Argumentos interesantes que hay que leer y oír

Murcia, el feudo de Vox que tiene una lección para España

Había dos vikingos amigos que solían quedar en una taberna todas las noches. En cierta ocasión, cuando uno de ellos entró se encontró al otro con una jarra de aguardiente de pera. Sorprendido, le preguntó ¿Qué haces tomando aguardiente de pera? Ayer lo probaste por primera vez y sólo con un vaso acabaste teniendo diarrea. El otro vikingo le respondió no hay problema, ya sé que no debo tomar vasos de aguardiente de pera porque me producen diarrea. Por eso he decidido tomar jarras.

El anterior cuento es de aplicación a la relación entre los murcianos, PP y Vox. Todos sabemos que los cuadros dirigentes de Vox vienen esencialmente del PP (aunque algunos provengan de pequeños partidos de extrema derecha). Su diferencia con el PP es que no tienen complejos, y aquello que el PP quiere hacer pero no se atreve por considerarlo demasiado obsceno, Vox lo hace.

¿Que los millonarios quieren pagar unos impuestos testimoniales? El PP intentará colocar algún impuestillo que les permita salvar la cara y decir que que los ricos también pagan, pero Vox directamente les exigirá los mismos impuestos que pagan los prebostes de Guatemala, Honduras y otras repúblicas bananeras donde la clase dirigente es Dios y el pueblo se muere de hambre.

¿Que los ciudadanos quieren conocer el patrimonio de los políticos y la forma en que se gestiona lo público? El PP hará una ley de transparencia basada en el postureo, donde los diputados estén obligados a hacer declaraciones de bienes cuya veracidad nadie controla. Pero Vox, directamente, dirá que eso son mariconadas y se negará incluso a hacer el paripé de rellenar la declaración de bienes (caso de Espinosa de los Monteros).

¿Que en las grandes ciudades nos estamos asfixiando por la polución? El PP intentará aplicar medidas cosméticas que no afecten a los intereses de los contaminantes, pero Vox directamente dirá que el cambio climático y la contaminación son inventos de hippies piojosos.

¿Que los banqueros están salivando sobreexcitados ante el negocio de las pensiones privadas, y los ricos se quejan de que pagan muchos impuestos para sostener las pensiones de los pobres? El PP congelará las pensiones, pero Vox directamente impondrá un modelo de pensiones públicas ridículas que deberán complementarse con pensiones privadas, como el de Pinochet en Chile.

¿Que hay partidos como el PNV que, sin saltarse ley alguna, osan poner en cuestión la sagrada y naturalmente homogénea unidad de España? El PP los criticará, pero Vox exigirá su ilegalización aunque sean los más votados en sus territorios y todos sepamos que, en el fondo, tampoco quieren la independencia.

En suma, Vox es el PP sin complejos y con toda la agresividad precisa para llevar a cabo un programa ultraneoliberal en lo económico y nacionalcatólico en lo moral. Y en Murcia, una Región esquilmada por el PP y condenada al atraso y la pobreza más escandalosos dentro de España tras 14 años de gobierno pepero, votamos a Vox hasta volverle la primera fuerza. En su día, escribí este artículo explicando las causas de por qué somos la región más facha. Pero me olvidé de una: nuestra izquierda local. Y en su análisis está la solución para evitar que en España acabe pasando lo mismo que en Murcia.

En Murcia tenemos un PSOE que, aparte de no ser de izquierdas, obedece ciegamente a Madrid. Eso el PP lo aprovechó mucho cuando desde Madrid se ordenó al PSOE murciano que defendiese el Plan Hidrológico Nacional pese a que los agricultores estaban aterrados por el déficit hídrico que supondría. Y esa fue una de las grandes bazas del PP durante sus primeros años de gobierno para satanizar al PSOE y llevarse a todo el sector agrícola (con las decenas de miles de votos que implica) a su terreno. Y en cuanto al resto de temas políticos, el PSOE murciano se caracteriza por su pasividad, su falta de valentía y de denuncia de las obscenas injusticias sociales que vivimos en Murcia.

Si nos metemos en Podemos, la mejor forma de identificar su problema se encuentra en los resultados que obtuvo Más País ayer en Murcia. Un 1.8% de los votos. Y su candidato, hasta hacía pocas semanas, era el secretario general de Podemos Murcia, que se llevó con él a todo su séquito para engrosar el partido de Errejón. Como podéis ver, su tirón personal es nulo, y ello se debe a que Podemos fue, durante todo el mandato de Urralburu, una secta cerrada a la sociedad, donde él y sus acólitos cortaban el bacalao y se cuidaban mucho de fomentar cualquier tipo de apertura a la sociedad o vías de participación para los militantes, pues tenían pánico a perder el control. El resultado fue que la estructura del partido quedó reducida esencialmente a Urralburu y sus mariachis.

Marhuenda acuñó un concepto muy útil para definir a las cúpulas del PSOE y el Podemos murcianos: pijo-progre. Gente que vive de la política sin haber estudiado ni trabajado en su vida, o que habiendo estudiado una carrera se metieron en política en cuanto la acabaron, o que teniendo un trabajo (los menos) nunca se relacionan con las clases populares, sino que van a los garitos más chics a filosofar sobre la diferencia entre sexo y género o sobre si ir con las piernas abiertas en el autobús es micromachismo. Cuando Vox ve a estos especímenes a la cabeza de los partidos de izquierda, sufre mucho para que no se le escapen los gritos de euforia.

Los líderes de Podemos y PSOE en Murcia nos han demostrado lo que debe hacerse si se quiere que la derecha convierta un territorio en su feudo. Pero, inconscientemente, también nos han mostrado lo que no debe hacerse. Una lección muy útil para España que se resume en las siguientes máximas:

-Hablemos de las cosas de comer. Son el punto débil de Vox y el PP. Ellos se nutren de los instintos tribales (banderas, rechazo al diferente…) y la izquierda debe enarbolar lo que une a la inmensa mayoría de españoles. Mileurismo, pensiones de miseria, enorme riqueza de nuestros ricos, explotación laboral…la izquierda debe estar en cada foco de injusticia para denunciarla sin paliativos y exigir soluciones inmediatas, haciendo pedagogía sobre la factibilidad de esas soluciones y destacando los ejemplos de aquellos países donde ya se han implantado (países que están en Europa, muy cerca de nosotros). Cierto es que el PSOE se siente mucho más cómodo hablando de micromachismos que del elevadísimo numero de accidentes laborales en El Pozo (una de las empresas-vaca sagrada de Murcia) pero así no se cala en el corazón de los currantes.

-Creemos partidos abiertos a la sociedad, participativos y con cúpulas representativas de la realidad social. Autónomos, trabajadores de distintos ramos, pensionistas…porque una cúpula formada por pijo-progres del mundo universitario que citan a Gramsci resulta muy repelente para el ciudadano medio. Cada ciudadano debe sentir el partido como algo suyo, algo de lo que forma parte, que le es útil y en cuyo destino toma parte a través de sus decisiones.

-No neguemos los problemas reales. No hay nada más irritante que un pijo-progre diciendo desde su chalet que la delincuencia no existe mientras a tu abuela le han robado el bolso. Hay que combatir el racismo, rechazar a quienes identifican color de piel e índice de delincuencia pero, a la vez, tomar medidas para que quienes delincan (sean inmigrantes o nacionales) reciban una respuesta adecuada, así como para garantizar la seguridad ciudadana.

-Usar las cosas de comer para que la gente sepa quién está de su lado. Este tío te llama compatriota y te dice que el enemigo está en Cataluña, pero está defendiendo los intereses del empresario que te tiene trabajando 60 horas por 600 euros. Juegan al golf en el mismo sitio mientras tú y yo vamos juntos a la Inspección de Trabajo a denunciar tu situación ¿Quién de los dos es tu amigo?. La anterior frase resume la única forma real de frenar a la derecha.

-Ejemplaridad. Sueldos bajos, vida austera y dedicación constante a las necesidades del pueblo. Porque vivir en una mansión y decir que te preocupa el futuro de quien no tiene casa, resulta difícil de defender.

En suma, que el sueño de Vox es una izquierda dirigida por pijo-progres, adictos al poder y estómagos agradecidos. Su pesadilla es una izquierda humilde, luchadora, con implantación social lograda a costa de dar ejemplo, con una base social ganada mediante el respeto y el fomento de la participación ciudadana, y sin miedo a plantar cara a los poderosos. Cuando la tengamos en Murcia, habremos dado un paso decisivo para dejar de ser la región más facha.

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Los rojos vencen a los progres

Hace tiempo que lo digo: el enfrentamiento en Podemos se reduce a una confrontación entre rojos y progres. Y al final, creo que para bien, han vencido los rojos.

La victoria de Pablo Iglesias sobre Errejón significa que la fusión, de facto, con Izquierda Unida, convierte a Podemos en una nueva versión del Partido Comunista, ese Partido Cartlista de la izquierda inmune al desaliento de la historia. El PSOE suspira aliviado, porque no perderá más votos que los que recibía prestados sin ser suyos, y el PP da palmas con las orejas, porque los progres dan un poco de grima a las viejas, pero los rojos directamente dan miedo, y por miedo se pueden justificar muchas cobardías, incluso acabar votando a un mediocre impresentable como Rajoy.

Lo que aquí se ha discutido, en el fondo, es si la sociedad se cambia haciendo click en el me gusta de Facebook o quemando contenedores en la calle, sin un término medio que pueda conciliar ambas opciones. Con Errejón, ardía Twitter. Con Iglesias, la intención es que ardan las calles.

El problema estará en ver a cuánta gente le apetece sumarse a esos saraos, cuántos revolucionarios quedan, aparte de los de barra de bar y mesa camilla, y qué fuerza electoral es capaz de movilizar ese partido, capturado a día de hoy por la reivindicaciones de cien grupos de interés que van exclusivamente a lo suyo sin preocuparse de lo que realmente duele a las mayorías. Animalistas, feministas, LGTB, cantonalistas diversos, anticlericales, republicanos…

Simbolismos low cost a mansalva, pero poco, muy poco énfasis en luchar por mejores salarios, servicios más eficientes y un reparto más justo y realista de la riqueza.

¿Conseguirán movilizar a todos su potenciales votantes o no podrán evitar que muchos se queden en casa porque el programa no menciona la lucha contra la extinción de la nutria albina?

Ese ha sido su problema. Esa sigue sido su tragedia: que dan miedo, pero no a quien corresponde.

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