Citas sobre música

  Imaginemos que alguien lee todos los libros que se han escrito sobre música, seguirá pensando que la música no es, ni se puede entender a partir de ellos, del mismo modo que nadie entiende el sabor de las cosas leyendo libros de cocina.

The Musical Gramarian, (1728), Roger North.

  El hecho es que no hay, que nunca ha habido, y que nunca habrá reglas para la composición musical, con excepción de las reglas del pulgar. Y los pulgares no tienen todos el mismo tamaño, al igual que ocurre con la oreja.

Music in London, 1880-1894 (1931), George Bernad Shaw.

  Las diferentes naciones tienen modas distintas y difieren en sus hábitos, en su dieta, en sus estudios, en el habla y en sus canciones. Así, los ingleses canturrean, los franceses cantan, los españoles lloran, los italianos, los que habitan en las costas del Ianua, hacen travesuras con sus voces; pero los alemanes (y me avergüenzan al decirlo) aúllan como locos.

Andreas Ornithoparus His Micrologus, (1609) John Download (trad.)

  Las diferentes naciones tienen modas distintas y difieren en sus hábitos, en su dieta, en sus estudios, en el habla y en sus canciones. Así, los ingleses canturrean, los franceses cantan, los españoles lloran, los italianos, los que habitan en las costas del Ianua, hacen travesuras con sus voces; pero los alemanes (y me avergüenzan al decirlo) aúllan como locos.

Andreas Ornithoparus His Micrologus, (1609) John Download (trad.)

  Cuando el Doctor [Benjamin] Franklin inventor armónica [de cristal], la escondió de su esposa hasta que el instrumento estuvo listo para ser tocado; entonces la despertó con ella una noche, y ella creyó oír la música de los ángeles.

Autobiografía (1850), «Recuerdos musicales», Leigh Hunt.

  Creo que la música, junto con otras muchas vanidades, es conveniente para las mujeres, y quizás también para algunos que parecen hombres, pero no para aquellos que son realmente hombres; éstos no deben ceder a las delicadezas que puedan afeminar sus mentes. (Lord Gaspar).

Libro del cortesano (1528), Baltasar Castiglione.

  El hombre que no tiene música en su interior, ni le conmueve la armonía de los dulces unidos, es proclive a las traiciones, estratagemas y tretas, las emociones de su espíritu son oscuras como la noche y sus afectos tenebrosos como el ErevoAverno, infierno: no confiad nunca en un hombre así… Oíd la música. (Lorenzo)

El mercader de Venecia, V.i, William Shakespeare.

  La música y el opio son iguales. La música afecta a la mente humana haciendo que los hombres sólo piensen en la música y en temas sensuales … La música constituye una traición al país, una traición a nuestra juventud, y deberíamos eliminar toda esa música y sustituirla por algo instructivo.

Discurso (1979), Ayatollah Khomeini.

  Ninguna de nosotras tenía aptitudes musicales, aunque la señorita Jenkins marcaba el compás, perdiendo el compás, para que lo pareciera.

Cranford, (1851-1853) Elizabeth Gaskell.

  Existe una amplia cantidad de canciones de amor de los poetas, escritas de una manera totalmente ajena a la profesión y al nombre de cristiano. Son las canciones del hombre dominado por las pasiones, y un gran número de músicos, corruptores de la juventud, hacen de ella en la máxima preocupación de su arte y de su industria. Las alabanzas a su destreza les hacen florecer en idéntica proporción a cuanto ofenden a los hombres serios y buenos con el gusto depravado de sus obras. Me ruboriza y aflige pensar que antes me contaba entre ellos.

Dedicatoria al Cuarto libro de motetes (1584), Giovanni Pierluigi da Palestrina.

  Luego que le hayáis enviado vuestras dolientes elegías, haced que se escuche bajo las ventanas del aposento de vuestra amada algún dulce concierto. A las voces de los instrumentos unid las palabras de un cántico melancólico. El silencio recogido de la noche de dar realce a vuestras melodiosas querellasExpresión de un dolor físico o de un sentimiento doloroso. Nada y como este medio para atraerlos su ternura. (Proteo)

Los dos hidalgos de Verona, III.II, William Shakespeare.

  No es nada complicado escribir música americana. Todo lo que tienes que hacer es ser americano y luego escribir cualquier estilo de música que te apetezca.

Virgil Thomson, citado en Introduction to Contemporary Music (1936), Machlis.

  La mujer imbécil y demente, desgarrante, que brama, desconcertante, chirriante, ruidosa, que emite unos chillidos abominables, absolutamente delirantes, estúpidos, de lo más descarados, perniciosos y testarudos, practica alaridos en el piso de abajo con un maestro de canto animal con tan poca gracia que estoy a punto de volverme loco [sobre las cantantes amateurs].

«Carta a Lady Strachey», (1859), Edward Lear.

  Tengo una querida. Mis amantes han llegado y se han ido, pero sólo mi querida permanece. Ella es bella y gentil […] Está a la última moda. Tiene gracia. Cuando habla, no das crédito a lo que oyes. Tiene diez mil años de edad. Es tan moderna como el mañana, una mujer nueva cada día, y tan infinita como la matemática del tiempo. La vida con ella es un laberinto de ramificaciones. Ansío todos sus gestos.
La música es mi querida, y nadie le hace sombra.

Music is My Mistress (1973), Duke Ellington.

  ¿Cuál de los dos poderes, el amor o la música, puede elevar al hombre a las cotas más sublimes? Es un gran problema, y me parece que ésta es la respuesta: «el amor no puede dar una idea de la música, pero la música puede dar una idea del amor». ¿Por qué separarlos? Son las dos alas del alma.

Memoirs (1865), Hector Berlioz.

  Cantar es divertido aunque nadie nos escuche.

«A Robert Browning», Walter Savage Landor.