Sobre morirse y sobre la muerte: historias falsas

Enterrados vivos

Uno de los miedos más atávicos de las personas es ser enterrado vivos. Se calcula que en año 1900, el 2 % de las personas enterradas no estaban muertas. Alrededor de estos temores se creo un mercado de inventos extraños que servían para evitar que te enterraran vivos. Se usaban banderas, campanillas o luces eléctricas que podían activarse desde dentro del ataúd. Los métodos médicos mejoraron con lo que los errores de diagnóstico fueron disminuyendo. Además, en algunas ocasiones, la hinchazón del cadáver o la perdida del rígor mortis hacían que frecuentemente se activaran de forma fortuita el mecanismo en cuestión, lo que llevaba a expectativas y momentos desagradables.

Llamada desde el más allá

Una historia cuenta que una viuda fue encontrada muerta en su domicilio con el teléfono en la mano. La investigación de las llamadas recibidas reveló que la última llamada había sido realizada por su marido, coincidiendo que había sido enterrado días atrás. Esta claro que había muerto del susto. Cuando se exhumo el cadáver del difunto esposo, se descubrió que tenía aferrado en su muerta mano el teléfono móvil con el que lo habían enterrado de forma fortuita.

Abuela muerta

Una familia está de vacaciones con la abuela y por cosas del destino, fallece. Para poder evitar los papeleos y los gastos de transporte oficial del cadáver compran una baca para el vehículo y sujetan el cuerpo con cuerdas, camuflándolo adecuadamente con bultos de ropa y mantas. Cuando hacen una parada en una gasolinera para repostar, alguien decidió apoderarse del coche y de la finada.

Posición avión

Sobre la postura de seguridad que aconsejan en los aviones en caso de que hubiera un accidente ─sentados, con la cabeza entre las rodillas y las manos sobre la nuca─, se ha creado un serie de falsas conclusiones que ponen los pelos de punta. Y como para gustos los colores, en este caso hay varias ideas sobre para lo que sirve realmente la posición y ninguna es para evitar perjuicios al pasajero. Al revés, veamos.

Posiciones de emergencia en caso de accidente en un avión
Posiciones de emergencia en caso de accidente en un avión

Unos dicen que está pensada para ahorrar sufrimientos inútiles a los pasajeros y facilitar la fractura del cuello y proporcionar una muerte rápida y sin dolor. Otros aseguran que la postura esta pensada para proteger la cara y así facilitar el reconocimiento de los cadáveres. Y los más pragmáticos lo que realmente se trata de evitar es el desmembramiento de los cuerpos para reducir las labores de recogida de cuerpos desmembrados.

Torres Gemelas

Se comenta que una señora que vivía cerca de las Torres Gemelas, el famoso 11-S, estaba de vacaciones y el atentado la pillo a muchos kilómetros de distancia. Cuando se hizo a la idea y regreso, creyéndose libre de traumas, se encontró nada más entrar en su hogar con una escena dantesca: en su sala de estar había dos cadáveres con los asientos del avión incluidos y asegurados con sus cinturones y todo.

Dáesh

Otra de la historias más recurrentes del momento desde que Dáesh se dedica a decapitar a todo contrario a su creencia, que resulta curiosamente la misma que se hacían muchos en la terrorífica etapa de la guillotina en la Revolución francesa. ¿Mantiene la cabeza del decapitado la conciencia después de separarse del cuerpo? La cifra más popular habla de 13 segundos ─extraño número─ y que usa como ejemplos las lagartijas en zoología, que mantiene la cola en movimiento post mortem, “Después de la muerte”. Existe la experiencia con gallinas, las cuales caminan hasta 29 segundos después de su decapitación. Puede parecer poco tiempo, pero para alguien que está muriendo no lo es.

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La historia cuenta que cuando la Reina María Antonieta fue degollada, el verdugo, ufano de su obra, agarró la cabeza por lo que quedaba del cabello de la soberana y, alzándola en alto, la enseñó al gentío y para más vejación, le dio un bofetón el rostro. Y continúa la crónica narrando que el rostro se ruborizó y la cabeza “se quejó”.
Se cuenta también la historia de Pierre François Lacenaire, quien prometió a un médico, filósofo y amigo que acudió a contemplar su ejecución en la guillotina, que tras la decapitación, le realizaría un guiño con el ojo, lo que daría a entender: “¡Aún estoy aquí!”. El procesado se mostró muy tranquilo hasta el final, pero la cabeza no ejecutó el guiño prometido.

Apuesta peligrosa

Imaginaos la escena: un pueblo, un bar. Unos cuantos machotes que se quieren hacer los valientes. La apuesta es simple: entrar en el cementerio en plena noche, solo. Siempre hay un gilipollas bravucón que es capaz de todo. Debe atar un cinta en algún sitio que demuestre que demuestre su acción y hasta donde fue capaz de adentrarse en tan hostil escenario. Acuden al cementerio, se adentra y sus compañeros lo esperan. Cuando regresa no es normal, parece que ha perdido la razón, balbucea, el terror se ha apoderado de su persona. Dice que unas manos frías le agarraron por el abrigo, pero forcejeo y consiguió escaparse.

Se llevan al desafortunado valiente y lo acuestan. Sigue siendo de noche y nadie tiene los suficientes redaños para comprobarlo, se quedan todos esperando que amanezca. Una vez la luz del sol despunta, buscan por el cementerio el lugar de los hechos. Lo que encuentran es la capa del colega enredada en unas zarzas.

Hay una versión que habla de clavar un clavo en la pared con una cinta. El valiente enreda su capa con la punta del clavo y clava ambas cosas, clavo y capa. Cuando pretende marcharse, la capa prisionera, no le deja y ante el tirón el pobre sufre un desmayo, infarto, susto extremo que lo en el sitio.