Anecdotario histórico valenciano

En la valencia antigua, los barberos tenían un vaso con agua en el que ponían a remojo dos o tres nueces de diferentes tamaños, que introducían en la boca de los clientes de rostro delgado, redondeándoles así los carrillos, para que la navaja se deslizase con suavidad y no hacerles ningún daño. En el siglo XVII los médicos y los letrados se distinguían por sus barbas crecidas… ¡No es extraño que quisieran evitar tener que afeitarse para no verse obligados a chupar las nueces de los barberos!

En la Valencia del siglo XVI, los religiosos y religiosas jugaban a los bolos en los claustros de los Conventos y, para no hacer ruido, las monjas confeccionaban unas bolas de papel muy lisas y ligeras. Para distinguir las bolas de cada competidor, cada jugadora las tenía de un color distinto.

En 1925, empezó a funcionar en Valencia el servicio de Giro Postal, los funcionarios de Correos tuvieron el bonito gesto de inaugurarlo ellos mismos dirigiendo el primer giro —en cuyo importe participaron de forma colectiva— a la Asociación Valenciana de Caridad.

En el año 1427, que se había celebrado la Procesión del Corpus el mismo día de dicha festividad religiosa, como es tradicional, se volvió a celebrar la procesión el día 3 de agosto. Éste hecho inaudito, fue debido a que el rey Alfonso el Magnánimo y su esposa la reina doña María, estando durante el mes de agosto en Valencia, expresaron reiteradamente su deseo de presenciar la procesión del Corpus valenciano, que era famosa por su espectacularidad, su brillantez y la participación en ella de numerosos personajes bíblicos.

En la parroquia de los Santos Juanes —llamada popularmente de los Pillos— fueron bautizados, entre otros valencianos ilustres, Juan Navarro Reverter, el Marqués de Campo, el Primado Reig, el Cardenal Benlloch, el pintor Martínez Cubells y el charlista Federico García Sanchis, y fue enterrado en ella el pintor Francisco Ribalta.

Cuando Ramón y Cajal aprobó las oposiciones a catedrático de Anatomía, ocupó dicha cátedra en la Facultad de Medicina de Valencia, ciudad en la que permaneció durante tres años. Uno de sus hijos, Jorge Ramón y Cajal y Fayanás, nació en Valencia en 1889 y murió en Madrid en 1940; se especializó en Histología como su padre.

Algunos valencianos, a causa de hablar habitualmente en su lengua natal, ensordecen la «d» final de las palabras castellanas, y por ello los madrileños criticaban esta costumbre como en el siguiente verso:

Los de Valencia del Cit
tienen por gala y virtut
pronunciar con acritut
por no hacer como en Madrit.

Los valencianos replicaron señalando la característica de los madrileños:

En Madriz, villa y ciudaz,
tienen por honra y por prez,
el beber sin tener sez
y hablar sin necesidaz.

El juego de naipes se introdujo en Valencia a principios del siglo XIV y, aunque al principio sólo jugaban a las cartas los hombres, pronto se contagió la afición a las mujeres y a los niños. Lo que empezó por entrenimiento se convirtió en vicio y, los magistrados valencianos, prohibieron que se jugase con dinero. El apasionamiento era tal que, no sólo apostaban dinero los jugadores, sino también aquellos que presenciaban las partidas de naipes; la prohibición de apostar dinero alcanzaba tanto los jugadores como los mirones.

La horca para ajusticiados, que databa de principios del siglo XV y estaba situada en el centro de la plaza del Mercado, fue derribada a finales del siglo XVI para engalanar el lugar y colocar un arco triunfal con motivo de la boda de Felipe III y la archiduquesa de Austria. Se construyó, posteriormente, otra nueva horca, que fue demolida en 1622, con motivo de la visita de Felipe IV a Valencia. A partir de esa fecha, la horca se montaba sólo cuando iba a ser utilizada.

El fonógrafo que inventó Edison, y que se dio a conocer a toda Europa en la Exposición Universal de París de 1878, fue presentado en Valencia en marzo de 1879 y tuvo lugar la primicia en el Aula de Física del Instituto de Segunda Enseñanza y la presentación fue hecha por el catedrático de dicho centro Jaime Banus.

La Delicá de Gandía es un personaje legendario, muy popular, que aparece citado ya en el siglo XVIII. Es sinónimo de mujer melindrosa, a la que «una flor de jazmín, le rompió la cabeza». Otros hablan de ella diciendo que «una hoja de rosa, le cayó en la cabeza y se la rompió». Claro que, al parecer, si fue un pétalo de rosa pero… ¡Que se desprendió de uno de los rosetón es de piedra que decoraban la portada gótica de la Colegiata de Gandía, cuando ella salía de Misa! Así se comprende el dicho popular: La Delicá de Gandia, que mori d’una fulla de rosa que li caigué en el cap… ¿y como no, si era de piedra? Un excelente cuadro del pintor valenciano Antonio Fillol se titula precisamente así: La Delicá de Gandia.

La delicà de Gandia de Antoni Fillol Granell
La delicà de Gandia de Antoni Fillol Granell

Alfonso XIII llegó a Valencia, en enero de 1875, por mar, tras ser proclamado rey de España, en Sagunto, por el general Martínez Campos. Lo hizo desde Marsella, a bordo de la fragata Navas de Tolosa, que se mantuvo alejada del puerto, trasladándose el rey, con su séquito, al buque de guerra San Antonio, que los acercó al desembarcadero. En sus primeras palabras destacó, el monarca, su cariño a Valencia «por tener por patrona, que lo es común a toda España, a la virgen María bajo la invocación de Madre de los Desamparados». Entró en la ciudad montando un caballo blanco. El presupuesto del ayuntamiento de Valencia para solemnizar la entrada del rey Alfonso XIII era de 60.000 pesetas (360,61 €).

La primera piedra de la Catedral de Valencia fue colocada en 1262, cuando era Obispo Andreu Albalate. En el mismo lugar existió, en época romana, un templo dedicado a Diana y, en época árabe, una Mezquita.

El primitivo Ayuntamiento de Valencia, estuvo situado en los actuales Jardines de la Generalitat, en terrenos cuya adquisición autorizó Jaime II, en 1311. Terminado de construir en 1342, fue derribado entre 1854 y 1860.

El Gremio de Carpinteros es uno de los mas antiguos e importantes de la antigua ordenación gremial valenciana. Hasta el siglo XIX se utilizaron las denominaciones de fuster de gros para quienes construían puertas, ventanas y muebles de escasa calidad estética, y fuster de fi a los que construían muebles de cierto empaque. Para denominar a los carpinteros especializados en el trabajo sobre ébano, se utilizó el vocablo «ebanista», cuyo sentido es amplio y sustituyó a la denominación de fuster de fi.

Aunque se desconoce la fecha en que se inició la representación de los miracles de San Vicente en las calles de Valencia, se le supone una notable antigüedad. La forma en que se representan actualmente data de principios del siglo XIX, que es cuando están fechados los primeros textos conocidos. El «Altar» mas antiguo, es el de la calle del Mar, ya que existen datos de que, en 1561, para solemnizar la curación de un niño, amigo de la infancia del santo, un descendiente de aquel pequeñuelo, levantó un altar junto al «Pouet» y representó el milagro.

Durante cierto tiempo, únicamente la calle del Mar tuvo ese privilegio y, cuando los vecinos de la plaza del Mercado y Tossal quisieron celebrar de igual forma la fiesta vicentina, representan do alguno de sus milagros, tuvieron un largo pleito que la Audiencia falló en favor de la calle del Mar. Posteriormente, en 1810, se estableció la plena libertad para levantar tales altares, que proliferaron en las calles de Valencia el «día de San Vicente».

En la actualidad, sólo se conserva esta tradición en las plazas del Mercado, de la Virgen, del Pilar, del Carmen, en el Tossal y la calle del Mar, que fue el primero y el mas popular por su cercanía a la Casa Natalicia de San Vicente Ferrer. También, en Ruzafa se levanta un altar y se representan los milagros del santo. Un comerciante de la calle del Mar, cuya tienda quedaba tapada por el estrado sobre el que se representaba el «miracle», hizo famosa una cuarteta que decía:

“Vixca Sant Vicent Ferrer
vixca el carrer de la Mar,
i vixca la xoricería
que hi ha darrere l’Altar..!”