Franco y la pesca

Una foto publicada por la prensa de entonces el Caudillo sonríe feliz acompañado de la tripulación del barco, el Azor, y mostrando los trofeos conseguidos gracias a una paz y energía que admiraba a su primo Franco Salgado-Araujo como el mismo relata:

23 de julio de 1955.
Franco posando con un atún en el yate AzorEl caudillo hasta hoy de pesca en el Azor, acompañado de Martín Alonso, que es sin duda el único que queda en el Ejército para dedicarse a este título deporte. La constancia y tenacidad del Caudillo le hacen estar horas y horas en lucha con los atunes para poderlos pescar. Hoy ha regresado con uno de 80 kilos que le ha costado más de una hora coger. Aficiones desmedida en un hombre de sesenta y dos años. Que no le gusta, le hace feliz; tiene una fuerza de voluntad que sería capaz de rendirse, pero no confesaría jamás si se fatigase un poco pero a él le gusta aparentar que el paso de la los años no le ha producido el menor desgaste, y desde luego se encuentra muy bien y fuerte, pero los años no perdonan a nadie y son una realidad.

Su primo, Franco Salgado-Araujo relataría posteriormente en su diario el entusiasmo que sentía Francisco Franco por el barco:

en el Azor lo paso muy distraído y como estoy en comunicación directa con toda España rentero de todo cuanto ocurre y puedo dar instrucciones a los ministros. Me llevó allí muchos asuntos pendientes que los estudio con toda tranquilidad (30 de agosto de 1961).

Este comentario en el que nos especifica la eficacia con que seguía gobernando desde el puente de mando del Azor era la respuesta a una pregunta no formulada pero que sabía que estaba en la mente de su austero familiar. Franco-Salgado le había hecho notar muchas veces su disconformidad con la cantidad de horas que se dilapidaban, según él, entre cacerías y pesca. «Aquí sigo haciendo mi deber ─recalcaba el Generalísimo─ y al mismo tiempo me distraído de mis pesadas tareas de gobierno».

Para su médico Vicente Gil era bueno que saliera al mar y olvidada por unas horas las tareas y preocupaciones de gobierno; le veía relajado a bordo y estaba seguro de que este esparcimiento convenía a su organismo. En cambio, a su otro hombre fiel, su primo, no le parecía tan lógica esa actividad:

Esa afición por la pesca ─que escribe en su diario el 12 de agostó de 1955─ ya es excesiva; con ello pierde mucho tiempo que necesita para poderlo dedicar a Asuntos de Estado. Un gobernante no puede proceder como un rey en materia de distracciones o deportes.

Y aludiendo a sus contemporáneos de entonces, añadía:

tengo la seguridad de que ni Eisenhower ni De Gaulle, ni Oliveira Salazar se tomaban tantos días de descanso. Que sería mejor que nombrase a un presidente de gobierno y que se quedara sólo con la jefatura del Estado.

Pero luego al buen general la asaltaba la duda nacida de su eterno sentimiento de admiración al caudillo:

Claro que cuando no lo hace pienso que sus razones tendrá; pero al final tendrá que hacerlo. Aquí siestea mucho todo el mundo y así van las cosas.

Un día cualquiera en los que Francisco Franco era invitado a cazar a la finca de quien sea y se inflaban a matar todo lo que se meneaba.

Un día cualquiera en los que Francisco Franco era invitado a cazar a la finca de quien sea y se inflaban a matar todo lo que se meneaba.

En otro deporte en cambio si estaban de acuerdo el militar y el médico. Ambos encontraba nocivas las cacerías no sólo porque ocupaban largos días sino porque se comía demasiado, por lo que Vicente Gil, su médico, sentía terror al no poder controlar el peso de Franco, y porque además se fraguaban muchos negocios oscuros entre tiro y tiro. Ésta era la sospecha de Franco-Salgado; lo oía que en la calle y se lo comunicó a su primo, que le tranquilizó como de costumbre diciéndole que se trataba de calumnias de los enemigos del régimen.

La pesca fascinaba al Caudillo tanto en su versión marítima como fluvial. Lo curioso es que se trataba de una afición tardía. Un día, en Galicia, preguntó a un amigo que hacía en vacaciones además de pasear por el campo y éste le contó lo divertido que era pescar. Así empezó saliendo a la mar con un barco pequeño y malo hasta que el almirante Nieto Antúnez le encargó el Azor botado en El Ferrol en 1949 y modernizado en 1960. Tenía 47 metros de eslora (largo) y 10 de manga (ancho). Aparte del espacio destinado a la tripulación de 32 marineros, la mitad gallegos y mitad vascos, tenía siete camarotes a popa para familia e invitados y dos cámaras dobles en la cubierta superior para el Caudillo y «la Señora».

Para ir a pescar se salía a las seis de la mañana para estar a las ocho en la zona de pesca; y entregado a ello, Franco podía olvidarse hasta de comer sino lo obligaba a ello la familia. Todos estaban de acuerdo en que Franco poseía las actitudes necesarias, como paciencia y tesón para este arte. Aparte de la línea de pesca con sedal, se usaba un cañón comprado en Noruega capaz de lanzar un arpón de once kilos. Vicente Gil cuenta como una día un «negro», especie de cachalote, fue herido por el arpón, un compañero de camada lo levantó sobre su lomo y después sus compañeros lo «arroparon» hasta sacarlo de la zona de peligro. Franco se emocionó al ver esa muestra de solidaridad y prohibió que se volviese a disparar contra la manada.

Franco-Salgado Araujo, primo y secretario del Generalísimo, sopesa el resultado de su pesca:

19 de agosto de 1955, viernes.
Estos días han sido de vida monótona y en plan de despedidas. El caudillo regreso de su pesca el martes y trajo tres atunes. No cabe duda de que esto de los atunes no es ningún negocio y sí se va a contar a cuánto sale cada atún, sería tremendo. Sí se cuentan petróleo del Azor sumando al del buque de escolta, lancha para coger el cebo vivo, sueldo de las tripulaciones, manutención de éstas, etc., etc., sacaríamos la conclusión de que cada atún cuestan muchísimos miles de pesetas.

…Sí estas consideraciones me las hago yo siendo del Régimen y admirando al Caudillo en muchos aspectos, que no dirán sus enemigos. Es triste que el que llega a una posición tan alta sea ciego y no se dé cuenta de estos detalles. Se creen que todo se lo merecen, les parece lógico practicar el deporte por cuenta del Estado aun cuando cueste cantidades fabulosas. Yo no digo que el Generalísimo no se merezca mucho, pero consideró que él es quien tiene que dar ejemplo de austeridad y sacrificarse en estas cosas.

Precisamente por el cariño que le tengo y por lo que le admiro me gustaría que fuese así. Él se lo merece todo, conforme, pero no debe abusar de esto. Debe sacrificarse.

También se merecen mucho los militares en la reserva que hicieron la guerra y le ayudaron a ganarla, y las viudas y huérfanos de los que dieron su vida, y sin embargo se les tiene olvidados en la más triste penuria con pensiones mezquinas. Me da tristeza ver tanta desigualdad.

En principio todo lo que justifica al tratarse del Caudillo ─lo merece por sus trabajos por España─ lo condena al cronista al referirse a familiares y adláteres que aprovechan su proximidad con el dictador para vivir como no lo han hecho nunca:

24 de julio de 1955. Almorzamos en el Azor. En la mesa del Caudillo se abordo como siempre muchos temas en los que no se profundizaba y se pasa de unos a otros a toda prisa. Lo que desde luego me llamó la atención fue un comentario que hizo sobre el lujo, que dicho por él tiene gracia. Dijo: “Desde luego, si es más feliz siendo austero.” no pude por menos de sonreír para mis adentros y pensar que no se practica ni mucho menos.

Evolución del yate Azor

El yate fue construido por Astilleros Bazán para uso y disfrute del entonces jefe del Estado, y actuó como madrina de la embarcación María del Carmen Franco y Polo, hija del dictador. Con 47 metros de eslora y 10 metros de manga, la nave fue el yate de recreo de Franco y su familia y escenario de hechos históricos como las “conversaciones del Azor” entre Don Juan de Borbón y el Generalísimo.

Ya en la etapa democrática, Felipe González utilizó el yate en unas polémicas vacaciones veraniegas cuando era presidente, y en 1990 el Estado lo subastó especificando que su destino era el desguace. Sin embargo, su comprador quiso convertirlo, sin éxito, en un local de ocio. Desde entonces, el Azor descansó en las afueras del pueblo de Cogollos (Burgos), convirtiéndose en reclamo turístico para nostálgicos y sorprendidos visitantes.

10/03/1992
La Armada decidió sacarlo a subasta con la condición de que su comprador se comprometiese a desguazarlo. Se intentaba evitar que el yate fuese explotado comercialmente, con el reclamo de presentarlo como una parte de la historia de España, según fuentes de la Capitanía General de la Zona Marítima del Cantábrico.

El pasado 10 de marzo de 1992 se celebró la primera subasta pública en el arsenal militar de Ferrol con un precio de salida bastante módico: 5.494.124 pesetas. Nadie concurrió a la puja. No fue sólo la obligación de desguazarlo lo que ahuyentó a los potenciales compradores, porque tampoco aparecieron los chatarreros que suelen acudir a las subastas de material de desecho de la Armada. No hubo más remedio que convocar una nueva puja y rebajar el precio de licitación.

Por fin ayer, al segundo intento, apareció un comprador. Es un empresario burgalés, Lázaro González González, del que las autoridades de Marina no han facilitado más datos. Este tendrá que pagar 4.670.124 pesetas por la chatarra del buque, un yate de recreo que, por otra parte, se ha quedado bastante anticuado y que no alcanzaba una velocidad superior a los 10 nudos.

La operación de venta del yate Azor es provisional, ya que preceptivamente debe abrirse un periodo de alegaciones hasta que la adjudicación pueda declararse definitiva.

21/01/2012
Es posible que Fernando Sánchez Castillo (Madrid, 1970) sea el artista que más veces ha descuartizado a Francisco Franco. En esta ocasión, su obsesión por analizar la exaltación y el miedo que tiene este país con los mitos de la Guerra Civil y la dictadura, le ha llevado a comprar el Azor, la embarcación de recreo del dictador, que hasta el momento se encontraba varado como reclamo turístico del Mesón El Labrador (km. 223), en el pueblo burgalés de Cogollos. Y la ha troceado.

Sólo ha dejado intactos y reconocibles el mástil, los asientos y las letras con el nombre del barco. Con esta acción ha logrado que uno de los últimos referentes vivos (aunque abandonado) haya perdido todo su significado al transformarlo en una gran montaña de acero y aluminio pasada por el desguace, un prisma sin carga emotiva. Ahora descansa en paz, arrugado, en la nave frigorífica del Matadero de Madrid, convertido en una escultura mini-malista gigante.

La intervención artística se ha titulado ‘Síndrome de Guernica’. En este enlace podéis ver una galería de la obra tal y como se expuso.