Seres míticos: el unicornio

Tiene cuerpo de caballo, a veces cola de león, y un único cuerno en la frente, de donde viene el nombre. Su pelaje es blanco y finísimo, proporcionándole una exquisita y atractiva belleza que fascinaba a las doncellas, por lo que se dejaban atrapar por ellos y amaban tenerlos como compañía para demostrar su pureza.

Representación de un unicornio

Algunos dioses se transformaron en unicornio para capturar a las doncellas, como fue el caso de Hades cuando se transformó en unicornio para raptar a Proserpina y llevársela al inframundo, provocando la tristeza de la madre de la joven, la diosa Deméter, diosa de los campos, que se mustiaron hasta que Zeus dispuso que la joven podía salir durante seis meses al año de los infiernos para visitar a su madre. Entonces el campo reverdece, se vuelve fértil y los hombres recogen las cosechas: el ciclo de la primavera y verano. Finalizado este, la tierra vuelve secarse y endurece porque Proserpina tiene que regresar al Hades cumple la segunda mitad del año: otoño e invierno.

La primera referencia de los unicornios la podemos leer en la antigüedad, citado por el médico griego Ctesias de Nido (sobre 400 a. C.), quien hace referencia a un animal, de cuerno único, capaz de curar numerosas enfermedades. Seguramente lo que hace referencia a Carlos comentarios o relatos traídos por viajeros que habían observado a los rinocerontes.En la Biblia también hay referencias:

De las fauces de león, arrebátame; sálvame de los cuernos del unicornio.

Plinio el Viejo, en el siglo I d. C., habrá también del unicornio en su historia natural, así como Marco Polo, el viajero veneciano del siglo XIII, en su Libro de las maravillas del mundo.

Aparte de por la hermosura, el unicornio era perseguido por las supuestas propiedades mágicas que tenía su cuerno, con el que se podían sanar heridas, y curar los males y recuperarse de los venenos. Era un ser purificador. Las aguas en las que bebía perdían la ponzoña y se consideraban terapéuticas. Pero sólo había una forma de cazarlo: tenía que ser a través de una joven virgen que, en un claro del bosque, le aguardaba. Se sentía irremisiblemente atraído por ella, se postraba a sus pies y, así, se volvía una presa fácil para los cazadores. Sin embargo, el unicornio también podía mostrarse violento. Esto ocurría cuando trataban de engañarlo, haciéndole creer que la joven era un doncella (virgen) sin serlo. Entonces, enfurecido, la hería con el cuerno hasta matarla.

Durante siglos y debido a la carencia al poder curativo de su cuerno, se comerciaron cuernos diciendo que eran de unicornio y, que además, era un potente afrodisíaco. La ingenuidad de los que creían estas mentiras ocupaba toda la escala social desde los más pobres hasta los nobles, que los adquirían pensando tener un preciado bien en sus castillos y palacios.

Hubo países en los que llegó a alcanzar tanta notoriedad que se puede ver como símbolo nacional y figuran en el escudo patrio; tal es el caso de el Reino Unido, que no tiene al lado del león.

Durante la edad media se representó sobre todo en objetos suntuarios de marfil. En el renacimiento pintores como el italiano Rafael Sanzio lo representaron en brazos de jóvenes doncellas, símbolo de castidad y pureza.

Qilin, como se conoce al unicornio en China

En China, donde recibe el nombre de qilin, uno de los nueve hijos del Rey Dragón, también se admiro a este animal mitológico, aunque perdió su aspecto bello y se transformó en un monstruo de aspecto terrible ─más cercano al rinoceronte─, con cola y patas de buey, fauces abiertas aterradoras, recubierto de escamas, perdiendo su blanco y finísimo pelaje, aunque siguió conservando su carácter benefactor ya que representaba la mansedumbre y protegía los lugares así como a los hijos varones, de tal forma que solamente castigaba a quien tenía comportamientos perversos. También se representó bello y alado, como en las cerámicas de la dinastía Tang (618-907).