El timo del agua de mar

¿Quien no ha oído hablar recientemente de las bondades para la salud de beber agua de mar? Hace más de 100 años un tal René Quinton elucubro este despropósito. Quinton dijo que beber o inyectarse agua de mar es fuente de salud y remedio para cualquier tipo de enfermedad. Con este fin ideó una solución a partir de agua de mar estilizada a la que denominó «plasma de Quinton». Sus más acérrimos seguidores aseguran que fue capaz de cambiar toda la sangre de un perro por agua de mar y que éste sobrevivió.

Actualmente, los discípulos más aventajado del médico francés René Quinton (1866-1925) van más allá de las propuestas del maestro – que podríamos llamar salinizadoras – y sostienen que el agua de mar puede ser la solución para erradicar el hambre en el mundo. Según ellos, la percepción negativa que tenemos de que beber agua de mar es malo se debe a los sospechosos habituales: las farmacéuticas, la envidia de la profesión médica, etc. Esta pseudoterapia sea promocionado en congresos científicos que poseen el «prestigio» del Congreso de Ciencia y Espíritu, auténtico aquelarre donde convergen la pseudociencia más delirante. Como sucede con todas las pseudociencias, sus defensores insiste en que lleva siendo efectiva 100 años, pero olvidan que la esperanza de vida se iba incrementando a medida que avanza la «pérfida» medicina basada en la evidencia y no debido a las terapias milenarias (acupuntura) o centenarios (homeopatía, esta misma del agua de mar).

Gota de agua de mar con todos sus seres vivos incorporados, observada al microscopio aumentada 25x

Pero ¿qué pasaría si bebiéramos habitualmente o nos inyectáramos agua de mar? Dentro de nuestras células la concentración de sales debe estar absolutamente controlada, puesto que todas las reacciones enzimáticas que tienen lugar necesitan una concentración de sal determinada para llevarse a cabo. Y no sólo eso. Algunos procesos vitales como el impulso nervioso se producen por el flujo de iones a través de la membrana de las neuronas. Este medio salino interno se consigue principalmente regulando la concentración de sodio ─que es el ion mayoritario─ y de potasio.

Para entender cómo se consigue esta regulación afinada tenemos que considerar que las membranas celulares son semipermeables. Algunos compuestos pueden difundir casi libremente, como el agua, mientras que otros, como el sodio (K) o el potasio (Na), lo hacen de forma controlada a través de proteínas que hacen de canales de transportadores. Un fallo en la regulación de los iones puede provocar molestias (calambres por falta de potasio), problemas serios (hipotensión o hipertensión arterial) o muy serios (fibrosis quística, provocada por una mutación en un canal que transportar cloro). La concentración de sal en el interior de cualquier célula es de aproximadamente el 0,9%, mientras que la media del agua de mar es del 3,5%.

Al igual que cuando se ponen en paralelo dos vasos comunicantes la presión atmosférica hace que alcancen la misma altura, también cuando se ponen dos soluciones salinas de diferente concentración separadas por una membrana semipermeable la concentración tendrá igualarse. Puesto que la sal tiene impedida la entrada, lo que sucederá es que el agua salada arrastra el agua del interior de las células, lo que provoca una deshidratación y, por tanto, más sed. Si la situación se alarga, un aumento de la concentración salina en el interior de las células puede resultar fatal. Por tanto, el agua de mar, mejor siempre por fuera; y para beber, lo mejor es un buen vaso de agua mineral natural o una caña en el chiringuito.