Curiosidades interesantes XXXIX

La jubilación romana
Una de las claves de la rápida y exitosa expansión de Roma fue su poderío militar, representado por las legiones. Cada una de ellas estaba formada por unos 5.000 legionarios y estaban identificadas con un nombre y número (el cine se ha encargado de dar fama a una de ellas, Legio IX Hispana, creada por Pompeyo y que luchó en Hispania, Galia y Britania donde desapareció misteriosamente y en la que se basa la película La legión del águila). Eran perfectas estructuras militares, organizadas, disciplinadas, con gran movilidad (podían recorrer hasta 50 kilómetros por jornada con un «petate» de 30 kilos) y maniobrabilidad.

Estructura de una legión romana
Estructura de una legión romana

Estaban compuestas por ciudadanos romanos que se alistaban voluntariamente y, tras unas rigurosas pruebas y el adecuado adiestramiento, debían permanecer en activo durante 20 años. En épocas de guerra, era obligatorio el alistamiento y, en casos extremos, se bajaba la edad de reclutamiento. Transcurridos los 20 años de fatigas, los «veteranos» se jubilaban y recibían una pequeña porción de tierra y un modesto capital. Aunque el sueño de todos era volver a una villa (casa de campo) con su familia para descansar de años de lucha y ver cómo sus esclavos trabajaban la tierra, muchos decidieron quedarse en las tierras conquistadas. Cuando los que decidían quedarse eran un grupo numeroso se llegaban a fundar ciudades como Emérita Augusta (fundada por Octavio Augusto al licenciar a las legiones V y X), Itálica (fundada por Escipión para los soldados heridos en la batalla de Ilipa) e incluso otras, como León (Legio), adoptaron su nombre por ser el lugar de acuartelamiento de la VII Legio Gémina.

Control y Stasi

En 1965, Nicolae Ceaucescu fue elegido secretario general del Partido Comunista Rumano (PCR), convirtiéndose en el dictador de su país. Junto a su mujer, Elena, y varios miembros de su familia estableció una férrea y brutal dictadura. Una de las medidas establecidas por el dictador fue la prohibición del aborto:

El feto es propiedad de toda la sociedad. Cualquiera que evite tener hijos es un desertor que renuncia a las leyes de la continuidad nacional.

Lógicamente, se prohibieron toda clase de métodos anticonceptivos y se creó una unidad dentro de la policía que las mujeres llamaban «policía menstrual». Estos funcionarios se podían presentar en cualquier momento y lugar (casa, fábrica…) y repartían pruebas de embarazo, si una mujer no se quedaba embarazada durante un cierto periodo de tiempo, debía pagar «el impuesto de celibato». Había algunas excepciones a este tipo de controles: unas lógicas, como mujeres con más de 4 hijos o más de 45 años, y otras… las que tenían cierta posición dentro del partido. Evidentemente, la tasa de natalidad se duplicó en poco más de un año. Posteriormente, las rumanas fueron aplicando sus propios métodos para evitar ser madres por imposición estatal: retrasar la edad del matrimonio, métodos anticonceptivos tradicionales (coitos interruptus), etc.

Siguiendo la línea de represión y control, tenemos el Ministerio para la Seguridad del Estado, más conocido como Stasi, como el órgano de inteligencia de la República Democrática Alemana (RDA). Con sede en Berlín Oriental, operó desde el 8 de febrero de 1950 hasta finales de 1989. Con un complejo sistema de informadores infiltrados en la sociedad alemana y un sistema brutalmente represivo, incluyendo ejecuciones secretas, controló cualquier conato de disidencia en la RDA. Todas las comunicaciones, tanto interiores como con el exterior, eran controladas por los miembros de la Stasi, llegando a interceptar hasta 20.000 llamadas telefónicas a la vez o leer 2.300 telegramas al día.

Con la caída del Muro de Berlín y la posterior reunificación alemana, se encontraron miles de expedientes en los archivos de la Stasi que, puestos uno encima de otro, podrían alcanzar una altura de 112 kilómetros sin contar, lógicamente, todos los que se destruyeron en su momento. Incluso el jefe del Partido Comunista de la RDA, Erich Honecker, tenía el suyo propio. También se localizaron parte de los archivos de los informadores/colaboradores, entre los que aparecían más de 10.000 menores de 18 años. Una de las mayores sorpresas, en esta búsqueda de los vestigios del espionaje sufrido, fue una colección de frascos de vidrio cerrados herméticamente y con pegatinas identificativas con el nombre, edad, domicilio y demás datos personales de los propietarios del contenido de los frascos, ropa interior y otros tejidos.

Para tener localizados a todos los disidentes o como mínimo sospechosos, la Stasi «recolectó» su ropa interior, normalmente robándola de los propios domicilios. Así, si el disidente en cuestión se escabullía de la vigilancia, podía rastrearse su paradero dándoles a los perros las prendas para que pudiesen seguir su olor. Elegir la ropa interior sería por la intensidad del olor y que las sustracciones de prendas se harían directamente del cesto de la ropa sucia. Algunos de los frascos están ahora en exhibición en el museo de la Stasi en Berlín.

Si os interesa como podían llegar a ser este tipo de espionaje a los propios ciudadanos, os recomiendo que le echéis un vistazo a La vida de los otros, película alemana de 2006 cuya sinopsis es:

República Democrática Alemana, año 1984. El capitán Gerd Wiesler (Ulrich Mühe), un hombre solitario, es un competente oficial del servicio de inteligencia y espionaje de la Stasi, la todopoderosa policía secreta del régimen comunista de la RDA. Sin embargo, cuando le encomiendan que espíe a la pareja formada por un prestigioso escritor (Sebastian Koch) y una popular actriz (Martina Gedenk), no puede ni siquiera imaginar hasta qué punto esa misión va a influir en su concepción de la vida y del mundo.

Los «racistas» suecos
Una de las creencias de la ideología nazi era la superioridad de la raza aria, manteniendo la «higiene racial» mediante la eugenesia (la mejora de los rasgos hereditarios humanos mediante varias formas de intervención, como la eliminación o la esterilización). Esta idea no fue original de los nazis, sino de los suecos (esa sociedad a la que tenemos como modélica pero que también tiene su «historia»).

En 1922, se aprobó en el Parlamento sueco, el primer país del mundo, la creación del Instituto Nacional de Biología de las Razas para examinar la antropología del pueblo sueco y establecer una clasificación de las distintas razas. Se recopilaron datos, estadísticas y fotografías de 100.000 suecos para dicho estudio. En 1926, se publicaron los resultados en el libro Swedish racial studies por el profesor Herman Lundborg, director del Instituto.
El caso es que, tras la aprobación en 1934 de la ley de esterilización por el gobierno de Per Albin Hansson, apoyado por todos los partidos políticos, el estudio se utilizó para «higienizar la raza». Desde la aprobación de la ley hasta su derogación, en 1975, más de 60.000 personas fueron esterilizadas por considerarlas «deficientes, imbéciles, desviados y una carga para la sociedad» y 4.500 fueron lobotomizados por «indeseables».

Y lo peor es que, si seguimos rascando, encontraremos prácticas de eugenesia en países como Noruega, Austria, Suiza… y Alemania.

El superviviente de Little Bighorn
El 25 y 26 de junio de 1876, dentro del contexto de las Guerras Indias, se libró en el territorio de Montana la batalla de Little Big Horn, una de las más populares por películas como Murieron con las botas puestas, entre el 7º Regimiento de Caballería, al mando del general George A. Custer, y varias tribus indias (lakotas, cheyenes y arapahoes), lideradas por Caballo Loco y Toro Sentado. Como todos sabemos, la victoria de los indios fue aplastante y, cuando llegaron los refuerzos, sólo Comanche permanecía en pie.

Comanche era el caballo que montaba Myles Keogh, capitán del 7º de Caballería, y que fue bautizado con ese nombre por su coraje. Durante un enfrentamiento en Kansas con los comanches, fue herido por una flecha en una pata trasera; a pesar de ello, aguantó hasta el final de la batalla. Cuando fue rescatado de Little Big Horn, el coronel Samuel D. Sturgis emitió una orden en la que decía:

Siendo el único representante vivo de la sangrienta tragedia de Little Big Horn, es un orgullo para todos los miembros del 7º de Caballería.

Se le trasladó a Fort Meade, donde se le trataron las diversas heridas y vivió a cuerpo de rey, hasta el punto que se prohibió que hiciese cualquier tipo de trabajo y sólo se podía montar en desfiles de su Regimiento, ya que fue nombrado Comandante del 7º. En 1887, fue trasladado a Fort Riley, donde fallecía en 1890. Se enterró con honores militares, pero sus restos fueron enviados al Museo de Historia Natural de la Universidad de Kansas, donde hoy todavía se puede ver.