Curiosidades interesantes XXXIV

El sacerdote Martín

El 2 de febrero de 1852, el sacerdote Martín Merino y Gómez (1789-1852), al que no hay que confundir con el más famoso «Cura Merino», notable héroe de la Guerra de la Independencia y de las guerras carlistas, intentó asesinar a la reina Isabel II (1830-1904), que se dirigía a oír una misa de acción de gracias por su reciente parto en la basílica de Nuestra Señora de Atocha. Pero el estilete blandido por el sacerdote se enganchó en las ballenas del corsé de la reina, tras haber sido amortiguado por el recamado en oro de su vestido, todo lo cual desvió la puñalada, que acabó causando sólo un leve rasguño a su majestad. Por entonces, la trayectoria anti monárquica del religioso era ya bastante larga y conocida. De ideas liberales, huyó a Francia en 1819. Más tarde tomó parte en los sucesos que se produjeron en 1822 en Madrid contra el rey Fernando VII. Tras su fallido regicidio, al día siguiente del atentado fue juzgado sumarísimamente y condenado a muerte, siendo ajusticiado a garrote vil el día 7 de febrero.

Taj Mahal

Alrededor de 1830, todo había sido programado para que el Taj Mahal, la joya de la arquitectura mogol de la India, fuera demolido, a iniciativa de los ingleses, para que su fachada de mármol pudiera ser trasladada a Londres y vendida en pública subasta. La maquinaria ya estaba a punto de comenzar su trabajo, cuando llegó una sensata contraorden desde Londres. Sin embargo, no obedecía a una sensibilidad artística, ni siquiera al más básico sentido común; simplemente era una decisión estrictamente comercial: días antes, otra subasta de mármol de monumentos y edificios hindúes destruidos ex profeso no había obtenido el éxito apetecido.

Helicóptero y pedradas

El 10 de agosto de 1989 fue detenido por la Guardia Civil Luis Perezagua, un veterinario de cincuenta y nueve años, acusado de ser el presunto autor del derribo de un helicóptero del Ejército de Tierra contra el que lanzó una piedra. Perezagua, que negó los hechos, según la acusación alcanzó con una piedra a un helicóptero militar que le acababa de sobresaltar con su estruendo mientras recogía hierbas en Mataelpino, en la sierra norte de la provincia de Madrid. El incidente dio con el aparato en tierra, provocando heridas a sus tripulantes. Perezagua se encontraba en un prado en El Boalo (Madrid) recogiendo menta-poleo y hierbabuena cuando sucedió el incidente que, según los pilotos del helicóptero, acabó con una pedrada del veterinario al rotor de cola del helicóptero, que terminó estrellándose contra el suelo. Por su parte, él siempre sostuvo que no tiró piedra alguna, entre otras cosas porque «era reumático y ya no estaba para esos trotes», y que el piloto del helicóptero intentó pegarle un sustillo con dos o tres pasadas de vuelo rasante. La impericia del piloto y la dificultad de la maniobra hicieron, según el acusado, el resto. Perezagua quedó en libertad sin cargos y nada más se supo (ni posiblemente se sabrá) acerca de este curioso incidente que al final quedó sin aclarar.

Tragedia circense

El desastre más grande en la historia del circo ocurrió en Hartford, Connecticut, el 6 de julio de 1944, cuando el fuego hizo presa de la carpa mayor. Un total de 168 personas murieron, y cerca de 600 quedaron heridas. En el momento en que estalló el fuego, el auditorio contemplaba la actuación de los Voladores Wallendas. Parece que la desgracia perseguía a esta familia que trabajaba en el cable más alto del circo. En enero de 1962, mientras actuaban en Detroit, Michigan, una caída desde lo alto del alambre dio como resultado dos muertos y otro muy malherido. La trágica historia de los Wallenda terminó en marzo de 1978, cuando el patriarca y fundador del grupo cayó mientras caminaba por un alambre en mitad de una tormenta de aire, en San Juan, Puerto Rico, y murió.

Bombas Fieseler 103

A finales de 1943, la Segunda Guerra Mundial comenzaba a decantarse a favor de los aliados y, desde el mando alemán, se buscaban soluciones en la tecnología para dar un vuelco a la guerra. Como resultado de esas innovaciones surgieron las bombas Fieseler 103, más conocidas como V1. Hubo varios modelos, la mayoría sin piloto, pero, ante la falta de acierto, Hanz propuso usar kamikazes para lanzar un ataque masivo contra los buques de guerra aliados que protegían a los mercantes. Así se dejarían suficientes escoltas fuera de servicio, esto permitiría a la flota de combate y especialmente a los submarinos destrozar las fuerzas de invasión y rebajar sus posibilidades de establecer una cabeza de playa. A finales de 1943, Lange reunió a un grupo de 30 ó 40 voluntarios para tal fin y propuso oficialmente la idea al alto mando. Tan pronto como se le dio el visto bueno, comenzó el entrenamiento. Mientras tanto, los ingenieros modificaron la bomba-avión V1 y la dotaron de una cabina de mando para alojar en ella al piloto suicida: nacía así el Fieseler Fi 103 Reichenberg, proyecto muy controvertido dentro del propio mando nazi. Mientras tanto, en Berlín, Hitler no se mostraba partidario de estas operaciones suicidas por considerarlas contrarias a la moralidad germana. Algunas voces (entre ellas la de la famosa aviadora Hanna Reitsch) le replicaron que tiempos desesperados requieren medidas desesperadas y Hitler, al final, dio su aprobación. Sin embargo, el alto mando continuó siendo escéptico al respecto. Las críticas en contra de este proyecto de suicidas se fueron haciendo más fuertes y surgieron muchos generales que consideraron la idea como una aberración. Aun así, el proyecto siguió adelante y en pocas semanas ya se tenían listos los diferentes prototipos de Fieseler 103, variaciones de la V1 con cabina para el piloto. Las presiones a este proyecto continuaron en alza y, finalmente, se acondicionó el avión para que el piloto pudiera saltar en el último instante, eyectándose del Fieseler. El plan final consistía en lanzar estos aviones desde un avión nodriza, para que, planeando, se estrellaran contra el objetivo marcado.

Eric Moussambani

Eric Moussambani nació el 31 de mayo de 1978 en Guinea Ecuatorial y se ganó por méritos propios el apodo de «La Anguila», después de su participacion en los Juegos Olímpicos de Sidney del año 2000. En esa competicion, Moussambani nadó la prueba de 100 metros libres en 112,72 segundos, más del doble que sus competidores más rápidos e incluso por encima del récord mundial de 200 metros. Moussambani consiguió participar en los Juegos Olímpicos sin alcanzar los tiempos mínimos requeridos, gracias a un sistema diseñado para permitir la participación de deportistas de países en vías de desarrollo. En las eliminatorias compitió con otros dos nadadores, admitidos en los Juegos por el mismo sistema, que fueron descalificados por salida nula, por lo que Moussambani nadó solo. En la final, Pieter van den Hoogenband ganó con un nuevo récord del mundo, 47,84 segundos. En las eliminatorias, Moussambani empleó más del doble de tiempo mientras era aclamado por el público asistente. Después declararía: «Los últimos quince metros han sido muy difíciles». En los días y meses posteriores, Moussambani se convirtió en un héroe popular invitado a programas de televisión y otros eventos. Antes de llegar a los Juegos Olímpicos, Moussambani nunca había visto una piscina olímpica de 50 m. Había comenzado a practicar natación sólo ocho meses antes en una piscina de 22 metros, dada la falta de infraestructuras deportivas en su país. Moussambani no pudo participar en los Juegos Olímpicos de Atenas de 2004, a pesar de haber bajado su marca personal por debajo de los 60 segundos, debido a un problema con el visado.

Alfred Nobel

Alfred Nobel (1833-1896) murió en su villa de la ciudad italiana de San Remo el 10 de diciembre de 1896. Sufría de angina de pecho y tuvo diversos ataques de corazón, contra los cuales se medicaba con nitroglicerina (cuyos fabricantes, para evitar reticencias entre los usuarios, denominaban comercialmente Trinitrin). Poco antes de morir escribió en una carta: «Parece una ironía del destino que me hayan prescrito tomar nitroglicerina internamente». Como es sabido, la máxima contribución de Nobel a la ciencia fue el descubrimiento de la dinamita, mezcla de nitroglicerina con sustancias inertes, que hacía seguro y manejable el temible explosivo.