Curiosidades interesantes XLVI

Welcome to the Jungle
En 1987, un quinteto de Los Ángeles preparaba un disco. A modo de precalentamiento, el guitarrista tocó lo que él llamó «música de circo», haciendo morisquetas burlonas al baterista. El bajista relata que fue escrita en cinco minutos. Era una de esas canciones, solo tres acordes (…) Era una especie de chiste porque pensamos «¿Qué es esta canción? No va a ser nada, será un relleno en la grabación».

Ese «relleno en la grabación» hoy es conocido como Sweet Child O’ Mine, y el quinteto como Guns N’ Roses. Esos cinco minutos de creación dieron lugar al sencillo más exitoso de su historia, y el principal responsable de que Apetite for Destruction se alzara como el álbum debut más vendedor de la historia de Estados Unidos. El pobre Johannes Brahms, que tardó casi quince años en completar su primera sinfonía y que destruyó 20 cuartetos de cuerda antes de publicar el primero, se revolcaba en su tumba.

Jugos gástricos y heridas de bala
Un soldado llamado Alexis St. Martin, destinado al Fuerte Mackinae, en la frontera entre Estados Unidos y Canadá, entre los lagos Michigan y Hurón, fue malherido en el estómago por el disparo accidental de un fusil de caza. Llamaron a un cirujano militar americano llamado William Beaumont, que no albergaba muchas esperanzas de salvar al hombre herido. Sin embargo, y basándose en toda su experiencia de tratar heridas de bala, Beaumont extrajo fragmentos de hueso, perdigones y ropa de la herida, y aplicó un emplasto. A pesar de tener fiebre alta, St. Martin salió adelante; pero la herida no se curó completamente, y le quedó un agujero del tamaño de un puño humano (una fístula) que conectaba directamente el exterior con su estómago.

Advirtiendo una maravillosa oportunidad para la investigación científica, Beaumont mantuvo a St. Martin a su cuidado durante algunos años, y el 1 de agosto de 1825 insertó pedazos de carne, pan y repollo, atados mediante un hilo de seda, en el estómago de St. Martin a través de la fístula. A intervalos diversos, Beaumont extraía los pedazos de comida para observar los progresos de la digestión. En otros experimentos, extrajo algo de los jugos gástricos de St. Martin y puso fragmentos de comida en ellos para ver qué ocurría. A partir de todo esto hizo el descubrimiento importante de que la digestión es sobre todo un proceso químico y no mecánico. A lo largo de los años siguientes, Beaumont realizó más experimentos en su sujeto, que no siempre estuvo bien dispuesto a ello, y publicó sus hallazgos en 1833. St. Martin vivió mucho más tiempo que Beaumont: éste murió en 1853, mientras que el hombre con el agujero en el estómago vivió hasta 1880.

Viajar en la Edad Media
Durante la Edad Media viajar no era fácil. No había dinero y los peligros acechaban a la vuelta de cada esquina. Una variante era ser peregrino porque estabas motivado por ideales espirituales. Y se pusieron de moda tres tipos de peregrinación, claro está, para aquellos que podían y querían hacerlo:

  1. A partir del siglo III, los peregrinos visitan los lugares citados en la Biblia por los que habían transitado Cristo, la Virgen, los apóstoles y diversos santos, fundamentalmente Belén y Jerusalén. Egeria es un buen ejemplo de esta modalidad y de la siguiente.
  2. Es aquella en la que se visitan los lugares en los que, todavía en vida, habitan personas tenidas por santas. Es el caso de San Antonio, San Hilarión o Simeón el Estilita, todos ellos eremitas que veían interrumpida su soledad, su meditación y su ascetismo por un flujo constante de turistas religiosos que buscaban su consejo o tocar sus vestiduras como si fueran reliquias y obtener beneficios físicos y espirituales. Como por santos que fueran, no eran inmortales, cuando mueren los lugares de sus enterramientos siguen siendo focos de peregrinaje y sobre sus tumbas se erigen santuarios.
  3. Está enfocada a visitar las reliquias de los santos y mártires en los templos que contienen el cuerpo o parte de él. Bajo la premisa de Basilio de Cesárea; “Una vez partido el cuerpo, la gracia permanece intacta… una pequeña o ínfima reliquia posee el mismo poder que el mártir que no fue partido”, se generó un lucrativo comercio de reliquias condenado, entre otros, por San Agustín porque allí donde hubiera un dedo de San Cucufato, un Lignum Crucis, un cráneo de San Juan Bautista, un clavo de Cristo o un molar de Santa Apolonia era un lugar propicio de peregrinación y, por tanto, de beneficios tanto espirituales como económicos.
1 kilo = 800 gramos
El 10 de abril de 1918 el gobierno del conservador Antonio Maura admitió oficialmente que el kilo de pan pesara 800 gramos. No es que se aprobara la venta de 800 gramos al precio de un kilo, porque eso sería simplemente un encarecimiento del producto, sino que tú pedías un kilo de pan y te daban 800 gramos. Aunque también podías comprar medio kilo. Pero entonces te daban 400 gramos.

El episodio se sitúa en mitad de una crisis social que el gobierno no supo atajar por pura inutilidad, porque en vez de legislar para defensa del consumidor, decretó a favor de los especuladores. Se sabía que los acaparadores ocultaban mercancías para provocar la escasez y la inflación. Lo sabía todo el mundo, pero el gobierno se mostró absolutamente incapaz de frenar los abusos. Y eso que antes ya se había aprobado una ley de subsistencias para evitar situaciones de este tipo.

¿Por qué estaba tan caro el precio del pan en 1918? Los tahoneros decían que porque la harina se había disparado. ¿Y por qué estaba cara la harina? Pues los fabricantes decían que porque no había trigo. Pero trigo había para parar un tren. Parte de él estaba acaparado y oculto, y otra parte se exportaba clandestinamente al extranjero.

Puestos en este plan, las tahonas iban a lo suyo y cada una ponía el pan al precio que le apetecía. Así que, un buen día el gobierno, incapaz de obligar a que la mercancía acaparada se distribuyera y de frenar la exportación clandestina, decidió subir el pan y que todas las tahonas lo pusieran al mismo precio. Pero como era muy impopular decir el kilo de pan pasa de 36 céntimos a 54, decidieron que mejor dejar el precio del kilo al mismo costo, pero declarando por ley que a partir de entonces el kilo de pan pesaba 800 gramos. Era una patada al sistema métrico, pero una patada legal. Tal y como escribió un cronista de la época, el gobierno, por no frenar una ilegalidad, legalizó una inmoralidad. Y de paso llamó tonto al ciudadano.