Historias para no dormir: algo más que leyendas urbanas

El garfío
garfioUn par de adolescentes van a un lugar apartado para meterse mano. Ponen la radio para escuchar música romántica que cree el clima propicio. En ese mismo instante, la música se corta bruscamente y el locutor advierte de forma preocupada que un individuo peligroso se ha escapado de una institución de salud mental. El individuo es altamente peligroso y puede atacar a cualquiera en cualquier momento. Se pide que se tomen las debidas precauciones y si ven algo raro, avisen a la policía inmediatamente y comuniquen que han visto a «El Garfio». El sobrenombre le viene porque en uno de sus brazos en vez de una mano hay un garfio. Pero el impulso sexual del chico es mayor que el temor a este peligroso demente. Por ello discuten los enamorados y ante la preocupación y el miedo de ella, deciden regresar a casa. Arranca el vehículo bruscamente por no verse complacido. Cuando llegan a casa de ella, al bajarse la muchacha, se pone a gritar de forma horrible. El se baja y, rodeando el coche a toda velocidad, descubre en la manilla de la puerta de su novia un garfio ensangrentado.

En el asiento de atrás
Una mujer regresa a su casa atemorizada por el comportamiento de otro automovilista que le persigue por toda la ciudad haciéndole ráfagas de luz y tocando el claxon. Cuando llega a su casa, se baja rápidamente y golpea con fuerza la puerta. Su esposo sale al encuentro del acosador, pero el individuo, un ciudadano normal y corriente, le explica que lo que está es asustado, al igual que su esposa. Lo que le motivaba a perseguirla era avisarla de que había visto a alguien entrar gateando en el asiento trasero del vehículo. Los dos hombres se acercan a registrar el coche encuentran a un individuo armado con un hacha.

En el asiento de atrás un asesino con un hacha.

El mejor amigo de los humanos
Después de una noche de fiesta, una pareja regresa al hogar. Él está muy borracho y se desmorona inconsciente en el sofá. La mujer, se da cuenta de que el perro no ha salido a recibirlos, por lo que deduce que a su dóberman algo le sucede, no es normal. Lo encuentra en su canasto en muy mal estado, atragantándose con algo. Intenta ayudarlo, pero es inútil, por lo que decide acudir con el animal al veterinario, mientras su marido duerme la mona en el sofá. En un primer vistazo, el veterinario le dice que van a tardar un rato, por lo que ella decide dejarlo allí y acudir a su casa para ver como se encuentra su esposo. Cuando llega, lo despierta como puede e intenta llevarlo al dormitorio para desnudarlo y acostarlo. En ese instante suena el teléfono. Es el veterinario que le grita: «¡Salgan corriendo ahora mismo de su casa! ¡Hagan lo que les digo, ya!», y cuelga. La pareja asustadísima abandona la casa y una vez fuera, comienzan a escuchar sirenas de la policía que se acerca. Una vez allí las fuerzas armadas, entran en tromba en la casa con las armas desenfundadas. El veterinario aparece por allí también y los acompaña mientras se produce el registro, asegurándoles que el perro esta fuera de peligro. Les explica que lo que motivaba el atragantamiento era que «tenía un cuerpo extraño en la garganta: un dedo humano».

En ese instante la policía sale de la casa de la pareja con un tipo con pinta rara, sucio y con cara de demente. Lo llevan esposado y sangra profusamente por una de sus manos, en la que falta un dedo. La policía les explica que lo encontraron escondido en el armario del dormitorio.

Porte asombroso de un dóberman.

La escultura desagradable
Una joven pareja decide salir a cenar y contratan a una canguro para que se quede cuidando al pequeño David. Cuando llegan al restaurante, no recuerdan si le han dado el número de teléfono a la joven cuidadora. Llaman a casa, y la muchacha les comenta que todo va perfectamente, pero les pregunta, que si ahora que el pequeño está dormido, podía usar la televisión del dormitorio principal para ver un programa por el canal de pago. Y de paso quería saber si podría usar una sábana para tapar una escultura con forma de payaso que tenían allí. Les comenta que la escultura es muy desagradable y la esta poniendo nerviosa. Los padres, al otro lado del teléfono, ordenan a la canguro que coja al pequeño David y abandonen todo lo aprisa que puedan la casa, que se vayan a casa del vecino, especificándole que «nosotros no tenemos ninguna escultura en el salón». En breve, aparece la policía que consigue atrapar a un peligroso demente que trataba de huir disfrazado de payaso.

Payasos asesinos con sus armas.

El perro lazarillo
Una joven ciega tiene por lazarillo un perro precioso y enorme que sus padres le han conseguido. Por las noches, algunas veces siente miedo, y deja caer su mano al lado de la cama que es donde justamente duerme el perro, que al sentirla le lame la mano. Esto la tranquiliza y lo que consigue con ello es dormir.
Una noche sus padres deben salir por un compromiso y dejan a la muchacha con el perro que es un guardián excelente. Le dicen que en cuanto puedan escabullirse, regresarán. La joven para entretenerse se pone a escuchar la radio tumbada en su cama. La noticia del momento pide a los ciudadanos «que extremen las medidas de seguridad, ya que un loco peligroso se escapado del manicomio». La pobre, muerta de miedo, se tapa hasta la cabeza, asustada y deja caer su mano para que su perro la tranquilice con sus lametones. Por fin, consigue quedarse dormida.

A media noche, escucha un goteo espeso y monótono que proviene del cuarto de baño. Ella vuelve a acercar la mano a su perro fiel y este la tranquiliza de nuevo hasta que se vuelve a dormir, sosegada.

Cuando los padres regresan, lo que se encuentran no tiene nombre. El perro ha sido degollado hasta desangrarse, esta colgado de la barra de la ducha en el cuarto de baño. El rastro de sangre en el suelo lleva hasta el cuarto de su hija. La niña sigue dormida, así que la despiertan para ver si se encuentra bien. Esta perfectamente. Los padres tranquilos, de repente se espantan cuando mirando el espejo que hay encima de la cómoda hay unas letras pintadas con lo que parece la sangre del perro que dicen: «Los locos también sabemos dar lametazos».

Espejo del loco asesino.