Cuando los españoles viajaban para ver “El último tango en París”

Antecedentes
En 1973 es conocido en todo el mundo El último tango en París, película de Bernardo Bertolucci que este año sorprende en las principales capitales de Europa, exceptuando las españolas, y que rápidamente se convierte en un éxito de taquilla que corre como la pólvora de boca en boca por su contenido erótico. La censura española, que prohíbe su exhibición, consigue al final y dentro de las posibilidades de la época llamado “efecto Babrara Streisand”, avivando la curiosidad de los que han oído los comentarios y que en muchos casos deciden viajar a Francia para verla con sus propios ojos.

Una reseña de la revista estadounidense Variety se habla del estreno de El último tango en París en el festival de Nueva York:

El film es casi pornográfico respecto a nuestros niveles domésticos. Una larga y prolija secuencia en la que Brando sodomiza a la chica, frecuentes desnudos femeninos completamente frontales, el diálogo probablemente más grosero jamás oído en cualquier película distribuida por las salas públicas y una grotesca escena en la que participan Brando y Schneider y que en modo alguno podría ser descrita aquí, implicarán probablemente la calificación X de la Motion Picture Association si la película es presentada en versión íntegra.

En la película un maduro Marlon Brando mantiene una relación con una joven de 20 años interpretada por María Schneider y muestra a cámara la realidad descarnada de un desinhibido y moderno affaire, pero también amargo y desencantado. Por su entorno, toda una generación de españoles recordará sobretodo un film aburrido, ni mucho menos lo pornográfico que se esperaba, donde aparecen, eso sí, los actores desnudos y la citada escena de sodomía que será conocida popularmente como la escena de la mantequilla (tendrás que Iniciar sesión para poder ver el vídeo en YouTube, aunque hoy en día esta escena es absolutamente moñas).

Así, el film de Bertolucci se convierte en uno más de los que sirven a los españoles para realizar una escapada a Perpignan, localidad francesa cercana a la frontera con Cataluña, que desde hace años viene acogiendo numerosos visitantes de nuestro país con deseos de consultar y ver la cartelera de los cines X o ver algunas de esas películas prohibidas por el Régimen. Además, cuentan también con la posibilidad de llevarse a sus hogares alguna película pornográfica rodada en super 8, de las que se venden en los quioscos, o alguna revista no apta guardada en la maleta.

Excursiones organizadas
Pero no sólo pasó con este film, cuando se estrene un año después Emmanuel, el film de Just Jaeckin, se convirtió en un secreto a voces que provocó que miles de españoles cruzaran la frontera. Los encantos de la actriz holandesa Sylvia Kristel hará que vuelva a incrementarse el turismo de París y la costa de Perpignan o Biarritz.

Carátulas de El último tango en París y Emmanuel respectivamente

Además se realizan algunas iniciativas por parte de cineclubs situados en las zonas más cercanas a la frontera con Francia –catalanes, vascos o aragoneses–, que organizan sesiones de películas prohibidas en Perpignan, Pau, Biarritz o Viráis, a los que acuden a modo de excursión con autobuses repletos. O como denunciara unos años más tarde Camilo José Cela en Interviú, algunas agencias de viaje montan vuelos chárter desde Palma de Mallorca a Lourdes, con escala en Perpignan para ver películas pornográficas.

París es otro destino mítico donde buscar un poco de libertad. Los estudiantes, siempre más inquietos y con más información que el resto, son los primeros que se lanzan a la aventura de conocer un país en libertad. Muchos de ellos viajan en tren durante horas en vagones de tercera clase, con duros asientos de madera donde más personas de las que en realidad caben se apretujan.

Los cambios empiezan al hacer el trasbordo de tren en la frontera, cuando resulta una grata sorpresa descubrir que los ferrocarriles franceses sólo tienen primera y segunda clase, con lo que el cambio ya es considerable y el viajero puede apreciar también que los revisores demuestran una mayor educación en el trato con el usuario. Llama la atención que la gente no habla gritos y existe una sorprendente relajación entre las parejas que se besan y que, si el viaje es largo corren las cortinillas para pasar a mayores.

La Rive Gauche es el destino natural de todos los estudiantes jóvenes procedentes de España que con muy poco dinero realizan en Francia una especie de viaje iniciático. Como tantos y tantos inmigrantes, ellos también se instalan en hoteluchos de mala muerte, muchos de ellos habitados en casi su totalidad por argelinos que sobreviven en condiciones lamentables, sucios y con un cuarto de baño que todos comparten. También las viejas buhardillas de París, cuartos mínimos dotados de una claraboya que, si bien resultan de lo más romántico para el imaginario popular español, distan mucho de ser cómodas habitaciones donde pasar una estancia vacacional.

La zona de París llamada la Rive Gaiuche donde iban a parar la mayoría de los estudiantes españoles

Puesto que la mayor parte de los españoles que viajan a París lleva poco dinero encima, casi siempre lo justo, se trata de ahorrar en comida, llevando consigo las latas de conservas. Una escena típica es el momento en que, cuando el hambre acucia, se rellenan unos panecillos francés y con sardinas españolas y se lo comen en el parque mientras planean cómo aprovechar el resto del tiempo que les queda en la ciudad.

Ideología y prensa
Algunos se quedan más tiempo y a veces pueden obtener dinero extra ejerciendo trabajos destinados a jóvenes estudiantes que en muchos de los casos no son muy diferentes a los desempeñados por mendigos. Los hay que recogen papel por las casas y lo entregan a empresas que lo que reciclan o bien recopila todo tipo de trapos y objetos aprovechables que algunos chatarreros pagan a un precio suficiente como para mantenerse un tiempo.

La oferta cultural de la capital francesa es abrumadora para un joven español, con teatro, cine, cabaret, museos y actuaciones de todo tipo en los locales de la ciudad. También llama la atención la animación de los cafés Saint Germain o el Barrio Latino, donde todo el mundo habla de política con la tranquilidad de estar ejerciendo su derecho y las posiciones más radicales se mantienen a viva voz y se proclaman en carteles por toda la ciudad.

También asombra la gran cantidad de periódicos de izquierda que una persona puede leer en París. Acostumbrado al bloque monolítico de la ideología de los medios en España, allí uno puede adquirirlos de todas las tendencias. Te podías encontrar en cualquier quiosco el comunista L’Humanite, a L’Idiot Internacional, que en algún momento de su historia ha dirigido Simone de Beauvoir, la maoísta La Cause del Peuple, dirigida por Jean Paul Sartre y que anima a enfrentarse con terrorismo al terrorismo del patrono, La Tribune Socialiste o el anarquista Front Libertaire, el trotskista Rouge, y Le Paria para los inmigrantes.

También podemos encontrar una revista editada por el Movimiento para la Liberación de la Mujer (MLF) o Charlie Hebdo, popular revista humorística de la extrema izquierda, dura y radical, que defiende la idea de que el hombre moderno vive en una trampa. Revista tristemente famosa por los atentados sufridos, el más grave fue el 7 de enero de 2015, en su sede parisina, en el que dos encapuchados asesinaron a doce personas además de herir de gravedad a otras cuatro. Entre los fallecidos se encuentran los dibujantes Charb, Cabu, Wolinski y Tignous; además de dos agentes de policía. Antes de los atentados, Charlie Hebdo se hallaba en dificultades financieras y su impresión era de 60.000 ejemplares semanales, pero en su número siguiente al atentado, que llevaba en su portada una caricatura de Mahoma con una lágrima y la leyenda Todo está perdonado superó los siete millones de ejemplares impresos.

Portadas de Charlie Hebdo antes y después del atentado
Cien golpes de latigo si no están muertos de risa

La tentación de asistir a un mitin, más aún si es comunista, es algo que algunos deciden no pasar por alto, por lo desconocido de la experiencia. Además, muchos de los intelectuales españoles exiliados en esos años dan conferencias y presentan libros en los locales frecuentados y regentado por la izquierda española, como el caso del economista Ramón Tamames.

De los muchos libros prohibidos en España, una buena parte de ellos se pueden encontrar en Francia, sobre todo en las librerías de París. Allí se puede leer en francés el Libro Rojo de Mao Zedong o las obras de Trotski. Y en aquellas que estaban regentadas por exiliados españoles, sus compatriotas tentaban ver entre los estantes algún ejemplar de Réquiem por un campesino español, de Ramón J. Sender o El ciervo de León Felipe.

Mientras tanto aparece Ediciones de Ruedo Ibérico, que es una editorial de exiliados españoles dedicada a editar obras prohibidas en España y otras nuevas contrarias al régimen. Su revista Cuadernos de Ruedo Ibérico, creada en 1965, hace gala de su «frente populismo cultural» y aglutina a varias tendencias de la izquierda en el exilio mientras que su plantilla cuenta con algunos miembros expulsados del Partido Comunista como Jorge Semprún y Fernando Claudín.

Libros Ruedo Ibérico

La motivación principal de esta publicación es la de hacer contra-información con presupuestos sobre todo antifranquistas. Además, se tratan temas como el de la posible vuelta a la lucha armada en España o sus nacionalidades históricas, así como otros temas internacionales como la revolución cubana. Cuadernos de Ruedo Ibérico se atreve con la crítica de personalidades de la política española como Manuel Fraga.

Libros, cine, exposiciones
La revista es criticada desde España y es perseguida por la policía que en 1971 detiene al colaborador Luciano Rincón en Bilbao, desde donde envía sus escritos a la redacción. Junto a él participan también, algunos bajo seudónimo, Joaquín Leguina, los hermanos Goytisolo, León Felipe, Jaime Gil de Biedma, Nicolás Guillén, Blas de Otero y otras personalidades de la intelectualidad de izquierda en el exilio, así como otros tantos de Latinoamérica, entre ellos Alfredo Bryce Echenique, Alejo Carpentier o José Lezama Lima, por citar algunos.

Además de la nombrada, otras editoriales creadas en Francia, algunas de ellas de origen latinoamericano, publican textos prohibidos por la dictadura franquista, en español y en francés. Son librería Ediciones Hispanoamericanas, Ediciones Ebro, Edicions Catalans o Librería Española.

Otro gran objeto de pasión para muchos españoles es el cine, no sólo el pornográfico, sino también el llamado de Cine de Arte y Ensayo, así como el general toda la película censurada por completo o parcialmente mutiladas porque de una forma u otra van en contra de los valores que definen el Régimen. Ocurre esto con fines como La Dolce Vita de Fellini, a la que se acusa de ser anticatólica, o El Gran Dictador de Charles Chaplin, por razones más que obvias. También algunas españolas como nazarí de Buñuel o Viridiana.

Para empezar, la Cinématheque Française, con sus sedes en la Rye d’Ulm y en el palacio de Chaillot, es uno de los templos del séptimo arte adorado por los españoles cinéfilos. En ella ven ciclos enteros en versiones originales, tras esperar largo tiempo en la cola donde muchísimos jóvenes aguardan para blandir su carnet de estudiante y entrar compases de precio reducido.

Y en el resto de cine, además, pueden conocer a los nuevos talentos del séptimo arte francés llegado de la mano de la Nouvelle Vague desde los años 60 y cuyas películas en mucho de los casos están también prohibida en España. Junto a estas, películas de ideología comunista procedentes de la URSS, con mensajes que ensalza las políticas colectivizadas.

Y como el cine, en otras artes la libertad francesa ofrece el disfrute de infinidad de artistas internacionales, junto con los propios españoles exiliados cuyas obras, como en el caso de Picasso o Miró, son exhibidas en los museos y galerías parisinas y admiradas por turistas de todo el mundo mientras en España apenas se reconocen oficialmente. Existe también una permanente conexión entre las últimas vanguardias no sólo parisinas sino de Nueva York o Londres, que se difunde rápidamente a través de exposiciones y publicaciones de arte de la capital francesa.

La misma modernidad gusta al público francés en el teatro, ávido de experiencias originales y atrevida, donde tienen cabida las propuestas más experimentales y algunas dosis de representaciones exóticas en la escena de sus numerosos festivales. Igualmente ocurre con los innumerables locales donde las actuaciones en directo son diarias y las estrellas estadounidenses del jazz, tampoco difundido en España, tocan cada noche en jam session que en sí es ya un espectáculo para el español medio que además de transportar a realidades aún más lejanas, más allá del Atlántico.