24/06/2024

1960 → OJE, la pequeña falange española

«Vale quien sirve». Con este lema nace en octubre de 1960 la Organización Juvenil Española (OJEOrganización Juvenil Española (OJE) Wikipedia) una asociación que acoge a jóvenes de toda condición social –de 10 a 21 años– con el fin de ofrecerles una formación complementaria a la que reciben en la escuela. Disciplina, solidaridad y compromiso con y para la patria son algunos de los valores que los adolescentes aprenden en los pequeños cuarteles.

El aire de España que recoge nuestra primera canción no sabe de luchas ni de lutos, no sabe de cárceles ni de historias de amor quebradas por la muerte. Nuestros oídos inéditos no entienden el silbido inquietante de la bala, sino el cantar hermanado del yunque y la campana. Y el primer aire que respiramos tiene en sus entrañas el aroma sereno, prometedor y alegre de la hogaza de pan caliente. Hemos nacido con el sol de la plaza nueva, hemos nacido con la paz.

Con estas palabras queda oficialmente inaugurada el 2 de octubre de 1960, en El Parral (Burgos), la Organización Juvenil Española (OJE), que durante los siguientes 15 años se encargará de ofrecer ocio a los adolescentes españoles en una estructura paramilitar y nostálgica del ideario falangistaFalange Española (FE)Emblema de Falange Española (FE)Wikipedia. Sin embargo, la OJE pone al alcance de las familias españolas más modestas la posibilidad de que sus hijos disfruten de vacaciones y del acceso a instalaciones deportivas, aparte de una formación cultural complementaria la escuela, hasta entonces reservado a las clases más acomodadas de la España de Franco.

El 18 de julio de 1960, el BOE publica los estatutos y la Promesa de la nueva asociación juvenil, que nace auspiciada por la Delegación Nacional de la Juventud y con una finalidad ideológica de adoctrinamiento amoldado a los nuevos tiempos y, por tanto, ligeramente más alejado de la retórica de la Cruzada de su precedente, el Frente de Juventudes. Pero una cosa es que en el acto conmemorativo de Burgos se hable de eludir el aroma a muerte y de cerrar los oídos al «silbido inquietante de la bala» –más de 20 años después del final de la Guerra Civil española– y, otra muy distinta, las juventudes españolas del franquismo escapen a la presión ideológica de la Iglesia y al adoctrinamiento en los valores del Movimiento Nacional, la exaltación de la patria y la lealtad a los camaradas que acudieron al frente a luchar por una España que ahora los lleva de excursión.

PROMESA
PROMETO: Amar a Dios y levantar sobre este amor todos mis pensamientos y acciones.
─ Servir a mi patria y procurar la unidad entre sus tierras y entre sus hombres.
─ Hacer de mi vida, con alegría y humildad, un acto permanente de servicio.
─ Sentir la responsabilidad de ser español, dentro de la necesaria comunidad de los pueblos.
─ Recordar que el estudio y el trabajo constituyen mía aportación personal a la empresa común.
─ Vivir en hermandad con mis camaradas y ser sobrio en el uso de mis derechos y generoso en el cumplimiento de mis deberes.
─ Defender la justicia y luchar por imponerla, aunque su triunfo signifique un mayor sacrificio para mí.
─ Afirmar la libertad de cada hombre, sosteniendo la mía al imperio de la norma justa y al respeto a mis superiores.
─ Mantener dignamente mi condición de joven y aceptar con gratitud la enseñanza de los mayores.
─ Honrar con la lealtad de mi conducta la memoria de todos los que ofrecieron su vida por una España mejor.
─ Perseverar y conservar frescas en la memoria, cada mañana, las anteriores afirmaciones, para sentirme activo en el seno de la Organización Juvenil Española.

La OJE se crea como un «movimiento fundado para la hermandad y entrenamiento de los jóvenes que deseen hacer de su vida un permanente acto de servicio a la justicia y a la patria dentro del espíritu cristiano de nuestros mayores», dicen sus estatutos.

Además, sus reglamentos destacan el interés que existe en luchar contra la disgregación territorial.  «La unidad es hoy un imperativo legal y, en buena medida, una venturosa realidad entre los hombres y las regiones de España. Y hemos de hacer lo posible para conseguir que lo que ha sido fruto político de buen gobierno se convierta en un profundo sentimiento colectivo de solidaridad».

Como el servicio militar obligatorio, que se justifica, entre otros fines, en que los hombres de diferentes tierras de España aprendan a conocerse y convivir juntos, la OJE nace como «un movimiento juvenil en el que se ejercen las virtudes cívicas y fortalezca el espíritu nacional porque sus beneficios se hacen evidentes no sólo en los resultados formativos obtenidos con sus afiliados, sino en el fruto que su ejemplaridad produce en el ambiente político», rezan sus disposiciones.

Entre los deberes de los jóvenes que se afilian a la organización se encuentra el de mostrar optimismo y buena disposición. Textualmente, cada adolescente debe «estar siempre alegre y dispuesto para el servicio», dos compromisos que se despliegan con mayor detalle en la Promesa que suscribe cada nuevo afiliado: «Amar a Dios y levantar sobre este amor todos mis pensamientos y acciones», seguido del de «servir a mi patria y procurar la unidad entre sus tierras y entre sus hombres». Había que hacer de la vida «un acto permanente de servicio», sentir la carga de responsabilidad que le tocaba a uno por nacer español, ser «sobrio» en el cumplimiento de los deberes; y, en homenaje a las víctimas nacionales de la Guerra Civil, «honrar con la lealtad de mi conducta la memoria de todos los que ofrecieron su vida por una España mejor».

Uno de los elementos que más se inculca los muchachos en la idea de la jerarquización. Aunque se trata de niños que en muchos casos acaban de cumplir los 10 años –algunos incluso son admitidos con menos, si sus padres lo autorizan–, su encuadramiento dentro de la organización es similar al del Ejército. Los afiliados a la OJE deben ser, aunque se realizan excepciones por la edad, varones de entre 10 y 21 años, y se distribuyen en tres grados en función de esta: flechas Flechas (de 6 a 10 años)Es el grado de los más pequeños. Caracterizado por la ilusión, inocencia y alegría. Su gran dinamismo e inquietud permiten que el núcleo armonizador de sus actividades sea un ambiente basado en el juego, la canción, la imaginación y la alegría. Los flechas se organizan en la unidad asociativa denominada aljaba. La persona responsable de planificar, dirigir y realizar las actividades es un mando de la OJE con experiencia, preparación y conocimientos pedagógicos, el jefe de aljaba. , arquerosArqueros (de 11 a 13 años)Son aventureros, empiezan a trabajar la autonomía y confianza en ellos mismos y en su escuadra, unidad asociativa básica del grado. Las ganas de nuevas experiencias favorecen que sus actividades tengan como meta el desarrollo de sus capacidades y el descubrimiento de nuevas habilidades. Los integrantes de cada escuadra eligen entre ellos a quien tiene que dirigirlos: jefe de escuadra, asumiendo así tareas de responsabilidad. y cadetesCadetes (de 14 a 17 años)Empiezan a tener más responsabilidades, son ambiciosos y trabajan el sentimiento de unión dentro del grupo y de las organizaciones territoriales. Empiezan a especializarse en alguna de las ramas de actividad (estudio y formación, deportes y recreo, cultura y arte o aire libre) y a iniciar su formación como mandos (monitores de ocio y tiempo libre) de alguno de los tres grados (flechas, arqueros o cadetes)., organizados en escuadras, centurias y círculos.

La nomenclatura, vagamente evocadora de las legiones romanas, no puede ser más explícitamente militar. También lo es el uniforme, rematado con boina y adornado con chapas, insignias, medallas y distintivos que emulan a las condecoraciones del Ejército.

Los flechas integran las escuadras, que cuentan con un número variable de entre seis y nueve jóvenes. «De entre ellos –explican los estatutos–, será nombrado el jefe, quien había de exportarse siempre en ser el más experto y generoso entre sus camaradas». A los jefes, no obstante se les explica que «mandar no es ordenar. Mandar es servir» y así, el jefe debe ofrecer «al flecha, la mano; al arquero, el ejemplo; al cadete, la llamada». Una filosofía que resume el omnipresente lema «Vale quien sirve».

En resumen, las actividades de la OJE ofrecen como meta «vivir con alegría la condición de españoles y aceptar la responsabilidad que por serlo contraen»; el distintivo es una cruz potenzada veladamente afín a la cruz gamada nazi, «en cuyo centro cambiará un león rampante mirando a la derecha».

LA CARTILLA DE LA OJE
Al apuntarse, el lápiz liado recibe el Libro de Actividades Juveniles, una especie de cartilla militar ilustrada donde el nuevo miembro firma la Promesa y donde se anotan sus datos y sus progresos, los campamentos a los que asiste, sus ascensos dentro de la organización y los premios recibidos. El libro contiene ejercicios gimnásticos y alambicados signos de rastreo para comunicarse en el monte –que más parecen jeroglíficos de un código azteca– así como una serie de inquietantes normas a seguir ante un accidentado que se resumen en una fundamental, aunque un tanto pesimista: «Si se estimara riesgo de muerte inmediata, se buscará a un sacerdote para que preste los auxilios espirituales».

En un manual de uso para un pequeño ejército juvenil no puede faltar los distintivos que sirven para reconocer a los superiores ni las canciones fundamentales que hay que aprenderse de memoria y que contribuyen a crear un sentimiento corporativo al ser entonadas durante las marchas o en la formación. Entre ellas, la Canción de los almogávares que dice:

¡Desperta ferro, la espada junto al labio!
¡Desperta ferro, la espada cara al sol!
Soy almogávar y soy doncel de España,
es mi camino la senda del honor.
Como el acento se forja nuestra estirpe,
fuego en el alma y el sol en el mirar,
va mantenida mi idea con coraje,
marca mi paso mi afán de caminar.
¡Desperta ferro, mi grito y mi señal!
Soy almogávar, me gusta lo difícil,
mi senda pasa siempre por la polar.
Nuestras escuadras salidas con la aurora.
Alzan sus brazos extendidos hacia el sol.
¡Desperta España, de tres siglos de muerte!
¡Desperta España, a flor de mi canción!

Y así vuelta a empezar, en bucle hasta el infinito y más allá. Se la conoce también como «Desperta ferro». Canción marcial, de letra sencilla, que apareció como himno de los Especialistas de Aire Libre en los Cursos que se realizaban en Covaleda. Fue impresa en la «Cartilla para Campamentos Nacionales de Actividades al Aire Libre», en 1962 y se publicó en el «Cancionero Juvenil de la OJE» de ese mismo año.

La OJE disponen de locales de reunión en todas las capitales de provincia y muchas ciudades grandes. Estos círculos con nombres como el de Nueva España, en Madrid, que sita junto al Ayuntamiento en un edificio que había sido sede de la Inquisición, proporciona un espacio controlado para el ocio juvenil, una correa de transmisión de los valores ideológicos falangistas y un semillero de futuros defensores de la Dictadura. Pero también ofrecen la proyección de películas y actividades culturales, ya que los mandos llevan a los flechas a los museos, organizan concursos de dibujo y pintura y hasta certámenes literarios, además de excursiones a otras provincias y actividades deportivas.

El uso del uniforme, en una sociedad que está comenzando a descubrir el consumo y donde el ciudadano medio dispone todavía de muy pocos recursos es casi una bendición para los padres, que logran camuflar su modestia bajo el manto de la obligatoriedad y, de hecho, lo jersey de pico azul grisáceo con raya y los zapatos de acampada se convierten en un referente visual de la adolescencia española de la década.

Por esta labor social, la junta se convierte en un organismo más igualitario que su rival de importación, los Boy Scouts, cuyo glamour de organización internacional con un exótico nombre extranjero y su aparente asepsia ideológica convierten a la organización en la favorita de las familias de clase media alta a la hora de mandar fuera los niños los fines de semana y durante las vacaciones de verano.

Paradójicamente, la organización juvenil del Régimen recluta a sus miembros entre los humildes, mientras los hijos de los vencedores ideológicos de la Guerra marcan distancia con este. La rivalidad tribal entre los afiliados de ambas organizaciones es, en realidad, la traducción de una rivalidad de clase.

UN PEQUEÑO EJÉRCITO
Pero el gran teatro en el que se lleva a escena el espíritu de la OJE es el campamento de verano. En sus años de mayor apogeo, a finales de la década de los 60, antes de que la agonía del régimen aconsejar a las familias españolas disociar a sus hijos de instituciones demasiado comprometidas políticamente, la OJE llega a poseer hasta 68 campamentos juveniles, con nombres sacados de la ampulosa retórica de la raza hispánica, de los que el Régimen se nutre semánticamente, como
  • Juan de Austria (Agua Dulce, Almería)
  • Rodrigo Díaz de Vivar (Quintanar de la Sierra, Burgos)
  • Hernán Cortés (Chipiona, Cádiz)
  • Cristo Rey (Cercedilla, Madrid)
  • Hispanidad (Laredo, Santander)
  • rey Pelayo (Pola de Gordón, León)
  • Batalla de Arapiles (Tenerife)
  • Calatañazor (Soria)
  • 18 de julio (Riaño, León)
  • Francisco Franco (Gandario, La Coruña)

El campamento es una meticulosa réplica de la España perfecta que sueña el Régimen, un pequeño cuartel donde los adolescentes hacen una vida de diminutos soldados. En el las tiendas se suelen disponer en torno a una explanada central presidida por las banderas y, a menudo, el altar. El ritmo de vida del campamento comienza con una formación en la que los afiliados cantan con el brazo derecho en alto el Cara al sol con «la camisa nueva, que tú bordaste en rojo ayer» y corean «¡Vivas!» Franco y «¡Arriba!» a España, antes de lanzarse a por el rancho. El campamento se aprende a formar y a desfilar, repetir hasta la saciedad las directrices del nacionalcatolicismo, a obedecer a los mayores y mandar a los pequeños a confesarse y comulgar como parte de una peculiar manera de ser un adolescente español que no es cualquier cosa.

En el campamento se dictan consignas del día, para las que se escoge entre un repertorio en el que hay para todos los gustos. De exaltación centralista: «Eres parte de España» o «La unidad de España es varia y plural»; de carácter masoquista: «Obediencia es amor»; ambiguas: «Mejor es dar que recibir»; imperialistas: «España es universal porque se vio y se abrió al mundo; reivindicativas: «Nuestro tiempo exige justicia social»; de advertencia a los sindicatos: «El trabajo dignifica al hombre; optimistas: «El que está triste entristece a los demás»; necrofílicas: «Honrar a los muertos es ser cada día mejor», y, francamente suicidas: «Adelante, aunque sólo tengas una lanza».

Aunque el Cara al sol es la canción más reiterada en los campamentos, hay otras de no menos enjundia y lirismo como la canción de los arqueros:

Si madrugan los arqueros, Dios ayuda a los arqueros.
Es mi castillo, la tienda donde habito.
Mi rocinante es el viento del pinar;
es mi tizona la letra de mi estilo.
Mi Dulcinea es el alba sobre el mar.
Si madrugan los arqueros, Dios ayuda a los arqueros.

Pero sin duda, la canción que mejor representa el espíritu de la OJE es Prietas las filas, que pide a los jóvenes españoles que asimila en los valores marciales y emule en el espíritu de los sublevados en 1936:

Prietas las filas, recias, marciales,
nuestras escuadras van cara al mañana
que nos promete Patria, Justicia y Pan.

Mis camaradas fueron a luchar,
el gesto alegre y firme el ademán;
la vida a España dieron al morir,
hoy Grande y Libre nace para mí.
Lánzate al cielo, flecha de España,
que un blanco has de encontrar;
busca el Imperio, que ha de llevarte por cielo,
tierra y mar.

A las banderas cantan victoria
al paso de la paz;
y han florecido, rojas y frescas,
las rosas en mi haz.

Todas las virtudes militares, cristianas y varoniles que se imparten en la OJE no puede ir contra las leyes de la naturaleza y las urgencias fisiológicas de los años de crecimiento. Las concentraciones de adolescentes son un caldo de cultivo para el inevitable despertar sexual, al que también contribuyen algunos mandos, que suelen provocar peleas amistosas para rebosar se encarna infantil. El niño del sexo es inevitable y así lo narra en una crónica el escritor Luis Antonio de VillenaLuis Antonio de VillenaLuis Antonio de VillenaWikipedia, pionero afiliado de la OJE que, al año siguiente de su fundación, pasa un tiempo en un campamento de verano en Cercedilla (Madrid) enviado por sus familiares para curtirse en el aire de la sierra. En la OJE, Villena descubre «que lo que salta de debajo de la patria era el sexo, que no podía ser más que masculino». En sus propias palabras, «marginado, paradito y tímido», el escritor describe en la obra autobiográfica Patria y sexo, la aparición del deseo durante la instrucción o la clase de gimnasia, y en los vestuarios, en escenarios en los que el sector, por el canal entreabierta de los pantalones cortos. Un sentimiento que, con canciones como Me gusta lo difícil, no es tan complejo de imaginar:

Al marchar, con un cisne plateado voy,
y con todos siempre alegre estoy.
Camarada en juventud y amor;
te doy la mano con mi canción.

Con los años, los valores ideológicos que defiende la OJE no se relativizan y, todavía 1974, un año antes de la muerte del dictador, se seguirá definiendo como una organización enmarcada «dentro de los ideales que inspiran los principios de Movimiento Nacional». Ese mismo año se celebrará en Sagunto, el primer Día Nacional de la OJE, que poco después celebrará un homenaje juvenil al jefe del Estado. Tras la muerte de Franco, sin embargo, la Transición se llevará por delante el anacronismo que supone y el 1 de abril de 1977 desaparecerá por ley. Lo llorará el notario ultraderechista Blas PiñarBlas Piñar LópezBlas Piñar LópezWikipedia, dirigente de Fuerza NuevaFuerza NuevaEmblema de Fuerza NuevaWikipedia, que declarará que «no por más denostada, era menos querida».

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