Inventos para mejorar nuestras vidas

Lentillas
La palabra ‘lente’deriva del latín lens, lentís = lenteja. Está claro que se le dio este nombre por la similitud con la semilla de la legumbre. Ya en el siglo XVI Leonardo da Vinci tuvo esta idea en mente. En su Codice ocular ya podíamos observar cómo se le ocurrió que se podía corregir la visión defectuosa mediante la inmersión del ojo en un tubo lleno de agua y cerrado por el extremo opuesto con una lente plana. Esta idea no se llevó a cabo y se quedó en un limbo hasta 1680, momento en el que René Descartes llevó a cabo el experimento. Tampoco le dio salida el filósofo a esta idea.

En el siglo XVIII Thomas Young y John Herschel, tras muchos experimentos consiguieron crear unas lentillas que se fijaban glóbulo ocular con gelatina. Herschel era astigmático y consiguió resolver su problema visual logrando fijar sobre esta gelatina una lentilla de cristal. Estos intentos no eran prácticos porque la lentilla se desprendían con facilidad y además afeaban el rostro y daban a la expresión un aspecto un tanto monstruoso al abarcar la totalidad del glóbulo ocular.

Lentilla y su forma de colocarse
Lentilla y su forma de colocarse

Pero en 1877 el físico suizo Eugène Fick y el alemán Augusto Müller consiguieron unas microlentillas modernas duras y gruesas que aunque incómodas, reemplazaban a las gafas. El cristal era fabricado mediante el soplado y posterior moldeado hasta conseguir curvatura pero, el inconveniente estético aún perduraba: al recubrir la totalidad del ojo hería la vanidad del usuario que veía un tanto deformada la expresión de su mirada. Pero descartando este punto, el ojo las toleraba y se veía a través de ella sin problemas, además de que se quedaban fijas por lo que no había peligro de que se cayeran o desplazaran.

Hasta 1936 las lentillas fueron de vidrio. Este mismo año apareció el plexiglás y la empresa alemana I. G. Farben lanzó al mercado las primeras lentillas de este material que estaba de moda. Y de nuevo aparecía el recurrente problema que afectaba a la estética y vanidad del usuario: se seguían viendo de forma extraña y clara.

En 1925 un norteamericano, S. Tuohy, inventó las lentillas corneales que sólo cubrían la parte de la córnea. El checo J.Wicchterle consiguió hacer que las lentillas fueran blandas e hidrófilas o capaces de adherirse fácilmente a un medio acuoso, lo que hacía su uso es extremadamente sencillo y práctico.

En el año 1970 la compañía inglesa Pilkington lanzó la lentilla holográfica, capaz de corregir problemas de presbicia y miopía a la vez, al tiempo que podía adaptarse a diferentes intensidades de luz. Ya en 1984, la francesa Essilor en hicieron microlentillas no sólo para adaptarse a las necesidades de visión del usuario, sino también a su vanidad y por primera vez hacerlas invisibles a todo aquel que no fuera el que las llevaba, incluso la posibilidad de cambiar el color de los ojos.

Manguera
Parece ser que la civilización se desarrolló con mayor facilidad en aquellos lugares donde la agricultura tenía más dificultades: en las zonas desérticas de Oriente Medio y Egipto. Lo que nos lleva a pensar que ante el problema del agua y su transporte se usara el ingenio para resolverlo. La primera manguera de que se tienen noticias fueron cañas conectadas que llevaban el agua a las terrazas cultivadas de Asia Menor hace miles de años. Pero la rigidez del material conllevaba que se rompiera con facilidad. Había que buscar un material flexible.

Ctesebio, sabio inventor y físico griego del siglo III a. C. había inventado una manguera contra incendios basada en el principio físico del bombeo por presión, que sería uno de las principales elementos del bombero romano.

Pero en el periódo más oscuro de la humanidad, la Edad Media, se olvidó por completo del tema haciendo que todo se solucionará con el acarreo de cubos. A finales del XVII parece ser un que el jefe de bomberos de Ámsterdam tuvo la brillante idea de utilizar una manguera de cuero para sofocar los incendios, exactamente en 1673.

La goma fue el primer material utilizado, y aunque pueda parecer sorprendente su conocimiento es antiquísimo: el capellán de los Reyes Católicos, Pedro Mártir de Anglería, describió en su De Orbe Novo un nuevo producto llegado de las Indias Occidentales, en el que habla de un juego que practicaban los aztecas en el que lanzaban una especie de pelota de un lado a otro, que por estar hecha de cierta resina de árbol rebotaba al caer al suelo. Pero no fue hasta 1835 cuando este tipo de goma o resina no fue aplicada a la manguera de riego. Se podía leer en un anuncio de la época la mención del caucho como «la cosa más extraordinaria que se haya visto nunca».

Se ha visto estos días en París sujetador elástico a base de sustancia vegetal que sustituye al alambre; no corta ni hiere la delicada zona de su vecindad.

La goma llegó a Europa procedente del Perú en 1736, que se utilizaba como borrador aunque su empleo generalizado en la manga de riego no se llevó a cabo hasta la primera mitad del siglo XIX. En 1850 había manguera de gutapercha para sustituir a la regadera y al carro de riego tirado por caballos. Y en 1848 un tal monsieur Combaz creó un sistema que permitía regar a modo de lluvia artificial si se hacía de forma adecuada: había nacido la manguera. Este buen señor dejaba caer desde lo alto el agua de forma que no perjudicara el golpe directo de la misma a la delicada planta. En hasta 1914 no surgió la primera era de goma sintética de la que se mostraban sus cualidades por la versatilidad del nuevo material, tan flexible que permitía hacer sostenes de señora, calzado de caballero, aislantes eléctricos e incluso anticonceptivos.

Utilización de la resina mágica en las primeras mangueras contraincendios
Utilización de la resina mágica en las primeras mangueras contraincendios
Fuentes

Historia y desarrollo de las lentes de contacto ─ Visitar
¿Quién invento la manguera? ─ Visitar