La adicción al chocolate

Entre los alimentos capaces de provocar adicción como objeto único sobre sol sale a todas luces el chocolate, cuya adicción constituye en la modalidad de dependencia mono alimentaria más extendida y mejor estudiada.

El chocolate es entronizado por «méritos propios» como el alimento que ejerce individualmente mayor acción dependígena. La poderosa fuerza adictiva del chocolate se despliega en dos vertientes: por un lado, actúan sus gratas cualidades sensoriales, tales como el sabor dulce, el olor aromático fuerte y la textura entre pastosa y cremosa; y por otro lado, los efectos psicofarmacológicos producidos por algunas de sus sustancias psicoactivas, particularmente la cafeína, respaldada por la teobromina y los productos siguientes: una sustancia anfetamínica (feniletilamina), dos precursores de la noradrenalina y la dopamina (feniletilamina y tirosina) y un precursor de la serotonina (triptófano). Como vemos, el chocolate contiene una amplia serie de elementos activos sobre la vida psíquica, en su mayor parte descubierto recientemente.

Chocolate junto a su procedencia, el cacao

Un ejemplo de este contraste ilustrado entre ambos tipos no los proporciona un Voltaire alimentado a temporadas exclusivamente con tazas de chocolate y como contrapunto un Napoleón entregado al chocolate para continuar despierto toda la noche, desconociendo, seguramente, que este producto suele agravar las molestias producidas por las hemorroides.

El chocolate encierra, por tanto, dos clases de enganches adictivos. El que obedece al deseo incontrolado de obtener una gratificación oral y el motivado por el logro de una estimulación psíquica. Muchas veces se mezclan ambos. Por esta tendencia a combinarse las dos fuerzas de atracción adictiva es por lo que las podemos considerar como las dos dimensiones dependígenas del chocolate, aunque no debemos renunciar por ello a distribuir los adictos al chocolate según la prevalencia de una u otra de las dos grandes agrupaciones tipológicas: los adictos al chocolate alimento y los adictos al chocolate droga.

Como vemos, los adictos al chocolate droga pueden buscar una acción psicoestimulante (cafeína, teobromina, fenitilamina), una acción psicosedativa (triptófano) o el placer producido por la exaltación dopaminérgica o endomorfínica. Cada tableta (60 g) o cada onza (28,7 g) de chocolate cocido contiene de 25 a 35 mg de cafeína. El chocolate no sólo dispone del efecto psicoactivador de la cafeína que existe de una forma natural en el cacao, su producto básico, y las demás acciones señaladas, sino que posee una acción endorfínica compartida por los pasteles, los helados y otros alimentos de cuya composición forma parte la leche, el trigo o los carbohidratos dulces. El sistema nervioso utiliza las exorfinas de estos alimentos para fabricar endorfinas, uno de los principales químicos del cerebro más destacados en la estimulación del hambre. Recordemos a este respecto como los obesos hiperfágicos neuróticos y psicosomáticos satisfacen su hiperfagia preferentemente con comida de este tipo.

No ha sido sino en los años próximos al 90 cuando se ha descubierto que el café contiene cierto índice de feruloilquinidos, molécula que activa directamente los receptores morfínicos del cerebro.

Conviene distinguir entre el consumo abusivo del chocolate y la adicción al mismo. Aunque con frecuencia se mezclan ambos procesos, también pueden acontecer de forma aislada. Lo que puede producir alguna extrañeza en este sentido es la existencia de adictos al chocolate, que a lo largo del mes no ingieren más cantidad de este producto que el término medio de la población. Esta afirmación puede extenderse a toda clase de adicciones. El hecho de no haber tenido en cuenta la existencia de una proporción de alcoholdependientes que ingieren menos cantidad de alcohol al mes o al año que otros bebedores sin adicción, ha conducido a algunos planteamientos y diagnósticos preventivos disparatados. La adicción, hay que repetirlo una y mil veces, es más un fenómeno cualitativo y cuantitativo, calidad frente a cantidad.

Lo que define la adicción al chocolate es la presencia periódica en el interior del sujeto de un ansia por ingerirlo que no puede dominar o frenar, pues cuando trata de hacerlo experimenta sentimientos negativos, sobre todo ansiedad o irritabilidad. Si algunos adictos al chocolate no han tenido esa experiencia de displacer se debe a que nunca ha tratado de suprimir su impulso adictivo.

La incapacidad para resistirse a la ingestión de chocolate se refleja inicialmente en un sentimiento de atracción irresistible y se confirma después con la sensación de no poder parar una vez que se ha iniciado el consumo. Por ello, estos adictos suelen terminar el envase de una sola vez. Es muy raro que lo dejen a medias o empezado. Ocurre igual con el tipo más frecuente de alcohólico, los alcoholómanos. Primero están poseídos por un impulso a beber para desinhibirse y una vez que comienzan a hacerlo les resulta imposible parar.

El ansia incontrolable por el chocolate –como también suele ocurrir en otras adicciones, sobre todo en la fase de comienzo– está dirigida más por el deseo de obtener una gratificación que por la tendencia a evitar las experiencias negativas propias de la abstinencia o el intento de frenar el impulso adictivo. Entre los síntomas de abstinencia originados por el corte de consumo de chocolate sobresalen los dolores de cabeza de tipo migrañoso, algunas veces acompañados de sensación de enfermedad general, fatiga y somnolencia. Esta sintomatología coincide en líneas generales con el síndrome de abstinencia (cefalea, fatiga y somnolencia) propio de los adictos al café, con lo cual se aporta un dato a favor de que el adictó al chocolate suelen serlo realmente a la cafeína. De hecho, la mayor parte de los adictos al chocolate se siente muy satisfecha cuando realiza un impulso, aunque algunos comienzan a sentirse en conflicto consigo mismo a medida que el volumen de chocolate devorado va aumentando y resulta excesivo. El 50% de los casos reconoce que el consumo de chocolate puede interferir en su vida de alguna manera.

Los investigadores ingleses Hetherington y Macdiarmid precisan que los adictos al chocolate presentan características muy heterogéneas. A continuación resumimos algunos datos registrados en la casuística de estos autores.

  • La frecuencia de presentación del impulso adictivo al chocolate osciló entre una y 90 veces por mes.
  • La tasa de consumo de chocolate por día expresada en tabletas de 60 g varió entre menos de una (15%), entre una y dos (45%), entre dos y tres (25%) y tres o más de tres (15%). Su tasa media de consumo al día osciló, por tanto, entre 25 y 200 g de chocolate, cuando el promedio de consumo de la población general británica de 27 g diarios.
  • La variedad preferida de este producto fue chocolate con leche casi siempre, salvo un pequeño grupo (8%) que prefería el oscuro y otro grupo aún más reducido (4%) que se inclinaba por el chocolate blanco.
  • El chocolate era habitualmente consumido por sus adictos en tabletas, pero también en forma de pasteles, bizcochos, helados, bebidas (sobre todo el chocolate caliente), cereales y comida cocinada.
  • El impulso a ingerir chocolate era activado en algunos de ellos por factores internos como la sensación de hambre, o externos, como los anuncios, mientras que otros muchos no se dejaban influir por ningún tipo de factores.
  • La actitud ante el chocolate enfrentaba a los que lo consideraban un producto peligroso por determinar, con respecto al aumento de peso o adicción (12%), con los que le otorgaban una respuesta positiva (84%), expresada con frecuencia en términos desbordantes como los siguientes: «la mejor cosa del mundo», «fantástico», «energético».
  • el sector más extenso (72%) de esta casuística británica considera que su adicción provenía de los factores sensoriales del alimento, en tanto que sólo una reducida minoría (12% atribuía la adicción a la composición química del chocolate.

Bombones, muy usados pra satisfacer las necesidades en público

Los chocoladictos se escinden en dos mitades cuando se escruta si la ingestión de producto lo hacen a solas en secreto o en compañía de otras personas. La cantidad de chocolate consumida por término medio al día oscilaba tanto en unos como en otros alrededor de los 120 g (más del cuádruple del consumo británico medio). A pesar de esta coincidencia, los comedores secretos eran mucho más anómalos que los comedores sociales: sentían mayor insatisfacción con su imagen corporal y con su peso; presentaban más distorsiones en su modelo alimentario, con una tendencia bulímica; reconocían que el consumo de chocolate interfería en su vida, mediante la influencia sobre su estado de ánimo o con interrupciones del pensamiento o de la conducta; el 75% se veía afectado por un sentimiento de culpa después del consumo, mientras que la mayor parte de los no secretos (60%) mantenía el sentimiento de satisfacción experimentada durante el consumo.

La voz de la calle y los medios informativos populares denominaban a los adictos al chocolate chocohólicos y a la adicción al mismo chocoholismo. Existe en ambos términos una clara alusión a la enfermedad alcohólica, algo que sorprende, porque las adiciones al chocolate y al alcohol se combinan con escasa frecuencia. Tal vez, con la intervención de ambos términos se haya intentado dedicar un recordatorio al consumo de bombones de licor, hábito extraordinariamente extendido en los tiempos del charlestón en una población norteamericana que recurría a lo que fuera para burlar la «ley seca». Los bombones, en líneas generales, han sido muy utilizados desde entonces hasta tiempos recientes por las mujeres maduras para combatir el aburrimiento en grupo o a solas, con una destacada preferencia por los bombones de licor.

Tampoco puede descartarse que con el alumbramiento de estos términos se tratase de aproximar la adicción al chocolate al alcohólica pensando que un alta proporción de ambas clases de adictos, desde luego más alta en el alcoholismo femenino que en el masculino, comparte la preferencia del consumo en solitario, en secreto y escondidos.

La adicción al chocolate afecta mucho más a mujeres que hombres, con una proporción aproximada de cinco a uno. Más del 60% de las mujeres adictos al chocolate experimenta un incremento del impulso adictivo y que la tasa de consumo durante la fase premenstrual.

La combinación de la adicción al chocolate con un estado depresivo se produce con cierta frecuencia. Todavía resulta más habitual el acompañamiento de extradición con una dieta alimentaria restrictiva. Impuesta para perder peso voluntariamente. Tanto el estado depresivo como la restricción alimentaria son factores que incrementan el riesgo de que el consumidor de chocolate pueda caer en la adicción a este producto.

Es conveniente indagar por sistema si existe adicción al chocolate o consumo abusivo de este alimento en los politoxicomanos. Entre los jóvenes del norte de Italia consumidores de la metilonodioximetanfetamina (MDMA), conocida como éxtasis, que produce a la vez los efectos de las anfetaminas del ácido lisérgico (LSD), se han detectado varios casos de adicción al chocolate. Como es habitual entre los consumo de éxtasis, estos jóvenes estaban afectados por alteraciones psíquicas de distinto carácter (ansiedad, depresión, actos suicidas, psicosis paranoide aguda y recurrente o crónica). La nota más curiosa en ellos era la asociación de esta psicopatía polimorfa con episodios agudos (duración media de 20 o 30 minutos) de ingestión de chocolate, en forma de tabletas o de dulces, por valor de 1500 o 2000 calorías (de 30 a 40 tabletas), una o dos veces por semana. En casi todos los casos se acompaña de la pérdida del apetito para cualquier alimento o de disminución de peso.

Dado el parentesco existente entre la composición de chocolate y el café resulta pertinente hacer una puesta al día rápida sobre algunos aspectos del café. Tanto más pertinente resulta este recordatorio cuanto que muchos apasionados por el consumo de chocolate, adictos o no, son también muy aficionados al café.

La cafeína es una xantina trimetilada que se encuentra en forma natural en las semillas del café, las hojas del té, los árboles del cacao, las nueces de cola, el guarana y las plantas de mate. Representa el principal principio activo del café, el té, chocolate, las bebidas a base de cola y además forma parte de numerosos medicamentos. El contenido de cafeína varía mucho de unos productos a otros tal como veremos ahora mismo

Tasas de cafeína en sustancias susceptibles de crear adicción
Taza de café: 70 a 100 mg de cafeína
Taza de café descafeinado: 2 a 4 mg
Taza de té: 30 a 60 mg
Botella con cola: 40 a 60 mg
Tableta de chocolate (60 g): 25 a 35 mg
Onza de chocolate cocido (29 g): 25 a 35 mg

El café es la droga más usada de forma común en los países occidentales. Hay un 10% de consumidores adultos que ingieren más de 1000 mg de cafeína por día y entre un 20 y un 30% que consumen de 500 a 1000 mg diarios. Se dispone de una amplia casuística de cafeinómanos que ilustra acerca de cómo la adicción puede afectar consumidores de una cantidad moderada y respetar algunos consumidores fuertes. Por otra parte, el 80% de los adultos occidentales consume con regularidad algún producto con cafeína.

Chocolate cocido, cremosos y sugestivo

Uno de los efectos nocivos de la cafeína, todavía poco conocido, es que acelera el curso progresivo de la osteoporosis, como consecuencia de la elevación producida en la excreción de calcio por la orina y la disminución de la tasa de estradiol (hormona femenina) en la mujer. Por ello, se ha comenzado a recomendar a los individuos con riesgo de padecer osteoporosis, sobre todo mujeres posmenopáusicas, la restricción de la cafeína a una o dos tazas diarias de café como mucho.

Otro aspecto del café poco difundido y sin embargo de alto interés para la información pública es que el descafeinado representa en cierto sentido un producto nuevo de alto riesgo por dos razones: su fabricación con grano duro en una proporción mucho más elevada que el café cafeínado y, sobre todo, por no haberse liberado de todo de los solventes clorados (particularmente el tricloroetileno) utilizados para descafeinar el café, a los que se atribuye una acción cancerígena. Algunos autores llegan a afirmar que el café descafeinado multiplica por dos o por tres el riesgo de padecer cáncer de páncreas.

El café es el producto psicoestimulante más consumido en el mundo y su acción es debida casi totalmente la cafeína, moléculas y coactivo que alcanzó su nivel máximo en la sangre entre los treinta y los cuarenta y cinco minutos después de su ingestión, con un nivel de vida media de alrededor de dos horas. Ello no obsta para que haya consumidores habituales en los que la presencia plasmática de cafeína pueda prolongarse durante varias horas.