14/04/2024

La unidad 731

Cuando se piensa en los horrores de la Segunda Guerra Mundial, lo hacemos generalmente en los campos de concentración de los nazis, en los horrores de los trenes de la muerte, en las fosas comunes de Alemania, Polonia y otras partes de Europa. Sin embargo, pocos fijan su atención en la guerra en Asia y, especialmente, los crímenes perpetrados por el Japón, aberraciones que a menudo sobrepasan a aquellas cometidas en los doce años de la dictadura de Adolf HitlerAdolf HitlerWikipedia. En efecto, mientras los alemanes tuvieron que enfrentar la verdad y asumir el control de su destino, su responsabilidad en el holocausto, de no sólo asesinar a judíos, sino a europeos, en nombre de un gobierno que ellos habían elegido y apoyado ciegamente, la historia ha sido muy distinta del otro lado del mundo. Una nación como Alemania, que había dado a la cultura universal músicos tan brillantes como BeethovenLudwig van BeethovenWikipediaSchillerJohann Christoph Friedrich SchillerWikipedia y a autores como GoetheJohann Wolfgang von GoetheWikipedia tenía, por supuesto, muchas más explicaciones que dar del por qué había apoyado a la dictadura criminal de Hitler en su deseo de conquistar al mundo sin importar los medios. Como lo escribió en su momento Emil LudwigEmil LudwigWikipedia, sería la educación la que salvaría a los alemanes de generación en generación, de modo que adquirieran conciencia de su historia y cultura.

En el caso de Japón, a pesar de convertirse en un país pacífico después de finalizar la guerra en 1945, el proceso de reconocimiento de los crimenes de guerra, fue completamente distinto, cuando no inasumible, al que Alemania reconocio y asumió, y que de algún modo la absolvió a Japón, a fuerza de conciencia colectiva pasada de padres a hijos y a veces de abuelos a nietos, de una responsabilidad criminal que les era del todo imposible de eludir.

Componentes de a Unidad 731
Componentes de a Unidad 731

En Japón, si alguien habla hoy de los crímenes perpetrados por el Imperio del Sol Naciente en el sudeste de Asia, China y principalmente ManchuriaManchuriaWikipedia, es considerado un loco o, si la opinión antagonista está de mal humor, un enemigo, un calumniador e incluso un antipatriota. De hecho, en las escuelas se enseña que la lucha japonesa fue honorable bajo el marco de los derechos humanos y el respeto estricto de los protocolos de GinebraLos Convenios de Ginebra y sus Protocolos adicionales son la piedra angular del derecho internacional humanitario, es decir el conjunto de normas jurídicas que regulan las formas en que se pueden librar los conflictos armados y que intentan limitar los efectos de éstos. Protegen a las personas que no participan o que han dejado de participar en las hostilidades. Wikipedia, guerra que perdió por no tener la suerte de su lado, por luchar contra tres potencias a la vez, y algunas escusas más. La historia, según es contada por los historiadores japoneses, es la del criminal que fue a la guerra aluchar por su país y regresó a casa como héroe después de haber realizado grandes acciones por la patria. La negación (al contrario que en el proceso alemán) está a la orden del día incluso en el Japón de nuestro tiempo. El negacionismo de los hechos que vamos a relatar por parte de un gran sector de la población japonesa es total y absoluto, sobre todo por los nacionalistas o patriotas japoneses, lo que vendría a ser la derecha española, que de igual manera niegan la dictadura de Franco o los crimenes por él cometidos durante la guerra y la postguerra.

Antiguo emplazamiento de almacenamiento subterráneo de gas en el Museo de la Unidad 731 en Harbin, provincia de Heilongjiang, China
Antiguo emplazamiento de almacenamiento subterráneo de gas en el Museo de la Unidad 731 en Harbin, provincia de Heilongjiang, China

La historia oscura del imperio japonés en la Segunda Guerra Mundial se compone de numerosos testimonios, fotografías que llegan de sus campos de concentración en Tailandia, Birmania y Singapur, pero sobre todo, de la historia y actividad de la Unidad 731 en Manchuria, a cargo de lo que hoy la prensa amarillista consideraría un «científico chiflado». El grupo de pseudocientíficos de aquella unidad realizó, en tiempo récord, y contando siempre con cobayas vivas y frescas, la más completa y macabra investigación de toda nuestra historia en el campo de las armas biológicas hasta el momento conocida y documentada, un proyecto que fundó la investigación militar biológica y química (secreta en mayor parte) en Estados Unidos, Europa y el resto del mundo. Y que, por supuesto, fue más grande y detallada que cualquier cosa que se haya sabido de los nazis, amantes de los sellos y el papeleo.

Nadie sabe cuándo realmente las armas biológicas comenzaron a ser consideradas potencialmente como útiles para fines bélicos. Hay antecedentes, como el del tártaro que en el siglo XIV, mientras veía a sus hombres caer por una extraña peste durante los tres años que duró el sitio de CaffaCaffa ahora FeodosiyaWikipedia (hoy FeodosiyaFeodosia (en ruso: Феодосия), en ucraniano, Феодосія, en tártaro de Crimea, Kefe es una ciudad portuaria de la Península de Crimea, de iuris ciudad ucraniania, actualmente ocupada de facto por Rusian, que se encuentra en el sureste de la República de Crimea situada en la costa del mar Negro. La ciudad se extiende por 15 km a lo largo de la bahía de Feodosia. La ciudad pertenece al municipio de Feodosia, del cual es la capital administrativa. Wikipedia), tuvo la idea de catapultar los cadáveres sobre las murallas. Por supuesto que los genoveses abandonaron la ciudad rápidamente dejándola a merced de los tártaros, pero a su vez dispersaron como portadores la peste por toda Europa.

Hardin - Unidad 731 - Museo japonés de la guerra de los gérmenes - experimentos de vacío
Hardin – Unidad 731 – Museo japonés de guerra con gérmenes – Experimentos de vacío con personas vivas

Lo cierto es que la guerra biológica adquirió valor, precisamente, en el mismo instrumento que buscó sepultarla para siempre: la Convención de GinebraSe conoce con el nombre de Convenios de Ginebra o Convenciones de Ginebra al conjunto de los cuatro convenios internacionales que regulan el derecho internacional humanitario —también conocido por ello como derecho de Ginebra— cuyo propósito es proteger a las víctimas de los conflictos armados. El primero fue firmado en la localidad suiza de Ginebra en 1864, un año después de la fundación del Comité Internacional de la Cruz Roja, con el fin de «lograr un pequeño ámbito de acuerdo universal sobre ciertos derechos de las personas en tiempo de guerra, específicamente, los derechos del cuadro médico a ser considerado neutral a fin de poder tratar a los heridos». Wikipedia del 17 de junio de 1925, con cuya suscripción las potencias se comprometían a prohibir el uso de armas biológicas. Todos los países que habían salido hace pocos años de la Primera Gran Guerra, firmaron, excepto dos: Estados Unidos, lo que se antoja curioso, si lo vemos desde una perspectiva histórica, puesto que en esos momentos no tenía entonces interés en la investigación de esas armas. El otro, Japón, tenía otra excusa distinta.

A través de la ambición, frialdad y tenacidad de un joven médico militar, el imperio japonés, en sus ansias de expansión y colonización de Asia, comenzó a visionar el método ideal para infectar a sus enemigos y derrotarlos rápidamente, en vista de un proyecto expansionista a nivel mundial que estaba por materializarse en suelo chino. Una década después de los protocolos de Ginebra, el gobierno japonés había dado a un siniestro personaje el presupuesto más grande, el rango militar necesario y había puesto a su servicio al ejército de ocupación en Manchuria para llevar a cabo semejante tarea a órdenes del emperador.

Rápidamente se construyeron edificios, barracones, laboratorios y grandes bodegas de incineración, a las afueras de la ciudad china de Harbin, y en las puertas principales, los invasores escribieron «Unidad Anti-epidémica de Suministro de Agua», en código militar la «Unidad 731», o como se le conoce más coloquialmente, «la Unidad Ishii».

Vista posterior del antiguo sitio de la sala de calderas con tanque de reciclaje de agua subterránea en el Museo de la Unidad 731 en Harbin, China
Vista posterior del antiguo sitio de la sala de calderas con tanque de reciclaje de agua subterránea en el Museo de la Unidad 731 en Harbin, China

Si bien los alemanes fueron sometidos al escarnio, y el distanciamiento, producto de reconocer sus crímenes, aunque indirectamente eso sí, entre una generación y la otra, fueron evidentes, los japoneses jamás han admitido sus crímenes de guerra. La actual Corte Penal InternacionalLlamada también Tribunal Penal Internacional, es un tribunal de justicia internacional permanente cuya misión es juzgar a las personas acusadas de cometer crímenes de genocidio, guerra, agresión y lesa humanidad. Es importante no confundirla con la Corte Internacional de Justicia, órgano judicial de Naciones Unidas, ya que la CPI tiene personalidad jurídica internacional, y no forma parte de las Naciones Unidas, aunque se relaciona con ella en los términos que señala el Estatuto de Roma, su norma fundacional. Tiene su sede en la ciudad de La Haya, en los Países Bajos. Wikipedia tuvo su precedente en los Juicios de NúrembergLos Juicios de Núremberg o Procesos de Núremberg (en alemán, Nürnberger Prozesse) fueron un conjunto de procesos judiciales emprendidos por iniciativa de las naciones aliadas vencedoras al final de la Segunda Guerra Mundial, en los que se determinaron y sancionaron las responsabilidades de dirigentes, funcionarios y colaboradores del régimen nacionalsocialista de Adolf Hitler en los diferentes crímenes y abusos contra la humanidad cometidos en nombre del Tercer Reich Alemán a partir del 1 de septiembre de 1939 hasta la caída del régimen en mayo de 1945. Irónicamente, los juicios se desarrollaron donde 10 años antes se habían promulgado las leyes del mismo nombre por Hitler. Wikipedia, y posteriormente en los juicios contra los médicos, donde se estableció el protocolo ético que rige hoy la medicina mundial. A pesar de que en Tokio se instaló un tribunal después de la guerra, éste omitió gran parte de los crímenes cometidos por el ejército, gobierno y emperador japoneses con el beneplácito de toda la nación. La impunidad, adicionalmente, se concretó por los intereses estratégicos por parte del vencedor, Estados Unidos, y las cicatrices entre Japón y China hoy siguen más frescas que hace medio siglo ya que Beijing reclama de Tokio una disculpa oficial (con su respectiva indemnización) por todos los delitos cometidos en suelo chino entre 1931 y 1945, los años en los que ambos países estuvieron en guerra.

Este artículo, explorará la historia de la Unidad 731, los crímenes cometidos en Manchuria, y cómo un país tan culpable como la Alemania nazi pudo borrar de su histórica toda responsabilidad penal, que comienza con las violaciones en masa de Nanking en 1937. El ejército japonés se trasladó hacia el norte tras capturar Shanghái en octubre de 1937, y conquistaron Nankín en la batalla de Nankín. Los comandantes del ejército nacionalista chino habían huido de la ciudad antes de la entrada del ejército nipón, dejando atrás a miles de soldados chinos atrapados en la ciudad amurallada. Muchos de ellos se quitaron sus uniformes y escaparon a la llamada Zona de Seguridad preparada por los residentes extranjeros de Nankín. Lo que ocurrió después de la entrada del ejército japonés en la ciudad de Nankín es y ha sido la base de la acalorada discusión histórica y tensión política, particularmente entre China y Japón en años recientes. Los crímenes de guerra cometidos durante este episodio incluyen el pillaje, la violación, y la matanza de civiles y prisioneros de guerra. El alcance de las atrocidades es debatido entre China y Japón, que van desde la afirmación del gobierno chino de una cifra de muertos no combatientes superior a 300 000, hasta la afirmación del ejército japonés en el Tribunal Militar Internacional de Extremo Oriente (conocida como el Tribunal de Guerra de Tokio) después de la Segunda Guerra Mundial, de que las cifras de muertos eran todas de militares y que no hubo masacres organizadas o atrocidades cometidas contra los civiles.

El Tribunal de Guerra de Tokio juzgó un caso en que el número total de muertes fue de 250 000. En la sentencia de muerte emitida contra el comandante del ejército japonés en Nankín, el general Iwane MatsuiIwane MatsuiWikipedia, la cifra fue establecida en 100 000. En diciembre de 2007, algunos documentos del Gobierno Federal de los Estados Unidos recién publicados, que hasta entonces habían sido un secreto de Estado, consideraron el número total de muertos en 500 000, teniendo en cuenta lo que pasó alrededor de la ciudad antes de su captura.

En China, este hecho es un punto principal del nacionalismo chino. En Japón, la opinión del público está dividida al respecto, especialmente entre los conservadores, para los que la Masacre de Nankín ha sido exagerada como un arma diplomática dirigida contra Japón. Tales opiniones son consideradas revisionismo histórico entre los chinos, y como tal, continúan generando rabia y resentimiento.

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A continuación siguió la explotación sexual de miles de mujeres al servicio del ejército imperial, y que culminó con la experimentación biológica en seres humanos en los bosques de Manchuria. Todos, temas tabú en la sociedad japonesa contemporánea, y que el Ministerio de Educación tilda de «fantasiosos». En Japón no hay un solo texto escolar que no sea aprobado por esta cartera antes de llegar a las escuelas, e incluso las editoriales y poderes políticos censuran fuertemente lo que se publica sobre el tema.

Hardin - Unidad 731 - Museo japonés de la guerra con gérmenes -Fichas de los presos con símbolos que se asemejan mucho a los símbolos que los nazis usaban para marcar a las personas judias
Hardin – Unidad 731 – Museo japonés de la guerra con gérmenes -Fichas de los presos con símbolos que se asemejan mucho a los símbolos que los nazis usaban para marcar a las personas judias

En los últimos años han surgido voces disidentes, incluso de sectores académicos, y hubo en la década de los noventa del siglo XX, una exposición sobre la Unidad 731 que, a pesar de haber sido visitada por más de 250 000 japoneses, no tuvo ninguna repercusión en la sociedad. Estados Unidos encubrió dichos crímenes con un propósito claro: apropiarse de la investigación hecha por la Unidad 731, el mayor botín de la guerra en el Pacífico. De ahí que el «médico chiflado», el siniestro Shiro IshiiShirō IshiiWikipedia, recibió por su colaboración, en 1948, la inmunidad directamente del General Douglas MacArthurGeneral Douglas MacArthurWikipedia, y con ella, pudo retomar una carrera académica como profesor emérito hasta su muerte en 1959.

Si algo no hay que olvidar jamás es que los crímenes más horrendos que vio el siglo XX no fueron ideados por políticos y militares; fueron los científicos, entre más brillantes mejor, quienes convencieron a sus líderes de las más torcidas aberraciones. Fue por ejemplo el químico alemán Fritz HaberFritz HaberWikipedia, quien en su discurso tras recibir el Premio Nobel en 1919, reconociera al gas venenoso como «un método superior de matar». Fue Albert EinsteinWikipedia quien, con otros científicos, propuso al Presidente Roosevelt la investigación nuclear que terminó con dos bombas atómicas lanzadas sobre Japón. Y en el caso de la Unidad 731, fueron Shiro Ishii y sus colegas del Instituto Nacional de Salud, y no los fanáticos que dominaban el gobierno al servicio del emperador en los años de la guerra, quienes promovieron la barbarie al servicio del ejército. Crímenes que se extendieron, incluso posteriormente a 1945, en hospitales mentales y prisiones, auspiciados por el Instituto Nacional de Salud de Japón. Cuando los delitos y crímenes quedan impunes, lo único que jamás puede borrarlos es la memoria colectiva, que predomina sobre las conspiraciones e historia.

MANCHURIA
El 8 de agosto de 1945, dos días después de que Hiroshima fuese arrasada por una bomba atómica, Moscú notificó a Tokio que existía un estado de guerra entre los dos países. Ese caluroso día de verano, miles de soldados soviéticos cruzaron la frontera fuertemente militarizada entre Siberia y Manchuria, dando así comienzo a la derrota completa de Japón en todos los frentes, y a una de las últimas batallas más sangrientas de la Segunda Guerra Mundial. Aunque el emperador japonés, HirohitoEmperador HiroitoWikipedia, se dirigió a su país el 15 de agosto anunciando la rendición incondicional, la lucha en suelo chino se prolongó durante semanas: había generales que estaban dispuestos a llevar la guerra hasta las últimas consecuencias. Al final, la maquinaria de la URSS fue superior, y los japoneses, divididos, pronto se rindieron. A medida que las tropas soviéticas penetraron en Manchuria, encontraron que, al retirarse, los japoneses habían dinamitado sus antiguas bases, eliminando todo rastro de sus actuaciones. La inteligencia militar soviética no tardó mucho en precisar que se trataba más bien de una destrucción selectiva, y que no abarcaba todos los edificios militares. Al poco tiempo, informantes y testigos comenzaron a revelar los números de las unidades japonesas en Manchuria, los nombres de los comandantes y la naturaleza de cada complejo o campamento japonés, si era secreto o no, entre otros datos. Las ruinas todavía humeantes iban generalmente acompañadas, no muy lejos, de descubrimientos inhumanos: en las colinas circundantes a Hailar (marcado en el mapa de abajo), por ejemplo, el ejército soviético encontró en su avance una fosa común poco profunda con más de diez mil cuerpos de hombres, mujeres y niños, aún tibios, que los japoneses habían liquidado en su retirada. Y había otro detalle: en los sitios que dinamitaba el ejercito japonés en su retirada, los liberadores encontraban cientos de animales, desde camellos hasta monos del sudeste asiático, que al inspeccionarlos estaban enfermos, decaídos y, en muchos casos, agonizando.
 
Cuidades donde se experimento con el armamento biológico e la Unidad 731
Cuidades donde se experimento con el armamento biológico e la Unidad 731

Al principio nadie tenía la respuesta. ¿Qué era exactamente lo que había hecho Japón en Manchuria desde la ocupación, casi quince años antes del fin de la guerra? Pues bien, no pasó mucho tiempo para que se supiera que Manchuria había sido el laboratorio más grande (por extensión geográfica) para la investigación química y biológica en el mundo.

Manchuria fue para Japón el eslabón perdido en su búsqueda de la supremacía racial en Asia y el dominio continental. La irregularidad que Japón usó para anexar aquel territorio, la farsa de democracia, el desdén de las potencias del momento frente a este abuso y la colonización facilitaron, en 1935, que Manchuria quedara al margen de las leyes japonesas e internacionales, un lugar donde podía gastarse con total libertad el presupuesto militar, o mejor aún: un paraíso para la investigación científica y una vida indecorosa. Fue en Harbin donde, ese año, Tokio estableció el Instituto Continental de Ciencias, un modelo experimental que, por las leyes japonesas, jamás se hubiese podido instaurar en la metrópoli.

Se cree que esta foto fue tomada durante el entrenamiento inicial en la sede del Escuadrón 731 en Pingfang.
Se cree que esta foto fue tomada durante el entrenamiento inicial en la sede del Escuadrón 731 en Pingfang.

La inmigración japonesa a Manchuria era abundante, ya que la seguridad era estricta, las garantías plenas y se consideraba a la población china de la etnia HanEl grupo étnico de los han o el grupo cultural de los han (en chino simplificado, 汉族; en chino tradicional, 漢族; pinyin, hàn zú) es un grupo étnico de China. Constituye el 92 % de la República Popular China,1 98 % en Taiwán, 75 % en Singapur y aproximadamente el 20 % de la población mundial. Es así el mayor grupo étnico del mundo. Los han se dividen en diferentes subgrupos con sus características propias. Aunque siempre han sido mayoría, a lo largo de la historia de china los han han estado sometidos en algunos períodos a otras minorías dominantes, como por ejemplo durante la dinastía Qing (1644-1912), dominada por la etnia manchú, que vetaba los puestos de administración a los han, y durante la dinastía Yuan, cuando fueron sometidos a la supremacía de los mongoles. Wikipedia inferior racialmente, gozando esta de muy pocos derechos, cuando no les eran vulnerados completamente. En pocas palabras, se emigraba a la colonia para enriquecerse fácilmente a expensas de la población local. El narcotráfico, la extorsión, la expropiación, el chantaje… aquello era pan de cada día en Manchuria.

EL TEMIBLE DOCTOR ISHII
En entrevistas aparecidas en el periódico The Japan TimesPortada de The Japan TimesWikipedia, página 12, del 29 de agosto de 1982, Harumi Ishii, la hija mayor del doctor y Mayor General Shiro Ishii, dijo, ante las «presuntas» acusaciones sobre la participación de su padre en crímenes contra la humanidad:
no hubiese sido por la guerra y la carrera que escogió, su genio hubiese dado frutos en otro campo distinto a la ciencia médica, posiblemente en la política. Mi padre hubiese sido un estadista excepcional. Lo que hizo, o lo que lo acusan de haber hecho cumpliendo órdenes como oficial médico y soldado del Ejército Imperial Japonés, es censurable desde cualquier ámbito ético. No obstante, nadie puede olvidar que todo ocurrió bajo circunstancias extremadamente excepcionales; estábamos en guerra.

Se sabe que en el verano de 1933, apareció en el villorrio manchuriano de Beiyinhe, compuesto por veinte familias pobres, un convoy del ejército japonés, acompañado por funcionarios de alto rango. Después de una inspección, e intercambiar opiniones in situIn situ es una expresión latina que significa «en el sitio» o «en el lugar», y que suele utilizarse para designar un fenómeno observado en el lugar, o una manipulación realizada en el lugar., el oficial principal ordenó a sus subalternos comunicarles a los campesinos que debían abandonar el villorrio antes de tres días o serían fusilados. La ubicación de Beiyinhe era privilegiada por varias razones: estaba a un lado del río Beiyin y a solo 600 metros de las vías ferroviarias de la línea Lafa-Harbin. Además, la capital provincial, Harbin, estaba a menos de 100 kilómetros al norte, lo que suponía a solo hora y media de viaje. Conscientes de la brutalidad de los invasores, las veinte familias de Beiyinhe abandonaron el sitio rápidamente.

Hardin - Unidad 731 - Museo japonés de la guerra de los gérmenes - Experimento para infectar a los chinos con gérmenes para la investigación
Hardin – Unidad 731 – Museo japonés de guerra con gérmenes – Experimento infectando a la poblacion china con gérmenes para la investigación

El convoy era comandado por un hombre que los chinos conocían como Zhijiang Silang, pero que en Japón era conocido como Shiro Ishii. El comandante Ishii era por entonces un recién llegado a Manchuria, pero con conexiones de alto nivel en Tokio y el respaldo político y militar local. Ya en 1931, mientras preparaban el desplazamiento forzado en Beiyinhe, había comunicado a sus superiores que las investigaciones sobre bacterias estaban listas, por lo que «es momento de comenzar nuestro experimento. Apelo a ustedes me hagan comisionado de Manchuko para el desarrollo de las nuevas armas».

Shiro Ishii nació en 1892 en el poblado de Chiyoda Mura, un lugar hoy no muy alejado del Aeropuerto Internacional Narita de Tokio. Su familia era la más rica de la comarca, y ejercía sobre el distrito una especie de dominio feudal. Poco se sabe de su niñez, aunque se ha sabido que era un estudiante despierto y capaz y que, por tanto, algunos creían llegaría a ser un genio. Con una memoria extraordinaria, sus compañeros murmuraban que podía memorizar un libro con solo leerlo una sola vez. Era el alumno favorito de los profesores, al punto que, los otros niños, estaban resentidos con él por su arrogancia y actitud altiva. Con los años, Ishii se convirtió en un estudiante verdaderamente brillante, con una inteligencia prodigiosa, que le permitió, ya en abril de 1916, ingresar a la Facultad de Medicina de la Universidad Imperial de Kioto. Allí pronto despunto hasta tal punto que sus profesores lo matriculaban en cursos más avanzados dado su talento.

Para fines del siglo XIX, la concepción ética de la medicina occidental había llegado a Japón, pero en aquel país no se enseñaba la ética médica, como materia, puesto que la comunidad académica y científica consideraba que cada estudiante sabía que estaba estudiando para ayudar y sanar a las personas, no para enfermarlas o destruirlas. A pesar de que a menudo se hacían charlas y simposiums sobre ética, parece obvio que Ishii se mantuvo al margen de estos actos.

Se graduó con honores en diciembre de 1920, a los veintiocho años, lleno de ambición y consciente que los años de estudios, para él, habían sido muy fructiferos. De inmediato, atraído por el furor del desarme, producto de la Primera Guerra Mundial, Ishii fue admitido por el Ejército Imperial como oficial de regimiento a prueba, y cinco meses después, en abril de 1921, fue ascendido a Cirujano-Teniente Primero de la Guardia Imperial. Debido a su interés en la investigación (más que en la práctica), Ishii consiguió ser transferido al Hospital del Primer Ejército en Tokio en agosto de 1922, donde destacaría por su habilidad para engatusar y manipular a sus superiores. En contraste, era despiadado y acosador con los empleados a su cargo.

A pesar de ello, su inteligencia y capacidades deslumbraban a cualquiera, mucho más que su voz potente y su estatura, mayor al promedio de la época. Adicionalmente, le gustaba beber, y frecuentaba el distrito rojo de TokioKabukichō (歌舞伎町?) es un vecindario de Shinjuku, Tokio, Japón. Se considera el barrio rojo más importante de Japón; en su entorno se encuentran miles de locales de entretenimiento enfocados al mercado de adultos. El área cuenta con muchos bares, hostales, moteles, locales comerciales, restaurantes y clubes nocturnos tanto para mujeres como para hombres. Wikipedia (Kabukichō), donde era cliente de los prostíbulos cuyas geishas solián tener una edad aproximada de dieciséis años. El nombre de Ishii era famoso en el distrito rojo. Aunque sus superiores sabían de sus andanzas, también comprendían que Ishii merecía algo mejor. Finalmente en 1924, se decidió que el joven médico debía ser promovido a un mayor rango, al de Mayor General, por lo que Ishii regresó a Kioto para comenzar estudios de posgrado.

Allí estudió bacteriología, serologíaEstudio de los sueros biológicos., patología y medicina preventiva. Mientras completaba sus estudios avanzados, en la isla de Shikoku, al sur de Japón, estalló una epidemia que, rápidamente, comenzó a propagarse. Ishii fue enviado en la comisión académica a investigar. Se trataba de una nueva cepa de la encefalitis, conocida como la «B japonesa». Ishii localizó y aisló el virus mediante técnicas de filtro. Esta experiencia cambiaría su perspectiva acerca del poder de un virus para diezmar poblaciones y transmitirse.

Los prisioneros también fueron utilizados para probar otros tipos de armas.
Los prisioneros también fueron utilizados para probar otros tipos de armas

Después de los estudios de posgrado, Ishii siguió investigando. Fue en este tiempo en el que hizo amistad con el rector de la Universidad Imperial de Kioto, Torasaburo Araki, que era uno de los más eminentes médicos de Japón. Ishii finalmente se casó con una de las hijas de Araki, lo que termino de lanzar su carrera. A finales de 1926 o principios de 1927, se doctoró en microbiología. Recibió su título con el flamante rango de Capitán del Cuerpo Médico del Ejército Imperial, al cual había sido ascendido dos años antes.

Contratado en el Hospital del Cuerpo Médico del Ejército de Kioto, Ishii descubriría la política, no por vías democráticas, sino por el discurso ultranacionalista y las arengas de tabernas. En Kioto continuó en los meses siguientes con sus actividades investigadoras cuando cayó en sus manos un documento que, cuentan, cambió su vida. Se trataba del informe sobre armas biológicas del Primer Teniente Médico Harada, que había asistido a la Convención de Desarme de Ginebra en 1925 como oficial del despacho del Ministro de Guerra de Japón. Harada había hecho copias del informe y las había puesto a circular en la comunidad médica, sin que llamase la atención de nadie. Sin embargo, cuando cayó en manos de Ishii, el informe cobró vida, no como una prohibición que era, sino como el detonante para la exploración de las posibilidades de construir un armamento biológico que beneficiaría al Japón en un futuro cercano. Una oportunidad única, sin duda, ya que los demás países habían renunciado a dicho potencial.

De inmediato, Ishii echó mano a sus conexiones con los ultranacionalistas en el Ministerio de Guerra, buscando convencerlos. Nadie quería invertir en una investigación de esa magnitud, mucho menos producir un arsenal biológico cuando los términos de paz de una guerra sangrienta estaban aún demasiado frescos. Ni siquiera los inteligentes alegatos de Ishii sobre el potencial táctico engañaron al Ejército.

Frustrado por la actitud del gobierno, Ishii partió en abril de 1928 en un viaje de dos años por el mundo pagado por el mismo Ejército como premio por su eficiencia, con el fin de dialogar con sus iguales y recopilar información de inteligencia militar. En todos los países Ishii presentó sus credenciales como investigador sobre «guerra bacteriológica». Cuando Ishii regresó a Tokio desde Estados Unidos, encontró que en sus dos años de ausencia, el Ministerio de Guerra había cambiado: los viejos, reticentes funcionarios se habían marchado, y los que entonces lo conformaban, tenían una posición distinta sobre el potencial bélico de un programa biológico estatal; de hecho, los jingoístasJingoismoSe denomina jingoísmo al nacionalismo exaltado partidario de la expansión violenta sobre otras naciones. Se trata de una forma de imperialismo, en la forma de patriotismo extremo que justifica una política exterior agresiva.1 El término jingoism fue acuñado por el radical George Holyoake en una carta al periódico británico The Daily News el 13 de marzo de 1878. Su origen se halla en Gran Bretaña, donde el jingoísmo era el mecanismo de movilización popular del ultra nacionalismo militarista y expansionista, utilizado por políticos que consideraban necesario el Imperio, tanto los tories (Benjamin Disraeli, Neville Chamberlain) como los whigs (Gladstone, Cecil Rhodes). Wikipedia habían subido al poder, con sus ideas de hegemonía y expansión territorial, si es que Japón quería sobrevivir como un Imperio que se suponía que era. Por sus aportes en su expedición internacional, cuatro meses después, Ishii fue nombrado Profesor de Inmunología en la Escuela Médica del Ejército en Tokio, y ascendido a Mayor. Desde su nueva posición, instauró oficialmente la investigación biológica en Japón con fines militares, ganando el apoyo de los nacionalistas en el poder, bajo el argumento de «tiene que ser muy bueno para que haya sido prohibido por la Liga de las Naciones».

Rápidamente el joven investigador llamó la atención del principal científico militar de la época, Chikahiko KoizumiChikahiko KoizumiWikipedia, quien además de haber sido pionero en distintos campos hasta llegar a desempeñarse luego como Ministro de Salud, era un ultranacionalista convencido. Koizumi no solo había abandonado antes el camino de la búsqueda de armas biológicas, sino que hoy es el padre de la investigación de armas químicas en Japón. Tras revisar la excelente hoja de servicios y verificar los méritos de Ishii, de inmediato, el respetado investigador le otorgó todo su apoyo. Como primera medida, se creó el Departamento Nacional de Inmunología, a petición de Ishii. Pronto, el ambicioso médico contaba no solo con el apoyo incondicional de Koizumi, sino del Ministro de Guerra Sadao ArakiSadao ArakiWikipedia y el influyente General Tetsuzan NagataTetsuzan NagataWikipedia. Ishii estaba en la cima. En 1932, partió en una gira de reconocimiento por Manchuria, que hacía poco tiempo se había anexado el imperio japonés. No mucho después, el ultranacionalista Doctor Ishii regresó a Manchuria con excelentes credenciales, un enorme presupuesto y el respeto tanto en el territorio ocupado como en Japón. Con la evacuación forzada del villorrio de Beiyinhe, comenzó una de las épocas más oscuras de la historia de la Segunda Guerra Mundial en Asia.

EL NACIMIENTO DE LA UNIDAD 731
La desaparición de Beiyinhe de la faz de la tierra fue el comienzo de la espeluznante Unidad 731 de investigación biológica del Ejército Imperial Japonés. Con un presupuesto de más de 200 000 yenes (una enorme suma) que provenían de cuentas secretas del ejército, el dinero fue aumentando año tras año, sacrificando si hacía falta el presupuesto de otros frentes del Ministerio de Guerra. En 1932, la Unidad 731 comenzó sus labores con alrededor de 300 personas (que fueron aumentado paulatinamente con los años), para ejecutar un programa ultra-secreto, del cual dependía la seguridad nacional del Japón.

Ishii y sus subalternos adoptaron nombres en código. La Unidad primero operó en el barrio industrial de Harbin, donde ocupó bodegas abandonadas y edificios que expropió a sus dueños. La investigación se clasificó en A, para experimentos muy peligrosos, y B, para experimentos de inoculación, poco peligrosos. Con el pasar de l tiempo, quedó claro que en el cuartel de Harbin eran necesarias instalaciones adecuadas para la investigación A, sin que el equipo corriese riesgos, y que involucraba a «cobayas humanos». Mientras Ishii buscaba el lugar adecuado para establecer un complejo discreto, su equipo seguía trabajando con vacunas en los laboratorios de Harbin. Entonces, en el verano de 1932, el doctor Ishii dió con Beiyinhe, y tras evacuar a sus habitantes, el ejército japonés destruyó todas las chozas salvo una, acordonó medio kilómetro con el fin de preparar el terreno para construir una estructura que sirviese como laboratorio y prisión. Se trajo mano de obra local esclavizada, que de inmediato levantó pisos, paredes, y un muro de tres metros, protegido con alambre electrificado, garitas elevadas, torres de iluminación, y se estableció un terreno restringido de 250 metros alrededor de toda la zona, denominada «zona de muerte». En menos de un año, en el interior de los muros, los albañiles construyeron más de 100 edificios de ladrillo, cemento y hormigón. El personal militar a cargo hacía lo imposible por impedir que los constructores tuvieran perspectiva de lo que estaban construyendo. En el centro del complejo, se alzó un enorme edificio, que serviría, en parte, de prisión y en parte, de laboratorio. Por su tamaño, usualmente la población local se refería a aquella mole como el «Castillo Zhong Ma» (Colonia Carcelaria de Zhong Ma fue como lo llamaron los japoneses). Otros edificios albergarían animales.

El llamado Castillo de Zhong Ma se dividía en dos alas: en la primera funcionaba una cárcel, los laboratorios, un horno crematorio y un basurero de municiones. En la segunda estaban las oficinas, los barracones, las bodegas, una cantina y un estacionamiento de uso del ejército. En plena capacidad, la cárcel podía alojar 600 reclusos, entre meros «sospechosos», miembros de la resistencia, los «bandidos» que seguían a Chiang Kai ShekChiang Kai-shek o Jiang JieshiChiang Kai-shek o Jiang JieshiWikipedia, sino que también tenía que lidiar con los comunistas de Mao ZedongMao ZedongWikipedia y los señores de la guerra locales que no acataban su autoridad. Pero en ocasiones los chinos planteaban una resistencia seria, como sucedió con los enfrentamientos en Shanghái en 1932. Allí se produjo una batalla en toda regla, con siete mil muertos entre los dos bandos, y en la que Japón tuvo que utilizar sus portaaviones para lanzar ataques aéreos y así doblegar la resistencia enemiga. Gracias a sus contactos, Ishii lograba que todos ellos purgaran sus condenas en su castillo, aunque preferiblemente la policía local enviaba a la Unidad 731 a los acusados políticos.

Regularmente, el mismo Ishii o alguno de sus ayudantes extraían alrededor de 500 cc de sangre de cada prisionero cada tres o cinco días. La rutina jamás se interrumpía. Como resultado, los prisioneros se deterioraban rápidamente. Cuando esto ocurría, se les inyectaba veneno y, tras la autopsia reglamentaria, los cuerpos desaparecían en los hornos crematorios.

LOS PRIMEROS EXPERIMENTOS
En los primeros años del proyecto secreto, los experimentos de Ishii eran rudimentarios, sin ninguna importancia salvo torturar personas hasta asesinarlas. A veces se medía el impacto de proyectiles y granadas sobre el cuerpo humano solo por el interés de hacer una autopsia y ver los efectos en directo sobre el cuerpo humano. Sería después que Ishii perfeccionaría lo macabro, especialmente en tres frentes: ántrax, muermo y plagas. Si bien se dice que los archivos de la unidad Ishii en Beiyinhe fueron destruidos en 1945, numerosas narraciones sobre sus experimentos perviven, entre los que están la inducción de bacterias infecciosas a los prisioneros con el fin de practicarles autopsias en su estado de delirio. En 1934, sus investigaciones sobre el cólera demostraron que este, transmitido por medio de plagas, era efectivo como arma biológica. Los equipos a cargo de Ishii (había uno de envenenamiento por gas, otro de envenenamiento líquido, otro de muerte con electricidad y algunos más) pasaban sus días haciendo horribles experimentos como en una fábrica de ideas (think thank que diríamos ahora). Entre los más sonados, están los de las víctimas que eran congeladas y luego reanimadas con agua caliente, o la forma como extraían órganos de personas vivas, simplemente con un hacha y manos fuertes para sostener a la víctima.
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LAS VACUNAS

No se sabe cuántas personas realmente fueron exterminadas en la Unidad 731 como en toda Manchuria. Sin embargo, después de la guerra, el General Yasutsugu OkamuraYasuji OkamuraWikipedia escribió en sus memorias:

No sé los detalles de los avances médicos que hizo, pero cuando la guerra terminó Ishii me dijo que su trabajo había producido más de 200 patentes.

Ishii abandonó el complejo de Beiyinhe en 1937. Ordenó que todo fuera destruido, y que se eliminaran todos los testigos posibles. Todos los prisioneros fueron acribillados, y el equipo de Ishii se dirigió a un nuevo complejo, más cerca de Harbin, donde comenzaría lo que llamaría «su obra maestra en la investigación científica». Fue allí, entre 1937 y 1945, que la Unidad 731 ganó su escalofriante reputación.

COMPLEJO DE BEIYINHE
La historia del complejo de Beiyinhe se mantuvo secreta por más de cuarenta años. Fue a principios de los años 80 del siglo pasado cuando un investigador y académico chino, Han Xiao, director adjunto del Museo 731, descubrió, por casualidad, la sórdida historia de la experimentación científica sobre seres humanos en el campo Zhong Ma, que se remonta, según se calcula, a 1932, poco después de la invasión de Manchuria por parte de Japón.
Escuché sobre los preparativos para la guerra biológica en el Ejército japonés por primera vez después de tomar posesión de mi cargo como miembro en la Unidad de Cuarentena del Ejército Kwantung en diciembre de 1939… Se le conocía como la «Unidad Ishii» en el Ministerio de Guerra. Al asumir mi cargo me concentré en el cultivo de bacterias… Fui de mala gana testigo de los preparativos para dicha guerra bacteriológica. Creía completamente que el Teniente General Ishii había concluido en ese lugar un gran experimento científico en preparación de esa guerra… Basándome en los datos y el trabajo realizado por los equipos bajo el liderazgo de… Ishii, que conocía muy bien, doy fe así de mi responsabilidad en los experimentos realizados por los equipos de Ishii en los que cuerpos humanos vivos fueron sacrificados en la investigación.<span class="su-quote-cite"><strong>Testimonio del Mayor Tomio Karasawa, septiembre de 1946, Doc. 9306, Expediente en Grupo 153, Archivos del Juez Fiscal General del Ejército. Archivos Nacionales de Estados Unidos, 107-0</strong></span>

La mitad de la década del 30 del siglo pasado fue, sin lugar a dudas, importantísima para el ascenso de Shiro Ishii como director del programa biológico japonés de preguerra. Tres años después de ascender a Mayor del Ejército, Ishii consiguió el grado de Cirujano Teniente Coronel, algo impensado en una época de obstáculos y recortes presupuestarios. Su ascenso fue rápido, indiscutiblemente, y se debió, en principio, a sus trabajos en Beiyinhe. Ishii jamás dejó de venderle al gobierno japonés los supuestos beneficios de la investigación biológica. Por ello, la gran oportunidad le llegó al brillante médico el 1 de agosto de 1936, cuando fue promovido a Jefe del Ejército Kwantung Boeki Kyusui Bu, lo cual traduciría «Unidad Anti-epidémica de Suministro de Agua». Un año antes, en 1935, el ejército Kwantung (de ocupación en Manchuria) sobrevivió a una epidemia de cólera que, antes de poderse contener, había arrasado con más de cinco mil soldados. Una investigación oficial (y de dudosa conformación) concluyó que se había tratado de un ataque de la resistencia china con armas biológicas (dada la naturaleza extraña de la epidemia), de modo que la respuesta de Japón fue la de contaminar las fuentes hídricas con patógenos, a pesar de que no eran los chinos, sino los rusos, los principales sospechosos. Poco antes de llegar a Beiyinhe, el doctor Ishii había inventado un purificador de agua que había sido utilizado de inmediato por el Ejército en sus operaciones. Año tras año, el filtro fue mejorado de modo que el prestigio de Ishii, en las altas esferas del gobierno japonés y el mundo académico, creció. Según recordaron posteriormente testigos de las presentaciones públicas del filtro, ya Ishii, para esa época, se veía eufórico, incluso confundido e introspectivo.

Para la rendición de Japón en 1945, Matsumura Chisho ostentaba el rango de Mayor General y era Jefe Adjunto del Comando del Ejército Kwantung. Conocía a Ishii en la intimidad, y en sus memorias Matsumura hizo un retrato del controvertido médico. Lo recordó como un

cirujano militar decidido y valeroso, que tenía grandes dotes para las relaciones públicas y una habilidad para llevar a cabo lo que se propusiese –alguien que todos conocían como el «cirujano loco del ejército». Desde joven, Ishii se había caracterizado por una gran capacidad para llevar a cabo lo imposible. En la facultad que dirigía, en la Escuela Médica, mientras yo trabajaba en el cuartel general, Ishii pidió fondos y mano de obra para su trabajo de control de epidemias relacionado con el tratamiento de aguas. Para lograr llamar la atención de sus jefes, comenzó a ejecutar una serie de números bastante exóticos que causaban estupefacción, como por ejemplo era lamer sal que decía había sacado de la orina humana…

Sus espectadores no habían sido simplemente funcionarios del ejército y las universidades, sino que el mismo emperador Hirohito era un admirador de su trabajo (se sabe que dos veces fue a ver sus presentaciones).

Diagrama para bomba biológica del Escuadrón 731.
Diagrama para bomba biológica del Escuadrón 731

Ishii adicionalmente hizo una pequeña fortuna con su invento. El monopolio exclusivo de explotación del invento lo ganó Nippon Tokushu Kogyo Kabushiki Kaisha, una planta ubicada cerca del laboratorio de Ishii en Tokio. La fábrica también contrató al científico como asesor de diseño industrial, a un precio de 50 000 yenes, lo cual era, en aquella época, toda una fortuna. Los sobornos eran comunes en el ejército japonés, por lo que Ishii, probablemente, recibía dinero adicional bajo mano permitiéndole así llevar la vida lujosa que se recuerda de él. El término «complejo industrial-militar corrupto» era por entonces desconocido, pero resulta apropiado para comprender el rápido ascenso en la carrera militar del cirujano.

El Buró de Purificación de Aguas, como se le conocía en breve, fue la fachada perfecta para Ishii. Nadie cuestionaría la utilidad de una unidad investigativa que procurara agua potable a las tropas del Emperador. Al final, más de dieciocho unidades parecidas proliferaron por toda Manchuria y en China hasta el fin de la guerra. Todas, claro está, bajo la dirección y administración de Ishii, dedicadas de una forma u otra a aportar algo a la investigación bacteriológica en seres humanos.

PING FAN: EL LABORATORIO DE LA MUERTE
El cuartel de operaciones de la red dirigida por Ishii se conocía como el complejo «Ping Fan», una franja geográfica propicia que el mismo Ishii descubrió poco después de convertirse en director del Buró de Purificación de Aguas. Ping Fan consistía de diez villorrios apiñados uno detrás de otro a unos 24 kilómetros al sur de Harbin. El territorio ocupado era de unos 6 kilómetros cuadrados. Desde el centro de Harbin, el viaje en coche era de aproximadamente cuarenta y cinco minutos. Para el otoño de 1936 algunos de los villorrios fueron despoblados. El 15 de agosto de 1938, siguiendo el calendario lunar chino, se incluyeron otros tres villorrios, también de manera forzada. En total, por lo menos ocho villorrios fueron tomados violentamente por los japoneses entre 1936 y 1938. Las expropiaciones incluían tierra cultivable y bosques. Mil setecientas viviendas fueron desalojadas, y alrededor de 600 familias tuvieron que huir como consecuencia de las acciones del invasor. Adicionalmente, muchas de las indemnizaciones autorizadas por Ishii eran estafas, puesto que se pagaba menos de la tercera parte de su precio real. Esto, sin descontar los más de treinta impuestos que debían pagar los manchurianos tanto a japoneses como al gobierno de Manchuko, lo cual reducía la indemnización a prácticamente nada.

Ishii se había jactado siempre de poder materializar una idea «a gran escala». Pero cuando se completó el complejo de Ping Fan en 1939, la idea había sido tan grandilocuente que habría podido sorprender hasta al mismo arquitecto de Hitler. Los planos de Ping Fan ofrecen la visión de alrededor de 76 edificios que eran la base del complejo. Estos constaban de un enorme edificio donde operaba desde la administración general hasta los amplios laboratorios, los aposentos para obreros civiles, los barracones, las baterías antiaéreas, los interminables establos para animales, un edificio exclusivamente dedicado a las autopsias, un campo adjunto donde se cultivaban alimentos para la población residente y otro campo para ejecutar experimentos biológicos en tierra y plantas. También contaba con una prisión destinada a albergar las cobayas humanas, una planta eléctrica, tres hornos crematorios de gran capacidad, y un complejo de recreación para el personal, con canchas de tenis y piscinas. Un tren especial unía a Ping Fan con Harbin, sumándose a la pista privada desde donde operaba la flotilla aérea privada de Ishii. El perímetro sumaba más de 6 kilómetros cuadrados y era más imponente que el complejo de Auschwitz-Birkenau en Polonia. El ejército Kwantung decretó que Ping Fan sería la «Colonia Militar Especial No. 14», de acceso restringido, a la cual solo se podría acceder con permisos especiales. El grado de secretismo era exagerado: Ishii debía ocultar todas sus oscuras actividades del otro lado del alambre de espino y las paredes de cemento. Para levantar los edificios, el gobierno japonés envió mano de obra desde Tokio, de modo que nadie en la región tuvo una idea exacta de lo que allí se estaba construyendo. El espacio aéreo sobre Ping Fan era restringido.

La compañía local de aviación, Aerolíneas de Manchuria, recibía permanente avisos de que, si uno de sus aviones violaba la restricción, sería automáticamente derribado. Esta colonia militar especial estaba a cargo de tres fuerzas distintas: la policía militar japonesa (la temida KempeiEl Kenpeitai (憲兵隊 «Cuerpos de soldados de ley»)El Kenpeitai | 憲兵隊 | «Cuerpos de soldados de ley»Wikipedia, la Policia Militar Kwantung y la policía del gobierno títere de PuyiAisin-Gioro, Pu YiWikipedia, el último emperador de la dinastía Qing. Un contingente élite del Ejército Imperial servía, al interior de Ping Fan, como un cuarto anillo de defensa (contrario a lo que se podría pensar). Para mantener la estricta seguridad dentro y fuera del complejo, la Fuerza Aérea japonesa solía patrullar el espacio aéreo varias veces al día. Las rutas aéreas entre las ciudades al norte de Ping Fan estaban incluidas en la llamada «línea fronteriza de 60 li» (o 30 kilómetros). Cualquier aparato que volara fuera de curso era derribado sin advertencia. Cuando los trenes se detenían una estación antes de la de Ping Fan, los ayudantes iban de vagón en vagón cerrando las cortinas de las ventanas. Una vez que el tren partía, debía disminuir su velocidad una vez se situaba frente a la Colonia Militar Especial No. 14, de modo que desde las garitas del complejo, los funcionarios pudiesen inspeccionar, con gemelos en mano, cada ventana de los vagones. Si alguien movía una cortina o trataba de mirar por una ranura era arrestado en el acto bajo la acusación de espionaje.

Las preocupaciones de Ishii sobre la seguridad de Ping Fan rayaban a menudo la paranoia. Quienes tenían capacidad de mando eran los protegidos de Ishii: él confiaba en ellos, y generalmente, eran casi todos oriundos de Chiyoda Mura (poblado natal de Ishii) y sus alrededores. El complejo de Ping Fan estaba aislado por varias capas de barreras y fortificaciones. Como en Beyinhe, el cuartel general estaba protegido por un foso, al estilo de los castillos medievales. En todo el complejo, un grueso muro de ladrillo, de más de 5 metros de altura, precedía a un foso anchísimo y profundo. Una decena de cables de alto voltaje detrás del alambre de espino impedían superar con éxito el de por sí difícil muro. Había garitas de vigilancia en todos los flancos. Solamente había cuatro accesos para todo el perímetro de Ping Fan. La puerta Sur permitía el ingreso del personal. La puerta Occidental era solo usada para emergencias. Y por las puertas Norte y Oriental ingresaban los trabajadores chinos. Había francotiradores en los tejados de los edificios, incluso en las chimeneas de los hornos crematorios, desde donde se veía Ping Fan como a ojo de pájaro. El «edificio cuadrado» era el corazón del complejo del doctor Ishii, y sumaba más de 9 200 metros cuadrados detrás de una muralla que no podían traspasar los chinos excepto en el caso de formar parte de las víctimas de los experimentos.

La mano forzada china construyó la enorme fábrica de muerte en menos de dos años. Se estima que entre diez mil y quince mil personas levantaron el complejo Ping Fan desde 1936 hasta poco antes de su destrucción en agosto de 1945, antes de la llegada del ejército soviético. El ejército de ocupación exigía que todo varón chino, entre los dieciséis y sesenta años que residiera en Manchuria, debía donar cuatro meses de su vida cada año al servicio de la causa del Emperador. Adicionalmente, cualquier familia que tuviera más de tres hijos varones debía entregar uno, durante un año, al servicio del Kwantung. Algunas veces había hasta 1500 chinos trabajando en Ping Fan, divididos en grupos y supervisados por el temido Kempei. Eran en realidad esclavos: no solo eran las jornadas interminables, sino que cada mañana debían orridillarse para alabar a sus amos japoneses de una forma indignante, y cuyo castigo, por no arrodillarse, comenzaba con la furia de los perros guardianes, cuyos mordiscos eran, por lo general de carácter mortal. Había represalias para todo un grupo si uno de sus integrantes escapaba o intentaba hacerlo. Para asegurarse de la lealtad de los chinos esclavizados, los japoneses infiltraban agentes que recogían información entre los obreros. Las brutalidades eran múltiples. Incluso con el tiempo creció, en inmediaciones de Ping Fan, una fosa común, donde se lanzaban los cadáveres de los caídos, y que llegó a conocerse como «el cementerio de los trabajadores». Para el final de la guerra, el hedor que provenía de las fosas era insoportable. Las pertenencias de los muertos se entregaban a los nuevos esclavos que llegaban al complejo. Entre 1936 y 1945 más de un tercio de todos los esclavos en Ping Fan murieron por las heridas producidas de los brutales maltratos.

Cuando las primeras fotografías aéreas de Ping Fan llegaron a Tokio, más de uno en el Ministerio de Guerra quedó con la boca abierta. Sin lugar a dudas estaban impresionados, pero convencidos también de que debían inventar un pretexto urgente para encubrir el megaproyecto de Ishii. No tardó mucho para que se difundiera en Manchuria el rumor de que el complejo Ping Fan no era otra cosa que un «campo maderero», una «aserradero altamente sofisticado». Es por esa razón que Ishii y sus colaboradores pronto comenzaron a referirse a sus cobayas humanos como «maruta» o troncos.

El presupuesto inicial del complejo de Ping Fan era de unos 9 millones de yenes. Solo la nómina osciló entre doscientos mil y trescientos mil yenes, y 6 millones se adjudicaron exclusivamente para la experimentación científica ¿Cómo alguien como Ishii, con un rango militar tan bajo, manejaba un presupuesto tan exorbitante? Sin duda alguna, alguien en Tokio le cuidaba muy bien la espalda. Lo cierto es que para la entrada en funcionamiento de Ping Fan, su protector, el General Nagata, estaba muerto (víctima de uno de tantos intentos golpistas que eran comunes en la política ultraderechista japonesa de preguerra). Quizás el sucesor de Nagata, o alguien en la Corte Imperial, o algún influyente político de corte fascista, miembro de alguna sociedad ocultista de las muchas que abundaban por entonces, estaban apoyando el proyecto de Ishii en Ping Fan.

La cadena de mando de Ping Fan la encabezaba el doctor Ishii, que solo daba la cara directamente al Comandante del Ejército Kwantung en Manchuria. El Director del Departamento Médico del Ejército Kwantung también supervisaba algunas de las actividades de Ping Fan. En temas sensibles, Ishii reportaba al Buró de Asuntos Médicos en Tokio y el Grupo AO en cuanto a investigación y experimentos se trataba. Vale recordar que el Ejército Kwantung brillaba por su independencia de Tokio. El «incidente Mukden»El incidente de Mukden (18 de septiembre de 1931), también conocido como el incidente de Manchuria o incidente del 18-9, tuvo lugar en el sur de Manchuria, cerca de Mukden (盛京; hoy Shenyang), en donde un tramo del ferrocarril del Sur de Manchuria, gestionado por una compañía de propiedad japonesa, fue dinamitado. Oficiales ultranacionalistas japoneses volaron una sección mínima del ferrocarril junto a la ciudad. El falso ataque sirvió para justificar la ocupación de Manchuria por el Ejército de Kwantung, lo que produjo una seria crisis internacional. Wikipedia fue un ejemplo de la incapacidad del gobierno japonés para domar a su rama militar en Manchuria. Lo único que en últimas mantuvo el control de Tokio sobre el Kwantung fue el presupuesto, que era ordenado desde la capital. Poderosos amigos de Ishii en Tokio como el Coronel Yorimichi SuzukiYorimichi Suzuki (Michi Yori Suzuki, 18 de febrero de 1890-5 de agosto de 1943) es un soldado del ejército japonés. El rango final es el de Teniente General del Ejército. Los honores son tercer grado junior, primer grado honores y tercer grado gong., Jefe de la Primera Sección de la División Estratégica del Mando Militar del Ejército Imperial posiblemente ayudaron a garantizarle siempre suficiente presupuesto.

Según el testimonio de Ryuji Kajitsuka, Teniente General del Servicio Médico del Kwantung y Director de la Administración Médica del mismo, el doctor Ishii obtuvo permiso y credenciales para sus investigaciones «directamente del Emperador», por decreto, en 1936. El decreto de Hirohito, que hasta el día de hoy no ha sido publicado en Japón, pero cuyos extractos sobreviven, debía ser «enviado a todas las unidades del Ejército japonés para información de sus miembros». Kajitsuka conoció el decreto, y posteriormente, según afirmó, entre 1939 y 1940, al parecer Hirohito firmó otro decreto imperial en el que se reorganizaba la unidad a cargo de Ishii. «Tuve conocimiento de este decreto estando en el cuartel general del Ejército Kwantung hacia febrero de 1940, con el debido sello de “secreto” impreso en todas sus páginas», dijo en su entrevista a los aliados tras el fin de la guerra.

Es muy posible, por ello, que Ishii tuviera amigos en las más altas esferas de la política imperial, si no la más alta: la misma divinidad del Emperador.

EL INFIERNO EN MANCHURIA
En una noche helada del otoño de 1936, tan fría como siempre en Manchuria, se congregaron en el salón de conferencias de Ping Fan más de 60 asistentes, de los más allegados al director de la Unidad 731, en la ceremonia que oficialmente inauguró el programa biológico del Japón. A pesar de los ornamentos (crisantemos por doquier, la eterna fijación de Ishii) fue un evento breve, encabezado por el discurso del mismo doctor:
Los preparativos para nuestro laboratorio de investigación han concluido. Esta unidad, que se conoce como la «isla remota», está completamente aislada de las leyes de nuestro país, y no hay objeción alguna sobre si este ambiente es apto o no para nuestras investigaciones. Comparado con los laboratorios científicos universitarios en los grandes centros urbanos con los que ustedes están familiarizados, estas instalaciones no son siquiera parecidas, y solo nos resta sentirnos orgullosos de tener toda la tecnología científica existente a nuestra disposición. ¿Creen que alguien más, distinto de los que estamos aquí, si quiera imagina, incluso en sus sueños más disparatados, que existe un laboratorio tan espléndido para la producción de cultura, en estas salvajes dulasDULADel ár. hisp. dúla, y este del ár. clás. dawlah "turno". 1. f. Porción de tierra que, siguiendo un turno, recibe riego de una acequia. 2. f. Porción de terreno comunal o en rastrojera donde pacen libremente o por turnos los ganados de los vecinos de un pueblo. 3. f. ador. 4. f. Conjunto de las cabezas de ganado, especialmente caballar, de los vecinos de un pueblo, que pastan juntas en un terreno comunal. ? Ahora, por encima de esto, no hay por qué preocuparnos sobre la financiación de nuestra investigación…

Pero aquellas palabras no resumieron el proyecto del doctor Ishii. Aunque si bien estaba adscrito al ejército Kwantung, Ishii gozaba de suficiente protocolo de acceso como para pasearse libremente por el Ministerio de Guerra en Tokio, y adicionalmente, reciéntemente había recibido el respaldo del emperador Hirohito, a través de un decreto. Sin duda alguna, los días dorados de la ambiciosa pero modesta Unidad Togo en Beiyinhe quedaban atrás.

Imagen del escuadron 731
Según los archivos, las «fuerzas bacterianas» japonesas, incluida la Unidad 731, iniciaron la guerra biológica en más de 20 provincias y ciudades de China.

La nueva unidad, que retuvo a gran parte del personal de Beiyinhe, se le apodó, desde el principio, la «Unidad Ishii». En 1941, cuando Japón ya había entrado en guerra con Estados Unidos, y solo para encubrir aún más las actividades en Ping Fan, Tokio le otorgó una nueva denominación numérica, la Unidad No. 731 o Unidad 731, que es como hoy mejor se le conoce. Desde su lujosa oficina decorada siempre con frescos crisantemos, en el edificio cuadrado de Ping Fan, Ishii planificaba sus retorcidos experimentos en nombre de la «investigación médica». Nadie, ni siquiera en las películas más espeluznantes de terror, ha podido recrear hasta hoy el inmundo universo de Ping Fan. Los científicos a cargo de Ishii eran investigadores, muy bien pagos, a quienes se les había prometido ascensos, gozaban de lujosos paquetes vacacionales y estaban convencidos que hacían un trabajo noble por el bienestar de Japón y de la humanidad. Había algunos, vinculados al Ejército, que cumplían solo órdenes, mientras que otros, menos afortunados por ser estudiantes universitarios, eran engañados por sus profesores. Tal cosa ocurrió con un grupo de la facultad de medicina de la Universidad de Kioto, que alcanzó notoriedad bajo el mote de «La panda de los siete», intimidados por el profesor Shozo Toda, rector del departamento de Medicina de la institución, quien los obligó (como se supo en la posguerra) a hacer sus pasantías en Ping Fan. Para todos ellos, en últimas, la ética no fue un asunto que debía considerarse. Por más reacios que se mostrasen desde el principio, aprendieron rápidamente, bajo la tutela de Ishii, a deslindar la ética de la ciencia. Adicionalmente eran seguidores de la doctrina nacionalista que, precisamente, llevaría a Japón a la guerra. Era una época en nuestra historia humana en la que el fin sí justificaba los medios.

El Mayor Tomio Karasawa fue uno de aquellos científicos jóvenes. Tras caer como prisionero de los soviéticos en 1946, declaró en su interrogatorio su admiración por Ishii y el trabajo de la Unidad 731. Admitió que mientras «fui testigo, con reserva, de todos los preparativos para una eventual guerra biológica, definitivamente creí que… Ishii había hecho grandes experimentos allí«. Luego explica, con más detalles:

Participé en estas investigaciones, de lo que detesto hablar, pero lo haré porque no puedo cargar con un peso así en mi mente. Pensé en aquel momento que al llevar a cabo este trabajo solo podía justificarlo por el deber que tenía como oficial del ejército, pero ahora, puedo explicarlo como el trabajo de un médico que crea arte benevolente.

Al preguntársele si le agradaba trabajar para Shiro Ishii, el Mayor Masuda, farmaceuta de especialidad, respondió con indignación: «¡No lo veíamos así! ¡Trabajábamos para nuestro país! Hicimos lo que se nos ordenó. Creía que el General Ishii era un gran hombre, un hombre valioso». Ishii descartó el asunto ético desde la misma noche fría de su discurso inaugural. En aquella ocasión, le recordó a su personal que tenían una misión «dictada por Dios», para la que debían «desafiar todos los organismos capaces de infligir mortandad». Debían «bloquear» las posibilidades de esos microorganismos para «violar el cuerpo humano», aprendiendo a aniquilarlos, supuestamente con «los mejores tratamientos». Sin embargo, el trabajo de la Unidad 731 fue contrario a todos estos principios de buena fe. Ishii se veía a sí mismo y a sus médicos como parte de un grupo de científicos que descubrirían universos, un grupo que también tenía cierta responsabilidad militar mientras luchaba contra un enemigo invisible y que los amenazaba desde el extranjero.

Uno de los discípulos de Ishii, Hojo Enryo, se refirió al asunto ético del trabajo que realizaban en la Unidad 731, precisamente, durante un viaje a Berlín en 1941:

Es cuestionable si en el caso de una nación que lucha por su honor, una idea de justicia como la que propone la Liga de las Naciones {la convención de 1925 prohibiendo las armas biológicas y químicas} pueda respetarse. En el caso de un enemigo victorioso, tal tipo de acuerdo moral solo puede significar para nosotros letra muerta.

Cabe decir, para una exposición equilibrada, que no todos los médicos y científicos jóvenes japoneses que por algún motivo terminaron en Ping Fan compartían los ideales de una superioridad racial y se enorgullecían de la moral de Ishii. De hecho, en el Japón de la posguerra, varios médicos se suicidaron y otros sufrieron consecuencias mentales que los llevaron, en menos de veinte años, a la muerte. Para citar un ejemplo, dos décadas después del fin de la guerra, el doctor Sueo Akimoto, de 68 años, confesó su participación en la Unidad 731 poco después de graduarse de la Universidad de Tokio en 1944. «Con un mes estando ahí ya todo lo había aprendido. Vivía en un infierno», aseguró, en artículo publicado por el Washington Post el 19 de noviembre de 1976 (A1, p.19). A lo que agregó, entre lágrimas al entrevistador:

Llegué a Ping Fan creyendo que todo se trataba de medicina preventiva e investigación médica. Protesté tres veces ante mi superior. Me dijo que como había llegado voluntariamente, había perdido mi derecho de regresar a Japón.

Dentro de la comunidad científica, se pensaba que no había ninguna diferencia entre experimentar con plantas y animales y hacerlo con seres humanos. En Japón, para fines de los años 30, esta idea calaba aún más puesto que se alimentaba de un antiguo concepto imperial de superioridad racial. Para cuando Hitler, en 1933 anunció que limpiaría a Alemania de las impurezas raciales, los japoneses, siglos antes, se lo habían propuesto. Se ha explicado que esta idea de superioridad racial se debe por el aislamiento geográfico de Japón, que le permitió construir una xenofobia extrema tanto racial como cultural. El Tribunal Militar de Crímenes de Guerra de Tokio tomó nota del estado del racismo en Japón. En el parágrafo 2 de la acusación general de crímenes contra la humanidad, se aseguró: «La mente de la nación japonesa ha sido sistemáticamente envenenada con ideas dañinas de una supuesta superioridad racial de Japón sobre las demás naciones de Asia e incluso, sobre el mundo entero». Y todavía hoy Japón sigue siendo una de las naciones más etnocéntricas del mundo. Si bien no se trata de una posición pública, conversar con alguien en Tokio al respecto puede dar a cualquiera los indicios básicos de lo que todavía, en el siglo XXI y ya sin ejército, siguen pensando los japoneses sobre su raza.

Desde principios de la década del 30, los japoneses estaban decididos a construir un verdadero imperio. De ahí que hayan proliferado por todo el país más de 500 grupos de ultra derecha que se les conoce como los «Soldados de los Dioses», y cuyo juramento principal era aniquilar a todo quien se opusiera a los propósitos del imperio del Sol Naciente que estaba por surgir. Muchos de estos hombres terminaron en el ejército, militares fanáticos y racistas, para quienes los habitantes de los territorios ocupados no valían nada, y un gran número llegó a Manchuria para ponerse a órdenes de la Unidad 731.

Hardin – Unidad 731 – Museo japonés de guerra con gérmenes – Los edificios donde se experimento antes de ser destruidos después de finalizar la guerra
Hardin – Unidad 731 – Museo japonés de guerra con gérmenes – Los edificios donde se experimento antes de ser destruidos después de finalizar la guerra

Los laboratorios de la muerte de Ping Fan fueron en sí construidos por una sola contratista militar, y fue la compañía de Tokio Nihon Tokushu-Kogyo la que instaló todos los equipos solicitados por Ishii. Para hacer de Ping Fan un lugar atractivo para los científicos que llegaban de las islas, se construyó una ciudad dentro de la ciudad de la muerte, consistente en 22 edificios que nada envidiaban a los mejores hoteles del otro lado del mar, un auditorio de 1000 plazas con biblioteca pública y un bar, jardines, piscinas, restaurantes, baños públicos, mercados, campos de atletismo y un prostíbulo exclusivo para el personal del ejército. Otras cuatro edificaciones se destinaron al almacenamiento de medicamentos. Un templo Shinto ofrecía servicios religiosos al personal y sus familias. Adicionalmente, una escuela primaria y secundaria garantizaría que las familias japonesas allí estuviesen siempre contentas.

De los 150 edificios construidos en Ping Fan, ninguno era tan importante para Ishii como dos: los que ostentaban los números 7 y 8. Conocidos como el «Ro» y «Ha» respectivamente, eran las prisiones que albergaban a los cobayas humanos. Los dos edificios eran los mejor vigilados de todo el complejo. Para acercarse, incluso muchos científicos y soldados necesitaban una autorización especial de seguridad. El hermano de Ishii, Mitsuo, era precisamente el jefe de la guardia del «Ho» y el «Ra». Los dos edificios se distinguían de los demás por los cañones que sobresalían de su estructura. El edificio No. 7, «Ro», albergaba a los cobayas hombres, mientras el No. 8 o «Ha» tanto a mujeres como a hombres. Ambas estructuras se habían hecho con paredes de un cemento, hormigón, ladrillo y acero tan grueso, que incluso después de la guerra muchas no las pudieron destruir. La dinamita, aliada del ejército japonés que se retiraba por la avanzada soviética, demostró ser inútil ante la obra de Ishii. Este trabajo en los últimos días de Ping Fan lo realizó la guardia privada y leal de Ishii, constituida por 731 de sus mejores hombres (y 731 era el nombre de su unidad), que lograron destruir gran parte de los edificios solo con bombas de 50 kilos.

Antiguo emplazamiento del laboratorio de gases venenosos en el Museo de la Unidad 731 en Harbin, provincia de Heilongjiang, China.
Antiguo emplazamiento del laboratorio de gases venenosos en el Museo de la Unidad 731 en Harbin, provincia de Heilongjiang, China.

Las víctimas eran conducidas a los edificios 7 y 8 a través de un túnel secreto que unía al edificio administrativo con las prisiones. No era el único túnel: había muchísimos más que por debajo de la tierra conectaban con los laboratorios de actividades experimentales y los hornos crematorios, por ejemplo. Los túneles eran de 18 metros de ancho por 3 de largo. Aunque los edificios 7 y 8 podían albergar hasta 400 prisioneros, se estima que en promedio, guardaban a unas 200 personas cada mes. El «Ho» y el «Ra» fueron construidos por fuera del alcance de la vista del público: estaban en el centro de aquel triángulo enorme que era el edificio administrativo.

Las víctimas llegaban a Ping Fan desde un «centro de procesamiento» cerca a Harbin. Había dos formas para conducir a las víctimas hasta las camillas de Ishii: en medio de la noche, utilizando vagones de carga de trenes, al mejor estilo de la Alemania Nazi, al cual únicamente hay que agregar el detalle de que los reos quedaban ocultos gracias a los troncos. O por «transporte especial», esto es, camiones Dodge del ejército Kempeitai, con ventanas oscuras (pintadas). Por debajo de los camiones se habían instalado novedosos sistemas de ventilación, con el fin de mantener vivas a las víctimas. Yue Zhen Fu, un trabajador de Ping Fan, quien al dar su testimonio después de la guerra recordó cómo los soldados trasladaban prisioneros desde las oficinas del consulado de Japón. Los sábados por la tarde, otros vehículos «especiales» trasladaban víctimas desde otras «bodegas» en Harbin. Fang Zhen Yu, otro trabajador de los laboratorios de Ishii, recordó también claramente la tarde de noviembre de 1943 cuando un «tren especial» llegó al campo. Arriesgando su vida, Fang se asomó por unas de las ventanas del edificio en el que estaba trabajando para descubrir algo que le heló la sangre: varios técnicos japoneses comenzaron a transportar en camillas lo que pronto supo que eran cuerpos envueltos en esteras de paja, cuerpos que parecían momias y que eran cargados con gran cuidado. No tardó mucho para darse cuenta que aquellas momias estaban vivas. Las esteras estaban tan bien cerradas que solo se podían distinguir las cabezas y los pies. Con el fin de evitar el pánico colectivo en inmediaciones de Ping Fan, Ishii ordenó que se difundiera que su ciudad-laboratorio era un «aserradero» de ahí que a los individuos a los que se sometía a expirementación fueran conocidos como «troncos».

Hardin – Unidad 731 – Museo japonés de guerra con gérmenes – Experimento infectando a la poblacion china con gérmenes para la investigación, en este caso congelando los miembros de uno de los prisioneros
Hardin – Unidad 731 – Museo japonés de guerra con gérmenes – Experimento infectando a la poblacion china con gérmenes para la investigación, en este caso congelando los miembros de uno de los prisioneros

Los «marutas» (troncos) que se acumulaban en el aserradero de Ping Fan eran, en gran parte, seres humanos que habían estado bajo la custodia de la policía de Harbin. En su mayoría eran chinos Han, pero también un gran número de rusos blancos y los judíos en Manchuria, así como un número de mongoleses, coreanos, europeos acusados de espionaje y personas con problemas mentales. El Mayor Iijima Yoshio recordó en 1949 que personalmente él fue responsable del envío de «cerca de 40 ciudadanos soviéticos… a una muerte segura [a Ping Fan]; todos murieron por las consecuencias de los experimentos». Todos los «marutas» habían sido sentenciados, sin juez ni defensa, a la pena de muerte. En 1939, por ejemplo, el Mayor General Shirokura, jefe del Ejército Kwantung del Kempeitai, profirió la Orden No. 224 en la que envió a 30 prisioneros a «confinamiento especial» en Ping Fan. En varias ocasiones, la policía simplemente escogía al azar personas en las calles de Harbin y las enviaba a la Unidad 731, para cumplir con las cuotas de pedidos. Estas víctimas se convertían automáticamente en «desaparecidos». Según el testimonio del Coronel Takeo Machibana, alto oficial del Ejército Kwantung del Kempeitai, recordó en diciembre de 1949 que «el confinamiento especial de personas se limitaban a ciertas categorías: personas acusadas de espionaje, o de quienes se sospechaba que trabajaban para el enemigo… Eran los «hunghutzu», o los partisanos chinos. Estos eran considerados elementos anti-japoneses, elementos siempre incorregibles.» En 1940, mientras se desempeñaba como jefe de la policía en un pueblo manchuriano, Tachibana admitió que envió a Ping Fan «no más de 6 personas» que «nunca regresaron, murieron a causa de los experimentos». Sin embargo, según las pruebas documentales recogidas por los aliados, hacia mediados de 1943, y ya trasladado al cuartel general del Kwantung en Changchun, el Coronel Tachibana autorizó el envío de más de cien personas a Ping Fan.

Los candidatos a convertirse en «objetos de experimentación» debían atravesar por un proceso preliminar en varios centros establecidos para ese fin dentro y fuera de Harbin, con el fin de determinar su «elegibilidad». Los sospechosos de pertenecer a las guerrillas comunistas se «almacenaban» en los sótanos del Consulado de Japón, que servían de cárcel y cámaras de tortura para la policía secreta. Otros se guardaban en el Instituto de Investigación Científica de Japón en las afueras de la ciudad. Y otros en una sección especial de la cárcel de Harbin. Como ocurrió con los nazis, los japoneses al servicio de la Unidad 731 mantenían un archivo minucioso de cada uno de los prisioneros que morían en Ping Fan. Algunos de estos expedientes sobrevivieron la destrucción emprendida por las tropas japonesas en retirada en 1945, y son hoy la prueba detallada de los procedimientos de Ishii. Por ejemplo, una carpeta dice lo siguiente: «Fecha: Junio de 1939; Comandante: jefe del comando de la Policía Militar en la calle Xin Shi, Harbin; Contenido: 25 comunistas arrestados cerca a Xiang Fang, Harbin. Resultado: asesinados por la Unidad Ishii con inyecciones de veneno». Otra carpeta anotó que, en el periodo de un año, desde agosto de 1942 a la misma fecha el siguiente año, una estación de policía de Harbin remitió a Ping Fan 18 «elementos anti-japoneses y de otras ideologías comunistas».

Los «troncos» se transportaban atados de manos y pies. Una vez se les reseñaba en el edificio administrativo eran conducidos por los túneles a los edificios No. 7 y No. 8 respectivamente. Los «maruta», al ingresar a Ping Fan, perdían su último derecho de humanidad. Si bien se les permitía conservar algunos objetos personales, su ropa era confiscada y remitida a los espías japoneses que la reutilizaban posteriormente en sus tareas de paisano. Ni los nombres de los prisioneros ni sus lugares de origen se anotaban en las planillas o quedaban en los registros. Su identidad en Ping Fan se reducía a un número de tres o de cuatro dígitos que comenzaba en 101 y terminaban en 1500. Estos números correspondían al número de la placa de rayos X que se les hacían a los prisioneros en su primer examen médico. Si la cuenta llegaba a 1500, a la siguiente víctima se le asignaba de nuevo el 101. El ciclo siempre era el mismo. El sistema numérico usado por Ishii hizo imposible para los investigadores en la posguerra determinar el número exacto de «troncos» que murieron en Ping Fan. La cifra de consenso no sobrepasa las 3000 personas, pero se considera hoy un estimado muy bajo. Ciertamente las víctimas gozaban de excelentes cuidados de salud durante su breve estadía a cargo de la Unidad 731. Las heridas que ostentaban los troncos al llegar (provocadas por las torturas del Kempei) eran tratadas con gran diligencia por las enfermeras y médicos bajo la dirección de Ishii, de modo que las futuras víctimas gozaban, al poco, de plena salud para someterse a los experimentos.

El profesor Sheldon Harris, autor del libro «Fábricas de la Muerte», muestra en una foto de 1999 un retrato del general japonés Shiro Ishii, quien comandó la Unidad 731.
El profesor Sheldon Harris, autor del libro «Fábricas de la Muerte», muestra en una foto de 1999 un retrato del general japonés Shiro Ishii, quien comandó la Unidad 731.

La alimentación era excelente, mucho mejor de la que podía aspirar alguien del común pero libre en la ocupada Manchuria. De hecho se sabe que a los “maruta” se les daba la misma ración de comida que a los guardias japoneses, e incluso a veces gozaban de un menú especial muy superior al de aquéllos. El abundante régimen alimenticio planteó graves retos a Ishii, en términos de diabetes, enfermedades cardiacas y obesidad. De ahí que gradualmente se fijó un régimen óptimo de alimentación y ejercicio que se ajustó a las necesidades de cada experimento. Por ello algunos historiadores han hecho comparaciones del tratamiento que recibían las víctimas antes de su muerte con la que los ganaderos de Kobe les daban a su ganado (y que ha hecho que la carne de Kobe sea famosa en el mundo). El régimen alimenticio fue óptimo desde el primer día de operaciones de Ping Fan hasta poco antes del fin de la guerra, en la primavera de 1945, cuando las raciones decayeron a puñados de hierba y granos secos. Un hecho, sin embargo, es que las judías y la carne jamás faltaron.

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EL ENGRANAJE DE UNA MAQUINARIA DE MUERTE
En 1956 apareció en Japón una memoria («Unidad Especial 731»), publicada bajo el seudónimo de Hiroshi Akiyama, quien a principios de 1945, cuando contaba con solo 17 años, había sido enviado a Ping Fan. En una parte de su narración resalta lo siguiente:
Cuando puse mis pies en esta tierra que era irrigada por el sol de la primavera, sentí como si hubiese despertado de un sueño y observara el mundo a través de una luz impactante y el escenario paradisiaco que tenía ante mis ojos. Todo brillaba y no era por el sol. Era por las filas sin fin de edificios modernos que se extendían hasta donde alcanzaba la vista a través del valle. Primero, los edificios en el centro se alzaban a alturas indescriptibles como ningún otro en Manchuria, con sus fachadas perfectas; de hecho, no había en Japón, por fuera de Tokio, algo parecido. Ni en mis viajes por Osaka, Changchun y Harbin vi algo así. Estos edificios reflejaban, gracias a sus hermosas fachadas, la luz del sol, iluminando así la tierra.

Ciertamente este tipo de idealización de un centro de muerte tan horripilante como Ping Fan se repitió en las narraciones de los japoneses en la posguerra. La Unidad 731 no fue el paraíso que Ishii trató de hacernos parecer. No hay duda que, desde el primer día tras su apertura, en Ping Fan se comenzaron a realizar experimentos en seres humanos, experimentos que crecieron a medida que se expandían los edificios de Ping Fan y que, años después, sería un precioso botín de guerra para Estados Unidos. Para la rendición de Japón en agosto de 1945, Ping Fan había alcanzado el máximo de su capacidad «industrial».

La Unidad Ishii nació en 1936 con un equipo de trabajo que se estima de 300 médicos y científicos. Para 1940, cuando se terminó la planta básica de Ping Fan, había ya alrededor de 3000 personas en la nómina de Ishii. Las cinco unidades satélite conocidas (pues pudo haber habido otras) a cargo de la Unidad 731 tenían 300 empleados cada una, de modo que el personal permanente a cargo de Ishii excedía claramente de 5000 personas. El número de médicos y científicos representaba cerca del 10 % del total, es decir, entre 300 y 500 hombres. El grupo de apoyo técnico representaba el 15 %, entre 600 y 800 personas. Durante los primeros dos o tres años de funcionamiento de la Colonia Militar Especial No. 14, Ishii se dedicó primordialmente a supervisar la construcción de su imperio, delegando en gran parte funciones. En 1936, poco después de asumir la dirección de la Unidad 731, la Revista de la Escuela Médica del Ejército de Japón publicó la siguiente nota:

Relevado de su posición activa en el ejército, un miembro de esta Escuela Médica, el Cirjuano Teniente Coronel de la Armada Shiro Ishii, ahora está dedicado, de tiempo completo, a sus actividades en Ping Fan.

Durante sularga estancia en Manchuria, Ishii mantuvo un lujoso estilo de vida que chocaba con su personalidad austera y profesional. Vivía en una mansión expropiada a una familia rusa, donde él, su esposa y sus siete hijos convivían casi idílicamente, tal y como lo recordó, años después, su hija Harumi: «Era sin duda una mansión preciosa, como sacada de una película romántica, una como “Lo que el viento se llevó”». Una limusina lo trasladaba todas las mañanas desde su casa hasta Ping Fan. Sus uniformes eran confeccionados a medida para él (no hacían parte de la dotación oficial), y a veces dormía muy cerca de su despacho, en una suite que había construido según sus gustos. A pesar de sus excesos –los rumores de su personalidad fiestera, fetichista y aficionada eternamente a las geishas– Ishii logró consolidar un equipo de brillantes científicos a su cargo. Ryoichi NaitoRyoichi NaitoWikipedia quien, después de la guerra, fundó una compañía farmacéutica famosa, Green Cross CompanyGreen Cross se fundó en 1950 como el primer banco de sangre comercial de Japón y se convirtió en una empresa farmacéutica internacional diversificada que producía medicamentos éticos para su entrega o administración por parte de médicos y trabajadores sanitarios. Sus fundadores incluyeron criminales de guerra como Kitano Masaji, que practicaron torturas y experimentos con humanos en la notoria Unidad 731 del ejército japonés durante la Segunda Guerra Mundial., recordó en su testimonio de 1947:

La mayoría de los microbiólogos en Japón terminaban trabajando, directa o indirectamente, para Ishii. Ishii había cerrado acuerdos académicos con las principales universidades japonesas. Además de la Universidad Médica Militar de Tokio, contaba entre sus aliados con la Universidad Imperial de Kioto, la Universidad Imperial de Tokio, el Laboratorio Nacional de Investigación de Enfermedades, etc.

No es un secreto que gran parte de los hombres de mayor confianza de Ishii terminaron, después de la guerra, en posiciones importantes del mundo médico del Japón de la reconstrucción del país: decanos de facultades importantes, profesores eméritos, rectores de universidades y directivos de las industrias farmacéuticas que, de una manera u otra, permitieron el milagro económico japonés de la posguerra. Ishii fue, y sigue siendo para muchos japoneses, un héroe y patriota de su país.

En «La Divina Comedia», DanteDante Alighieri, bautizado Durante di Alighiero degli Alighieri Dante Alighieri, bautizado Durante di Alighiero degli Alighieri Wikipedia dividió al infierno en nueve círculos. En su infierno particular de Ping Fan, Ishii creó 8 subdivisiones. A cuatro se les dio nomenclaturas numéricas. Los cuatro restantes, por razones que todavía se desconocen, no tuvieron nombre. Quizás fue un intento deliberado de Ishii y sus colaboradores para ocultar sus actividades en el campo. O sencillamente (pensando en una explicación Maquiavélica), a Ishii no le importaba darle un nombre a las últimas cuatro divisiones de su industria de muerte.

LA ESTRUCTURA DE LA UNIDAD 731
La estructura de la Unidad 731 en Ping Fan era la siguiente:

SECCIÓN I: estaba dedicada a la investigación. Los científicos que trabajaban en ella tenían a su cargo la investigación y producción de patógenos para la investigación biológica. Se sabe que esta sección agotó la búsqueda de cuanto patógeno se pensaba que podía usarse contra los enemigos de Japón. Estos agentes biológicos incluían (aunque no se limitaron a ellos) a los organismos de plagas, cólera, tifoidea y fiebres paratifoideas, la disentería, el ántrax, el muermo, el tétano y el gas gangrenoso, al igual que otros virus manipulables. Los científicos de la Sección I también estudiaron la tuberculosis y los problemas relacionados con el congelamiento. Esta sección contó con los equipos de más alta tecnología de su época.Su principal herramienta eran cuatro calderas, cada uno con capacidad de una tonelada, para la preparación del medio de cultivo, y 14 autoclaves para esterilizar el medio. Cada autoclave podía albergar 30 cultivadoras. Adicionalmente había 2 cámaras de refrigeración con 100 cultivadoras en promedio. El tamaño de esta sección, si las cifras son correctas (aquellas que salieron a la luz pública en Japón en 1949), debió ser enorme. Se estima que en su capacidad máxima, las cultivadoras de Ishii producían (dentro de un ciclo productivo promedio), alrededor de 30 000 billones de microbios, o 30 kilos de masa celular. Si era necesario, de los cultivadores podían extraerse hasta 40 000 billones de bacteria patógena. Estas extracciones podían hacerse generalmente en 3 o 4 días de trabajo. La producción de bacteria era tan enorme que el Comandante en Jefe del Ejército Kwantung, el General Otozoo YamadaWikipedia, tras realizar una inspección a la Unidad 731 en agosto de 1944, expresó su sorpresa «por la escala en la que se realiza el trabajo». Quedó, de hecho, tan impresionado que, tras la inspección, afirmó haber «aprobado el trabajo y promovido su continuidad». Adicionalmente, la Sección I tenía bajo su responsabilidad la administración de los edificios No. 7 y No. 8, la cárcel que albergaba los «troncos». Dentro de esta sección podías encontrar las siguientes áreas especializadas, divididas en escuadrones:
  • Escuadrón «Takahashi» = Bacilos.
  • Escuadrón «Kasahara» = Virus.
  • Escuadrón «Tanaka» = Insectos.
  • Escuadrón «Kirguizistán» = Congelación.
  • Escuadrón «Enoshima» = Disentería.
  • Escuadrón «Chou» = Cólera.
  • Escuadrón «Okamato» = Patologías.
  • Escuadrón «Ishikawa» = Enfermedades.
  • Esucadrón «Neihai» = Neurología.
  • Escuadrón «Yianbu» = Fiebre tifoidea.
  • Escuadrón «Ermu» = Tuberculosis.
  • Escuadrón «Chaowei» = Farmacología.
  • Escuadrón «Noguchi» = Pulgas.
  • Escuadrón «Kawakami» = Bacterias.
SECCIÓN II: fue creada con fines exclusivamente experimentales. En ella, los científicos y técnicos de Ishii desarrollaron y comprobaron la utilidad de varios explosivos con armas biológicas. También la sección estaba a cargo de los experimentos al aire libre en el aeródromo Anda, a unos 146 kilómetros al norte de Ping Fan. Esta sección administraba la flota de aviones de la Unidad 731. Una subdivisión a su cargo cultivaba mosquitos y moscas, y la bacteria en ellos para difundirse como plagas. Para cultivar bacterias, la Sección II contaba con dos calderas de 2 toneladas de capacidad cada una, 8 autoclaves (cada autoclave constaba, a su vez, con 60 cultivadoras), y un refrigerador que almacenaba y protegía el «producto terminado». En 1949 el Mayor General Kiyoshi KawashimaYoshiyuki KawashimaYoshiyuki Kawashima afirmó que, al entrar en funcionamiento y lograr el máximo de su capacidad productiva, las Secciones I y II habían manufacturado «alrededor de 300 kilos de bacteria por mes». Las divisiones de producción podía producir también entre «500 y 600 kilos de gérmenes de ántrax, o de 800 a 900 kilos de gérmenes de tifoidea, paratifoidea y disentería, o más de 1000 kilos de cólera». Aunque si bien aceptó que «esa cantidad de bacteria, evidentemente, nunca se llegó a producir», pero la división producía bacterias para su trabajo, de las cuales quedaban siempre excedentes. El testimonio de Kawashima fue corroborado por el Mayor Tomio Karasawa, un médico del 731 que confirmó: «la producción mensual de la división a cargo de las bacterias podía incrementarse a alrededor de… 300 kilos de bacteria». Hay que especificar que los científicos de la Sección II de la Unidad 731 trabajaban simultáneamente en otras enfermedades, por lo que la producción mensual de patógenos en Ping Fan se estima hoy muchas veces por encima de lo dicho por Karasawa y Kawashima. También podíamos encontrar escuadrones especializados:
  • Escuadrón Animales = Propagación de bacterias animales.
  • Escuadrón Aéreo = Transmisión de enfermedades con bombas de aviación.
  • Escuadrón de Radiación = Investigación de radiación.
  • Escuadrón del Tiempo = Efectos de la climatología.
SECCIÓN III: era conocida como la Unidad Anti-epidémica de Suministro de Agua. Parte de su trabajo consistió en el manejo cuidadoso del agua y de las plantas purificadoras de los hospitales de Japón. Sin embargo, desde mediados de 1944 hasta casi el final de la guerra, la Sección III se le asignó la construcción de los casquetes y contenedores de las armas biológicas. Estas actividades últimas no se realizaron en Ping Fan, sino en una bodega en el corazón del centro industrial de Harbin.
SECCIÓN IV: era la División de Manufacturas y Fabricación. El personal a su cargo manejaba y operaba todos los laboratorios dedicados a la incubación masiva de un sinnúmero de patógenos. Esta sección era responsable también por el almacenaje y el mantenimiento de las enormes cantidades de gérmenes que la Unidad 731 produjo durante sus casi diez años de vida.
SECCIÓN V: la Sección Educativa tenía la misión de entrenar a todo el personal recién llegado a Ping Fan. Era una tarea importantísima, puesto que los empleados del campo, y con ciertas excepciones, eran rotados entre los laboratorios gubernamentales de las islas japoneses y las colonias de Ishii en Manchuria. Estudiantes de medicina de edades tan tiernas como los 15 y 16 años recibían de la Sección V su entrenamiento. Una vez completaban el curso, Ishii solía dirigirse a ellos, exhortando que «perseveraran de cara a la adversidad». Por citar un ejemplo, unas 300 personas fueron entrenadas para 1941. Ishii advertía que debían siempre «estar atentos a su propia salud», dada la peligrosidad de la tarea que se realizaba en Ping Fan. No solo debían tener extremo cuidado, sino en medio de una propagación o bajo el fuego enemigo, debían «sobrevivir por el futuro de Japón, y seguir por ello trabajando por el futuro de Japón». La Sección V preparó a unos cuantos miles de científicos jóvenes japoneses en la investigación y diseño de armas biológicas.
SECCIÓN VI: de Asuntos Generales, estaba encargada de llevar la contabilidad y la tesorería de Ping Fan.
SECCIÓN VII: llamada «Sección de InsumosINSUMO, ABien de cualquier clase empleado en la producción de otros bienes.» construía los dispositivos y proyectiles que contenían las bacterias biológicas. También preparaba soluciones necesarias para la preparación de patógenos, tales como el agaragar, que era indispensable.
SECCIÓN VIII: oficialmente llamada «Sección para el Diagnóstico y el Tratamiento», tenía a su cargo la solución de todos los casos médicos del personal de la Unidad 731. En esencia era la enfermería de Ping Fan.

El «Informe Thompson» (Report on Japanese Biological Warfare (BW) Activities, de mayo 31 de 1946, preparado por Arvo T. Thompson del Army Service Forces de Camp Detrick) anotó que para el momento de la rendición de Japón, el personal de Ping Fan consistía (según estimación) en el siguiente personal: 35 cirujanos del ejército, 18 farmacólogos, 26 oficiales de higiene, 10 oficiales técnicos, 5 fiscales, 30 ingenieros, 3 instructores militares, 1 intérprete, 100 oficiales no comisionados, 150 ingenieros asistentes y alrededor de 150 médicos del Ejército y empleados civiles. Además alegaba que el personal militar y técnico de las subdivisiones no superaba los 820 hombres. Estas cifras, sin embargo, son erróneas: según informes de primera fuente, en Ping Fan nunca el personal de base fue menor al personal de las subdivisiones de la burocracia de Tokio, por tanto, este informe preliminar de inteligencia, muy citado en la literatura sobre el tema, carece de fundamentos reales.

Sin lugar a dudas, el tamaño de Ping Fan igualaba el tamaño de sus actividades, tal y como el propio Ishii lo había pensado: «un laboratorio por encima de las nubes».

Es claro que la experimentación sobre seres humanos fue algo malo. De cualquier modo, también es claro que muchos médicos con consciencia y criterio hicieron parte de la Unidad 731 y sus actividades conexas. En un contexto social normal ninguno de estos hombres habrían asesinado jamás a otro ser humano. Son del tipo de intelectuales que quedarían psíquicamente perturbados si, por ejemplo, le causaran un daño a otro en un accidente automovilístico.<span class="su-quote-cite">Tsuneishi, Kei’ichi, and Asano, Tomizo, The Bacteriological Warfare Unit and the Suicide of Two Physicians (Tokyo: Shincho-Sha Publishing Co., 1982).</span>

El 19 de julio de 1978, el antiguo comandante de la policía militar en el condado de Andong (China), regresó a Ping Fan como miembro de la quinta comisión japonesa del Comité de Enlace «Retorno a CHINA». Confesó que en 1944 consintió el envío de 20 ciudadanos chinos a Ping Fan para ser usados como cobayas en experimentos con armas biológicas. Dijo:

Los asesiné. Por ello no he podido dormir en más de 30 años. Ahora he regresado para pedir perdón aquí en Ping Fan.<span class="su-quote-cite"><strong><em>«Memoria sobre los sucesos ocurridos en la planta bacteriológica de Ping Fan»</em>, por Han Xiao y Zhou Deli, People’s China, volumen III; 1971</strong></span>
Cometí crímenes contra la humanidad. Admito que al estudiar la acción de armas bacteriológicas en seres humanos vivos inyectándoles forzadamente enfermedades y patógenos infecciosos (como era práctica de la Unidad 731) con mi participación, cometí crímenes bárbaros y despreciables.<span class="su-quote-cite"><strong>Testimonio de Kawashima Kiyoshi en «Materials on the Trial of Former Servicemen of the Japanese Army Charged with Manufacturing and Employing Bacteriological Weapons» Moscow: Foreign Languages Publishing House, 1950</strong></span>

El Ministerio de Guerra de Japón, y los líderes médicos del país como el decano Koizumi, se cercioraron de que Shiro Ishii tuviera siempre el personal científico y el presupuesto que necesitaba, claro está, basándose en los reportes sobre su trabajo que mensualmente llegaban a Tokio. Lo que distinguió el trabajo de Ishii en Ping Fan de cualquier trabajo médico parecido era el uso de cobayas humanos en sus experimentos. Este gran agregado, no solo para el gobierno imperialista japonés sino después para los vencedores soviéticos y estadounidenses, se sustentaba en la más grande documentación jamás hecha sobre el efecto horripilante de las armas biológicas en el hombre. Como aparece repetidamente en los informes de los tribunales de guerra, Ishii realmente no tenía ningún valor como científico para el gobierno japonés, salvo por los folios que detallaban sus experimentos.

Ishii y Masaji Kitano (su sucesor en Ping Fan desde 1942 hasta la primavera de 1945) adoptaron un método despiadado para estudiar el uso potencial de los patógenos biológicos. Trabajaban con seres humanos en un sinnúmero de enfermedades desde el ántrax hasta la fiebre amarilla. Sus equipos documentaron la reacción de la vida humana ante la peste, la fiebre tifoidea, la paratifoidea A y B, el tifo, el sarampión, la tularemia, la ictericia, la gangrena, el tétano, el cólera, la disentería, el muermo, la fiebre escarlata, la encefalitis, la fiebre hemorrágica, la tos ferina, la difteria, la neumonía, la erisipela, la meningitis cerebroespinal epidémica, las enfermedades venéreas, la tuberculosis, la salmonella, los efectos de la congelación, así como otros males. Nadie ha podido exhaustivamente catalogar, hasta hoy, el número exacto de patógenos que se estudiaron en Manchuria.

Los experimentos biológicos en seres humanos eran apenas un capítulo (aunque el más importante) de la industria infernal creada por Ishii. Otras investigaciones secretas tenían «el doble propósito de determinar, los métodos de cultivo de agentes biológicos potencialmente aptos para la guerra, y los métodos de diseminación».

Bajo el rótulo de «Investigación de Defensa», los técnicos de la Unidad 731 produjeron vacunas para 18 enfermedades graves. En su «Investigación de Ataque», los científicos de Ishii trabajaron en por lo menos 12 organismos distintos, incluyendo aquéllos que causan la peste, el muermo, el ántrax y el tifo. Los estadounidenses que interrogaron al personal de la Unidad 731 entre 1946 y 1947 quedaron sorprendidos por la «magnitud» del trabajo del destacamento. Al menos 20 millones de dosis de vacunas se fabricaron cada año en Ping Fan. Otros millones de vacunas, cuyas cifras exactas se desconocen, se elaboraron en los laboratorios seccionales de Dairen, Hailar, Linkow y Sunyu. Por año, unas cincuenta mil gallinas y patos se utilizaron en Ping Fan para obtener huevos fertilizados solo para la preparación de un tipo de vacuna contra el tifo llamada «R.P.» (Rickettsia prowazekii)Rickettsia prowazekii es el agente etiológico del tifus exantemático epidémico, su principal vector es el piojo. Ocurre entre los individuos que viven en condiciones de hacinamiento y malas condiciones sanitarias que favorecen la propagación de los piojos. Tiene un periodo de incubación de 2 a 30 días, la sintomatología aparece entre los días 1 a 3, la fiebre desaparece en dos semanas pero la convalecencia completa puede durar más de 3 meses. Wikipedia. Y por lo menos una cifra similar de ratas para el éxito de la vacuna «R.M.» (Rickettsia mooseri). Ambos antídotos se produjeron tanto en pastillas como en jarabe.

El curador del museo en conmemoración a las víctimas de la Unidad 731 en China muestra una máquina para producir bacterias de peste bubónica como evidencia de las actividades del laboratorio.
El curador del museo en conmemoración a las víctimas de la Unidad 731 en China muestra una máquina para producir bacterias de peste bubónica como evidencia de las actividades del laboratorio.

Ishii se jactaba de que era él quien personalmente había diseñado los cultivadores de la Unidad 731. Se trataba de unos hornos de duraluminio de aproximadamente 14 × 9.85 × 21 pulgadas (36 x 25 x 53 centímetros) que pesaban alrededor de 24 kilos. Cada uno albergaba unas 15 bandejas donde se cultivaban las bacterias, y a su vez cada una contenía unos 6,78 cuartos de agar-agarEl agar o agar-agar es una sustancia carragenina, un polisacárido sin ramificaciones obtenido de la pared celular de varias especies de algas de los géneros Gelidium, Eucheuma y Gracilaria, entre otros, resultando, según la especie, de un color característico. La palabra “agar” viene del malayo agar-agar, que significa jalea. También es conocido por los nombres “gelosa”, “gelosina”, “gelatina vegetal”, “gelatina china” o “gelatina japonesa”. Wikipedia. Los técnicos cultivaban los patógenos haciendo raspaduras durante ciertos intervalos de tiempo. Se producían, así, organismos entéricosEnterobacteriaceaeLas enterobacterias (familia Enterobacteriaceae) son bacterias Gram negativas del orden Enterobacterales que contienen más de 30 géneros y más de 100 especies que pueden tener morfología de cocos o bacilos. Wikipedia en intervalos de 24 horas. La peste, el ántrax y el muermo se cultivaban en periodos de 48 horas. Los anaerobios necesitaban más tiempo de maduración, generalmente una semana. Para llenar una simple cápsula de artillería, por ejemplo, se empleaban 900 bandejas de hornos para producir la cantidad requerida. Por ello los hornos funcionaban 24 horas, 365 días al año desde 1936 hasta el final de la guerra. Bajo la guía de Ishii (y posteriormente de Kitano), los expertos de Ping Fan experimentaron alrededor de cuatro sistemas de propagación:

Investigaron dos tipos de cápsulas de artilleria: un casquete convencional capaz de almacenar gas, y un casquete altamente explosivo, de 75 milímetros «en el que media porción de la carga detonadora era remplazada por la suspensión bacteriana». Ambos modelos demostraron su inefectividad y fueron abandonados como proyecto.

Trabajaron en dos grupos de bombas. Una bomba de un solo propósito de gran altitud fue propuesta para diseminar esporas de ántrax, llamada bomba HA, capaz de almacenar 1500 partículas cilíndricas inmersas en 500 cc de emulsión de ántrax. Otras bombas de casquete de acero, designadas como Ujis multipropósito o Uji tipo 50 fueron estudiadas en Ping Fan y el aeródromo de Anda. En un periodo de 5 o 6 años, más de 2000 bombas tipo Uji 50 se detonaron en experimentos de campo con cobayas humanos. Otras 4000 bombas del mismo tipo fueron detonadas en sitios predeterminados tras ser lanzadas, a altitudes distintas, o en explosiones controladas. Estas pruebas mostraron al final que las bombas recubiertas de acero eran inútiles: pocos patógenos en ellas sobrevivían al intenso calor generado ya fuese por las explosiones o el impacto mismo. Por esto, Ishii se volcó al recubrimiento de cerámica como sustituto conspicuoQue goza de gran prestigio. del acero. Desarrolló una bomba multipropósito con un cilindro de porcelana de 27,5 pulgadas de largo por 7 de diámetro, y una capacidad de 10,5 cuartos de líquido. Los resultados preliminares fueron desastrosos. Eventualmente la bomba se modificó al capacitar al cilindro con aletas de celuloide con el fin de controlar su caída, aunque la imprecisión continuó. Ishii entonces desarrolló la bomba RO de gran altitud, capaz de almacenar dos cuartos de fluido enriquecido con patógenos. La bomba RO nunca se comportó como sus creadores la imaginaron, y fue finalmente abandonada después de muchas pruebas y muertos. Finalmente los técnicos construyeron una bomba prototipo llamada «Madre e Hijas». La bomba Madre se lanzaba primero, seguida por las Hijas. Las Hijas estaban diseñadas para explotar una vez que la Madre tocara tierra gracias a una detonación por señal radial. No obstante la tecnología involucrada, las bombas Madre e Hijas suponían costos altísimos de producción, y muy a pesar del entusiasmo, no pudieron desarrollarse como arma verdadera. La Unidad 731 hizo investigaciones exhaustivas sobre los diferentes tipos de bombas en un periodo de dos años, entre 1941 y 1942. Las bombas de tipo Uji y las Madre e Hijas habían sido diseñadas para contaminar vastas franjas de tierra. Los analistas de la Unidad anotaron que la «causa de heridas infecciosas era colateral». El prototipo de la bomba de ántrax, la bomba HA, se pensó específicamente para infligir heridas profundas. Y todavía más, una vez que las esporas de ántrax penetraban la tierra, su efecto mortífero contaminante, a largo plazo, era casi imposible erradicarlo. En las entrevistas hechas por los funcionarios de inteligencia de Estados Unidos a los miembros de la Unidad 731 (en el periodo inmediatamente posterior al fin de la guerra, entre septiembre de 1945 y agosto de 1947) se insinúa que solo se expuso animales a los efectos de las bombas y demás pruebas. Pero la evidencia que acompaña cada entrevista demuestra que se estudiaron ampliamente los efectos de las armas biológicas en seres humanos. Se sabe, por ejemplo, que más de 100 caballos y 500 ovejas se les realizo heridas en las que se cultivaba el ántrax, y amplios espacios verdes fueron contaminados con el estimulante B (prodigious).

Pruebas de campo se hicieron con el propósito de dispersar la bacteria sobre amplias áreas geográficas bajo la modalidad de nubes bacterianas. Se cargaron bombas de detonación estática y bombas convencionales con colorante rodamina BRODAMINA BLa rodamina B es un compuesto químico empleado como colorante violeta y perteneciente a la familia de las rodaminas. A menudo se utiliza como colorante de seguimiento en un líquido para rastrear la tasa y dirección de su flujo y transporte. La rodamina posee fluorescencia y puede detectarse fácilmente y a un coste bajo mediante instrumentos llamados fluorómetros. y entre 2 y 5 por ciento de caldo de dextranoEl dextrano es un polisacárido complejo y ramificado formado por numerosas moléculas de glucosa, formando unidades en cadenas de longitud variable (de 10 a 150 kilodaltons). Es usado en diferentes ámbitos, como el médico (es usado como antiplaqueta o para reducir la viscosidad de la sangre), el farmacéutico o en la industria agricultora. También se puede encontrar en abundancia en la placa dental. Wikipedia que fueron lanzadas en áreas previamente marcadas. También se hicieron estudios con nieblas negras y polvos impregnados de gérmenes. Estos experimentos con aerosoles utilizaban el equipo que supuestamente Ishii había diseñado. Los aerosoles estaban diseñados para destruir la tierra, las plantas, los animales y, por supuesto, la vida humana. Las bombas biológicas se lanzaban de altitudes entre los 4000, 2000, 1000 y 200 metros. Los resultados indicaron que las bombas lanzadas desde los 200 metros tenían un mayor efecto destructivo. A pesar que la utilidad del método de aerosol no fue enteramente comprobada por Ishii, sin lugar a duda fue el que más intrigó a los científicos estadounidenses y soviéticos en la posguerra.

Se creó un equipo de voluntarios especialmente entrenados para diseminar el material bacteriológico (conocidos como «los saboteadores») entre las guerrillas chinas, el personal militar enemigo soviético del otro lado de la frontera y la población en general. Estas unidades fueron utilizadas en el llamado Incidente Nomonhan de 1939, como también en operaciones muy bien documentadas en el centro de China entre 1940 y 1942. Bien consta en los documentos oficiales que muchos manchurianos murieron a causa de sus ejercicios de entrenamiento.

La experimentación con seres humanos en la Unidad 731 seguía tres líneas distintas. La más importante se llevó a cabo en Ping Fan, Anda y otros laboratorios de Ishii en Manchuria. La segunda línea de experimentos al aire libre se realizó exclusivamente en el aeródromo de Anda (y sus inmediaciones) con el fin de estudiar la efectividad de un prototipo de bomba y los aerosoles. Y la tercera línea consistió en exponer tanto a la población civil como a los mismos contingentes militares a los patógenos. Cientos, si no miles de experimentos sobre seres humanos se llevaron a cabo en laboratorios subterráneos construidos según las pautas del mismo Ishii. Los «marutas» (troncos) eran arrastrados de sus celdas en los edificios 7 y 8, como de otras unidades, hasta los laboratorios subterráneos. Ahí los científicos japoneses inyectaban a las víctimas con toda suerte de patógenos y con distintas dosis con el fin de determinar la cantidad específica necesaria para aniquilar, en un escenario hipotético, a una sola persona o a toda una población. También se comprobaba la efectividad de propagación a traves de distintos medios como podían se alimentos, telas, herramientas y demás utensilios. Así, los cobayas eran obligados a ingerir chocolates rellenos de ántrax y galletas con cultivos de otras bacterias. También se les hacía ingerir líquidos infectados (té, café, leche, cerveza, agua, vino, etc.) para verificar la efectividad de las dosis. Ishii de este modo encontró que las verduras eran el conducto ideal de transmisión de sus plagas. Estos estudios sobre frutas y verduras las hizo el Colegio Universitario Médico del Ejército Imperial en Tokio bajo la guía del discípulo más brillante de Ishii, Ryiochi Naito. Naito se concentró en la llamada «toxina fugu», extraída del hígado del pez globoPez globoNational Geographic, de la que confeccionó una emulsión capaz de matar ratones. Naito deseaba experimentar con su toxina en seres humanos, aunque no lo logró, primero, por los bombardeos constantes de los escuadrones B-29 sobre Tokio durante el invierno de 1944, y posteriormente, la destrucción completa por los bombardeos del Colegio Universitario Médico en abril de 1945.

Los investigadores de la Unidad 731 realizan experimentos bacteriológicos con niños cautivos en el condado de Nongan, en la provincia de Jilin, en el noreste de China. Noviembre de 1940
Los investigadores de la Unidad 731 realizan experimentos bacteriológicos con niños cautivos en el condado de Nongan, en la provincia de Jilin, en el noreste de China. Noviembre de 1940 . H / T allthatsinteresting.com

Cada laboratorio en Ping Fan estaba dotado con un tablero que ocupaba una pared completa. Un técnico llevaba en el tablero la minuta, que se leía, de acuerdo a testigos, como: «Fecha X: a X troncos, identificados números X y Y, se les proporcionaron inyecciones de A y B, con tantos cc.». También se dejaban pedidos: «Necesitamos X (número) de corazones/hígados/riñones». Los técnicos encargados en aprovisionar los laboratorios entonces se dirigían al edificio 7 y 8 y, como si fueran objetos de un inventario, sacaban los «troncos» humanos requeridos. Algunas pruebas exigían colgar el «material» de pies, de modo que pudiera determinarse cuánto tardaba una persona en morir asfixiado. En otros experimentos se les inyectaba aire en vena durante horas para estudiar la formación y posibles consecuencias de la embolia. Otros experimentos incluían inyectarle a las futuras víctimas orina de caballo en los riñones. Kazuo Mitomo, un testigo cuyo testimonio recogen numerosos textos, recordó un experimento realizado en agosto de 1944, en el que

…puse tanto como un gramo de heroína en las gachas de avena de un ciudadano chino… después de treinta minutos quedó inconsciente y permaneció en ese estado hasta morir unas quince o dieciséis horas después… Sobre algunos prisioneros experimenté con drogas coreanas, la heroína y el aceite de castor. También presencié la ejecución de tres prisioneros sobre los que había experimentado y tuvieron que sacrificarse.

Una vez los cobayas eran exterminados criminalmente, los cadáveres quedaban en manos de los patólogos, quienes hacían sobre los cuerpos una incisión en forma de «Y» para realizar toda clase de estudios. Una vez concluían, los cadáveres eran conducidos a los hornos crematorios. Hay pruebas de una investigación típica ocurrida entre mayo y junio de 1940, por ejemplo. Veinte prisioneros, entre los veinte y treinta años, con buena salud, fueron seleccionados de las celdas. A ocho se les inyectó una vacuna contra el cólera con equipo ultrasónico. A otros ocho con jeringuillas. A cuatro no se les inyectó nada. Veinte días después, a todas las víctimas se las forzó a beber leche con cultivo de cólera. Los cuatro que no fueron inmunizados murieron dolorosamente. Pocos días después, todos los demás murieron, salvo los ocho que habían sido vacunados ultrasónicamente. Por este estudio, Ishii ordenó que el equipo de producción de vacunas, rebautizado a «Equipo A» en 1940, se dedicara exclusivamente a las vacunas producidas ultrasónicamente.

Los científicos de la Unidad 731 publicaron más de cien estudios tanto durante como después de la guerra. Camuflaban las referencias a los cobayas como especímenes de «monos manchurianos», mientras que los experimentos verdaderos con monos se distinguían por incluir información adicional como «monos de colas largas», etc. En el mundo médico japonés, los experimentos eran un secreto abierto, que se hizo público entre 1946 y 1947. Para ese entonces, los científicos no tuvieron que recurrir al camuflaje de las víctimas al describir detalladamente su trabajo a los funcionarios estadounidenses que tomaron sus declaraciones. El día a día de las fábricas de la muerte de Ishii se reconstruyó por la memoria de los testigos, puesto que muchos documentos habían sido destruidos con la retirada japonesa de Manchuria. Sin embargo, por las entrevistas mismas y los comentarios en ellas, muchos investigadores piensan que una gran parte de estos documentos sí sobrevivió a la guerra, y fueron decomisados por el gobierno de Estados Unidos.

Los visitantes miran exhibiciones en el Museo de Evidencia de Crímenes de Guerra de la Unidad del Ejército Japonés 731, en Harbin, provincia de Heilongjiang, el 15 de agosto, el día en que el museo se abrió al público.
Los visitantes miran exhibiciones en el Museo de Evidencia de Crímenes de Guerra de la Unidad del Ejército Japonés 731, en Harbin, provincia de Heilongjiang, el 15 de agosto, el día en que el museo se abrió al público

En el desierto de Utah, aproximadamente a unos 17 000 kilómetros de Ping Fan, está el pueblo de Dugway. En este desierto desolado, barrido por el viento, se encuentra la caja fuerte del material químico y biológico de Estados Unidos, y en sus bodegas se guardan los últimos vestigios del programa biológico japonés. Entre los numerosos edificios hay unos cuantos restringidos, como el de pruebas, al que se suman, como patio trasero, unos 3046 metros². En esta zona hay una biblioteca técnica de documentos y libros relacionados con las armas biológicas y químicas de todo el mundo. En el fondo de una de las bodegas, dentro de una caja enorme y sin marcar, se encuentran más de treinta expedientes voluminosos que resumen las entrevistas realizadas por los médicos de ocupación al doctor Ishii, Kitano y sus colegas de la Unidad 731. La misma caja guarda también tres reportajes jamás vistos de autopsias sobre los efectos de las armas biológicas en los seres humanos, cada uno de aproximadamente 800 páginas, con dibujos de órganos vivos en distintas etapas de desintegración. Durante muchos años estos documentos se mantuvieron con sigilo y recelo, pero los avances en armas biológicas, como la creación de armas nuevas, hicieron que las investigaciones de Ishii rápidamente se tornaran obsoletas. En 1978 estos documentos fueron desclasificados.

Por ejemplo, en una carpeta, se lee el testimonio del doctor Hideo Futagi sobre sus experimentos con la tuberculosis en seres humanos. Sobre el bacilo CalmetteBacillus de Calmette y Guérin (también, bacilo de Calmette-Guérin), más conocida por su sigla BCG, es la vacuna contra la tuberculosis. Se prepara a partir de una cepa atenuada de Mycobacterium bovis que ha perdido su virulencia en cultivos artificiales y conserva su poder antigénico. Wikipedia (BCG) dijo: «todos los individuos se recuperaron de estos experimentos», pero no lo mismo con la cepa C1 Hominis, «todas las dosis desencadenaron una tuberculosis incontrolable que resultaba fatal tras un mes de ser inyectada». En otra prueba, la muerte sobrevino a los cobayas después de un mes de fiebres altísimas. Futagi, el Mengele japonés, experimentó también con niños, a quienes consideraba el conducto más puro de transmisión. Los experimentos de Futagi fueron particularmente horrendos, puesto que ya, para aquella época, se sabía que la tuberculosis no servía como arma biológica. En otro aparte se lee sobre el trabajo del doctor Kanau Tabei y sus experimentos sobre la fiebre tifoidea entre 1938 y 1943. En uno de sus experimentos, anotó: «la muerte ocurrió en dos casos, mientras que tres individuos se suicidaron». En otro, se describe cómo se detonó una bomba llena de clavos infectados con bacilos a un metro de un individuo. El individuo rápidamente enfermó. Las heridas eran tan peligrosas que dos de los médicos a cargo de Futagi también enfermaron, pero sobrevivieron. El hecho de que los médicos japoneses, cuando se infectaban, sufrieran tanto, llevó a la Unidad 731 a concluir, para su provecho, que los manchurianos eran mucho más resistentes a las enfermedades que ellos. A partir de ese momento no hubo más consideraciones.

Experimento de guerra «germen», que se realiza en la Unidad 731
Experimento de guerra «germen», que se realiza en la Unidad 731

El doctor Kitano trabajó ampliamente en variedades de fiebres, encefalitis y la tifoidea, estudios que interesaron bastante al ejército estadounidense. La encefalitis, por ejemplo, en emulsión, se extraía del cerebro de ratones infectados y se inyectaba a los cobayas. De acuerdo al protocolo de Kitano, un hombre «mostraba síntomas después de una incubación de 7 días». Las fiebres más altas registradas eran de 39.8 ̊C. Cuando el individuo mostraba signos de agonía, más o menos hacia el día duodécimo, era ejecutado. En otro paciente, tras inyectarle una dosis de un centímetro cúbico de emulsión cerebral de ratón, los resultados fueron más espantosos:

La fiebre fue el primer cambio. Cuando la fiebre comenzaba a ceder, la parálisis motriz aparecía en las extremidades superiores: cuello, rostro, párpados y los músculos respiratorios. No había cambios sensoriales significativos, ni parálisis en la lengua, los músculos del esófago o las extremidades inferiores. Después del tratamiento, se descubrió que en muchos casos la parálisis era permanente. Esto se observó en periodos de 6 meses.

No siempre los cobayas morían: particularmente los experimentos con tularemia fueron tan exitosos que los individuos se recuperaron rápidamente y sobrevivieron, claro, para morir en otros experimentos después. En los archivos de Utah hay al menos unos treinta y cinco relatos detallados que describen experimentos biológicos sobre seres humanos por parte de los médicos y científicos japoneses. En ellos se da cuenta de unas 801 víctimas y alrededor de 30 suicidios durante el desarrollo de esos experimentos.

Tras concluir una visita a Japón en noviembre de 1947, el médico Edwin V. Hill, director del área de ciencias básicas en los laboratorios biológicos de Camp Detrick, Maryland, señaló: «Se compiló evidencia en esta investigación que es de gran importancia y amplía el espectro de estudio en este campo». La información compilada por los científicos del ejército de ocupación según el mismo informe de 1947, «ahorra [a Estados Unidos] miles de millones de dólares y años de trabajo. Información así no hubiese podido ser obtenida en nuestros laboratorios dado los escrúpulos que existen en torno a la experimentación con seres humanos». De cualquier modo, gracias a los japoneses, Hill concluyó que «la información obtenida sobrepasa un coste de 250.000 yenes a la fecha, casi nada si se compara con lo que nos costarían los estudios». Hill anotó también que “el material patológico que se ha recopilado constituye la única evidencia material de la naturaleza e importancia de estos experimentos».

El número total de los «maruta» o troncos asesinados fue mayor a las cifras presentadas a los fiscales estadounidenses. En un juicio de 1949 a los prisioneros japoneses en Khabarovsk (URSS), el Mayor General Kiyoshi Kawashima, antiguo director de las secciones I, III y IV de la Unidad 731, testificó: «Puedo decir que del número de prisioneros del destacamento 731 que murieron por los efectos de las infecciones inducidas en ellos no sobrepasaron de 600 por año». Kawashima estuvo destacado en Ping Fan desde 1941 hasta el final de la guerra. Por ello los investigadores aliados, basándose en las cifras de Kawashima, concluyeron que habían muerto en experimentos biológicos no más de 3000 personas (ignorando las víctimas anteriores a 1941, desde 1932, en Harbin). Las cifras de Kawashima descartan las muertes en los campos de Anda, Hailar, Linkow, Sunyu y Dairen, como el uso indiscriminado de armas biológicas contra los ejércitos soviético y mongol. Muchos más fueron asesinados en Cantón, Pekín, e incluso en Shanghái y Singapur (donde funcionaba la cruel Unidad 9420). Por lo menos entre cinco mil y seis mil seres humanos fueron aniquilados en las fábricas de muerte diseñadas por Ishii —y que no estaban directamente bajo su control— en Mukden, Nankín y Changchún). Tampoco la cifra cuenta a los miles que fueron asesinados en agosto de 1945 en el intento del invasor de borrar todas las pruebas, cadáveres que tanto los chinos como los rusos encontraron masivamente, todavía frescos, entre los escombros. Hay que agregar que los japoneses, al liberar a cientos de animales enfermos, causaron muchas muertes en la población, tal y como lo evidencian los reportes de campo del ejército soviético. El gobierno chino estima que más de 2000 personas murieron después de la guerra tras tener contacto con el arsenal biológico dejado por los japoneses en suelo chino. En realidad, nadie sabe con certeza la cifra exacta de los muertos que dejó el programa biológico japonés.

El personal japonés con trajes protectores transporta una camilla a través de Yiwu, China, durante las pruebas de guerra de gérmenes de la Unidad 731. Junio de 1942
El personal japonés con trajes protectores transporta una camilla a través de Yiwu, China, durante las pruebas de guerra de gérmenes de la Unidad 731. Junio de 1942 . H / T allthatsinteresting.com

Anda es una ciudad ubicada al norte de Harbin, a algo más de dos horas por tren de Ping Fan. Hoy Anda es una comunidad próspera de más de 200 000 habitantes que vive junto a uno de los yacimientos de petróleo más grandes de China. Entre 1939 y 1945 Anda no era más que un campo de hierba y tierra donde la Unidad 731 construyó algunos edificios y realizó sus horribles experimentos. Cada nuevo procedimiento descubierto en los laboratorios era de inmediato probado en los campos de Anda. Estos procedimientos utilizaban seres humanos, tanto en pruebas dentro de los laboratorios en las enormes bodegas, como al aire libre. Hoy nada queda del complejo de Anda, que fue destruido completamente por el ejército Kwantung en su retirada tras la derrota de Japón. Lo poco que quedó en pie (y verificaron los soviéticos a su paso) fue expropiado por los habitantes de la zona, que robaron los ladrillos, la hojalata, los dispositivos médicos y cualquier otro objeto que pudieran usar o vender en tiempos de hambre y desolación. Sobre las ruinas de la unidad Ishii en Anda se construyó una pujante ciudad industrial, y hoy nadie sabe con exactitud dónde estuvo ubicado el escalofriante complejo de la Unidad 731.

Un soldado japonés emplea el cuerpo de un prisionero para practicar con una bayoneta cerca de Tianjin, China. Septiembre de 1937.
Un soldado japonés emplea el cuerpo de un prisionero para practicar con una bayoneta cerca de Tianjin, China. Septiembre de 1937.

Series completas de pruebas en Anda utilizaron cobayas humanos durante el reinado de Ishii y Kitano. Aunque los japoneses borraron gran parte de la evidencia (los inventarios), los rusos pudieron reconstruir en la posguerra algunos episodios. Por ejemplo, se descubrió que en el curso de una inspección anual al complejo de Anda en 1945, un oficial encargado le concedió permiso a un almacenista del complejo de desechar algunas mantas muy usadas. Este suceso, cotidiano para quienes participaron en la Unidad 731, puede dar pistas del número de seres humanos asesinados, pues cada año se reemplazaban varias veces insumos y equipos. En su informe (en poder del ejército soviético), el oficial supervisor anotó que «grandes manchas de sangre seca se veían en las mantas» y «estaban extremadamente raídas». Había unas ochenta mantas inservibles en la pila que le fue enseñada al supervisor del Ministerio. Al preguntarle al almacenista sobre el estado deplorable de las mantas, este respondió: «se usan para proteger los cuerpos de los individuos sometidos a los experimentos mientras en ellos se realizan los experimentos». Es razonable concluir, por tanto, que más de ochenta personas fueron asesinadas en Anda por año mientras existió.

En Anda se trabajaba sobre la ya conocida lista de patógenos, pero sobre todo, la plaga, el ántrax y la congelación. Alrededor de junio de 1941, se probaron bombas bacteriológicas en seres humanos. Entre diez y quince prisioneros fueron atados a estacas mientras que la aviación militar bombardeó el lugar. Aunque se desconoce los resultados de estos horrendos experimentos, se presume que fueron óptimos, puesto que pruebas similares se realizaron el siguiente verano. En otro experimento del que se tiene registro, quince prisioneros fueron atados a las mismas estacas. «Banderines y señales de humo guiaban a los aviones». Estos aviones despegaban de Ping Fan y, una vez sobre el campo, lanzaban «por lo menos dos docenas de bombas, que explotaban a 100 o 200 metros del suelo». De ellas salían mosquitos que enseguida se dispersaban, y tras esperar varias horas para que infectaran a los prisioneros, las víctimas eran limpiadas y conducidas de nuevo a sus celdas, donde quedaban bajo observación. Estos experimentos fueron infructuosos. Evidentemente la onda explosiva de las bombas, sumada a las altas temperaturas, debilitaban a los mosquitos que morían rápidamente. Las esquirlas de las bombas tampoco eran un método eficaz para diseminar el arsenal biológico.

Las pruebas con ántrax se hicieron en Anda periódicamente entre 1943 y 1944. Los científicos de Ishii trabajaban con diez prisioneros «maruta» en cada sesión. El director del laboratorio que cultivaba el ántrax visitó Anda varias veces para supervisar estas pruebas, entre 1943 y 1944, y en su reporte anotó que los troncos «tenían cara de chinos». Igualmente las víctimas se ataban a estacas en el campo. Se detonaban bombas de ántrax cerca, y dos o tres días después fallecían. Los experimentos con ántrax, con detonaciones de distinta magnitud y a determinadas distancias, terminaron siendo un fracaso. Para 1945, la Unidad 731 había fracasado en dar con un medio de propagación adecuada para que el ántrax pudiera usarse en la guerra.

7 de enero de 2015: Los visitantes miran una escena de experimentos humanos en el museo de la Unidad 731 en Harbin, provincia de Heilongjiang, noreste de China
7 de enero de 2015 – Los visitantes miran una escena de experimentos humanos en el museo de la Unidad 731 en Harbin, provincia de Heilongjiang, noreste de China. / VCG Photo

El Comando General del Ejército Kwantung, que ansiaba comenzar sus ejercicios para una confrontación con la Unión Soviética, autorizó a los equipos de Ishii iniciar investigaciones extensivas en materia de congelación, tanto en Ping Fan como en Anda. El Comando General predecía que, cuando llegara la guerra, los combates ocurrirían, si no todos, en condiciones climáticas adversas. Ishii rápidamente hizo de estas pruebas su especialidad, convirtiéndolas en rutinarias. Hombres desnudos eran monitoreados desde el otro lado de los ventanales que aislaban los cuartos de congelamiento de Ping Fan. A veces conectaban sus cuerpos a un sinfín de aparatos que medían su temperatura corporal y reacciones cardíacas. Hombres y mujeres eran expuestos, sin clemencia, a temperaturas bajísimas prolongadamente. Cuando sus miembros se congelaban, entonces los científicos de la Unidad 731 experimentaban con un sinnúmero de métodos para descongelarlos. En su testimonio de 1949, Toshihide Nishi describió gráficamente lo que le habían dicho otros compañeros de trabajo y lo que él, personalmente, había visto en los experimentos. Recordó:

…el investigador Yoshimura contó que afuera, bajo temperaturas inimaginables, es decir, cuando los termómetros bajaban de -20 grados, los prisioneros eran conducidos al patio. Se les extendían los brazos desnudos exponiéndolos al hielo y se ayudaba a su congelamiento con el aire de un ventilador. Esto solo terminaba cuando sus brazos, al golpearse con una vara, emitían el mismo sonido seco de una puerta cuando se golpea.

Incluso se hizo una película del experimento, perdida hoy, de la que Nishi dijo:

La cinta mostraba a cuatro o cinco infelices, con sus piernas encadenadas, mientras salían al patio ataviados de invierno pero con los brazos desnudos. Entonces comenzaba el proceso de acelerar el congelamiento usando un enorme ventilador. En la siguiente escena se veía cuando les golpeaban los brazos con una vara, y a medida que esto ocurría, los llevaban uno a uno de vuelta al laboratorio.

Un técnico médico de la Unidad 731 recordó que «los experimentos sobre congelamiento en seres humanos se hacían cada año en el destacamento, durante los meses más fríos del año, entre noviembre y febrero». Los troncos eran «llevados al patio mientras nevaba, antes de la medianoche, y se les ordenaba meter las manos en un barreño de agua helada. Así permanecían un buen rato». A veces, «se les sacaba de las celdas vestidos, pero descalzos, y se contribuía artificialmente por distintos métodos a que se les congelaran los pies». Una vez que los miembros se les congelaban, «se les llevaba a un salón del laboratorio donde se les metía los pies en agua a cinco grados, y cuya temperatura se iba aumentado poco a poco. De este modo, se produjeron grandes descubrimientos sobre formas para contrarrestar el congelamiento».

Ocasionalmente los médicos de la Unidad 731 combinaban los experimentos de congelamiento con los de armas biológicas. En enero de 1945, por citar un caso, se hizo una prueba con diez prisioneros chinos en la cárcel de Anda. El objetivo principal era infectarlos con gas gangrenoso. Pero para variar la fórmula, el experimento tuvo lugar en un ambiente a 20 grados bajo cero. Se ató a los prisioneros a estacas ubicadas no más de diez metros de donde debían estallar las bombas. Se les protegió cabeza, torso y espalda con corazas de hierro hechas para tal fin, dejando solo las piernas y lal nalgas expuestas. Valiéndose de un control remoto, detonaron las cargas, «y las esquirlas infectadas se diseminaron alrededor de los individuos». Todos recibieron heridas considerables en las partes expuestas, y tras una semana de intenso sufrimiento, finalmente murieron. Por otra parte, en otras actividades similares, la Unidad 731 también hizo pruebas, como los nazis, sobre la influencia de la altitud y el aumento de presión sobre el cuerpo humano, para ayudar a los pilotos de aviación. Para ello se construyó una cámara de presión en Ping Fan que les permitió observar cuánta presión podía resistir el cuerpo humano. A las víctimas de estos experimentos se les ató en una silla y se les conectaba un buen número de aparatos que medirían los efectos. Se introducía luego presión en la cámara que se iba aumentando y disminuyendo hasta que los prisioneros perdían el conocimiento o estallaban en penosas convulsiones. Según los informes, era una muerte lenta y dolorosísima. Testigos afirman que, por una ventanilla, se hicieron muchas películas que detallaban la espeluznante agonía de los prisioneros.

En 2005, la Corte Suprema de Japón reconoció la existencia de la Unidad 731, pero rechazó compensar a quienes demandaron al Estado.
En 2005, la Corte Suprema de Japón reconoció la existencia de la Unidad 731, pero rechazó compensar a quienes demandaron al Estado.

Las historias de los ataques con armas biológicas y químicas del Japón fueron numerosas. La revista Time informó en 1942, que los japoneses habían lanzando gas mostaza contra los chinos. A medida que la guerra avanzaba, más gente moría misteriosamente en los campos de batalla. A fines de noviembre de 1941, uno de los asesores del presidente Chiang envió una carta a todos los destacamentos en China pidiendo que, como se tenía información de que Japón estaba usando armas infecciosas y prohibidas contra los chinos, se recogieran pruebas, con la ayuda de la Cruz Roja, en las áreas de Yi Gang, Ba Wang Cheng y Qu Zhou. Adicionalmente el Presidente Roosevelt hizo una declaración en 1943 condenando enérgicamente el uso por parte de Japón de armas biológicas y químicas. En ella, Roosevelt afirmó:

Información fidedigna nos ha sido aportada, que nos confirma el uso por parte de las fuerzas armadas de Japón de gases venenosos o nocivos en varias regiones de China». Y advirtió: «Deseo que quede absolutamente claro que si el Japón persiste en esta forma inhumana de combate contra China o contra cualquier otro país de las Naciones Unidas, esas acciones se considerarán por este gobierno como hechas contra los Estados Unidos, por los que (Japón) deberá esperar una retaliación completa y enérgica». Roosevelt concluyó su advertencia con una observación: «Debemos estar preparados para aplicar una medida retributiva completa. Depende de Japón esta posibilidad.

Después de diez años de estar destacado en la región de Harbin, Ishii fue transferido a Nankín el 1 de agosto de 1942, donde asumió el cargo de Jefe del Primer Departamento Médico Militar. El motivo exacto de este traslado, como muchos otros datos en su carrera, se desconoce. Sin embargo, según testimonios, Ishii lo justificó porque varios «peces gordos del Ministerio» no querían que siguiera metido en el mundillo de las investigaciones biológicas. Esto, sin embargo, se desvirtúa ya que, recién llegado a Nankín, Ishii inauguró ahí el mismo programa que dirigía en Ping Fan. Sumado a esto, el propio Ishii se aseguró que las investigaciones siguieran en su antiguo laboratorio a cargo de su sucesor.

El sucesor de Ishii fue su rival eterno, el Mayor General (luego Teniente General) Masaji KitanoMasaji KitanoWikipedia. A pesar que tenían mucho en común, sus personalidades eran bien distintas, como también su apariencia física. Mientras Ishii era alto y menudo, Kitano era bajito y barrigón, con una cabeza gorda, en forma de bala. No obstante, era tan ambicioso y decidido como Ishii, y estaba dispuesto a todo. Casi nada se sabe de los orígenes de Kitano, y parece, más bien, que nació en el seno de una familia campesina. Tenía casi la misma edad de Ishii, y se había graduado en la Universidad Imperial de Tokio aproximadamente en la misma época que Ishii se graduó en Kioto. Ambos eran médicos: Ishii de la clase de 1920, mientras que Kitano de la de 1922. Apenas días antes de recibir el diploma, ambos habían ingresado al ejército, para escalar posiciones casi al mismo ritmo. Como Mayores de los Cuerpos Médicos del ejército, Kitano e Ishii aterrizaron en Manchuria en 1932. Mientras que Kitano fue nombrado profesor adjunto del Colegio Médico Manchuriano en Mukden, también como médico del ejército, Ishii directamente inició el programa de investigación biológica en China. Si bien Ishii tenía más poder, Kitano tenía más prestigio, al punto que en los círculos militares lo llamaban «el emperador». Para nadie era un secreto que el sucesor de Ishii era más erudito, y sus estudios e investigaciones se apreciaban en el mundo académico japonés muy a pesar que se inspiraron, en gran parte, en los abusos que cometió contra seres humanos en territorio ocupado. El sentido ético de Kitano no era mayor al de Ishii, y no le impidió, durante diez años, ser profesor emérito. En los laboratorios universitarios, durante este tiempo, y con la ayuda de sus colegas, asesinó a cientos de chinos, coreanos y otros «seres inferiores» en el curso de experimentos bestiales. De su paso por las aulas de Mukden quedan los testimonios de autopsias y cirugías sobre seres humanos sin anestesia, vivisecciones, y otros horrores. A pesar que los japoneses en retirada trataron de destruir toda la evidencia en Mukden, los patriotas chinos encontraron las morgues llenas de víctimas bien preservadas que hoy están exhibidas en la facultad médica de la universidad como testimonio vivo de las atrocidades de Kitano.

Durante los veintidós meses en los que ejerció como Comandante «encargado» de la Unidad 731 en Ping Fan (entre agosto de 1942 y marzo de 1945), Kitano demostró que era un sucesor digno de Ishii. Entre sus primeras órdenes fue expandir el programa biológico con cobayas humanos. A pesar que la guerra para entonces se había vuelto en contra de Japón, aseguró que nueva tecnología le llegara en 1944 a pesar de las restricciones. Estos equipos nuevos le permitieron producir más patógenos a menor tiempo. Bajo la supervisión de Kitano, las técnicas de diseminación aérea de armas biológicas se perfeccionaron, técnicas que permitieron propagar una plaga en las afueras de Shanghái en 1944. Esta prueba fue filmada, y su primera proyección dejó sin habla a un muy satisfecho comando del Kwantung.

Todos los experimentos en seres humanos realizados por la Unidad 731 fueron debidamente filmados o documentados. De aquello que los aliados recuperaron, se rescatan fechas y se detalla, con bastante frialdad, el sufrimiento de las víctimas. Los archivos incautados eran de gran calidad, al punto que absolvieron a los criminales médicos japoneses de los tribunales de guerra. Afortunadamente Ishii y sus colegas de la Unidad 731 fueron incapaces de crear y producir un medio efectivo para diseminar las armas biológicas. Si bien se produjeron prototipos variados como conductores, ninguno tuvo la capacidad de destrucción masiva. Si el final de la guerra se hubiera retrasado, Ishii y Kitano habrían podido, seguramente, cambiar su curso a favor de Japón.

El Dr. Ishii murió tranquilamente, después de una próspera carrera, en 1959, a los 67 años a consecuencia de un cáncer de garganta. Se había dedicado a la pediatría y atendía gratuitamente a los pacientes en su clínica. Se había interesado especialmente por la salud infantil. La mano derecha de Ishii, el Dr. Masaji Kitano ─por ejemplo─ fue el presidente de la Cruz Verde, en una época la compañía farmacéutica más grande del Japón. Indudablemente el perdón no fue la única contrapartida de la entrega de sus archivos a los militares estadounidenses. La suma con que los criminales fueron recompensadas tal vez nunca se llegue a conocer.

JUICIOS SOBRE CRÍMENES DE GUERRA DE JABÁROVSK
Los Juicios sobre crímenes de guerra de Jabárovsk fueron una serie de audiencias celebradas entre el 25 de diciembre de 1949 y el 31 del mismo mes en la ciudad de JabárovskJabárovsk (en ruso, Хабáровск, Acerca de este sonido Хабаровск.ogg (?·i) transliterado como Habárovsk, en chino: 伯力) es la capital y ciudad más poblada del krai de Jabárovsk en Rusia. La ciudad se encuentra situada a 25 km de la frontera con China, entre los ríos Amur y Ussuri, y es la segunda más poblada del Extremo Oriente ruso después de Vladivostok. Wikipedia , en la antigua Unión Soviética. En ellos, doce miembros del ejército Kwantung japonés fueron juzgados como criminales de guerra por la fabricación y uso de armas biológicas durante la Segunda Guerra Mundial. Sin embargo, el principal responsable de la guerra bacteriológica japonesa, Shiro Ishii, no fue imputado en este ni en ningún otro juicio. El abogado que llevaba el caso en los juicios de Jabarovsk fue Lev Smirnov, que había sido uno de los querellantes soviéticos de los juicios de Núremberg contra los médicos nazis que habían experimentado con humanos en los campos de exterminio como Auschwitz y Dachau.
Momento del juicio en el que se acusaba a miembros de la Unidad 731 de utilizar agentes biológicos contra personas.
Momento del juicio en el que se acusaba a miembros de la Unidad 731 de utilizar agentes biológicos contra personas.

Durante los juicios, algunos de los acusados, como Kiyashi Kawashima, declaró que, ya en 1941, unos 40 miembros del Escuadrón 731 lanzaron pulgas contaminadas sobre la localidad china de Changde, causando el inicio de una epidemia de pesteEs una enfermedad infectocontagiosa que afecta tanto a animales como a humanos. Está causada por la bacteria Yersinia pestis. Es una de las enfermedades bacterianas más agresivas y, con frecuencia, provoca la muerte de la persona afectada si no se instaura el tratamiento antibiótico adecuado. Generalmente, se transmite por picadura de pulgas infectadas procedentes de roedores, que originan bubones en las ingles y las axilas, cuadro clínico conocido como peste bubónica. Si la transmisión tiene lugar por vía respiratoria, se produce una forma particular de la enfermedad conocida con el nombre de peste neumónica. elredondelito.es Wikipedia. Los doce criminales de guerra acusados fueron declarados culpables y condenados a penas que oscilaban entre dos y veinticinco años en un campo de trabajoUn campo de trabajo es un centro de detención simplificado donde los reclusos se ven obligados a realizar trabajos penales como una forma de castigo bajo el código penal. Los campos de trabajo tienen muchos aspectos comunes con la esclavitud y con las cárceles (especialmente las granjas penitenciarias). Las condiciones en los campos de trabajo varían ampliamente según los operadores. Wikipedia. Una transcripción parcial de los procedimientos del juicio fue publicada en diversos lenguajes en 1950. Todos los encausados fueron repatriados a Japón en 1956.

El Tribunal Penal Militar Internacional para el Lejano Oriente se constituyó en forma paralela al tribunal que funcionó en Nuremberg. El juicio fue en Tokio entre 1946 y 1948. Veintiseis jerarcas fueron sometidos a juicio. Siete fueron condenados a muerte y ahorcados. Diecisiete fueron condenados a cadena perpetua y dos a penas de cárcel de 20 y 7 años. Todos los condenados a pena de cárcel fueron indultados o liberados a mediados de la década de 1950 y algunos inclusive volvieron a ocupar los cargos de gobierno que habían tenido durante la guerra. Se formularón críticas importantes a este juicio. Entre ellas: lo manejaron casi exclusivamente los estadounidenses, es decir el Gral. Mac Arthur; solamente se juzgaron los crímenes cometidos por los países del Eje; no se investigaron las atrocidades cometidas en Corea y China, incluida la guerra química y bacteriológica; se concedió inmunidad al principal responsable e incluso se sentó la posibilidad de que los afectados no pudieran reclamar reparación alguna al gobierno japonés de posguerra.

Las codenas que se impusieron de cara a la galería quedaron de la siguiente manera:

  • General Otozō Yamada, ex Comandante en Jefe del Ejército Kwantung, 25 años.
  • Teniente General Kajitsuka Ryuji, el ex Jefe de Administración Médica, 25 años.
  • Teniente General Takaatsu Takahashi, ex Jefe del Servicio Veterinario, 25 años.
  • General Kiyoshi Kawashima, ex Jefe de la Unidad 731, 25 años.
  • Mayor Karasawa Tomio, el ex jefe de una sección de la Unidad 731, 18 años.
  • Teniente coronel Nishi Toshihide, el ex jefe de una división de la Unidad 731, 20 años.
  • Mayor Onoue Masao, el ex jefe de una rama de la Unidad 731, 12 años.
  • Mayor General Sato Shunji, ex Jefe de Servicio Médico, 5º Ejército, 20 años.
  • Teniente Hirazakura Zensaku, ex investigador de la Unidad 100, 10 años.
  • Sargento Mitomo Kazuo, ex miembro de la Unidad 100, 15 años.
  • Cabo Kikuchi Norimitsu, ex asistente médico de la Rama 643 de la Unidad 731, 2 años.
  • Kurushima Yuji, responsable del laboratorio de la Rama 162 de la Unidad 731, 3 años.
ADMISIÓN HISTÓRICA DE JAPÓN
Además de los testimonios de los miembros de la Unidad 731, una demanda colectiva contra el Estado japonés arrojó más detalles de otras actividades llevadas a cabo por el programa secreto. Fue introducida entre 1997 y 1998 por 180 ciudadanos chinos, entre los que había sobrevivientes y familiares de víctimas.

Los demandantes argumentaron que la unidad liberó desde aviones pulgas infectadas con peste bubónica y entregó alimentos mezclados con bacterias de cólera en las provincias de Zhejiang y Hunan entre 1940 y 1942, lo que resultó en la muerte de cientos de personas. Los testigos contaron cómo las aeronaves de guerra japonesas rociaron una mezcla de pulgas infectadas con granos de trigo que, poco después, desataron brotes de enfermedades. El grupo demandó una disculpa por parte del Estado japonés y diez millones de yenes (US$ 84 000) como compensación para cada uno.

La corte rechazó en 2002 los pedidos de reparación pero reconoció los hechos del caso. Fue la primera vez que un tribunal japonés admitía que ese país llevó a cabo una guerra biológica durante la Segunda Guerra Mundial. «La evidencia muestra que las tropas japonesas, incluidas las de la Unidad 731, usaron armas bacteriológicas bajo órdenes del ejército imperial japonés y que muchos residentes murieron», dijo el juez Koji Iwata citado por el Japan Times.

Los demandantes apelaron la decisión y la llevaron hasta la Corte Suprema de Japón. En 2005, el máximo tribunal ratificó el fallo previo pero tampoco aprobó compensar a las víctimas, al argumentar que la ley internacional no permitía que ciudadanos extranjeros pidieran reparaciones al gobierno japonés por actos de guerra.

La existencia de la Unidad 731 supone un capítulo oscuro de la historia de Japón que aún no se ha cerrado. El país asiático ha sido acusado de fallar al momento de reconocer con amplitud los crímenes de guerra que cometió en el pasado. Sin embargo, hay esfuerzos de japoneses desde la academia y la ciencia para dilucidar con exactitud qué pasó en la Unidad 731.

El profesor Katsuo Nishiyama, de la Universidad de Shiga, en el oeste del país, anunció a mediados de abril que su equipo científico está analizando una lista de más de 3.000 miembros de la Unidad 731.

«Es la primera vez que vemos una lista de nombres de todos los miembros siendo publicada como un documento oficial», dijo en una entrevista con el diario Mainichi Shimbun. El listado, que fue entregado por los Archivos Nacionales de Japón a Nishiyama, según señaló el investigador, contiene los rangos y direcciones de los funcionarios de la base militar. «Esta valiosa evidencia sostiene todos los testimonios dados por aquellos que conocían la unidad. Es un gran paso en los esfuerzos para revelar la verdad escondida», sentenció.

Y si con todo esto no habéis tenido suficiente os dejo una película «The Man Behind the Sun»Portada de la película Los hombres detrás del SolWikipedia (Los hombres detrás del Sol), una estremecedora película histórica basada en hechos que sucedieron en campos de experimentación japonesa en Hardin donde tenía su sede la famosa Unidad 731 durante encuentros bélicos entra Japón y China en los años 1937-1945. Te dejo el enlace a la película en YouTube.

UNIDAD 731
EXPERIMENTOS CON HUMANOS
LAS SECUELAS
FUENTES Y REFERENCIAS BIBLIOGRÁFICAS
  • Materials on the Trial of Former Servicemen of the Japanese Army Charged with Manufacturing and Employing Bacteriological Weapons (Moscow: Foreign Languages Publishing House, 1950).
  • Han Xiao, «The Evidence of the Japanese Imperialists’ Invasion of China— Brief Introduction to the Ruins of the Japanese Bacterial Factory in Ping Fan», translated by Ms Lu Cheng, Northern Relics, vol. 6 (Harbin, 1985).
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  • Myers, Ramon H., The Japanese Economic Development of Manchuria, 1932 to 1945 (New York: Garland, 1982).
  • Jones, F. C, Manchuria since 1931 (London: Oxford University Press, 1949)
  • Tsuneishi Kei-ichi, The Germ Warfare Unit That Disappeared: Kwantung Army’s 731st Unit (Tokyo Kai-mei-sha Publishers, 1981).
  • Brackman, Arnold C., The Other Nuremberg: The Untold Story of the Tokyo War Crimes Trials (New York: William Morrow, 1987).
  • Harris, Robert, and Paxton, Jeremy, A Higher Form of Killing: The Secret Story of Chemical and Biological Warfare (New York: Hill and Wang, 1982).
  • Williams, Peter, and Wallace, David, Unit 731: The Japanese Army’s Secret of Secrets (London: Hodder and Stoughton, 1989).
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  • Transcripción estenográfica del interrogatorio del Mayor Masuda Yoshisada, tomada en Tokio por el Teniente Coronel A.C. Thompson el 9 de febrero de 1946, título del documento: “Stenographic Transcript of Lt. General Masaji Kitano in Tokyo by Colonel S.E. Whiteside, and Colonel A.H. Schwichtenberg on January 1946”. Documento No. 004 que reposa en Dugway Library.
  • «Sobre Guerra Bacteriológica» por el Teniente Coronel (médico) Hojo Enryo a la Escuela Médica Militar, septiembre de 1941, p. 9. Record Group 112, Entry 295A, Box 9. Archivos Nacionales de Estados Unidos.
  • Autor anónimo. «The Brocade Banner: The Story of Japanese Nationalism», fechado el 23 de septiembre de 1946, p. 49-50 y 61, Record Group 319, Publication File, 1946-51, Box 1776. Archivos Nacionales de Estados Unidos.
  • Testimonio de Ryoichi Naito, fechado el 3 de abril de 1947. Documento No. 29510, Cuartel General, Supremo Comandante de los Poderes Aliados, Sección de Inteligencia Militar, Personal General, Sección del Traductor e Intérprete Aliado: «Report on Cases of War Crimes and Civil Crimes». Archivos Nacionales de Estados Unidos.
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  • «The Report of ‘A’», Traducción al inglés dada a Fort Detrick, Md., por los científicos japoneses en 1948, actualmente en la Biblioteca Técnica de Dugway Proving Grounds, Dugway, Utah.
  • «The Report of ‘G’», Traducción al inglés dada a Fort Detrick, Md., por los científicos japoneses en 1948, actualmente en la Biblioteca Técnica de Dugway Proving Grounds, Dugway, Utah.
  • «The Report Of ‘Q’», originalmente en consignación en Fort Detrick, Frederick, Md., ahora archivado en la Biblioteca Técnica de Dugway Proving Grounds, Dugway, Utah.

Leído, transcrito y ampliado de aquí.

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