Curiosidades científicas 2

SOBRE LAS ABEJAS

Entre las abejas productoras de miel existen castas: unas son reinas y otras obreras. Las diferencias se observan tanto en su conducta como en su aspecto; las obreras son más pequeñas que las reinas. Ambas ponen huevecillos, pero sólo los de las reinas son fecundados por el zángano, que es el macho. A las larvas destinadas a ser reinas se las alimenta con una sustancia producida por las glándulas salivales de las obreras, la «jalea real». Cuando las nuevas reinas emergen, pelean entre sí para decidir quién se queda en el panal. La vencedora ataca a la antigua reina, que entonces sale con su enjambre a fundar un nuevo panal.

Hasta hace poco tiempo se desconocía qué era lo que hacía que una determinada abeja se criara como reina, de no ser por la diferente alimentación que recibía.

Hoy se sabe que una enzima, llamada tor, que interviene en la capacidad de reconocer nutrientes y el control del crecimiento, es la encargada de las diferencias entre las dos castas. En las larvas destinadas a convertirse en reinas el gen que produce la enzima tor está más activo.

Cuando este gen se desactiva por medios experimentales en las larvas, ya sea por procedimientos químicos o genéticos, las abejas que se desarrollan tienen más rasgos de obrera que de reina.

LA DOPAMINA Y SUS EFECTOS

¿Es posible saborear su comida favorita que se percibe a varios metros de distancia? Entonces puede estar seguro de que en su cerebro se ha liberado una buena cantidad de dopamina.

Un grupo de científicos ha descubierto que oler comida o incluso su mínima degustación, antes de ingerirla, pueden producir en el cerebro el aumento de una sustancia química llamada dopamina, un neurotransmisor relacionado con la sensación de placer.

La comida puede propiciar una elevación de los niveles de dopamina en personas a las que no se les permite comer, sino tan sólo ver, oler o recibir trazas de ésta en la boca con la punta de un algodón. El hallazgo aporta indicios acerca de los mecanismos que provocan que las personas coman y que algunas lo hagan en mayor cantidad.

Mediante tomografía cerebral por emisión de positrones (pet) los investigadores cuantificaron los niveles extra celulares de dopamina de diez voluntarios; éstos, a lo largo de dos días, se sometieron a cuatro condiciones experimentales: presencia o ausencia de estimulación de comida y administración u omisión de un fármaco (metilfenidato) que bloquea la resorción (resorver) de la dopamina por las neuronas, lo cual posibilita la elevación de sus niveles extra celulares.

En la estimulación con comida, los voluntarios vieron, olieron y degustaron sus comidas favoritas. En todos los casos describieron de manera simultánea sus sensaciones y sus deseos de comer antes, durante y después de la prueba. De ese modo fue posible probar que los niveles más altos de dopamina extra celular y de sensación de hambre tuvieron lugar en la situación en que coincidieron la estimulación con comida y la administración de metilfenidato.

Con estos experimentos se ha comprobado además, por primera vez, que la presencia de la dopamina en la zona del cerebro llamada «striatum dorsal» (cuerpo estriado) juega un papel adicional en la motivación que induce a comer, aun antes de tener el placer de ingerir los alimentos.

CHOQUE ANAFILÁCTICO

Cuando una sustancia extraña entra en el organismo, ya sea mediante un medicamento, una picadura de abeja o algún alimento, por ejemplo los mariscos, el sistema inmunológico reacciona y crea anticuerpos para destruirlo.

Esta respuesta benéfica puede convertirse en una reacción exacerbada; cuando la sustancia ajena, conocida como alérgeno, vuelve a ingresar al cuerpo algún tiempo después, el sistema inmunológico activa una reacción alérgica. La respuesta puede ser ligera y transitoria, como la urticaria, o tan intensa que algunas veces puede llevar a la muerte.

En este último caso el cuerpo experimenta un «choque anafiláctico», que se presenta en la forma de dificultad para respirar, hinchazón generalizada y un descenso súbito de la presión arterial. Los síntomas son efecto de la liberación de histamina y otras sustancias.

En casos leves basta con administrar un antihistamínico para revertir los síntomas. El tratamiento indicado para el choque anafiláctico incluye una inyección de adrenalina, que favorece la contracción de los vasos sanguíneos, de tal manera que se eleva la presión arterial. Sin embargo, el mecanismo bioquímico que provoca el choque anafiláctico aún se desconoce.

En la sangre de ratones se observó, luego de inducir de modo artificial una reacción semejante, que había una cantidad superior a la normal de óxido de nitrógeno. En fecha reciente se encontró que éste se libera por la acción de una proteína llamada enos (NOS – Óxido Nitroso Sintasa). Cuando en roedores sensibilizados a un choque anafiláctico se bloquea el gen que la produce, no se activa la respuesta que habitualmente induce la sustancia extraña.

Si el mecanismo funciona de modo semejante en los seres humanos, es probable que medicamentos capaces de bloquear la proteína enos (NOS – Óxido Nitroso Sintasa) disipen en las personas la posibilidad de sufrir esta situación cuando se introduce un alérgeno en su cuerpo.