Curiosidades interesantes XLV

¿Por qué se calienta el aceite más que el agua?
¿Os acordáis de aquellas películas sobre el medievo, en las que cuando se estaba asaltando un castillo se arrojaba aceite o brea hirviendo sobre los caballeros asaltantes? La pregunta es ¿por qué no les tiraban agua hirviendo?

La razón es el diferente punto de ebullición de cada sustancia, es decir, la temperatura a la que una sustancia cambia de líquido a gas. La respuesta es fácil, ya que una vez alcanzado ese punto, la energía térmica ya no se emplea para seguir calentando el líquido en cuestión, sino para convertirlo en gas. Así que, mientras que el agua hierve a 100 °C y, a partir de ahí, en lugar de calentarse, se convierte en vapor, el aceite continúa calentándose hasta superar los 200 °C. Pero esto no es lo peor, ya que los caballeros lo que portaban sobre su piel eran armaduras y estas se pueden seguir calentando hasta llegar al punto de ebullición de hierro que se encuentra en 2750 °C. Bonita expectativa. ¿Alguien quiere viajar al pasado y asaltar un castillo para salvar a su amada?

¿Por qué el estómago no se digiere a sí mismo?
Aunque parezca una tontería, primero debemos aclarar un par de cosillas: en primer lugar, uno de los jugos que componen la digestión y que segrega nuestro estómago para descomponer los alimentos es el ácido clorhídrico, sustancia capaz de corroer por completo una pieza metálica; y en segundo lugar, la presencia de este ácido no es anecdótica, pues el estómago elabora alrededor de seis vasos de ácido gástrico al día. Por si fuera poco, el ácido clorhídrico no es la única sustancia peligrosa producida internamente para facilitar la digestión. Una vez aclarado estos puntos, ¿cómo es que el ácido gástrico no corroe al propio estómago?

La respuesta es la mucosidad que reviste la cara interna del estómago. Esta mucosidad forma gruesos revestimientos de proteger el estómago e impide que sea «digerido» por sus propios ácidos, además lubrica el bolo alimenticio para que circule con facilidad por el tracto digestivo y en tercer lugar fabricar su propio antiácido: un bicarbonato que él neutraliza al ácido

¿Por qué desinfecta el agua oxigenada?
Cuando fuisteis pequeños, ahora de mayores utilizáis métodos más efectivos y sutiles, el primer contacto que tuvisteis con la cura de vuestras pequeñas heridas fue el agua oxigenada. Al verter el líquido en la herida y entrar en contacto con la sangre, se observa como aparece y aumenta de tamaño una espuma blanca. Esto es simplemente una reacción química, iniciada por una enzima de la sangre que actúa como catalizador, porque el agua oxigenada se ha descompuesto liberando el oxígeno que contenía. Así que ya sabemos que la espuma blanca cumple una función primordial: en ella radica el poder desinfectante, pues dado que la mayoría de las bacterias patógenas no pueden vivir con oxígeno – son anaerobias –, mueren en esa espuma altamente oxigenada.

¿Por qué huele tan mal el aliento a ajo?
La mala fama de producto hediondo que tiene el ajo es justificada. El ajo puede alcanzar la excelencia de la fetidez, pues si se ingiere crudo provoca una «tormenta perfecta» de hedores sulfurosos. El principal culpable del mal olor que desprende el ajo es un potente fungicida y bactericida – de ahí, por otro lado, sus virtudes para sanar o por lo menos ayudar a mantener la salud – llamado alicina, producto de la unión del aminoácido alíina y la enzima alinasa, dos compuestos que se encuentran separados dentro del diente de ajo y que solo interaccionan formando la alicina cuando se fractura el bulbo. Este compuesto es muy inestable y da lugar a numerosas sustancias que contienen azufre. Tras ser ingerida, la alicina y sus derivados entran en la sangre a través del sistema digestivo y viajan hasta los pulmones, desde donde son liberados juntos con el aire que respiramos. Por si fuera poco, estos productos degrada los ácidos grasos y el colesterol que se hallan en la sangre, y generan diferentes sulfuros y acetona, componentes volátiles que también son instalados a través de la respiración. La ingestión de alicina provoca asimismo nuestro cuerpo la producción de metanotiol (metil mercaptano), un gas incoloro de olor parecido al repollo podrido liberado por la materia en descomposición y por la materia fecal de animales… Todo lo cual confirma que, si comemos ajo crudo – al ser cocinado, el ajo evapora gran cantidad de alicina – lo más correcto es no utilizar las distancias cortas con nuestros amigos.

¿Por qué el algodón es más fresco que la lana?
La ropa no abriga por sí misma, sino por ser capaz de retener aire en pequeñas cámaras que impiden la pérdida de calor. Lo que quiere decir que lo que nos abriga es no dejar escapar el calor de nuestro cuerpo no dejar disiparse el aire cálido que nos envuelve gracias a la ropa. Y de aquí concluimos que el algodón es más fresco que la lana simplemente porque la textura de este tejido es capaz de retener más el aire caliente que nos envuelve. La lana es un tejido flexible que se realiza y contrae de modo que propicia que el aire quede atrapado entre sus fibras elásticas formando una capa aislante; mientras que un volumen parecido de algodón será igual de caliente, pero al carecer de elasticidad, tenderá a aplanarse, con lo que perderá gran parte del calor. Cuanto más apretada sea la textura de una prenda, menos calor dará: los hilos lisos fuertemente tejidos dejan pocos espacios de aire en torno a las fibras y la superficie de la prenda; por el contrario, si levantamos los extremos de las fibras sueltas, por ejemplo cepillando el tejido, aumentaremos las fibras capaces de formar una capa aislante. Por ello tejidos esponjosas como la franela se siente más cálidos que tejidos lisos como el satén o la seda.