Curiosidades interesantes XXXVIII

Día del Trabajo
  A finales del mes de abril de 1886, la factoría McCormick de Chicago despidió a 1200 trabajadores que se habían negado a darse de baja en las incipientes organizaciones sindicales que habían florecido en aquella ciudad estadounidense, sustituyéndoles con esquiroles reclutados en los bajos fondos de la ciudad. El 1 de mayo de aquel mismo año, más de 40.000 obreros de la ciudad se declararon en huelga en solidaridad con sus compañeros despedidos. Sobre ellos cayeron con saña los esquiroles (o más bien matones) de McCormick. Para protestar contra estas agresiones, los obreros convocaron un mitin para el el tercer día, a celebrar en las inmediaciones de la propia factoría foco del conflicto. A aquella reunión acudieron también los provocadores de McCormick, que agredieron a los huelguistas, con el resultado de seis muertos y varias docenas de heridos (todos ellos huelguistas). Al día siguiente, hallándose reunidas en un nuevo mitin unas 15.000 personas, aparecieron unos 80 policías y comenzaron a disparar, sin previo aviso, sobre la multitud. En medio de la confusión, una bomba estalló entre los policías, causando algunas bajas. Enfurecidos, los agentes contraatacaron sin miramientos, causando a su vez 70 nuevas víctimas y deteniendo a todos los líderes sindicales. Estos fueron juzgados bajo la acusación de haber lanzado el artefacto explosivo y, aunque negaron repetidamente su culpabilidad, el peso de las pruebas amañadas consiguió que fueran declarados culpables. Ocho de ellos fueron condenados a la pena capital. El 11 de noviembre de 1886 serían ejecutados cuatro de los condenados: George Engel, Adolphe Fischer, Albert Parsons y Auguste Spies. A tres más, Oscar Neebe, Samuel Fielden y Michael Schawb, se les había conmutado la pena de muerte por cárcel y trabajos forzados; mientras que el octavo condenado, Louis Ling, se suicidó ingiriendo una cápsula de mercurio. En 1889, la Segunda Internacional decidió proclamar el 1º de mayo como fecha de reivindicación obrera anual, en recuerdo de la masacre obrera de Chicago. Este carácter reivindicativo se mantendría hasta 1919, año en que sufrió una radical transformación, al convertirse oficialmente en el Día Internacional del Trabajo.

Díoa Internacional del Trabajo
Alejandro Magno
  Según algunas crónicas históricas, Alejandro Magno (356-323 a. de C.) murió en Babilonia, muy lejos de su patria, a los 33 años, a consecuencia de unas fiebres (posiblemente, malaria) contraídas durante una orgía que duró dos días, celebrada en la ciudad de Babilonia. Su cadáver fue llevado a su país natal, Macedonia, conservado en miel para evitar su descomposición.

William Shakespeare
  En la línea 114 de la escena 2.a del acto II de la versión original de la obra de William Shakespeare Julio César, el personaje de César pregunta a Bruto: «¿Qué hora ha dado ese reloj?», y el aludido responde: «César, son las ocho». Estas frases no dejarían de ser un intercambio de información banal, si no fuera por el anacronismo de situar un reloj que da las horas en tiempos romanos, cuando tales avances mecánicos no se producirían hasta catorce siglos después.

Nerón
  El emperador romano Nerón Claudio César Augusto Germánico (37-68) hizo un viaje artístico a Grecia en el año 66 y aprovechó para participar en los Juegos de Olimpia, Delfos y Corinto. Fue necesario coronar al imperial concursante con los laureles de vencedor. Regresó a Roma dos años después, llevando consigo más de mil ochocientas coronas de triunfador. Por ejemplo, obtuvo un título olímpico de carreras de carros en el año 67, además de algunos otros en poesía. En aquella ocasión, ganó, entre otras razones, porque corrió en solitario. Años después, tal vez en recuerdo de sus glorias olímpicas, Nerón instituyó los Juegos Juvenales para conmemorar que se había afeitado la barba, dedicándola a Júpiter.

En otra época de su vida, Nerón tomó lecciones de canto y debutó en la actual Nápoles. El público huyó despavorido al coincidir su interpretación con un temblor sísmico. En las siguientes actuaciones, sin dejarse intimidar por los elementos, Nerón obligó a cerrar las puertas para que nadie se marchase durante su actuación.

Fue elevado al trono el año 41, a los 51 años, con el nombre de Claudio I, justo en el mismo momento en que fue hallado escondido tras unos cortinajes desde donde había sido asistido aterrado al asesinato del anterior emperador y sobrino suyo Calígula. A juzgar por el testimonio de algunos de sus contemporáneos, Claudio era cojo, extremadamente feo, jorobado y tartamudo (el propio nombre de claudius significa «cojo»). Sin embargo, como sus dotes de gobierno demostraron, estaba muy lejos de ser un loco o un subnormal, fama que le ha perseguido en los anales históricos. Claudio terminó con las intrigas; dictó una amnistía general; protegió a desposeídos, viudas y huérfanos; disciplinó el comercio; mejoró la seguridad ciudadana; consiguió grandes victorias militares y algunas importantes conquistas (por ejemplo, Tracia, Armenia y Mauritania); mejoró la administración; disminuyó y racionalizó los impuestos, y ordenó muchas y grandes obras públicas, además de demostrar su valía como prosista e historiador con diversas obras (entre otras una historia de los etruscos). Y todo ello sin vencer su fama de subnormal y depravado, pero defraudando profundamente a los soldados que le hicieron emperador con la esperanza de que fuera fácilmente manipulable.

De Nerón también se dice que fue el inventor de la moda del agua de rosas, por la que sentía tal predilección que en cierta ocasión gastó 4 millones de sestercios (equivalentes a unos 120.202 €) en aceite, agua y pétalos de rosa para sí mismo y sus invitados en una sola fiesta nocturna ofrecida en pleno invierno a uno de sus mejores amigos personales. Y se sabe que en el entierro de su esposa Popea, en el año 65, se gastó una cantidad de perfume que superaba la producción anual de Arabia. Incluso se perfumó a las mulas que formaron parte del cortejo fúnebre.