Secretos de la Iglesia

El papa pornógrafo
Antes de convertirse en el papa Pio II en 1485, Eneas Silvus Piccolomini tenía cierta reputación como escritor, incluso antes de ser nombrado sacerdote. No estaba a la altura de Virgilio, el poeta romano a cuyo héroe épico hace clara referencia su nombre, y cuya descripción estándar Pius Aeneas («piadoso» y «obediente» Eneas) reconoce su nombre papal.

Fue escritor erudito, aunque parte de su sabiduría parece extraña en un hombre de Dios. Su tratado de «moral» “La institución del hombre noble”, recomienda a sus lectores encontrar una salida a la frustración sexual en las relaciones extra matrimoniales, por ejemplo.

Su siguiente novela “Historia de Duobus Amantibus” (Historia de dos amantes) trata de dos personajes que decidieron precisamente eso, Euryalus y su amante casada llamada Lucrecia.

Una novela «epistolar» en el sentido de que su texto adopta la forma de cartas de los dos amantes. Tenía una temática francamente erótica y fue un éxito de ventas en la Europa del siglo XV.

El pontífice pirata
Nacido como Baldassare Cossa en la isla de Isquia, archipielago napolitano en Italia, parece que Juan XXIII trabajó de forma misteriosa para alcanzar su vocación clerical. Primero sirvió como pirata ─dos de sus hermanos fueron ejecutados por sus crímenes─ y, más tarde, se podría decir que aún peor, como abogado.

Tenía unos 30 años cuando se hizo sacerdote y parece que recurrió a sus antiguas conexiones con las bandas piratas de Isquia cuando intimido, orquesto y posiblemente asesino a sus superiores en el papado. En 1413, se vio obligado a huir a Florencia, pero lo capturaron y lo obligaron a comparecer ante el Consejo de Constanza. Volvió a escaparse y huyó. Más tarde lo apresaron, lo depusieron y lo llevaron a juicio. El historiador inglés, Edward Gibbon comentó con ironía:

Los cargos más escandalosos se suprimieron. El vicario de Cristo solo fue acusado de piratería, asesinato, violación, sodomía e incesto.

Al parecer el acta de acusación podía haber incluido la seducción de 200 mujeres, viudas y vírgenes,

por no hablar de un número alarmante de monjas.

Fue considerado el último de los antipapas y no debe confundirse con el otro Juan XXIII, el papa «Bendecido», famoso por ser el gran reformador de la Iglesia moderna.

Bestias bendecidas
Los cronistas cristianos más moderados vieron la «Cruzada popular» con recelo, por decirlo de forma suave. Alberto de Aquisgrán estaba horrorizado por completo. Como cronista hizo todo lo posible para distanciarse a él mismo y a su propia fe de lo que parecía una peregrinación horrible y paradójica, una sátira salvaje de la estupidez y ambición humana.

Los «cruzados», cuenta, «afirmaron que un ganso estaba imbuido del espíritu divino y a una cabra estaba igual de imbuida en ese espíritu. A estos los hicieron guías de su viaje santo a Jerusalén y les adoraron con mucho fervor. La mayoría de las personas que los seguían, así como las mismas bestias, creyeron de verdad que ese era el rumbo correcto. Que los corazones de los fieles estén libres de pensar que el Señor Jesús querría que el Sepulcro de su santo cuerpo recibiera la visita de animales salvajes e insensatos, o que Él deseaba que aquellos que se convirtieran en los guías de las almas cristianas, que por el precio de su propia sangre Él se dignara a redimirlos de la inmundicia de sus ídolos».

Sin embargo, estas críticas no sirvieron de nada dada la bestial crueldad de la Primera Cruzada, que se produciría al año siguiente. ¿Encontraría «Jesús nuestro Señor» las actitudes y conductas de sus «nobles»? seguidores mucho más conmovedoras.

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Nerón el anticristo
Esconderse en el subsuelo por la persecución de Nerón, los cristianos se comunicaban entre ellos de forma secret. Como la mayoría compartían raíces judías, estaban familiarizados con la numerología tradicional conocida como gematría. Este antiguo sistema místico asocia propiedades específicas a distintos números en relación a las letras del alfabeto hebreo. La gematría es un tema amplio y erudito en si mismo: se podría pasar una vida explorando la infinidad de matices. A nivel más básico, ofrecía un código confeccionado para los iniciados. La cifra del nombre de Nerón era 666, conocido como el «Número de la bestia» en el Libro del Apocalipsis. Para los primeros cristianos, el Emperador era realmente el «Anticristo».

El gran inquisidor
El Inquisidor más importante de España y a día de hoy un ejemplo para los crueles fanáticos de la represión intelectual y política, Tomás de Torquemada, nació en Valladolid en 1420. Desde niño tuvo vocación religiosa, aunque no tardó en darse cuenta de que la ortodoxía religiosa también tenía aspectos políticos. Se reunió con la futura reina Isabel cuando él tenía unos cuarenta años y ella era tan solo una princesa adolescente. Se convirtió en su preceptor prácticamente desde entonces. Incluso parece que fue idea suya que se casara con el Príncipe Fernando de Aragón para crear un poderosos reino católico en el corazón de España. El Gran Inquisidor desde 1483, literalmente «escribió un libro» sobre la práctica inquisitorial, Compilación de instrucciones para el oficio de la Santa Inquisición, aunque en realidad no se publicaría hasta finales del siglo XVII. Sus restricciones gobernaban procedimientos de todo tipo, desde hechicería a sodomía, cualquiera que fuera el cargo, la tortura era el alma de la práctica inquisitorial. Aunque se le conocía como el «martillo de los herejes», Torquemada mostró especial celo y crueldad para la erradicación de musulmanes y «marranos» ocultos. Tanto odio se relaciona según algunos expertos en las raíces ancestrales de Torquemada había judíos.