otros someten la asociación a una autorización por parte de los organismos estatales, requieren determinados requisitos y se reservan el derecho no sólo de autorizarlas o denegar las, sino de disolverlas; unos terceros, en fin, niegan a los ciudadanos el derecho de asociación y reunión, que considera privativo del Estado, a cuyo fin es de crear asociaciones que son las únicas en las que puede encuadrarse al ciudadano. Además de los partidos, las grandes ideologías aún existentes temen que la fragmentación o especialización en ciertos temas destroce la lucha política: como ejemplo, los grupos políticos de la izquierda de mía y aún temen que el feminismo sea un retraso con respecto a la lucha por una reforma de la sociedad, cuya organización es la que segrega el sexismo.
ATENTADO
En derecho, violencia resistencia grave a la autoridad; en lengua común, intento de asesinato, o asesinato, en persona con poder político. Quien comete un atentado, solo o conjurado, cae en el error de suponer que el abuso, la injusticia o la corrupción residen en una persona que, muerta, se llevará consigo el mal; en realidad, esos vicios políticos son hereditarios y transmigratorios. Nunca se puede concretar en qué va a cambiar una sociedad por la muerte de un tirano, ni siquiera si hacía mejor o hacia peor. En España, la voladura de Carrero Blanco, presidente del Gobierno y heredero de Franco, indudablemente cambió el sentido de la historia; pero en estricta realidad no se puede saber cómo hubiese sido el desarrollo de no haber tenido éxito la atentado. Este tipo de sucesos suele ser perpetrado por fanáticos creyentes en la política ética, y en su definición propia de la ética. Otros atentados se realizan con una visión más clara de la realidad: aquellos que preceden a un golpe de Estado, o son simultáneos con él, para eliminar a la persona o personas que podrían resistirse. Mucho se cometen con intención ejemplarizado ahora, al grito de sic semper tiranis!; A lo largo de los siglos se ha demostrado su escasa ejemplaridad, tan escasa como la de la pena de muerte. Se suele hacer una distinción sutil entre el autor del atentado y el autor moral, o el cerebro que ha impulsado el brazo armado; esta distinción suele servir para realizar persecuciones y represiones tras cada atentado, entre intelectuales, teóricos y políticos, diciendo que son «más responsables que el propio asesino». Hay atentados de provocación, organizados por el mismo bando al que pertenece la víctima, para crear una reacción favorable, y los hay organizados por los «servicios paralelos» del poder (crímenes de Estado) para eliminar personas de la oposición o supuestos preparadores de golpes de Estado. El atentado no debe confundirse con el terrorismo, que se aplica principalmente a crear un clima y no suele elegir directamente a sus víctimas ni se contiene antes las muertes inocentes. Muchos teóricos, incluso religiosos, han defendido la atentado, el regicidio o el magnicidio; los hay, indudablemente, que defienden también el terrorismo, aunque con el sigilo que requiere la acción criminal que patrocinan. Se suele decir que un grupo de acción terrorista es «el brazo armado» de un partido, que puede ser legal. También se puede aplicar la oración inversa: una milicia secreta o clandestina puede segregar un «brazo civil» en forma de partido político que sea capaz de expresar sus teorías o sus objetivos libremente.
ATOMIZACIÓN
Fragmentación, división y subdivisión de partidos políticos (en «grupúsculos»), de gobierno; o de la opinión pública, o de un ideario. Una falta de diversidad de opiniones puede conducir en un partido al monolitismo, o a la «política de Secretario General» (como el Partido Comunista soviético: ejemplo, Stalin), pero la tendencia inversa puede conducirle a la atomización. Ejemplo, la UCD en el primer gobierno de transición en España. Desde un punto de vista de filosofía psicológica se puede hablar del «hombre atomizado» cuando el final de los dogmas y rectificación científica de ciertas antiguas verdades, la decadencia de las religiones y la desaparición de los partidos políticos, así como cuál es su verdadera situación en la sociedad, le deja sin un pensamiento fijo. Se puede pensar que la contradicción es un valor positivo, si se aprende a manejar la: una forma de libertad.
ATROCIDADES
Las cometen enemigo las mismas matanzas, violaciones, genocidios, agresiones, cuando las cometemos nosotros con nuestros aliados, son pacificación es, esfuerzos por restablecer el orden o respuestas inevitables. Las atrocidades son antiguas como la historia de la humanidad; se prolongan en nuestros días y hacia el futuro. Algunos la consideran parte intrínseca de la condición de la vida, humana y animal: por el territorio, la propiedad, la reproducción o el simple alimento. El enemigo es el que está en el lado contrario a la espera de intereses en que nos encontramos nosotros, con nuestros aliados, o alguna vaga identidad. Tener, por ejemplo, misioneros en una tierra africana que resulta en guerra con otra próxima nos hace ver como enemigo a la otra, y participamos en la acusación de atrocidades que se le hace. Aparte de este punto de vista o sistema de opinión por afinidades, las atrocidades son reales en cualquier guerra o revolución, por cualquiera de las dos o más partes en conflicto, y se ha llegado a pensar que están «en la naturaleza humana». No es cierto que sociedades de mayor capacidad intelectual, educación o civilización sean incapaces de cometer atrocidades: se consumen a diario en todo el mundo. Si es cierto que en este tipo de sociedades más evolucionadas el miedo propio mantiene un equilibrio con el miedo ajeno, y reduce la agresividad mutua. Ejemplo: el miedo a la guerra civil en España, la propaganda que ha definido al otro como modos sangriento —no solamente imaginaria—, evito principalmente que a la muerte de Franco pudiera desarrollarse una guerra de poderes. Se habla a veces del «modelo español» de la transición, que ha venido a estudiarse por altos personajes de sociedades cambiantes: es difícil de comprender el gran valor del miedo en este caso. A escala máxima, el «equilibrio del terror» ha evitado que la Guerra Fría de 40 años de duración se convirtiese en guerra nuclear.
AUSTINIANISMO
Positivismo legal. Del nombre de John Austin, británico, siglo XIX. La ley emana de un poder, o soberanía: esta soberanía es un hecho observable y existente en cualquier sociedad. Esa ley no tiene por qué tener ningún principio moral: es una orden. La soberanía no implica, en este concepto, la existencia de un soberano; puede ser un grupo el que la ejerza.
AUTARQUÍA
Autosuficiencia: un país puede pretender que con los bienes y las técnicas existentes dentro de sus propias fronteras, aún con ciertas limitaciones en el consumo, puede bastarse a sí mismo. Puede formar parte del aislamiento, en vista de que el intercambio y el mercado libre le son negadas. A veces se adopta o trata de adoptar para responder a un aislamiento: Franco proclamó la autarquía en el momento de la retirada de embajadores extranjeros y de las condenas de las Naciones Unidas por su emparenta miento con el nazismo y el fascismo derrotado; la teoría, entonces, fue ampliamente explicada, y condujo a la carencia de todo. En el mundo de fin de siglo, la autarquía es prácticamente imposible. En los textos anglosajones, hay que distinguir autarchy, o gobierno absoluto, o autogobierno, de autarky, que se refiere a la teoría económica de la autosuficiencia y explicada, que es su único sentido en español, donde es también admitida, con el mismo sentido, la forma «autarcía».
AUTOCOLONIZACIÓN
Los pueblos colonizados pueden sentir odio contra su colonizador y luchar contra él por todos los medios posibles y, sin embargo, admirarle de una manera desmesurada y tratar de imitarle: Este fenómeno se llama auto colonización, puesto que el colonizado asume o trata de asumir las costumbres y actitudes del colonizador, hasta convertirse en su satélite. El principio psicológico de la auto colonización reside en la idea de que el que ha demostrado ser más fuerte posee ciertos atributos que al ser repetidos o representados transmitirán la fuerza al que es débil. Este principio se encuentra ya en el adorno de los cazadores con dientes, garras o pieles de animales salvajes, o en la antropofagia ritual por la que se supone que al devorar al enemigo muerto se asumen sus poderes. Uno de los ejemplos más extremos de esta autocolonización lo dió por Mustafá Kemal (Kemal Ataturk), cuando prohibieron los trajes tradicionales, el velo de la mujer, haga todo el alfabeto latino y tratar de organizar el país según el modo de vida occidental, abandonando de hecho el mundo islámico, en que la tradición y la cultura de Turquía se mantenían. No por ello recupero la fuerza perdida del imperio otomano. La tendencia de los dirigentes revolucionarios independentistas de los países colonizados ha sido, por el contrario, la de forzar el valor de los elementos propios y autóctonos de sus pueblos, como la doctrina de la «negritud» de Leopoldo Seda Senghor —adoptada también por los negros de Estados Unidos— o en los intentos de «arabización» de los países árabes mediterráneos; aún con las independencias logradas y las soberanías establecidas, ha continuado el proceso de auto colonización, favorecida por la desaparición del odio al extranjero y porque la imagen del mundo llamado moderno o de desarrollo, su cultura y su producción —libros y maquinaria— siguen siendo atributos del mundo occidental. En otros países, las elites gobernantes asumen las formas de auto colonización que niegan al pueblo; es decir, que mientras la legislación y la policía obligan al pueblo a regresar a las costumbres ancestrales y conservarlas, sobre todo en el aspecto religioso, esa élite envía a sus hijos a estudiar en Europa o Estados Unidos, viste a la moda occidental y con ella baila, construye y amuebla su casa, hablan entre sí en idiomas europeos, organizar su vida familiar, su cultura. De esta forma, la élite asume la sucesión del antiguo colono y, con ella, el ejercicio de la fuerza y el poder. Algunas potencias que fueron colonizadoras utilizan este proceso para continuar la colonización por esta vía, como por ejemplo la creación en África del grupo «francófono», que fue idea favorita del general De Gaulle, utilizando el idioma como forma de auto colonización o con el envío de amplias misiones culturales y creación de institutos y hasta de universidades, bajo un supuesto de ayuda. Si los cruces de culturas y civilizaciones suelen dar excelentes resultados cuando se realiza libremente y en terreno profundo, la auto colonización de ese cambio considerablemente peligrosa porque se detiene en los puramente apariencia, en la superficie de costumbres y modos y, en cambio, puede destruir ciertas bases autóctonas válidas. El mismo ejemplo de Turquía sirve para mostrar la confusión que puede causar en un país la auto colonización. No debe creerse que este fenómeno se detienen los países colonizados y recientemente independientes: en sociedades occidentales de antigua soberanía y acervo cultural importante aparecen fenómenos de mimetismo político, cultural y social con respecto a naciones mayores o más poderosas que pueden llegar a constituir una verdadera auto colonización. Dentro de los países que sufren estos fenómenos ha ido creándose en la resistencia en el sentido contrario: el regreso a los fundamentos (fundamentalismos) o la integridad (integrismo) de sus antiguas civilizaciones, incluso con formas absolutamente violentas de carácter racista o xenófobo y contra sus compatriotas occidentalizados o simplemente ajenos al fenómeno integristas. Para que esto suceda es preciso que la civilización aplastada haya tenido una vigencia, una difusión y un esplendor (como el islamismo, a partir de su recuperación por en Irán) del que se puede suponer que, de haber sido victorioso en las guerras antiguas, se hubiera desarrollado con por lo menos el mismo esplendor que las civilizaciones dominantes.
AUTOCRACIA
Gobierno de una sola persona, arbitrario y absoluto emparentado con la tiranía y la dictadura.
AUTOCRÍTICA
Término tomado del comunismo gobernante (no del marxismo) por el cual el individuo que ha cometido errores y los reconoce está obligado a confesarlo públicamente. Ha sido abusivamente utilizada con fines policiacos y, muchas veces, en los tribunales soviéticos de la época de Stalin y otras, y en otros países comunistas, no sólo no ha eximido al que así se confiese, sino que ha servido como testimonio para condenarle, a veces a muerte. Aparte de esta práctica inquietante, el término es un meliorativo: el reconocimiento de los errores propios, sobre todo en hombres públicos, es un signo de nobleza y de sinceridad. No se da en la democracia.
AUTODETERMINACIÓN
Principio institucionalizado, extendido y dominante por las Naciones Unidas desde su fundación a que su primera enunciación estuviese hecha tras la Primera Guerra Mundial en los «catorce puntos» del presidente Wilson, de Estados Unidos. Consiste en la abolición de la creencia mantenida hasta entonces de que las poblaciones de países ocupados y colonizado se mantenían en una perpetua minoría de edad, de forma que las naciones mayores debían decidir sus destinos; la autodeterminación significa que estos pueblos podían ya determinar su propio objetivo, su forma de gobierno y su estatus en el mundo. En la práctica, la autodeterminación se ha revelado mucho más limitada y ha seguido formando parte del juego de las grandes potencias mientras a seguido ese gran equilibrio. El deseo del Vietnam de proceder a la autodeterminación frente a Francia, prevista por los acuerdos de Ginebra mediante la celebración de elecciones libres y la reunificación del país, fue negado por los Estados Unidos, que tenían con fundamento la caída de sus aliados del gobierno de Saigon, y comenzó la guerra del Vietnam (1963). El deseo de autodeterminación de Biafra fue aplastado por Nigeria. Muchas minorías nacionales, raciales y territoriales pretenden la autodeterminación y se les niega alegando que en realidad se trata de separatismo: era el problema croata en Yugoslavia, kurdo en Irán o en Turquía. La antigua Unión Soviética ha saltado en pedazos por el deseo de autodeterminación de sus distintas repúblicas. Por otra parte, la ola de golpes de estado, leyes de excepción, dictaduras, en los países de reciente independencia, parecen mostrar que la autodeterminación, o sea, la facultad de elegir su propia forma de gobierno, siguen estándoles negada como en la época de la colonización. En la época de los presidentes Reagan y Bush de Estados Unidos se estableció y formalizó el derecho de intervención, para restablecer un supuesto orden en otros países o para implantar la democracia en aquellos que fueran heridos de dictaduras. En realidad, sólo se utilizado para preservar las zonas de interés o de influencia de la gran potencia: el régimen de Irak fue asaltado por una guerra tecnológica de gran envergadura para que soltara su presa de Kuwait, pero su entonces dirigente, Saddam Hussein, era acusado de ser un nuevo Hitler y por ello fue dejado en su puesto.
AUTODISCIPLINA
Suposición ácrata de que el hombre puede mantener una actitud social sin necesidad de que la autoridad o mande, sino por su propia disciplina. Se pueden tener dudas de si la libertad absoluta permanece con la autodisciplina; pero también se puede tener dudas sobre la libertad absoluta.
UTONOMÍA
Una nación colonizada puede pedir su independencia; una provincia o un territorio dentro de un Estado puede pedir la autonomía, o la facultad de gobernarse a sí misma con arreglo a sus costumbres, leyes tradicionales y religiosas, cultura y derecho consuetudinario, aunque muchos de sus ciudadanos puedan desear también su independencia; principalmente, algunos dirigentes políticos. La tragedia de Yugoslavia se ha producido por la mala solución del camino de las autonomías hacia las independencias. La autonomía, pues, no implica soberanía e independencia, y puede ser parcial, como suele suceder en las grandes federaciones, en Suiza o en los Estados Unidos, donde los estados federados gozan de autonomía en muchas cuestiones, o en otros países donde hay fueros para determinadas regiones o provincias que los han conservado y obtenido al someterse al poder central. Puede haber autonomía administrativa para algunos municipios o diputaciones. Los poderes centrales suelen ser reacios a la concesión y mantenimiento de las autonomías, no tanto por lo que ella significa en sí como por el temor de verlas acentuarse y agrandarse hasta convertirse en separatismos en los que ya existe en la noción de soberanía e independencia.
AUTORIDAD
Limitación de la libertad impuesta por el Estado para el cumplimiento de sus propios fines, y que aparecerá como justa o injusta según sean, justos o injustos, tales fines del Estado. Algunos teóricos estiman que el fin último de un Estado justo es la libertad absoluta del pueblo que le inspira y le sostiene, de modo que la autoridad ha de ejercerse en el sentido de la libertad y, por lo tanto, la única autoridad justa es la ausencia de autoridad, paradoja que hasta ahora no ha conseguido ser examinada experimentalmente. El concepto de autoridad varía notablemente desde de quienes la consideran, acción axiomática y sin discusión posible («No discutiremos de la autoridad. Es un hecho y una necesidad», decía Oliveira Salazar, el hombre que ejerció en Portugal el más largo fascismo de Europa), y son considerados por ello, autoritario, hasta la de quienes la niegan en absoluto (los anarquistas) y está, por lo tanto, relacionado con las formas de Estado y de gobierno, como está relacionado con la mayor o menor libertad de que se gocen esos estados. Los conceptos de libertad y autoridad no pueden medirse el uno sin el otro; forman una proporción inversa. Está también relacionado con el de orden: la autoridad es el poder y, por tanto, «el principio motor que dirige y establece en un grupo humano el orden necesario para conducirlo a su fin» (Santo Tomás) o, simplemente, el «derecho de gobernar» (Francisco de Vitoria), relacionando así más el concepto con su etimología de potencia legítima o «autorizada». Esta autoridad sea un principio que recibe el gobernante del gobernado —que le autoriza para gobernar, cediendo así voluntariamente parte de sus libertades para contribuir al bien común— o que sea el derecho de ejercer la por el gobernante sobre los gobernados es algo antagónico, que se centra en el solo concepto de autoridad, haciéndolo así continuamente confuso. Una de las formas del enciclopedismo francés, transmitida hasta nuestros días, para evitar el exceso de autoridad es el de la separación de poderes: ejecutivo, legislativo y judicial. En los dos primeros casos es muy difícil la separación porque el poder gubernamental no ejerce la mayoría parlamentaria. En el judicial, parecen en algunos momentos históricos sus grandes delegaciones del poder establecido, como en Estados Unidos frente a las fechorías de Nixon (Watergate) o en Italia y España frente a la corrupción. Generalmente los Estados-Gobierno tratan de asentar su autoridad reduciendo los otros poderes: por la disciplina de voto en unos casos, por la designación de fiscales generales o de magistrados de los altos tribunales en otro. A veces se habla de la prensa como de un «cuarto poder», que no es: pero la lucha de los poderes reales por neutralizarla en la forma en que le sea posible (de la censura la compra, o al monopolio en televisión y radios) es una muestra de esta necesaria y beneficiosa forma de limitación de la autoridad y del absolutismo, y en los tres casos citados antes, como en muchos otros, la participación de la prensa ha sido decisiva.
AUTORITARISMO
Gobierno despótico, totalitario. Hay, sin embargo, personas que creen que todo poder, incluso el democrático, debe ser ejercido con una autoridad máxima, que otros califican de autoritarismo, por miedo a que el pueblo, por la masa, puedan desbordar y desobedecer. Es evidente el autoritarismo de las dictaduras, y no necesita definirse. Pero puede aparecer de manera solapada en procedimientos democráticos: gobiernos, partidos o grupos, además de en la sociedad convivencial: familia, empresa, colegios. El autoritarismo muchas veces corresponde a un individuo con autoridad, aunque es lo más frecuente: se empieza reconociendo su valor o su categoría excepcional, o simplemente reconociéndonos a ciertos que pueden tener muy diversos orígenes, se continúa por la convicción de que puede atacarle el mismo de su excepcionalidad, y ya no se distinguirá entre su orden dada y la realidad absoluta, con lo cual es frecuente que aquello que dirige puede conducir a la catástrofe y, en cualquier caso, es un desastre democrático que priva de la riqueza de opiniones diversas y de la discusión que deben ser la base de ese régimen. No siempre el autoritarismo es de un individuo: puede haber un partido autoritario, un programa autoritario. Hay personas que creen mucho en que debe siempre tomar la dirección, en cualquier asunto, un solo individuo. Hay que considerarlas con cuidado.
AYUDA MUTUA
La ayuda mutua, en términos de teoría política, es la respuesta del humanismo anarquista a las teorías de la «lucha por la vida» y de la «supervivencia del más fuerte»; la ayuda mutua sería del fuerte hacia el débil, de los débiles entre sí, para establecerse en una sociedad darwiniana. En la política internacional, ahí pactos de ayuda mutua entre los países: su definición va desde el intercambio cultural a la intervención a su favor en una guerra (agresión indirecta).
Diccionario Político de Eduardo Haro Tecglen«Éste es un diccionario de uso para el entendimiento y la divulgación de la terminología política; poco apoyado en autoridades inscritas, extraído de la costumbre de escribir de estos asuntos durante más de medio siglo de interrogarme a mí mismo sobre el verdadero significado de lo que se está usando. Y unos puntos de vista que muchas veces son estrictamente personales, y deseo que se note que no son más que eso: una opinión al paso de un discurso general. El ánimo de hacerlo, la lucha contra la entropía que también padece el ser humano (mar, aún, que nadie: el envejecimiento es la mayor entropía y el mayor consumo de algo vivo que se conoce) está, además de en el estímulo de la editorial, en el hecho de que el primer Diccionario que escribí conoció muchas ediciones y fue frecuentemente citado, pero que ya está afuera de circulación. Y, en fin, que se trata de mi trabajo, y tengo que seguir trabajando hasta el final.»

 

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