El rey emérito Juan Carlos I y Bárbara Rey

Bárbara Rey protagonizó en 1997 otro de los episodios más oscuros en la complicada trama de los amoríos del rey. La conocemos porque ya ha sido publicada en varios libros y revistas. De hecho en ningún momento se habla de Bárbara Rey y el rey, se habla de «el rey y la vedette» o «Bárbara Rey y una alta personalidad del Estado».

Todo comenzó con la transición. El mediador para que se conocieran fue el mismísimo Adolfo Suárez, presidente de UCD, partido al que Bárbara Rey apoyaba. Aparte de gustarle Bárbara Rey por lo que puede gustar a cualquier varón, esas tremendas piernas largas, por lo visto al rey también le gustaba la parte gastronómica del artista. Le hacía unas comidas muy suculentas en la barbacoa de su chalé.

Nuestros dos protagonistas, Bárbara Rey el rey emérito Juan Carlos cuando eran jóvenes y supuestamente amantes.

Los encuentros se sucedieron de forma intermitente a lo largo de los años hasta que un buen día en 1994, para ser más exactos en junio, nuestro rey emérito le dijo sin miramientos que lo suyo se había acabado. Pero Bárbara Rey que era una mujer de armas tomar, parecía que no iba a dar su brazo a torcer fácilmente e iba utilizar un arsenal de grabaciones, filmaciones y fotografías que habían sido obtenidas en los distintos encuentros habidos.

A raíz de la afición de la vedette por grabar todo aquello que ocurría en su entorno, pudimos ver en un programa de televisión, Crónicas Marcianas, el programa que entretuvo a tantos españoles por la noche gracias a Javier Sarda, una grabación de una bronca entre Ángel Cristo, su ex marido y ella. Su hija Sofía, mediante conversación telefónica hizo pública la conversación, en la que Ángel insultaba a Bárbara llamándola «puta» a pleno pulmón. Pero el efecto no fue el deseado, fue justamente el contrario. Ángel Cristo se encontraba en el plato y dijo lo siguiente:

Si esta señora ha sido capaz de chantajear a uno de los hombres más importantes de este país, como no va a tratar de destruir a un pobre y humilde hombre de circo como yo.

Bárbara Rey con el que fue su esposa, el domador circense Ángel Cristo.

Y es que por lo visto nuestro Juan Carlos no era justamente un hombre discreto y por lo visto se dedicaba a hablar de cualquier tema, ya sea trivial o de importancia, con todas sus amantes; incluso los detalles íntimos de su vida con la reina. Cuando los cómplices de Bárbara Rey, para el chantaje que tenía previsto, vieron y escucharon algunos ejemplos de lo que tenía grabado y de lo que podía contar, se quedaron asustados de la sangre fría de la vedette. Comentaba con desparpajo anécdotas sobre la entrañable relación con el monarca, haciéndole paellas y satisfaciéndolo sobre todo en aquellas facetas del amor en las que muchas mujeres de la generación de Sofía, bien educadas y temerosos de Dios, no osaban entrar, rechazando la mera idea con más asco que pudor. Y por supuesto Bárbara no contaba de manera muy fina. Pero aparte de estas confesiones, había alguna referente es asuntos políticos y sobre todo al 23F, el golpe de Estado, que eran verdaderamente preocupantes. Una de ellas, fechada justo el día anterior, se podía oír una recomendación para que al día siguiente no saliera de casa, sin dar muchas explicaciones, sólo que no saliera de casa.

Unas imágenes de nuestra reina emérita Sofía

También había algunas fotos catalogadas de amateur que habían sido realizadas por el hijo de Bárbara desde el jardín. Se sabe que desde 1993 y bajo asesoramiento de un proveedor especialista en material para el espionaje, en su chalé de Boadilla del Monte, Madrid, había montado un «picadero» que contaba incluso con una cámara de video camuflada en la cortina del dormitorio. Se habían hecho copias de los materiales grabados que estaban repartidas por toda España e incluso en el extranjero. Todas estas medidas precautorias las había realizado gracias al aviso de Cristina Ordovás, la condesa de Ruiz, que le preguntó a Bárbara, «a ti también te han grabado en la calle Sextante ¿no?». Se refería a un local en el número seis de la susodicha calle que el CSID de Manglano tenía para filmar cine porno con estrellas de la política o las altas finanzas, y/o chantaje, nunca confirmada oficialmente, en la que Bárbara Rey y/o amigas podrían haber sido y artistas invitadas. Este fue el motivo que argumentó para llevar a cabo las grabaciones aprovechando las últimas visitas de la «persona importante».

No se sabe bien el motivo de la rotura del rey con la vedette pero, parece ser que todo tenía que ver con un negocio turbio en el que había de por medio unos pagarés argentinos con los que Manuel Prado quiso compensar a Bárbara por cualquier futuro problema en relación con el final del idilio real.

Para poner en marcha el chantaje, Bárbara Rey, junto con Ramón Martín Ibañez, entre otros, se inventó que había recibido un paquete en su casa con algunas copias de material gráfico. Así que lo que hizo fue poner en sobre aviso del peligro. Entonces entraría a Ramón en escena haciéndose pasar como por supuesto chantajista y solicitar la nada despreciable cifra de 12.000 millones de pesetas, unos 70 millones de euros. Y menos mal que el chantaje no funciono.

Debido a lo delicado del material de que se trata, sobre todo en lo político, Zarzuela, que ya había puesto al corriente al CESID, le encargó el asunto a Manuel Prado y Colón de Carvajal. Prado dudoso desde el primer momento de Bárbara, convencido de que lo había hecho ella misma. No quiso negociar con el chantajista y la vedette intentó contactar directamente con el rey, cosa que no consiguió. Y con este tira y afloja los cómplices acabaron quedando fuera de la negociación.

Pero se le dio otra posible solución al tema tirando de TVE y gracias a Jordi García Candau que devolvió al candelero a Bárbara Rey en la pequeña pantalla. Aparte, por lo visto, se le entregaba un sobre cerrado con el estipendio mensual, se hablaba de 1 millón de pesetas ─ 6000 €─ durante el periodo de 1995 y parte de 1996. Pero lo que Prado de verdad quería era recuperar el comprometedor material. El 23 de febrero de 1996, la vedette caía afectada de una extraña enfermedad en medio de la grabación del programa “Esto es espectáculo”. Había recibido la noticia de que personas no identificadas estaban buscando en casa de sus padres las grabaciones. Esto demostraba que no se fiaban ni lo más mínimo de su palabra.

La cosa fue declinando a partir del momento en que no le renovaron el contrato en televisión. El programa desapareció por falta de audiencia y Bárbara, muy cabreada, comenzó de nuevo a presionar exigiendo un aumento de la asignación. Quería 1200 € mensuales, unos 2 millones de pesetas. Aunque realmente parecía que lo que deseaba era estar en pantalla para satisfacer su ego, pero los que negociaban con ella no supieron verlo, lo que complicó la negociación y nos lleva al núcleo duro del chantaje en el año 1997.

Lo primero fueron dos denuncias presentadas en comisaría por Bárbara Rey, una al 25 de mayo y otra el 1 de junio, que básicamente hablaban del robo de «tres cintas de cassette, cinco de video y 20 diapositivas», con contenido comprometido para una «alta personalidad».

Hubo dos intentos por recuperar todo el material comprometedor a cualquier precio, mientras no fuera pagarle a la chantajista. En el primero la antes mencionada Cristina Ordovás, había vuelto a animar la amistad con Bárbara para arrebatarle una noche de forma subrepticia la llave de su casa y entretenerla, pocos días después en el Casino de Torrelodones hasta altas horas de la madrugada, para que mientras su casa fuera registrada en busca de los documentos. Pero parece que no se encontró nada.

Evolución de Bárbara Rey

En el segundo y según el texto de la diligencia, «el día 5 del presente mes se ausentó de su domicilio y su hijo entró en su casa en la madrugada del día 9, notando el día 10 que personas extrañas habían entrado en el domicilio, sustrayendo del mismo carretes fotográficos sin revelar, cintas grabadas de varios autores, una agenda personal, todas ellas comprometedoras para ambas partes (sic), y propiedad de la declarante, especialmente relevante para esta persona importante de la cual no desea decir su identidad».

Pero como no estaba seguro de habérselo llevado todo, la situación pasó a mayores poco después con una tercera denuncia de Bárbara Rey, el 13 de junio, en la que se hablaba de amenazas de muerte contra ella y sus hijos, e interpuestas, explícitamente, contra Manuel Prado y Colón de Carvajal.

La primera vez la noticia se difundió en un informe de siete folios enviado a la prensa, de la que el rey dijo que no sabía nada aunque no desmintió ni una palabra del contenido. El documento narraba la historia con todo lujo de detalles incluye una copia de la última de denuncia. La prensa sólo se atrevía contarlo con medias palabras, pero la Casa Real tuvo que intervenir directamente cuando la propia Bárbara pretendía ir al programa televisivo Tómbola (líder de audiencia en la televisión valenciana, Telemadrid y Canal Sur). Su participación fue vetada en el último momento, pero nadie pudo evitar que ya cobrada lo estipulado por su participación; y el hecho de que la Casa Real se diera a conocer en este turbio asunto, ya era bastante grave de por sí.

Se intentó un nuevo acuerdo económico, en el que participaba Fernando Almansa, jefe de la Casa Real del momento. Se decidió entonces no darle la asignación mensual que la vedette había pactado con Manuel Prado y permutarlo por comprar el material por una única suma, bastante cuantiosa, que sería más que suficiente para que Bárbara no volviera a tener problemas económicos. Su vida y pudiera dejar que su affaire con el rey pasará al olvido. El problema estaba en que cómo se podía garantizar que no hubiera copias. A este efecto, se sondearon semanarios como elegir Artículo 20, que entonces dirigía Javier de la, en peligro público que, cuando trabajaba en el diario Ya de José Emilio Rodríguez Menéndez, había sido condenado a dos años de prisión por difundir otro video sexual ─ el de Pedro J. Ramírez con Exuperancia Rapú─ , en uno de los episodios más sucios de la guerra del GAL.

En cuanto a Bárbara, se ha publicado una rocambolesca historia, atribuida a fuentes del propio CSID, en la que un súper agente secreto se había reunido con ella en la cafetería Ríofrío del centro Colón de Madrid y le había ofrecido 500 millones de pesetas (unos 3 millones de euros) por la cintas, con la peculiaridad de que se los pagarían a razón de 20 millones al mes (unos 120.000 €), a cambio de que para evitar riesgo de robo ella decidiera guardarlas en una maleta de seguridad que había depositada en su casa hasta completar la cantidad total.

Bárbara Rey accedió y tras recibir el primer pago, se supone que habría metido el material en «una maleta de viaje de tamaño medio» que el propio agente del CSID le habría llevado a Boadilla. Tenía dos cerraduras y cada uno tendría una llave. Él precinto la valija y enseguida se marchó. Pero apenas desapareció, Bárbara Rey creyó oír un tic tac en el interior de la maleta y, espantada por la posibilidad de que se tratara de una bomba, la cogió y salió corriendo al jardín tirándola inmediatamente a la piscina. Esta se quedó flotando mientras la vedette esperaba a ver qué sucedía. Viendo que nada sucedía cogió la maleta la abrió cuidadosamente y comprobó que no había una bomba, sino un mecanismo de retardo que habría llenado el interior de la maleta de ácido corrosivo que habría disuelto todo el material allí guardado.

Al final parece que ninguna copia ha quedado suelta por ahí. O eso creíamos hasta hace poco. Una vez Jimmy Giménez Arnau lleva a preguntarle de forma directa y explícita sobre su relación con el rey emérito y ella lo negó todo rotundamente.

En 2014 acudió al programa de Telecinco “Sálvame” que bajo el lema de “Bárbara Rey lo cuenta todo” intentaron aprovechar el tirón, pero ella no soltó prenda. No sólo no hablo del rey y su relación, sino que lo que nos vino a decir es que se arruinó por culpa de su afición al juego.

Una amiga íntima de aquella época, Hortensia Blázquez, apareció también explicando situaciones que pudo observar o conocer de Bárbara con el rey, en su época de relación, que no eran escabrosas, tales como que Juan Carlos le regaló un brillante talla esmeralda o que una vez le pidió 5 millones y él le dijo que no tenía dinero. La ex amiga también relato que la pretensión última de Bárbara era quedarse embarazada del rey, cosa que no consiguió porque el rey no dio oportunidad. También contó que al principio mantuvieron una relación de tres o cuatro años, y que cuando Bárbara se casó con Ángel Cristo, el rey amante respeto el matrimonio y cuando este fracaso y se separaron, mantuvieron una breve relación.

El 18 de enero de 2017, el periodista Manuel Cerdán publicó en OK Diario que espías del CNI habían depositado supuestamente entre 1996 y 1997, en un banco afincado en Luxemburgo, unas cantidades obscenamente elevadas de dinero para la vedette murciana. Al parecer, la posible existencia de unos vídeos muy comprometidos serían el desencadenante de esta maniobra, al más puro estilo de las películas clásicas de espías.

Cerdán afirma que la cuenta bancaria se abrió exactamente el 25 de septiembre de 1996 en el Kredietbank Luxembourg y se transfirieron 26,3 millones de pesetas, unos 160.000 euros, sólo tres meses después de su apertura.