Una maravilla de la creación: la superioridad natural del hombre sobre la mujer

Este texto hay que leerlo desde la perspectiva del año 1972, o quizás antes, que es cuando se editó en un libro. Actualmente se consideran machista actitudes de buena educación; para ello, se ha inventado el término micro machismo, que es la máxima calificación machista que se le puede otorgar a un hombre. En fin, como curiosidad llama la atención. Y como muestra de lo que han cambiado los tiempos también, aunque muchas personas no lo sepan apreciar. Nada más.

Un autor norteamericano, que no hace falta citar, pues su nombre no añade nada a sus textos, ha explicado en pocas palabras y con argumentos incontrovertibles, la superioridad natural del hombre sobre la mujer. Es una explicación que todos los hombres deberían conocer, al menos para estar algo más satisfechos de sí mismos.

«Lo primero es de recordar que las mujeres sólo son costilla, y lo que manda es la cabeza. Y el hombre es cabeza. Además, según el texto bíblico, Dios dio mujer al hombre y no hombre a la mujer».

«La mujer, aunque no siempre lo reconozca, siempre advierte la superioridad del hombre, y casi siempre se somete a ella. Lo único que consiguen las que no se someten, es acabar mal y, en general, arrepentidos de su actitud. Si no confiesan este arrepentimiento dejan de hacer un gran bien a todas sus semejantes».

«El hombre es más fuerte. Siempre es capaz de sobreponerse a las mayores fatigas para jugar un partido de golf, para irse a pescar truchas (aunque no las pesque) y para salir a cenar con sus mejores amigos».

«El hombre es más valiente. En el sentido del verdadero valor, que consiste, en los casos difíciles, en tener más miedo de irse que de quedarse en el lugar del peligro. Y si la mujer es valiente, mientras no se dedique a hacer las guerras ella, no le servirá de nada».

«El hombre es más económico. Ahorra mucho dinero en sombreros (o no lleva, o lleva 10 años el mismo); en muchos seguros de vida, que no se decide a hacer, y en los sellos de muchas cartas que olvida poner. Pero la mujer es más avara que el hombre. Si el hombre da un dinero a su mujer, le costará mucho convencerla de que se lo devuelva; y si una mujer da dinero a su marido, no le costará nada recuperarlo. Lo último es una suposición, pues nunca se ha dado este caso; o al menos, si se da, ninguno de los dos lo confiesa».

«El hombre es más observador. Advierte las faltas y defectos de su mujer mucho mejor que ella misma».

«El hombre es más ingenioso. Siempre encuentra un pretexto para no sacudir las alfombras, no visitará otros matrimonios conocidos, no ir al cine por las noches y no participar en fiestas y reuniones de sociedad».

«El hombre es más honrado. Cuando se le pide su opinión sincera sobre un vestido nuevo, nada (sobre todo un vestido de su mujer, se entiende), y también clara aunque su mujer no se la pida».

«El hombre tiene mayor agudeza de sentidos, sobre todo para distinguir, a cierta distancia, unas piernas bonitas y una sonrisa seductora».

«El hombre es más listo. Sabe delegar su autoridad, y permite a su esposa que elija ella los alimentos, que los cocine ella, que limpie la casa de ella y que eduque a los niños ella. Y si la mujer falla en alguna de estas concesiones, el hombre sabe disimular el fallo y soportar con grandeza de ánimo las consecuencias que de el fallo se deriven».

El autor de este texto, si lo leyera aquí, quizá no lo reconocería. Pero tampoco esto quita nada a la belleza y profundidad del texto.