14/04/2024

Carta abierta a Fernando Simón

Fernando Simón, director del Centro de Coordinación de Alertas y Emergencias Sanitarias
Fernando Simón, director del Centro de Coordinación de Alertas y Emergencias Sanitarias

Apreciado y respetado Doctor:

He sentido un gran alivio cuando ha manifestado ante toda España que no sabe hacer la declaración de la renta. Yo tampoco. Y también cuando muestra su desconocimiento de tantos y tantos temas; cuando declara ignorar la favorable situación de Alemania en esta pandemia que asola el mundo. Tampoco yo lo sé todo de todo y, como usted, cada día en mi trabajo me comprometo a estudiarlo para el día siguiente.

Muchos se preguntan qué narices hace usted siendo la imagen y la voz de un país en una crisis tan grave si, como dice, no lo sabe todo; si comete errores y los reconoce; si viste como viste, habla como habla, se peina como se peina… O no se peina. Les preocupa mucho.

Les preocupa a quienes sí lo saben todo, para todo tienen respuesta; a quienes de todo opinan aunque de nada sepan y, además, saben hacer su declaración de la renta. Les preocupa a quienes, limitados por unas orejeras de tamaño descomunal, no aciertan a ver más allá de sus narices, y mucho menos a entender cómo funciona esto que llamamos mundo. Les preocupa a quienes hubieran preferido un portavoz recién llegado de la peluquería, dando voces a diestro y siniestro; ataviado con corbata negra, por supuesto, y acompañado por cuatro plañideras y un enterrador en una suerte de performance acorde al momento. Y, además, que supiera todo de todo o, al menos, que respondiera a todas las preguntas aunque saliera por los cerros de ÚbedaIRSE POR LOS CERROS DE ÚBEDAPerderse en divagaciones o dispersar la conversación en nada. Se comenta que un capitán durante la reconquista de Úbeda en Jaén, en 1234, desapareció durante la batalla y una vez tomada la ciudad, apareció de forma mágica. Dijo haberse perdido por la montaña ─los cerros de Úbeda─. Lo que creyó la gente es que era un cobarde traidor.. Alguien, en definitiva, que no cometiera errores y, como ellos, capaz de adivinar el pasado.

Cada día, apreciado Doctor, acudimos a su consulta porque, con más o menos síntomas de miedo y desasosiego, todos somos pacientes. Todos. Incluso quienes se consideran inmunes a la realidad y bucean en barrizales donde les dicen exactamente lo que quieren escuchar. Eso les reconforta instantáneamente, como una compra compulsiva, pero no les sana. Acudimos porque lo primero que necesitamos, como enfermos, es su confianza antes que pastillas. Y esa confianza nos la ofrece su palabra sosegada, su mirada templada y su escucha activa. Porque no nos cura el médico que nos somete a una clase magistral; nos cura el médico que nos escucha, que empatizaEMPATÍA1. f. Sentimiento de identificación con algo o alguien. ─ 2. f. Capacidad de identificarse con alguien y compartir sus sentimientos. con nosotros sin llegar a cruzar esa línea roja que se establece en terapia. Esa escucha activa nos libera, a modo de catarsisCATARSISnombre femenino ─ 1. Entre los antiguos griegos, purificación de las pasiones del ánimo mediante las emociones que provoca la contemplación de una situación trágica. ─ 2. Liberación o eliminación de los recuerdos que alteran la mente o el equilibrio nervioso., de la monotonía de los días aciagosACIAGOadjetivo ─ 1. Que conlleva desgracia y causa tristeza o sufrimiento. ─ 2. Que presagia desgracias y mala suerte. y a usted le facilita un diagnóstico más preciso. Incluso su aire informal favorece la necesaria cercanía entre terapeuta y paciente.

Por eso, cada día, con mis preocupaciones, las que reinvento en torno al enemigo desconocido, acudo a su sesión de terapia. Porque me escucha, sabe de mis miedos y mis dudas y tiene la palabra exacta, el tono adecuado y la serenidad para orientarme sin más pretensiones, alejado de una fama sobrevenida que acepta humildemente por cuanto lleva añadido de tantos y tantos agradecimientos. Usted quizás no lo sepa, pero en la intimidad de este largo confinamiento millones de personas esperamos su palabra, su tono sosegado para aliviar esta pesada carga de los días, de la incertidumbre, del desasosiego.

Observo cómo afronta cada pregunta con templanza, con mesuraMESURAContención o freno en la conducta, sin un atisbo de resentimiento por mucho que algunas rocen el absurdo o busquen el titular amarillista. Sonrío por la desenvoltura que muestra corrigiendo a ese periodista impertinente con una prudencia no exenta de firmeza. Me consuela saber que no tiene respuesta para todo, lo que da muestras sobradas de su sabiduría.

Quizás tampoco sepa que se ha convertido en el terapeuta de todo un país, capaz de incorporar a una exquisita formación abundantes virtudes como persona. Hasta su moderado sentido del humor es necesario cuando la tormenta arrecia. Y no es irreverente, más al contrario, ejerce de bálsamo cuando alrededor todo es negrura.

Incomprendido por algunos y admirado por muchos, estimado Doctor SimónFernando Simón SoriaFernando Simón SoriaWikipedia, debo decirle que sí nos representa; ha sido nuestro referente en una escalada de miedos y lo sigue siendo en otra desescalada de esperanza; porque más allá de su excelencia formativa, más allá de un pasado de entrega a los demás, más allá de una vida cuajada de experiencias es, ante todo y sobre todo, humano.

Confío en que todo el país, desde el dolor y desde la esperanza, reconozca su generosa labor y la de todo su equipo. Poco importa si le erigen estatuas o dedican calles, eso es para gente «importante», todo ello muy merecido; más sincero será el agradecimiento de 47 millones de españoles desde lo más profundo de nuestro corazón. Aquí dejo el mío:

¡GRACIAS, FERNANDO SIMÓN!

Javier S. Sánchez

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