17/06/2024

Chistes verdes, azules, amarillos y de todos los colores

Un poco de humor nunca viene mal y recuerden que no deben mosquearse, es solo humor, para que nos riamos todos. Es más, pueden cambiar a la gente de país, región o lo que quieran que hace la misma gracia.

Un actor porno entra a una peluquería y se sienta detras de una monja y le dice:
─Quiero hacer el amor contigo
─Soy monja y no puedo hacer esas cosas…
La monja se va y el peluquero le dice al actor porno:
─Yo sé cómo puedes hacerle el amor a la monja…
El actor porno interesado pregunta cómo y el peluquero le dice:
─Ella todos los martes reza a la media noche en el cementerio. Si te pones una túnica y te pintas de blanco ella pensara que eres Dios y hará lo que le digas…
El martes en efecto apareció la monja y el actor porno saltó de los arbustos y le dijo:
─Hija mía, escucharé tus plegarias, pero primero tienes que hacer el amor conmigo…!
La monja contestó:
─Altísimo, está bien, pero tiene que ser por detrás porque quiero conservar la virginidad.
El actor porno se montó y después de 20 minutos de estar dándole le dice:
-Ja, ja, ja soy el actor porno…
Y la monja contesta:
-¡Ja, ja, ja! ¡Y yo soy el peluquero!
Llega un regiomontano a la casa de su compadre y al tocar la puerta grita:
─¡Hey, soy yo compadre!
La comadre le abre y dice:
─Juan está en el baño.
Y ahí va el compadre. Entra y está el compa a toda madre en un jacuzzi. Y el compadre sorprendido dice:
─¡Pero compadre! ¿Qué es esa chingadera?
─¡Ah! ¡Como será buey compadre, es un jacuzzi!
─¡Ah, chinga! ¿Y dónde lo compró?
─Mire, llame a este número y allí se lo venden compadre.
Días después el compadre habla y les dice:
─Quiero una cosa como la de mi compadre.
─¿Y quién es su compadre?
─Juan Martínez Treviño de la Garza Zambrano y Junco, pelaos.
─¡Ah! ¿Si? ¿Y usted quiere un jacuzzi? Van a ser $2500.
─¿Qué? ¿No habrá otra cosa más barata?
─Pos una tina.
─Bueno, pos me la trae.
─Está bien, luego se la mandamos.
Pasa un mes y la tina no llega, y el compadre desesperado le habla a Juan y le pregunta ¿qué que pedo? El compadre le dice:
─Es que tiene que mandar un telegrama, compadre.
Y ahí va el compadre todo malhumorado a telégrafos y llena un telegrama donde le pone a los vendedores:
─Miren, hijos de la chingada, quiero mi pinche tina ahora mismo.
Lo entrega al despachador de telégrafos y este le dice:
─Son 500 pesos.
─¿Qué?
─Es que son muchas letras y por cada letra se cobra una buena feria.
─Está bien, haré otro.
Y el compadre pone solo una i. Una semana más tarde le hablan los de la tienda:
─Señor José Garza ¿usted nos mandó un telegrama?
─¡Si! ¿Porqué?
─Es que llevamos leyéndolo un buen rato y no lo entendemos, sólo tiene una letra.
─¿Ah si? ¿Y qué letra es?
─Una i.
─¿Y que tipo de i?
─I latina, no más.
─¡Ahí ta pendejos! ¿Y la tina onde chingaos está?
Al servicio de emergencia médica de una localidad balnearia llama desesperado un turista:
─¡Ayúdenme! ¡Me quedé dormido al sol boca arriba en la playa y ahora estoy todo quemado! ¿Qué puedo hacer?
─Esta noche, al acostarse ─le responde el médico─ unte todo su cuerpo con una crema de Aloe Vera, tómese 2 pastillas de Viagra y, lógicamente, duerma boca arriba.
─Lo del Aloe Vera y dormir boca arriba, lo entiendo, pero… ¿Para qué las 2 pastillas de Viagra?
Y el Dr. le responde:
─Para que la sábana no le toque el cuerpo.
Un hombre va a ver al urólogo y le dice que quiere hacerse la vasectomía.
El doctor le dice:
─Señor, es una decisión muy radical ¿lo ha comentado con su esposa e hijos?
Y el señor le contesta
─¡Sí! Votamos y quedó 17 a 2.
Un tipo ya maduro se hace socio de un club nudista muy exclusivo, por simple curiosidad, en busca de nuevas emociones. Como era su primer día, se quita la ropa como todo el mundo y sale a dar vueltas por el lugar, una linda rubia aparece por ahí, obviamente desnuda y él tipo sin poder controlarlo nota como su miembro se le levantaba, la hermosa chica que ha detectado la descomunal erección, se acerca sensual:
—¿Me ha llamado, señor?
—¿Yo?… ¡No!… ¿Por qué?
—Usted debe ser nuevo, le voy a explicar… Aquí tenemos una regla: si le provoco una erección, quiere decir que usted me ha llamado, y que usted me desea.
Sonriente la chica lo lleva a un jardín y se tumba en una toalla, invita al paisano a echarse y se deja hacer todo lo que el hombre quiera, de todas las formas posibles
y en todas las posturas imaginables.
El hombre, loco de contento y satisfecho de tanto placer, sigue explorando las delicias de aquel campo.
Entra en la sauna, se sienta e involuntariamente se le escapa un pedo.
Sonriente, de inmediato se le acerca un tipo enorme, peludo y con una erección del tamaño de un bate de béisbol:
—¿Me ha llamado, señor?
—¡¿Yo?! ¡No! ¿Por qué?
—Usted debe ser nuevo aquí. Le voy a explicar, tenemos una regla que dice que si se tira un pedo, significa que me ha llamado, que usted me desea.
Dicho esto, el gigantón voltea a nuestro amigo, lo pone a cuatro patas y se lo ensarta de todas las formas posibles. Luego se marcha. El novicio, con mucha dificultad porque tiene el culo hecho trizas, se dirige como puede a la oficina del club. Una recepcionista lo saluda muy sonriente:
—¿Puedo ayudarlo, señor?
—Le devuelvo su llave y su tarjeta, puede quedarse con los 5000 pesos de cuota inicial
—¡Pero señor, usted tan solo ha estado aquí un par de horas y solamente ha visto dos de nuestras instalaciones!
—¡Escúcheme, guapa!─ replica el tipo, mirando fijamente a la recepcionista
─Tengo ya 58 años, a duras penas tengo una erección a la semana, pero me tiro como unos 15 pedos al día. ¡Asi No me salen las cuentas!
Esto son dos amigos, que vuelven al trabajo, un lunes.

─Hombre! ¿Qué tal el fin de semana? ¿Habías ido a la playa no?

─Pues sí, fui a la playa con mi mujer y los niños. Y no vas a creer lo que me pasó. Pues resulta que fui a dar un paseo por la ria, donde se ponen los pescadores. Iba yo comiéndome un bocadillo de chorizo y observé que los peces se tiraban a las migas que caían al agua. Pues nada, que ni corto ni perezoso, metí el chorizo en el agua y viene un besugo, que no sé qué hacía ahí, le pega un mordisco al chorizo, tiré de él y lo saqué del agua. ¡Macho, no veas que besugo! ¡20 kg lo menos, oye!

─ ¡Coño! Vaya pedazo de bicho, ¿no?

─Pues como lo oyes. ¿Y tú qué tal, el fin de semana?

─Calla, no me hables, ¡que estoy metido en un lío tremendo!

─ ¡Coño! ¿Qué pasó?

─Pues nada, que me fui a cazar. Estuve todo el día por el monte, y nada. Oye, es que ni una pieza. Total, que cuando estaba de vuelta al Land-Rover, veo que cerca de la carretera aparece un ciervo. Casi sin pensarlo le apunto y lo dejo seco.

─Anda, la leche, ¡qué suerte! ¿Oye, pero no estamos en veda?

─Coño, claro que estamos en veda. Ahí empezó el lío. Y lo malo es que cuando me acerqué, resulta que era una cierva, y estaba embarazada.

─ ¡Coño! ¿Y qué hiciste?

─ ¡Pues que voy a hacer! Cogí una pala del coche y me puse a cavar un agujero para enterrar a la cierva.

─ ¡Míralo que pillín!

─No, calla, calla, que resulta que cuando ya estaba acabando el agujero, ¡resulta que aparece el guarda!

─ ¡Ostia! ¡Qué multa, macho!

─ ¡Que multa, ni qué carajo! Cabreado como estaba, no se me ocurrió otra cosa que coger la escopeta, y le pegué dos tiros, macho

─ ¡Ay, ay, ay! ¡A la cárcel, manolo!

─ ¡Chsss! ¿Quieres hablar más bajo, ostia?

Hablando en tono más bajito ─A la cárcel, Manolo, a la puta cárcel vas a ir, por burro y asesino.

─Que no, capullo, ¿no ves que tenía hecho un hoyo? Pues nada, con enterrar al guarda con el ciervo, se acabó el problema.

─ ¡No me jodas, Manolo!

─ ¡Chsss! Sí hombre, lo malo fue que cuando estaba metiendo al guarda en el agujero, apareció una pareja de la Guardia Civil.

─ ¡Ah! ¡Ostia, Manolo! (¡ostia, Manolo, que hiciste!)

─Coño, ¡qué voy a hacer! ¿Qué quieres, que me metan en la cárcel? ¡Les pegué cuatro tiros a los dos! Total, con hacer más grande el agujero…

─ ¡Ah! ¡A la cárcel para toda la puta vida!

─ ¡Chsss! ¿Quieres hablar más bajo, capullo? Lo peor es que cuando estaba agrandando el agujero, se acercó por la carretera un autobús, y al ver el coche se paró. Joder, Federico, un autobús lleno de turistas ingleses ¿te lo puedes creer?

─ ¡Ay, Ay! ¡No me jodas, Manolo! ¡Ostia, no me jodas! Ay, la madre que te parió ¿qué le hiciste a los turistas?

─Mira jodido, ya le estás quitando kilos a tu puto besugo, o me cargo a todos los ingleses ahora mismo.

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