Un mito atemporal: el Vampiro

Su cuello y el pecho estaban manchados de sangre,
y en la garganta se ven las huellas de unos dientes
que se habían clavado en una de las venas.
Los hombres, aterrados indicaran aquellas marcas
y todos gritaron a una sola voz:
– ¡Un vampiro! ¡Un vampiro!
JOHN POLIDORI, El vampiro

Polidori fue el primer autor que en 1819 estableció las prácticas y costumbres del vampiro moderno, que ha sido retratado en todas las manifestaciones culturales. Desde la novela de Bram Stoker, y su incomparable Drácula, hasta los poemas que le dedicó Charles Baudelaire.
El Drácula de Stoker es la tercera obra en lengua inglesa más leída en todo el mundo, sólo superada por la Biblia y las obras de Shakespeare. Y a partir de que fuera llevada a la pantalla grande, al cine, y en especial la versión de Francis Ford Coppola de 1992, su fama se hizo todavía mucho más grande.

La historia ha pervivido hasta nuestros tiempos y ha llevado una doble vida, llegando a límites en los que no se sabe si ha sido una historia real, ocurrida de verdad, o una ficción total, imaginada por alguien.

Griegos y romanos, ya habrían nombrado a nuestro personaje, al igual que vikingos, hindúes, chinos, africanos y numerosas civilizaciones de la América prehispánica. En Europa, la Edad Media resultó un fantástico campo de cultivo para las ocurrencias malditas, y el vampiro, como no podía ser de otra manera, tampoco faltó a la cita.

Pero no sólo un personaje real como fue Vlad III, llamado El Empalador fue de los que dio nombre a la identidad del famoso vampiro, el conde Drácula.
Gilles de Rais, mariscal de Francia que luchó valerosamente junto a Juana de Arco y que pasó a la historia bajo el mote de Barba Azul. O la noble transilvana Erzsébet Báthory, la Condesa Sangrienta, ambos un claro ejemplo de ello. Pero esto no mas que ha hecho comenzar.

  • Gilles Garnier un psicópata y asesino serial francés del siglo XVI, condenado a muerte por alimentarse de carne y sangre humanas.
  • Clara Geinlerin, supuesta vampira alemana de principios del siglo XVII acusada de beber sangre humana, penetró facial y brujería, que terminó torturada por un tribunal que la condenó a morir en la hoguera.
  • Antoine Leger, un francés acusado de beber sangre humana y alimentarse del corazón de sus víctimas cuya cabeza rodó, guillotina mediante, en 1824.
  • Vincenzo Verzini, un italiano del siglo XIX que disfrutaba degollando a mujeres para luego venderlas la sangre
  • En España tuvimos el caso de Enriqueta Martí, la vampiresa de Barcelona, que fue una asesina en serie, secuestradora y proxeneta de niños. Conocida popularmente como la vampira de la calle poniente o la vampira del Rabal.
  • Fritz Haarmann, conocido como El carnicero o como el Vampiro de Hannover, nació en dicha ciudad alemana. Provenía de una familia desestructurada: sus padres eran alcohólicos y protagonizaban escandalosos enfrentamientos que llegaban a la agresión física. La madre de Haarmann trataba a su hijo como si fuera una niña y le llegó a vestir con ropa femenina. Esto encolerizaba a su padre, que le golpeaba con saña cuando lo veía de esta forma. Este ambiente provocó que sus hermanas abandonaran pronto el hogar familiar. Se ha apuntado en algunas ocasiones que acabaron siendo prostitutas. Sus víctimas siempre fueron adolescentes varones por sus tendencias homosexuales. Admitió haber matado y practicado canibalismo con unos cuarenta niños.

El vampirismo es pues una plaga que resurgía con fuerza en determinadas épocas. Hay que recordar que las primeras décadas del siglo XIX, en la educada y racional Inglaterra era corriente atravesar con una estaca al corazón de los muertos por decisión y voluntad propia.


En el siglo XIX/XX también prosperó en casos de vampirismo.

  • Karl Denke, agricultor que en las primeras décadas de 1900 mató a unos 30 hombres, alimentándose con sus restos.
  • Peter Curten, conocido como el Vampiro de Dusseldorf. Curten sufría graves trastornos esquizofrénicos con lo que manifestaba una singular doble personalidad. De día era un trabajador corriente; por las noches, un criminal al que gustaba abrir el pecho de sus víctimas para alimentarse con su sangre.
  • Bela Kiss (1877-1915) fue un asesino en serie húngaro, quien se cree mató a 23 mujeres cuyos cadáveres conservaba en bidones de metal, incluyendo a su esposa así como al amante de ésta. Kiss era un respetable propietario de una fábrica de hojalata en Czinkota, cerca a Budapest, y vivía solo con su ama de llaves, la señora Jakubec, luego de que su esposa Maria aparentemente lo abandonara huyendo con su amante un artista llamado Paul Bihari.

    Sus crímenes quedaron al descubierto en 1916, cuando a causa de la escasez ocasionada por la primera guerra mundial y mientras él se encontraba incorporado al ejército y luchando en el frente, las autoridades locales decidieron usar la gasolina que Kiss decía haber almacenado en su propiedad en siete grandes bidones de metal. Al examinar el contenido de estos recipientes, de los cuales solo uno guardaba gasolina, encontraron 24 cadáveres conservados en alcohol correspondientes a 23 mujeres que habían sido estranguladas, incluyendo la esposa, así como un cadáver masculino que identificaron como el del amante. Igualmente las autoridades descubrieron correspondencia que delataba como Kiss, adoptando una identidad falsa bajo el apellido Hoffman, seducía a mujeres con promesas de matrimonio convenciéndolas de visitarlo en su casa y entregarle su dinero, escogiendo a sus víctimas entre las que carecían de familia o no serían echadas de menos. Cuando las autoridades intentaron detenerlo, Kiss desapareció del hospital de heridos de guerra en Serbia en donde había estado convaleciendo, usurpando la identidad de un joven soldado allí fallecido por lo cual inicialmente se creyó que Kiss había muerto. Posteriormente fue visto en Budapest, en Rumanía, y se rumoreó que había muerto de fiebre amarilla en Turquía, o que hacía parte de la Legión Extranjera Francesa, así como que vivía en EUA pues fue visto por un detective de homicidios en el metro de Nueva York y algunos rumores señalaron que lo habían visto trabajando de portero en un edificio. Su destino final continúa incierto.

  • Richard Trenton Chase (23 de mayo de 1950 – 26 de diciembre de 1980) fue un asesino en serie estadounidense que mató a seis personas en un lapso de un mes en Sacramento, California. Fue apodado “El Vampiro de Sacramento” porque bebió sangre de sus víctimas y se comió sus restos.
  • Marcelo Costa de Andrade (n. 2 de enero de 1967) es un asesino en serie brasileño. Acusado de haber violado y asesinado a 14 niños varones en la ciudad de Itaboraí a unos 30 kilómetros de Niterói, en el Estado de Río de Janeiro durante el año 1991. Desde abril a diciembre de 1991, Andrade violó y mató a 14 jóvenes de entre 6 y 13 años, atraía a los niños a lugares apartados para violarlos, y luego estrangularlos o golpearlos hasta la muerte. También tuvo relaciones sexuales con los cadáveres de sus víctimas. Él creía que el hacerlo los enviaría al cielo. También bebió un poco de la sangre de las víctimas, para así poder “llegar a ser tan hermoso como ellas”, según él.

En total caso de vampirismo ¿qué es lo que nos hace resurgir y desaparecer en todas las épocas? El vampiro es la negación misma de la muerte o, la representación fantástica de la lucha del ser humano por alcanzar la vida. El vampiro es el no muerto, aquel ser que ha vencido al tiempo y a la mera existencia terrenal. Vive más que ningún otro ser que puebla la tierra. Es uno de los anhelos de muchos humanos: la inmortalidad.

¿Que es un vampiro?

La palabra vampiro remite a dos criaturas que, compartiendo la misma práctica, son sumamente diferentes. El naturista Buffon en 1761 denominó así a un murciélago hematófago conocido como Desmodus rotundus, cuya mayor singularidad es que se alimenta de sangre. Vive en regiones oscuras y se alimenta de noche. Éstos murciélagos tienen un tamaño de unos 10 cm, son de color gris amarronado, de cara aplanada y orejas pequeñas y puntiagudas. Su hocico es corto y el lado inferior en forma de «V», con colmillos superiores muy afilados e inferiores pequeños, aunque con caninos largos y puntiagudos. Sus principales víctimas son el ganado bovino, equino y porcino, a los que muerde en la parte superior, la espalda o las patas, en el momento en que éste está durmiendo. Chupa la sangre a través del canal de su labio inferior y raras veces produce un daño irremediable en el animal, aunque se alimenta de él cada noche. Si no lo hiciera moriría aproximadamente en dos jornadas.

Estos animales han sido la clave para identificar a los vampiros. El humano vampiro adapta la forma de murciélago en sus desplazamientos y cuando se lanza a por víctimas. De hecho, al vampiro se le ha añadido una capa oscura que, al desplegarla con los brazos, asemeja las alas del murciélago.

El término vampiro tiene una procedencia original de las lenguas eslavas: del alemán vampir, una variación del vaper o vopyr polaco y éste de oper o upyr, en eslavo arcaico, nombre con el cual se nombran vampiros en las zonas de la Europa oriental. Entre las diversas acepciones destaca beber o chupar. Además, la voz upyr es asociada a la turca ubre, que significa bruja.

Una versión diferente señala que el término vampiro deviene del serbio beamiup o del lituano wempti, que significa beber. Otras lenguas lo han denominado como vurdalak (ruso), vrolok (eslovaco), strigoi (rumano, que les sonara a los que siguen la serie The Strain) y nosferato (griego). Entre ellos destaca labor romana, tanto porque define exactamente al vampiro en su identidad moderna como por ser, justamente, la región que acuñó al más famoso de todos: Drácula. Para los romanos, el strigoi, es un ave nocturna, que aparece después de la del sol para salir a la caza, alimentándose sólo con carne humana y bebiendo su sangre.

Según el Webster’s Internacional Dictionary el vampiro es:

Un fantasma o el cuerpo reanimado de una persona muerta se alimenta de sangre, el cual se cree que sale de su tumba, vagando en la noche chupando la sangre de las personas que duermen, causándoles la muerte.

Características de los vampiros
La definición no es demasiado larga o, por lo menos, el de ir con mayor precisión la diferencia entre estar muerto y estar reanimado, diferencia que parece ser algo más que una sutileza literaria. Así que vamos intentar dar otra definición, más ajustada a la realidad de este ser.

El vampiro es un ser que al morir no adquirió definitivamente la condición de muerto, puesto que a pesar de haber perdido el estado natural del ser vivo, mantiene su organismo en actividad como si lo estuviera. Así las cosas, el estatus del vampiro es el de una transición entre la vida y la muerte, absolutos en lo que a la criatura no termina de identificarse ni con uno ni con otro. No es un ser vivo por definición, ni se lo puede considerar muerto en tanto en existencia. En este sentido, ser un no-muerto vivo parece la conclusión más acertada.

En primer lugar, destacamos el origen según el cual el vampiro fue un ser vivo que acabó adoptando un estado de actividad diferenciado de las personas comunes. Pudo haber fallecido y, por algún artilugio mágico o demoníaco, haber sido convertido en vampiro. Pudo haberse convertido en tal por contagio directo de otros. En algunas tradiciones se sostiene que aquellos que optaron por el suicidio o nacieron con algunas malformaciones congénitas, tenía más posibilidades de convertirse en vampiros. En algunas regiones, por ejemplo, se señalaba que los ojos azules, similares a la coloración de algunos lobos, podía significar una marca de origen. También la fisura labial, más conocida como labio leporino, sería una buena empírica, quizá por asociación con los labios de algunas especies de murciélago.

Los delincuentes eran sospechosos de transformaciones vampíricas, así como los que tuvieron una muerte violenta o los que fueron excomulgados por la Iglesia o directamente no fueron bendecidos por ella.

Algunos autores señalan la existencia de infantes vampiros, como los Kuzlak serbios, convertidos en tales después de haber sido asesinados por sus madres antes de recibir el agua bautismal.
Dicho en otras palabras, un individuo pasó a ser una criatura vampírica después de muerto o aun cuando no lo estaba. Según la creencia tradicional, un muerto podía convertirse en vampiro durante los 40 días que, supuestamente, tarda el alma en abandonar definitivamente el cuerpo. Por eso algunas familias supersticiosas llegaban a velar durante esa cantidad de días la tumba para proteger así el espíritu del fallecido. A veces se abrían las tumbas a las pocas semanas, y si el cadáver no presentaba una descomposición natural, se procedía a atravesar el corazón del cuerpo por temor a que estuviera sufriendo una transformación vampírica.

Por lo general, se acepta como corriente de la existencia de vampiros sin distinción de género y, de hecho, en muchas narraciones el vampiro hombre suele aparecer junto a un número abundante de mujeres vampiro. El Drácula de Stoker, tenía una auténtica corte de féminas chupa sangre y Le Fanu, en Carmilla, establece como protagonista una mujer vampiro. Una de las características de origen más difundidas es su capacidad de infectar a otros al morder, y convertirlos a su vez en vampiros.

Rasgos distintivos

De aspecto demacrado y lánguido y sumamente delgados, por lo general suelen exhibir larga cabellera, un mal aliento peculiar y uñas y colmillos desmedidos. Entre los eslavos se ha descrito con labios enrojecidos, grandes colmillos, dedos afilados y para las ayudas. En algunas regiones de Rusia, con fisura en el labio; en Eslovaquia con un solo orificio nasal, y en las aldeas rumanas, con patas de cabra o equino.

El consumo continuo de sangre fresca permite que permanezcan siempre jóvenes o con la apariencia de cuando fueron convertidos, aunque su piel se mantiene siempre fría. Los antiguos vampiros solían tener una hegemónica procedencia social no blog Herrera, y difícilmente plebeya. Se les imagina educados y vistiendo las mejores ropas, sobre todo gracias a la imagen ciertamente idealizada que popularizó el Romanticismo. Las juergas y las borracheras jamás son de su agrado. Las mujeres vampiro, son bellas y de cuerpos voluptuosos. Transmiten actitud seductora y un erotismo encantador y que nunca parece forzado.

Luz y reflejo
La mayoría produce sombra, aunque no se reflejan en los espejos, por lo que pueden ser descubiertos con cierta facilidad. Tampoco toleran los rayos de luz solar, restringiendo sus actuaciones al amparo de la noche. Algunas versiones señalan que esta última limitación se circunscribe a los vampiros contagiados y no a los originales, a los que la luz del sol no les causa ningún daño fatal.

Tierra y ajo
Necesitan para poder descansar un derecho con base de su tierra natal. Se los puede evitar con ajo, así como con rosas, ya que odian profundamente ambos olores.

Poderes
En cuanto a sus poderes podemos destacar una fuerza descomunal sobrehumana, que nunca corresponde a su complexión física humana. Cuenta con el poder de transformarse en criaturas afines, como murciélagos, ratas y lobos, ya sea en una unidad o en varias que luego pueden juntarse. Algunos tienen la capacidad de reconvertirse en Roma, nube de polvo o vapor, por lo que ningún habitáculo cerrado suele ser un remedio eficaz. Tienen la facilidad de trepar por cualquier superficie, aun las más accidentadas, y en algunos casos son capaces de controlar los elementos. Algunas leyendas eslavas dicen que pueden tomar la belleza de las demás personas, su fuerza y hasta la leche de las madres que amamantan. Poseen una gran capacidad para recuperarse de algún daño sufrido, recomponiéndose casi de forma mágica de heridas más graves y atroces.

Debilidades
Hay muchas formas de acabar con ellos dependiendo de la región en donde nos encontremos. Se les puede tapar la mandíbula con un ladrillo o con una piedra; clavándole una estaca de madera de roble, fresno o álamo o un crucifijo en el corazón, de tal manera que la estaca atraviese por completo el cuerpo y lo fije a la tumba (en algunas ocasiones había que concluir la operación decapitando al vampiro); atravesando su corazón con una barra de hierro al rojo o con una bala de plata bendecida; exponiéndolos al sol durante unos cuantos minutos y consumiéndolos con fuego en su ataúd. En algunos lugares se sugería desenterrar vampiro y volverlo a sepultar en el cruce de los caminos.

Concesiones y resguardos
La intervención de la muerte del vampiro de elementos comunes al cristianismo (crucifijo y agua bendita), parece ser más decisiones tomadas por los autores por la Iglesia, o forzados enfrentamientos entre el Bien (Dios) y el Mal (Satán) que tradiciones originales, y suelen estar presentes más en las producciones literarias y cinematográficas de estas últimas décadas que las antiguas leyendas populares. La manera de ponerse a resguardo de los ataques vampíricos también es sumamente variada, tanto o más como darle muerte.

En Alemania existía la creencia de que si se esparcía arroz, y la tumba del vampiro, éste, entretejido contando los granos, no se levantaría. Se podía contrarrestar su investida ingiriendo tierra de su tumba o bañándose con la sangre del mismo vampiro. Depositar una rosa silvestre o una rama de pino sobre su ataúd, o rodear el domicilio propio con rosas y ajo.
También había métodos para descubrir dónde se enterraba vampiro, alguna de ellas de un drama épico espectacular. Se escogía a una muchacha virgen y se la montaba en un caballo negro que tampoco se hubiera apareado, y se les hacía pasear por el cementerio en donde se creía que podía estar el ataúd del vampiro. El fallo se resistía pisar una tumba, por más que se le forzara y espoleara, esa era la clara señal de que allí estaba enterrada la criatura.

Había formas más simples de adivinar dónde se escondía, como hallar sobre la tierra de la tumba algunos agujeros del tamaño de un dedo, quizás abiertos para que el vampiro saliera y regresar a su féretro convertido en niebla o en pequeños insectos.

Pero nuestros tiempos a los vampiros se les ha humanizado, convirtiéndolo en un ser contradictorio, enamoradizo y angustiado por tener que permanecer una eternidad en soledad, al grado de llegar a desear su propia y definitiva desaparición, que es lo que realmente entiende por un verdadero descanso eterno.