Rumores maliciosos

Muertes extrañas

Una prestigiosa revista médica estadounidense revelaba la razón de una serie de extrañas muertes. Tres mujeres de Chicago llegaron a distintos hospitales en un breve período tiempo, las tres con los mismos síntomas: fiebre, vómitos, colapso muscular y parálisis. Las tres murieron en un breve lapso de tiempo. Las autopsias coincide en que habría un extraño rastro de toxicidad en la sangre. Las mujeres no se conocían y parecían no tener nada en común, pero una investigación reveló que todos habían comido en el mismo restaurante del aeropuerto días antes de morir. El restaurante fue clausurado e inspeccionado por las autoridades sanitarias, pero no se encontró ninguna anomalía.

A los pocos días de la reapertura del restaurante, una camarera que trabajaba allí ingresó en el hospital con los mismos síntomas. Declaró haber estado de vacaciones, y que sólo había ido restaurante a recoger su paga semanal. No había comido ni bebido nada, pero sí que había usado el baño.

Un toxicólogo investigó el local y en un recoveco de retrete vio una araña. La capturó. Era un espécimen rojizo y minúsculo de una especie sudamericana que vive en lugares fríos y húmedos. Su veneno es extremadamente potente y mortal a medio plazo. Poco después empezaron a aparecer otras víctimas, pero éstas no habían visitado la restaurante del aeropuerto, aunque si habían viajado en avión. Una inspección encontró nidos de estas arañas en cuatro aparatos diferentes. Ahora se cree que esta especie puede haberse difundido por todo el mundo desde aviones que provienen de América del Sur

Arañas en plantas

Se cuenta el caso de una mujer había comprado una maceta con un cactus. Algunos días después, la planta comenzó hacer un sonido parecido a un murmullo. Al principio era casi inaudible, pero poco a poco iba subiendo el volumen. Llegó un momento en que, aparte de sonar, el cactus vibraba de forma visible. La mujer, precavida, llamó al teléfono de emergencias. El operador le recomendó que sacará el tiesto de la casa y se retirará a una distancia prudente. Lo hizo y vio estupefacta como aparecía un equipo de emergencia con trajes de protección sellados. En ese momento, el cactus se abrió como un capullo y salieron cientos de pequeñas tarántulas que se dispersaron por el jardín. En España tuvimos el equivalente con los troncos de Brasil.

La tijereta

Una mujer acude al médico porque cree que una tijereta se le ha metido en el oído. El doctor la examina y confirma que el insecto está en el interior, pero no consigue sacarlo; está demasiado dentro. El doctor citas a su paciente para unos días después. En la siguiente cita, el médico observa sorprendido que el insecto está ahora en el otro oído. Al parecer, el bicho ha llegado allí atravesando la cabeza de la mujer. Ahora el médico sí extrae la tijereta, pero examinarla exclama preocupado: «¡¡Oh, no!!. Es una hembra»

Pavlov y los perros

Durante la Segunda Guerra Mundial los rusos adiestraron perros para luchar contra los carros de combate y los tanques. La idea era simple: se les colocaba una carga explosiva en el lomo y se les incitaba a colocarse debajo de los tanques enemigos. Una vez allí se les podía hacer explotar mediante control remoto o mediante una espoleta que se activaba cuando el animal al levantarse chocara contra los bajos del vehículo. Cuando los rusos soltaron los perros, estos fueron directamente a los tanques rusos. Parece que los blindados alemanes funcionaban con gasolina y como los pobres animales estaban entrenados con tanques rusos que funcionaban con diésel, estaban acostumbrados olfativamente a los tanques rusos. Los alemanes se enteraron de la argucia y ordenaron a sus tropas que mataran a todos los perros que vieran con la excusa de que no hubiera un brote de rabia. Aunque parezca mentira esto es un hecho real basado en los experimentos de Paulov sobre el condicionamiento clásico.

Condicionamiento clásico, el experimento de Paulov.
Un perro y un cartucho

Otra versión del condicionante habla de un tipo de Michigan que compro un 4×4 y, para celebrarlo, se fue a cazar patos con sus amigotes. Se llevaron a los perros, las escopetas, los reclamos y mucha cerveza, demasiada. Se dirigieron a un lago que estaba congelado ya que nos encontramos en pleno mes de febrero. Para romper el hielo de la superficie, aunque no es legal, deciden hacerlo con dinamita. Para ello utilizan un cartucho de mecha corta. Pero uno de ellos viendo el eufórico estado en el que se encuentran, decide que la mecha corta no es suficiente, y en vez de dejar el cartucho apoyado sobre el hielo, deciden alejarse y tirarlo. Lo malo es que no contó con que uno de los perros estaba adiestrado para ir a recoger el palito rojo y traerlo. Y así lo hizo, regresando juguetón a traer el cartucho de dinamita, para que se lo arrojaran de nuevo.

Otro perro y otro cartucho

Y la versión más espeluznante, aunque diferente, cuenta el caso de un hombre que decidió deshacerse de su perro de una forma un tanto peculiar. No era capaz de matarlo «cara a cara», así que le coloco un cartucho de dinamita fijado con cinta americana al cuerpo con una mecha larga. El tipo se fue a casa tranquilamente. Parece que no había calculado la velocidad de desplazamiento del perro y a la distancia donde lo abandono, por lo que al poco tiempo escucho unos arañazos en la puerta que le resultaron familiares.