Una generación de alienígenas. Umberto Eco [2011]

Creo que Michel Serre es la mente filosófica más aguda que existe hoy en Francia, y como todo buen filósofo sabe rebajarse a reflexionar sobre la actualidad. Utilizo descaradamente (excepto algún comentario personal) un excelente artículo suyo publicado en Le Monde del 6-7 del pasado mes de marzo, en el que nos recuerda cosas que, en el caso de los lectores más jóvenes se refieren a sus hijos y en el caso de los más viejos, a sus nietos.

Michel Serres
Michel Serres

Para empezar, hay que tener en cuenta que estos hijos o nietos no han visto nunca un cerdo, una vaca o una gallina (recuerdo que hace ya treinta años, según una encuesta estadounidense, la mayoría de los niños de New York creían que la leche que venían en envases de supermercado era un producto artificial, como la Coca∼Cola). Los nuevos seres humanos ya no están acostumbrados a vivir en medio de la naturaleza y solo conocen las ciudades (recordaré que cuando van de vacaciones suelen vivir en lo que Augé ha definido como «no lugares», de modo que las colonias de vacaciones son exactamente iguales al aeropuerto de Singapur, y en cualquier caso les presenta una naturaleza arcádica y cepillada, artificial por completo). Se trata de una de las mayores revoluciones antropológicas después del Neolítico. Esos chicos viven en un mundo súper poblado, su esperanza de vida es de unos ochenta años y, debido a la longevidad de sus padres y abuelos, si esperan heredar alguna cosa no será ya a los treinta años, sino en el umbral de su vejez.

Los muchachos europeos no han conocido guerras desde hace más de sesenta años y, como se han beneficiado de una medicina avanzada, no han sufrido como sus antepasados, tienen padres más viejos que los nuestros (una gran parte, divorciados) y estudian en escuelas donde conviven con muchachos de otros colores, religiones o costumbres (y, se pregunta Serres, ¿durante cuánto tiempo podrán cantar aún La Marsellesa, que habla de la «sangre impura» de los extranjeros?). ¿Con qué obras literarias podrán deleitarse, teniendo en cuenta que no conocen la vida del campo, las vendimias, las invasiones, los monumentos a los caídos, las banderas desgarradas por las balas enemigas, la urgencia vital de una moral?

Umberto Eco
Umberto Eco

Se han formado con medios de comunicación concebidos por adultos que han reducido a siete segundos la permanencia de una imagen, y a quince segundos los tiempos de respuesta a las preguntas, y donde todavía ven cosas que en la vida diaria ya no ven, cadáveres ensangrentados, destrucción, devastación: «A los doce años los adultos les han forzado a ver veinte mil asesinatos». Son educados por la publicidad que se excede en el uso de abreviaturas y de palabras extranjeras que les hacen perder el sentido de la lengua materna, ya no conocen el sistema métrico decimal, puesto que se les prometen premios según las millas, la escuela ya no es el lugar de aprendizaje, y acostumbrados al ordenador, estos muchachos pasan buena parte de su vida en el mundo virtual. Escribir con un dedo en vez de hacerlos con toda la mano «no estimula las mismas neuronas o las mismas zonas corticales» (y, por último, son totalmente multitarea). Nosotros vivíamos en un espacio métrico perceptible y ellos viven en un espacio irreal, donde ya no hay ninguna diferencia entre cercanía y lejanía.

No me extenderé sobre las reflexiones de Serres acerca de las posibilidades de gestionar las nuevas exigencias de educación. En cualquier caso, nos está hablando de un período semejante, aunque absolutamente a la inversa, al de la invención de la escritura y, siglos después, de la imprenta. Salvo que estás nuevas técnicas actuales cambian a gran velocidad y «al mismo tiempo el cuerpo se metamorfosea, cambian el nacimiento y la muerte, el sufrimiento y la curación, los oficios, el espacio, el hábitat, el ser-en-el-mundo». ¿Por qué no nos preparamos para esta transformación? Serres concluye que puede que los filósofos también tengan parte de culpa, ya que su oficio deberían haber previsto los cambios en el conocimiento y en las prácticas, y no previeron lo suficiente, porque «ocupados en la política del día a día, no vieron venir la contemporaneidad». No sé si Serres tiene toda la razón, pero parte de razón sí la tiene.

La nueva juventud digital que ha creado una fractura generacional demasiado acentuada
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