Historias que se volvieron virales

ESTAS HISTORIAS SON INVENCIÓN DE GENTE QUE DESEA DIVERTIRSE A COSTA DE LOS PRÓJIMOS INCAUTOS QUE SE CREEN TODO LO QUE OYEN, SIN TAN SIQUIERA COMPROBAR SI HA SIDO CONFIRMADO POR UNA FUENTE FIABLE. TAMBIÉN PUEDE SER UN ESTUDIO PARA PODER CONTROLAR LA FORMA EN QUE SE EXPANDE UNA NOTICIA A TRAVÉS DEL BOCA A BOCA O EN EL CASO ACTUAL, A TRAVÉS DE LAS REDES SOCIALES.

Una azafata en un vuelo Colombia-Madrid o un guardia civil de aduanas según versiones, se da cuenta de que una pasajera llevaba un bebé con muy mal aspecto. Al acercarse, comprueba que el bebé esta muerto. Cuando se lleva al bebé al anatómico forense para hacerle la autopsia, se comprueba que esta lleno de drogas.

El escuadrón de la Viagra

Las limpiadoras de un hotel, a primera hora de la mañana, escuchan unos sordos gemidos que proviene de una de las habitaciones. Abren la puerta con la llave maestra y se encuentran, espectáculo bochornoso, a un individuo maniatado, con algo metido en la boca, completamente desnudo. Lo que las deja más sorprendidas aun si cabe, es que el hombre tiene una erección total. Una de ellas mira el espejo de la cómoda y descubre que hay un mensaje escrito con una barra de labios: «El escuadrón de la Viagra ataca de nuevo». Avisan a la seguridad del hotel, mientras las mujeres se dedican a desatar al muchacho. En una comprobación rápida se ve que hay repartido por toda la habitación objetos como una botella de vodka, una caja de pastillas famosas por sus efectos y su azul pitufo y varios consoladores. El pobre joven confiesa balbuceando que un grupo de mujeres lo han violado usando todos esos objetos. En otras versiones se habla de que era un periodista que defendía la teoría de que una mujer no puede ser violada sin su participación.

Cepillos de dientes

Una familia de americanos que viajan por España hacen escala en un hotel de Madrid. Uno de los días al regresar de su paseo se encuentran que han entrado en la habitación, lo ha revuelto todo, aunque no han robado nada. El cuarto de baño presenta una escena curiosa. Dentro del lavabo están los cuatro cepillos de dientes de la familia y una cámara de fotos analógica, de las de carrete que había que revelar. Avisan al gerente del hotel inmediatamente, que al comprobar los hechos culpa a un botones que han despedido hacia poco tiempo. Les regalan noches de hotel en otros puntos de España y no les cobran la estancia, con lo que logra evitar el escándalo. La familia ante el regalo sorpresa, alargan las vacaciones. Cuando por fin regresan a Estados Unidos revelan el carrete de fotos y entre las imágenes de monumentos, comidas y pies, descubren varias fotos del botones en una curiosa posición: a cuatro patas pudiéndose ver como le salen los cuatro mangos de los cepillos de dientes de su ano.

Tengo un arma

Una señora mayor, mucho, sale del centro comercial donde ha realizado sus compras. Se dirige a buscar su vehículo, pero cuando se acerca a él ve con estupor que cuatro jóvenes de color, están dentro. Para no perder el tiempo, saca una pistola del bolso y los amenaza: «Tengo un arma y sé cómo usarla». Los jóvenes salen huyendo despavoridos. La anciana pone sus bolsas de compras en el asiento trasero. Nerviosa, intenta introducir la llave en el contacto y ve que no entra. Sigue probando y no hay nada que hacer. Se para un momento y se fija en que hay ciertos objetos que en su vehículo no estaban. Mira a través del parabrisas y descubre que su coche está en la plaza situada delante de este. Para evitar futuros problemas se dirige rápidamente a la comisaria para explicar lo que ha pasado. Y coincide que  en ese momento están declarando los cuatro malvados pandilleros que le explican a un agente que una señora mayor, con gafas de concha y pelo blanco les acaba de robar su coche a punta de pistola.

Todo a cien

Cuando el boom de los todo a cien en España, un matrimonio que fue a comprar a uno de estos, como es costumbre, el marido se quedo fuera esperando a su esposo que entro a curiosear. El tiempo pasa y la señora no aparece. Decide entrar a buscarla. Recorre todos los pasillos y no la encuentra. Se dirige a las personas que regentan el negocio que con su limitado español le dicen que no entienden de que habla, que ahí no a entrado nadie. Decide llamar a la policía. Les confirma que su mujer no ha salido del bazar. Los agentes registran el local palmo a palmo. Tanto que de casualidad, detrás de uno de los paneles donde se exponen herramientas descubren una puerta secreta. Al abrirla descubren una habitación insalubre, mal iluminada en la que hay material quirúrgico y una camilla. Sobre ella esta la señora anestesiada y preparada par extraerle los órganos.

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